Estudio bíblico de Hebreos 13:17-25

Hebreos 13:10-25

Al llegar al último capítulo y estudio de esta carta a los Hebreos, debemos recordar que esta epístola, según el bosquejo que expusimos en la introducción a este libro, está dividida en dos partes principales, que llevan los siguientes títulos: (I) La primera parte lleva el título; "Cristo es mejor que la economía del Antiguo Testamento". Esta parte abarca desde el capítulo 1 hasta el 10 y en ella el énfasis es doctrinal, teológico. (II) La segunda parte lleva el título; "Cristo trae mejores beneficios y responsabilidades". Esta parte se extiende desde el capítulo 11 hasta el 13 y en ella encontramos un énfasis eminentemente práctico. En estos últimos capítulos encontramos que el escritor destacó de manera especial la fe (capítulo 11), la esperanza (capítulo 12) y el amor (capítulo 13).

Este capítulo 13 comienza con una sección titulada "La vida secreta del creyente", que se extiende hasta el versículo 6. A partir del versículo 7 hasta el versículo 14, tenemos "La vida social del creyente"; y desde el versículo 15, y hasta el final del capítulo, "La vida espiritual del creyente". Para situar en su debido contexto el final de esta carta, vamos a retroceder hasta el versículo 10 de este capítulo 13, incluido en la citada sección "La vida social del creyente" y en la cual encontramos un énfasis notable en la persona y la obra de Cristo. Debemos tener en cuenta que el escritor estaba destacando las excelencias del mediador del Nuevo Pacto, en contraste con el templo, los ritos y las ceremonias del Antiguo Pacto. Leamos entonces el versículo 10 de este capítulo 13 de Hebreos:

"Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al Tabernáculo"

Aquí se está haciendo una comparación entre lo que Israel tenía bajo el antiguo pacto, en contraste con las cosas mejores del nuevo pacto. Los creyentes tienen hoy un altar, pero este altar no es la Cena del Señor, como algunas personas han interpretado erróneamente que dicha Cena significa. Nosotros no tenemos un altar material, con una dirección local concreta, pero tenemos un altar que se encuentra en el cielo. Es el trono de la gracia. Era un trono de juicio -allí El nos condenó-pero ahora que la sangre ha sido colocada allí, podemos venir y encontrar gracia y salvación.

Por más que las actividades sociales fomenten la amistad y la camaradería entre los creyentes, el único lugar donde usted puede realmente disfrutar de la comunión cristiana (la "koinonía") es alrededor de la Palabra de Dios. Es esta Palabra que le conduce a usted a la persona de Cristo y lo capacita para verle a Él en toda Su gloria. Es entonces cuando usted tendrá compañerismo y comunión, a la vez que pasará un tiempo agradable con otros cristianos. Nuestro Señor es extraordinario, estimado oyente, y es muy lamentable, es terrible, pasar por alto al Salvador, al Señor. Y dice el versículo 11 de este capítulo 13 de Hebreos:

"Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento."

El escritor se estaba refiriendo a la ofrenda por el pecado. Cuando Cristo murió, lo hizo por el hecho de que usted y yo somos pecadores. No solo cometemos pecados; somos pecadores por naturaleza, y Él llevó nuestros pecados sobre Sí mismo, para poder darnos una nueva naturaleza. El versículo 12 añade:

"Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta."

El Señor Jesús murió fuera de la ciudad. ¿Por qué? Porque Él mismo era la ofrenda por el pecado. La ofrenda por el pecado era retirada del templo y "quemada fuera del campamento". Jesús era nuestra ofrenda por el pecado, y Él pagó el castigo por nuestro pecado. Y continúa diciendo el versículo 13 de Hebreos 13:

"Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su deshonra."

El escritor les estaba diciendo a los cristianos Hebreos: "Que no os importe dejar el templo. No lamentéis dejar los rituales. Aquellas cosas no son útiles. Id a Él, id a Cristo".

Estimado oyente, nosotros también tenemos que ir a Él. Estamos de camino a la Jerusalén celestial. La que tiene lugar aquí es una verdadera separación. Hoy ponemos el énfasis en la separación de. Estamos separados de algo; no hacemos esto, lo otro y lo de más allá. Pero la verdadera separación no es "separación de" sino "separación hacia (o para). Pablo dijo que él fue separado para el Evangelio, separado para Cristo, separado para la Palabra de Dios. En realidad, la palabra Hebrea significa "aquel que ha cruzado". Abraham fue llamado Hebreo porque había llegado del otro lado del Río Éufrates, queriendo decir que su vieja vida había terminado. Los israelitas cruzaron el Mar Rojo y fueron liberados de la esclavitud; fueron redimidos, y para ellos fue posible comenzar una nueva vida. Después tuvieron que cruzar el Río Jordán para vivir en la tierra prometida, la tierra de Canaán, que representa esa clase de vida que nosotros también deberíamos vivir aquí en la tierra.

Nosotros tenemos que salir "fuera del campamento, llevando su deshonra". Los cristianos Hebreos detestaban dejar el templo y su religión. Muchas personas están hoy absortas en un cristianismo centrado en algunas actividades de la iglesia, creyendo que, por ser miembros de una iglesia, son salvos. Ellas necesitan apartarse del ritual y la religiosidad superficial, y venir a Cristo. Venir a Él constituye una separación real, y ésa es la verdadera salvación. Dice, además, el versículo 14 de Hebreos 13:

"Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir."

Como vemos, el escritor nuevamente aclaró que no tenemos nada permanente aquí en la tierra.

Leamos ahora el versículo 15, que encabeza un párrafo titulado:

La vida espiritual de los creyentes

"Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre."

El hijo de Dios es hoy un sacerdote y puede traer sacrificios a Dios. Hay cuatro sacrificios en la vida del creyente: (1) Usted puede sacrificar su persona (ver Romanos 12:1). Alguien ha dicho: "cuando uno se entrega verdaderamente al Señor, todo lo demás que tenga que darle, resulta fácil"; (2) usted puede sacrificar sus bienes (ver 2 Corintios 8:1-5). Si Él no tiene sus bienes, no lo tiene a usted; (3) usted puede ofrecer un sacrificio de alabanza, como hemos leído en este versículo 15 de nuestro capítulo, que dice: "Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre". Y finalmente (4) usted puede ofrecer el sacrificio de sus actos haciendo el bien, lo cual encontramos en el versículo siguiente. Leamos entonces el versículo 16:

"Y de hacer el bien y de la ayuda mutua no os olvidéis, porque de tales sacrificios se agrada Dios."

Cuando usted llevó esa canasta de fruta a aquel hijo de Dios solitario y enfermo, de quien todos se habían olvidado, usted era un sacerdote ofreciendo un sacrificio a Dios. Estaba haciendo algo que agradaba a Dios y Él se deleitó en ese gesto suyo. Estimado oyente, si el cristianismo no transita por este mundo tocando la vida real y las necesidades de los demás, no puede ser bueno. El Señor Jesús se encuentra a la diestra de Dios, y allí ocupa Su lugar como cabeza de la iglesia -pero sus pies están aquí abajo, apoyados en esta tierra. Él quiere que el cristianismo, al proclamar el mensaje de salvación, tienda una mano de ayuda y solidaridad al sufrimiento humano. Es como si el mismo Señor quisiera colocarse dentro de nuestros zapatos para acompañarnos en nuestro viaje por esta tierra.

Y ahora, el versículo 17, dice:

"Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta, para que lo hagan con alegría, sin quejarse, porque esto no os es provechoso."

Aquí tenemos la misma idea expresada ya en el versículo 7. Si un pastor es un hombre de Dios que está enseñando la Palabra de Dios, entonces los miembros de la congregación deben obedecer a la Palabra de Dios tal como el pastor se la ha comunicado. Sería mejor no oír la Palabra de Dios, que habiéndola oído, no obedecerla. El apóstol Pablo dice en su Primera epístola a los Tesalonicenses, capítulo 5, versículos 12 y 13: "Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra". De modo que, si el Pastor está presentándole la Palabra de Dios como debe, entonces, debemos acatar y obedecer lo que la Palabra de Dios nos enseña. Luego, el escritor dijo algo más en este versículo 18, del capítulo 13, de la epístola a los Hebreos:

"Orad por nosotros, pues confiamos en que tenemos buena conciencia, ya que deseamos conducirnos bien en todo."

La frase "orad por nosotros" nos indica que, evidentemente, los lectores de la epístola conocieron al escritor, y creemos que éste era al apóstol Pablo.

Y continuó diciendo: "pues confiamos en que tenemos buena conciencia, ya que deseamos conducirnos bien en todo". Es maravilloso poder apoyar nuestras cabezas sobre la almohada en la noche, con una buena conciencia, una conciencia iluminada por la Palabra de Dios. Hay muchas personas que no están caminando en la luz: El apóstol Juan dijo en su primera carta, capítulo 1, versículos 6 y 7: "Si decimos que tenemos comunión con Él y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Pero si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado". Ahora, el versículo 19, dice:

"Y más os ruego que lo hagáis así, para que pueda volver a estar pronto con vosotros."

Esta declaración también nos hace pensar que fue el apóstol Pablo quien escribió esta epístola. Aparentemente él se encontraba en la prisión en esa época, y les estaba diciendo a estos creyentes hebreos: "Yo quiero regresar para estar entre vosotros otra vez". Después de todo, él mismo era hebreo, y quería estar entre su pueblo.

Llegamos ahora al lugar donde está la bendición apostólica. En los versículos 20 y 21, de este capítulo 13, de la epístola a los Hebreos, leemos:

"Que el Dios de paz, que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén."

Aquí queremos destacar la frase "el gran pastor de las ovejas". El Señor Jesucristo fue llamado en este versículo el Gran Pastor. En el Salmo 23, fue presentado como el Buen Pastor, y en el evangelio según San Juan, capítulo 10, versículo 11 Jesús se llamó a Sí mismo el Buen Pastor de las ovejas. Y como el buen pastor, dio su vida por las ovejas. Como el Buen Pastor, Él es el que perfecciona, ayudándolas a desarrollarse y crecer. Vemos este pensamiento aquí y también en el Salmo 23. Él es quien nos conduce a aguas tranquilas y nos conduce al lugar donde los pastos son verdes, buenos y tiernos, es decir, a la Palabra de Dios. Después en el Salmo 24, Él fue presentado como el Príncipe de los Pastores. Y luego, en la primera epístola del apóstol Pedro, capítulo 5, versículo 4, dijo el apóstol: "4Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria". En el pasado Jesús murió como el Buen Pastor. Hoy, Él es el Gran Pastor y regresará un día como el Príncipe de los pastores para buscar a Sus ovejas. Él comenzó con cien ovejas y, ¿sabe usted estimado oyente, cuántas ovejas se va a llevar al cielo? No se va a llevar 99. No, Él va a tener allí a todas las cien ovejas con Él.

Aquí se nos dice que el Señor Jesucristo es "El Gran Pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno". Su sangre es la base de todos los pactos que Dios ha hecho.

Y en este versículo 21, la frase "os haga aptos" refleja el propósito de la epístola a los Hebreos. Se nos dijo que debíamos avanzar hacia la perfección. El escritor quiso decir que debíamos ir hacia la madurez, hasta llegar a ser hijos de Dios plenamente desarrollados. Es hermoso y enternecedor poder admirar a un bebé en su cuna, recién nacido; pero sería lamentable que con el paso del tiempo el bebé no se desarrollara físicamente, ni mentalmente, y fuera incapaz de coordinar el habla y los movimientos. Sin embargo, hay muchos creyentes que necesitan crecer y comenzar a alcanzar la madurez y la epístola a los Hebreos les ayudará a hacerlo.

Leyendo ya la frase que hemos ido analizando del versículo 21, leemos que el escritor expresó su deseo de la siguiente manera: "por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis Su voluntad". ¿Qué es lo más importante para el hijo de Dios? Pues, el hacer Su voluntad, permitiéndole hacer realidad Su voluntad en la vida del creyente. Eso es precisamente lo que expresa el resto de este versículo, cuando añadió "haciendo Él en vosotros lo que es agradable delante de Él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos, amén". Y en el versículo 22 de este capítulo 13 de Hebreos, dice:

"Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, pues os he escrito brevemente."

Observemos aquí cuan personal fue esta firma de expresarse. No podemos menos que sonreír al leer que escritor dijo "os he escrito brevemente". Según nuestra opinión, ésta fue una carta extensa, pero él la consideró un escrito breve. Y el versículo 23 dice:

"Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viene pronto, iré a veros."

Otra vez debemos decir que estas palabras parecen salir de la boca del apóstol Pablo. Aparentemente Timoteo había estado encarcelado. En algunas ediciones de la Biblia, al pie de la página aparece la siguiente nota: "Escrita a los Hebreos desde Italia por Timoteo". Esta nota no forma parte del texto, sino que es la interpretación de un hombre. Este hombre podía haber estado equivocado, y nosotros podríamos estar equivocados al afirmar que Pablo escribió esta epístola. Lo importante aquí es que el Espíritu Santo la escribió y que Él toma las cosas de Cristo y nos las muestra. Y el versículo 24 de este capítulo 13 de la carta a los Hebreos dice:

"Saludad a todos vuestros pastores y a todos los santos. Los de Italia os saludan."

Lo que queda claro de la nota es que el escritor se encontraba en Italia, y ése era el caso del apóstol Pablo.

Y él concluyó esta epístola con una hermosa bendición, y con ella damos también nosotros por finalizado nuestro estudio de esta carta. Finalmente, el versículo 25 dice:

"La gracia sea con todos vosotros. Amén."

Es nuestra esperanza de que este estudio haya sido de gran bendición en su vida espiritual y le haya abierto nuevos horizontes en su relación personal con Dios. En nuestro próximo programa regresaremos al Antiguo Testamento e iniciaremos nuestro estudio del libro de Oseas. Estimado oyente, le agradecemos por su compañía a lo largo de este estudio y le invitamos cordialmente a unirse a nosotros en nuestro próximo recorrido por las páginas del Antiguo Testamento.

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