Estudio bíblico de Santiago 1:1-3

Santiago 1:1-3

Y continuando hoy nuestro recorrido por la Biblia, llegamos al Nuevo Testamento para iniciar nuestro estudio en la epístola universal de Santiago. Esta es la primera de un grupo de epístolas normalmente llamadas las Epístolas Generales, que incluye a Santiago, primera y segunda de Pedro, primera, segunda y tercera de Juan y Judas. Han sido designadas como "generales" o "epístolas católicas" en el sentido de que son universales, no habiendo sido dirigidas a ningún individuo o iglesia en particular, sino a la iglesia en su totalidad. En primer lugar diremos algo en cuanto al

Escritor

El problema de la identidad del autor es importante. No hay duda de que Santiago escribió su epístola; ¿pero qué Santiago fue su autor? Algunos encuentran por lo menos cuatro hombres que llevaron el nombre de Santiago en el Nuevo Testamento. Creo que podemos encontrar tres que fueron claramente identificados.

(1) Santiago el hermano de Juan y uno de los hijos de Zebedeo. Estos dos hombres fueron llamados por el Señor Jesucristo "hijos del trueno". Ahora, este Santiago, fue asesinado por Herodes, quien al mismo tiempo envió a la cárcel a Simón Pedro (Hechos 12:1 y 2).

(2) Tenemos luego, al segundo Santiago mencionado, comúnmente identificado como Santiago el menor, fue hijo de Alfeo. Él fue mencionado en la lista de apóstoles, pero se conoce muy poco de él. En este caso lo dejamos de lado automáticamente como el autor de esta epístola.

(3) Luego, tenemos al tercer Santiago, o Jacobo, y era el hermano del Señor. Era hijo de María y de José, o sea que él fue un medio hermano del Señor Jesucristo. En Mateo capítulo 13, versículo 55, leemos: 55¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? Al comienzo del ministerio del Señor Jesucristo sus hermanos no creían en Él, pero llegó el momento en que Jacobo o Santiago, se convirtió en dirigente de la iglesia de Jerusalén. En el capítulo 15 del libro de los Hechos, encontramos que presidió el gran concilio de Jerusalén. Al menos él resumió todos los temas que se habían tratado e instó al concilio a tomar una decisión bajo la dirección del Espíritu Santo. Opinamos también que el apóstol Pablo se refirió a él en su epístola a los Gálatas, capítulo 2, versículo 9, cuando escribió: 9y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los gentiles (o no judíos) y ellos a los de la circuncisión (es decir, a los judíos). Por lo tanto, creemos que este Jacobo o Santiago fue el autor de esta carta. Ahora, diremos algo sobre el momento que se escribió la carta es decir, la:

Fecha

Esta epístola fue escrita aproximadamente entre el año 45 y el 50 D.C. Ahora, hay algunos que han dicho que Santiago escribió su epístola para combatir las enseñanzas de Pablo; ellos argumentan que Santiago enfatizaba las obras mientras que Pablo enfatizaba la fe. Sin embargo, la primera epístola del apóstol Pablo, que fue la Primera epístola a los Tesalonicenses, fue escrita entre los años 52 y 56. Por lo tanto, incluso la primera epístola de Pablo no fue escrita hasta después de la epístola de Santiago, que fue el primer libro que se escribió del Nuevo Testamento. A continuación diremos algo sobre:

Santiago y Pablo

Queda claro que el tema de Santiago no fueron las obras sino la fe -que es el mismo tema que trató Pablo; pero Santiago enfatizó lo que produce la fe. Tanto Santiago como Pablo hablaron mucho sobre la fe y las obras, ellos presentaron los dos aspectos de la justificación por la fe, los cuales se ven claramente en los escritos de Pablo.

(1) En primer lugar, en cuanto a la fe, diremos que no somos justificados por obras. El apóstol Pablo escribió 8porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. 9No por obras, para que nadie se gloríe. (Efesios 2:8-9). Y el Apóstol Pablo también escribió: 5nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia...(como podemos leer en Tito 3:5).

(2) En segundo lugar y en cuanto a las obras, diremos que somos justificados para obras. En el capítulo 3, de la epístola a Tito, versículo 8, Pablo escribió: 8Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Ahora, en su carta a los Efesios, capítulo 2, versículo 10, el apóstol Pablo también escribió: pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

La fe es la raíz de la salvación. Y el apóstol Pablo enfatizó este aspecto. Las obras son el fruto de la salvación -y esto fue lo que Santiago enfatizó. O, quizás podemos expresarlo de esta manera: la fe es la causa de la salvación, y las obras son el resultado de la salvación.

Cuando el Apóstol Pablo dijo que las obras no lo salvarían a uno, él estaba hablando en cuanto a las obras de la ley. Y cuando Santiago enfatizó que las obras eran esenciales, él estaba hablando de las obras de la fe, no de las obras de la ley. Él dijo, en su capítulo 2, versículo 18, 18Pero alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras. Dios nos observa y ve lo que hay en nuestro corazón y Él sabe si usted cree o no cree, esto es justificación por fe. Pero su vecino no puede ver su corazón, él solo puede juzgar por sus obras, el fruto de su fe. Ahora, finalizando nuestra introducción, vamos a hablar sobre el

Tema

Consideramos dos versículos como claves en esta epístola de Santiago. El primero de ellos lo vemos en el primer capítulo, versículo 22, donde dice:

"Sed hacedores de la palabra y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos."

Y el segundo lo encontramos en el capítulo 2, versículo 20, que dice:

"¿Pero quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras está muerta?"

La Epístola de Santiago trata sobre la ética del Cristianismo, y no sobre su doctrina. El escritor iba a centrarse en el aspecto práctico, pero sin apartarse del tema de la fe. Evidentemente, el apóstol Santiago era un hombre muy práctico. La tradición cuenta que a él se le dio un sobrenombre, y ese sobrenombre fue "rodillas de un viejo camello", porque pasó mucho tiempo sobre sus rodillas en oración.

Debido a su naturaleza práctica, esta epístola ha sido comparada con el libro de Proverbios, y también con el Sermón del Monte. El argumento de Santiago fue que la justificación por la fe es demostrada por las obras; y la justificación por la fe debe ser colocada en los tubos de ensayo de las obras (capítulos 1 y 2), de las palabras (capítulo 3), de la mundanalidad (capítulo 4), e incluye igualmente una advertencia para ricos (capítulo 5). Un breve bosquejo de esta epístola la divide en las siguientes tres partes:

1. VERIFICACION DE LA FE GENUINA. (Capítulos 1-3)

1. Dios prueba la fe por las pruebas. 1:1-12. Hay un doble resultado: desarrollo de la paciencia en esta vida (v. 3); recompensa en el mas allá (v.12)

2. Dios no prueba la fe con el mal. 1:13-21. El mal proviene de nuestro interior, de la naturaleza pecaminosa, v. 14.

3. Dios prueba la fe por medio de La Palabra, no por las palabras de los hombres, 1:22-37. Las acciones, no la doctrina, es la prueba final: porque el conocer, no es suficiente.

4. Dios prueba la fe por la actitud y la acción con respecto a las personas. 2:1-13.

5. Dios prueba la fe por medio de las buenas obras, 2:14-26. Abraham fue una ilustración de las obras, (v.21).

6. Dios prueba la fe por medio de la lengua. Capítulo 3. Lo que se encuentra en el corazón saldrá al exterior por la boca.

II. FALTA DE CONTENIDO DE LA MUNDANALIDAD (Capítulo 4) La mundanalidad es identificada en las contiendas y en el espíritu de disensión; vv. 1 y 2.

III. ADVERTENCIA A LOS RICOS OPRESORES Y VALOR DE LA INMINENTE VENIDA DE CRISTO. Capítulo 5. La pronta venida de Cristo produce paciencia, vv. 7, 8, y oración, vv. 13-18.

1. Las riquezas son una preocupación, advertencia a los ricos, 5:1-6.

2. La venida de Cristo constituye un consuelo, 5:7-12.

3. La oración del justo constituye un poder, 5:13-20.

Santiago 1

Bueno, en la introducción ya destacamos que esta epístola de Santiago constituye un libro muy práctico, que trata sobre la ética del Cristianismo, antes que con su doctrina. Santiago verdaderamente enfocaría su atención en asuntos prácticos, pero el tema de la fe puede verse presente por toda la epístola. El énfasis recae, entonces, sobre las obras producidas por la fe. En los tres primeros capítulos él habló sobre la verificación de la fe genuina y nos presentó algunas de las formas en que Dios prueba nuestra fe. Leamos entonces el versículo 1 de este primer capítulo de la carta de Santiago, que encabeza un párrafo que afirma que:

Dios prueba la fe en las pruebas y dificultades

"Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud."

En la frase inicial Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, el término "siervo" corresponde literalmente a un esclavo. No sé qué hubiera sucedido en su caso, estimado oyente, pero si yo hubiera sido el medio hermano del Señor desde un punto de vista humano, en algún lugar de esta epístola yo lo habría dado a conocer. Habría introducido el hecho en una forma piadosa y humilde, pero seguramente habría hecho los medios para que el lector se enterara de esa relación. Sin embargo, Santiago no actuó así. En cambio, se calificó a sí mismo como un esclavo de Dios y del Señor Jesucristo.

Ahora, al principio, los hermanos humanos del Señor Jesús no creían que Él era el Hijo de Dios. Después de todo, ellos habían crecido junto a Él y habían jugado junto a Él. Le habían visto crecer. Habían observado que era alguien fuera de lo normal, pero no creían que Él era el Salvador del mundo. Nuestro Señor Jesucristo era tan humano que se encontraba aquí sobre la tierra, que aun sus propios hermanos no creyeron en Él al principio. Por supuesto, la propia familia es siempre la gente más difícil de alcanzar; sin embargo, ellos son precisamente los que deberíamos alcanzar. Santiago llegó a conocer al Señor Jesucristo, no solo como su hermano de sangre, sino como su propio Salvador, y se convirtió en un esclavo del Señor. Observemos que cuando Santiago se dirige a Él, lo hace con su nombre completo, el Señor Jesucristo. De esa manera, Santiago estaba diciendo "Él es mi Señor". Jesús era su nombre humano y Santiago le conocía como Jesús, su medio hermano, pero también le conoció como Cristo, como el Mesías que había venido y muerto por los pecados del mundo. Jesús no era simplemente un nombre, sino que fue llamado Jesús porque salvaría a Su pueblo de sus pecados.

La carta iba entonces dirigida a las doce tribus que están en la dispersión. Salud. Ahora, obviamente, Santiago se estaba refiriendo a los creyentes en Israel. Estaba escribiendo a los judíos cristianos de su tiempo. Después de todo, la primera iglesia estuvo totalmente formada por judíos por un considerable período de tiempo. Algunos no judíos se convirtieron a la fe cristiana y más tarde, una gran renovación espiritual surgió en el centro mismo del Imperio Romano, en la zona que donde actualmente se encuentra Turquía. Allí fue donde estaban situadas las siete iglesias de Asia Menor. Pero Santiago, evidentemente escribiendo antes de que ese evento tuviera lugar, se estaba dirigiendo a los creyentes judíos.

Ahora al hablar de las 12 tribus que están en la dispersión recordamos que algunos hablan hoy de las "diez tribus perdidas de Israel", pero en realidad, ninguna tribu se perdió. Dios las dispersó por todo el mundo. No se establecieron en Inglaterra o en Estados Unidos, aunque haya muchos judíos en ambos países. Ellos llegaron a todos los continentes del mundo, incluyendo una numerosa población en Rusia, y a algunos en China y Japón. Aquella fue una verdadera dispersión mundial. Así que, como ya dijimos, Santiago escribió esta carta a los judíos creyentes de aquella época que se habían dispersado por varios países.

Este versículo 1 finaliza diciendo: salud. Creemos que esta traducción es algo forzada, poco natural, porque el término Griego significa literalmente "Alegraos". Él no era una persona con un carácter avinagrado. Era una persona que tenía mucha vida en su interior.

Y a continuación, Santiago se dispuso a hablarnos de la alegría experimentada bajo circunstancias poco comunes. En el segundo versículo de este capítulo 1, dice:

"Hermanos míos, gozaos profundamente cuando os halléis en diversas pruebas"

Aquí se nos habla de diversas pruebas. En otras palabras, estimado oyente, cuando usted esté teniendo problemas, no comience a lamentarse como si le hubiera sucedido algo terrible. Aunque todo problema nos cause un impacto inicial negativo, usted tendría que alegrarse, y considerar como un motivo de alegría el hecho de que Dios le está probando de esa manera.

En realidad, la pregunta que surge con frecuencia es si el cristiano ha de experimentar una alegría profunda en todos los problemas y tensiones de la vida. Sinceramente, la respuesta es que no -esto no fue lo que Santiago estaba diciendo. Conduciría a hablar de una irrealidad decir que uno está reconciliado con la voluntad de Dios cuando los problemas lo acosan, cuando no está realmente reconciliado. Algunas personas se apresuran a decir piadosamente que han aceptado la voluntad de Dios, y sin embargo reflejan en sus rostros la tristeza o la amargura. Estimado oyente, usted no estará reconciliado con la voluntad de Dios hasta que pueda experimentar esa alegría.

Santiago continuó dejando claro que Dios no nos envía problemas por la importancia que puedan tener esos problemas; ellos no son un fin en sí mismos. Y el versículo 3 de este primer capítulo de Santiago dice:

"Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia."

Dios tiene un propósito en mente, estimado oyente. Usted puede contar con ello. El escritor estaba aquí hablando sobre la actitud de su corazón hacia sus problemas. El tiempo en el original Griego (tiempo aoristo) sugiere que la alegría debe ser el resultado de la prueba. Recordemos que cuando estudiábamos el capítulo 12, de la epístola a los Hebreos, dijimos que el método que Dios utiliza en la vida del creyente es corregir, aleccionar, por medio de la disciplina, que literalmente puede referirse a la educación de un niño. Las pruebas y el sufrimiento no tienen sentido, y el hecho mismo que Dios nos pruebe es irracional, a no ser que exista un buen propósito para ello. Dios dice que existe una buena razón para probarnos, y que esa razón es buena. El apóstol Pablo dijo, en su epístola a los Romanos, capítulo 8, versículo 28: 28Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Cuando las presiones exteriores de la prueba se sienten sobre nosotros, y somos colocados en los fuegos de la adversidad, la tragedia y el sufrimiento, la actitud de la fe debería ser creer que Dios ha permitido esas pruebas con un propósito y que Él tiene a la vista un objetivo elevado y noble. Y podemos saber que Dios está actuando y produciendo algo en nuestras vidas.

Nos apresuramos a añadir que esto no quiere decir necesariamente que entenderemos el propósito que Dios tiene en esas pruebas. Esta es la prueba de la fe. Vivimos por fe, y no por lo que vemos. Alguien dijo en la Edad Media que Dios no hace nada ni permite que algo suceda, sino aquello que nosotros permitiríamos, si pudiéramos ver a través de todos los hechos, tan bien como lo puede hacer Él.

Ahora, ¿cuáles son algunos de los propósitos que resultan de la prueba de la fe? Santiago dijo que los problemas constituyen una prueba positiva de la fe genuina. Permítanos presentar una ilustración. Hay algunas fábricas de aviones que permiten a los visitantes observar el proceso de preparación para la producción de un nuevo modelo de avión. Para comenzar, los ingenieros presentan un nuevo diseño. Y, por supuesto, se hacen planos y, luego, se construyen modelos en miniatura. Luego, estos ingenieros hacen pruebas con los modelos. Y entonces, comienza la construcción del avión mismo. Puede que pasen uno o dos años, y luego sale de una de esas plantas de construcción un nuevo aparato. Entonces surgen las preguntas: ¿Volará ese avión? ¿Cómo funcionará? ¿Soportará las pruebas? El piloto de pruebas toma ese avión, y lo lleva al campo de aterrizaje y de allí se eleva. Cuando el piloto ya está en el aire, lleva a cabo diferentes pruebas con ese aparato. Y luego, cuando ese avión ha demostrado ser todo lo que el fabricante dijo que era, la gente tiene confianza en ese avión, y una de las compañías de transporte lo compra y lo lleva al aeropuerto, donde suben los pasajeros, y es así como llega a convertirse en un medio de transporte fiable y útil. En el mismo sentido, un buscador de oro lleva cierto mineral a una oficina para que un ensayador, que es un especialista en probar metales preciosos, determine si se trata de oro o plata. El ensayador lo coloca bajo el fuego, y echará un poco de ácido sobre él, y entonces opinará si el metal precioso es genuino o no. De la misma manera, Dios coloca la fe a prueba parar probar si es genuina. Alguien lo ha expresado de la siguiente manera: "el ácido del dolor prueba la moneda del creer". Y esto es muy cierto.

Dios prueba nuestra fe con un propósito. Bien dijo Santiago: la prueba de vuestra fe produce paciencia. Él nos prueba para que pueda producir paciencia en nuestra vida. Estimado oyente, debemos despedirnos por hoy y le sugerimos que lea detenidamente los próximos versículos de este capítulo, para familiarizarse con su contenido, y confiamos en que pueda acompañarnos en nuestro próximo encuentro.

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