Estudio bíblico de Santiago

Predicación escrita y en audio de Santiago 1:19-22

Santiago 1:19-22

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro estudio en la epístola del apóstol Santiago, y estamos todavía en el capítulo 1. Leamos nuevamente el versículo 19, que comenzamos a considerar en nuestro programa anterior:

"Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse"

Y entramos ahora, a una parte de esta epístola en la que Santiago trata en gran detalle, la vida del creyente. La forma de comenzar el párrafo, diciendo Por esto, mis amados hermanos, indica que se acercan conclusiones prácticas para todos los hijos de Dios.

Y continuó diciendo todo hombre sea pronto para oír. ¿Para oír qué? Por supuesto, para oír la Palabra de Dios. Después que usted ha sido engendrado por la Palabra de Dios, (habiendo comenzado una nueva vida), usted no ha terminado, sino, más bien, comenzado una relación con Dios. Y entonces, tiene que crecer espiritualmente por Su Palabra. Entonces usted ahora tiene algo que es vivo, poderoso y más agudo que una espada de doble filo, como dijo el escritos a los Hebreos en su capítulo 4, versículo 12. Por otra parte, el apóstol Pablo escribió en su primera carta a los Corintios, capítulo 2, versículo 14: 14Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. Sin embargo, como hijo de Dios, usted está habitado por el Espíritu de Dios, es decir, tiene Su presencia en usted mismo, y Él quiere enseñarle la Palabra de Dios. Es extraordinario pensar en que el Creador de este universo y el Redentor de los pecadores perdidos, quiere hablar con usted. Por ello el apóstol Santiago dijo en primer lugar, al iniciar esta sección tan práctica, todo hombre sea pronto para oír, es decir, que permanezca alerta, que esté atento, dispuesto a escuchar lo que Dios tiene que decirle.

El versículo 19 continúa diciendo: tardo para hablar. Dios nos dio dos oídos y una boca, y debe haber una razón muy determinada para ello. Existe el peligro real de que hablemos demasiado. Hay quienes alegan que en el momento en que una persona es salva, debería comenzar a dar testimonio de su fe. Por nuestra parte, no lo vemos conveniente. No creemos que un cristiano recién nacido espiritualmente esté en condiciones de testificar de una manera activa y pública. Algunos son presionados a hacerlo debido a sus antecedentes, aunque sea al día siguiente de su conversión, dependiendo si se trata de una persona importante en cualquier área de la sociedad, ya sea en el ámbito comercial, en el mundo del espectáculo, en el de los deportes, en el de la política o en el del arte. Es lógico que tengamos interés en escuchar la obra transformadora que Dios ha hecho en la vida de una persona, pero muchas veces, tales personas no han tenido tiempo para asimilar la experiencia de la conversión en una forma en que puedan transmitirla, especialmente a los no cristianos. Simplemente, no han tenido tiempo de reforzar su conocimiento de la Biblia o profundizar en el contenido de su fe. Como resultado, lo que dijeran podría ser mal interpretado, podrían incluso ofender o molestar a aquellos que no han pasado por esa experiencia personal que es, al mismo tiempo, una experiencia íntima con Dios. Por todo ello, Dios dijo aquí a través del apóstol Santiago, que debemos ser prontos para oír, y tardos (o lentos) para hablar.

Comprendemos que alguien pregunte: "¿Pero, no se supone que debemos dar un testimonio público de nuestra fe?". Por supuesto que sí pero, especialmente cuando lo hacemos en público, debemos ser cuidadosos y prudentes en cómo lo hacemos y, lo que también es importante, que podamos respaldar lo que decimos, en primer lugar, con nuestra propia forma de vivir. Se cuenta una experiencia que Sócrates, el filósofo y maestro, tuvo con un joven que le trajeron para que entrase en su escuela. Cuando se lo presentaron a Sócrates, antes de que éste pudiera siquiera pronunciar una palabra, el joven comenzó a hablar y continuó por unos diez minutos. Finalmente, cuando el joven terminó de hablar, Sócrates le dijo: "Yo lo aceptaré como estudiante, pero le voy a tener que cobrar el doble". Y el joven le respondió: "¿Por qué me va a cobrar el doble?" Entonces Sócrates le respondió: "Bueno, en primer lugar, voy a tener que enseñarle a controlar su lengua y después, tendré que enseñarle a usarla". Recordemos entonces este consejo tan sabio del apóstol Santiago, de que seamos Prontos para oír, tardos (o lentos) para hablar. Los creyentes tendrían que ser muy cuidadosos para no revelar su ignorancia de la Palabra de Dios. Escuchémosle a Él. Quizás aun alguien diga que el Salmo 107 dice, hablando del Señor: Alabad al Señor, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia. Díganlo los redimidos del Señor. Sí, es cierto, siempre y cuando tengamos prudencia, delicadeza y seamos cuidadosos con lo que expresamos en público.

El versículo 19 continúa diciendo, de parte de Dios, que seamos tardos o lentos para la ira. Lamentablemente, muchos discuten acerca de la religión y pierden el control de su carácter, es decir, que pierden los estribos. Es bueno tener convicciones firmes sobre la Palabra de Dios y sobre la fe cristiana, pero uno no debe comenzar a luchar contra todos aquellos que están en desacuerdo con uno. Después de todo, estimado oyente, usted no tiene tampoco toda la verdad.

Además, La Escritura nos dice que debemos ser tardos para airarnos. Y nunca deberíamos olvidar el consejo que el apóstol Pablo les dirigió a los Efesios en su carta, capítulo 4, versículo 15, donde exhortó a sus lectores a seguir la verdad en amor. Estas palabras constituyeron una regla de oro para dar testimonio de nuestra fe y para exponer la verdad del Evangelio a aquellos que no están de acuerdo con nosotros.

Se cuenta que Jonatán Edwards, el tercer presidente de la universidad de Princeton, en los Estados Unidos, y probablemente uno de los grandes pensadores y predicadores de América, tenía una hija con un temperamento incontrolable. Cierto día un joven, brillante estudiante de la universidad que se había enamorado de ella, se presentó ante el señor Jonatán Edwards como se acostumbraba en aquellos días y le pidió su mano. Y Jonatán Edwards le dijo: "Tú no puedes casarte con ella". El joven respondió: "Pero estoy enamorado de ella". Jonatán Edwards le volvió a decir: "Tú no te puedes casar con ella". Y el joven volvió a decirle: "Pero ella me ama". Y otra vez, el señor Edwards le dijo: "Te repito que no puedes casarte con ella". El joven entonces le dijo: "Bueno, ¿por qué no puedo casarme con ella?" A lo cual el señor Edwards respondió: "Porque ella no es digna de ti". Y Edwards respondió "Sí, ella es creyente, pero la gracia de Dios no puede vivir con cierta gente con la cual jamás nadie podría vivir". Y estimado oyente, hay muchos creyentes que no se comportan de manera digna de su profesión, con temperamentos incontrolables que dañan su testimonio tanto como cualquier otro factor negativo de su vida podría hacerlo. Ahora, el versículo 20, de este primer capítulo de la epístola de Santiago, dice:

"Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios."

La ira del hombre es contraria a la voluntad y obra de Dios. Este es el motivo por el cual no deberíamos discutir sobre religión. Nunca hemos encontrado a personas que estén de acuerdo con nosotros en un 100 por ciento o con quienes estemos de acuerdo en el mismo porcentaje. Pero esa no es ninguna razón por la cual nosotros debamos enfadarnos con tales personas o evitar el trato con ellas. Uno podría decir que la única persona con la cual está de acuerdo al cien por ciento, es con uno mismo.

Santiago dijo Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Quizá usted se sienta enfadado porque se considera un defensor de la fe, y algo por el estilo; pero, estimado oyente, la ira humana sencillamente no produce la vida justa que Dios quiere. No se engañe a sí mismo pensando que usted se enfada por amor a Dios, porque Él no se enfada así. Él está activamente implicado en salvar a las personas. Después, el versículo 21 de este capítulo 1 de la epístola de Santiago, dice:

"Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas."

También debemos destacar que se dice que debemos desechar toda inmundicia, es decir, que debemos despojarnos de toda impureza de la naturaleza carnal. Y añadió que debemos desechar toda abundancia de malicia.

Continúa diciendo el versículo recibid con mansedumbre la palabra implantada. En otras palabras, debemos recibir la Palabra de Dios. Creemos que esta Palabra es el mejor preventivo contra los pecados de la naturaleza humana carnal. Un predicador dijo en cierta ocasión: "El pecado le apartará a usted de la Biblia, o la Biblia le apartará a usted del pecado". Hasta aquí la cita. Esta fue una declaración muy acertada.

Y finaliza el versículo diciendo de la Palabra de Dios, la cual puede salvar vuestras almas. Ahora, el apóstol les estaba hablando a aquellos que habían sido salvos. Usted ha recibido la Palabra implantada. La Palabra le ha traído a usted la salvación, pero usted tiene una vida que vivir como creyente. La salvación se expresa en tres tiempos: Yo he sido salvo (tiempo pasado). Yo estoy siendo salvo (tiempo presente). Y seré salvo (tiempo futuro). Santiago estaba hablando aquí de la salvación en el tiempo presente. Ahora, llegamos a un nuevo párrafo que hemos titulado:

Dios pureba por la Palabra, no por palabras humanas

El hijo de Dios nunca puede apartarse de la Palabra de Dios. Cada hijo quiere oír la voz de su padre, especialmente si es una voz de consuelo, así como de corrección. Alguien que no esté interesado en la Palabra de Dios o que no permanece cerca de ella, si es un hijo de Dios, va a meterse en problemas.

Para muchísimas personas, éste es el versículo más conocido de la Epístola de Santiago. Leamos entonces este versículo 22:

"Sed hacedores de la palabra y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos."

Usted y yo vivimos en un tiempo en el que tenemos muchas traducciones de la Biblia, que se están multiplicando cada año. Descubrimos que muchas de estas traducciones, realizadas hace ya muchos años, necesitan ser actualizadas desde el punto de vista del idioma, que está en constante cambio y evolución, y también necesitan ser confrontadas con los mejores manuscritos disponibles en los idiomas originales. De todas formas, debemos decir que necesitamos una nueva traducción. Y se sorprenderá usted cuando digamos que cualquier cristiano puede preparar esa nueva traducción. Usted mismo puede producir esa nueva traducción de la Biblia. Lógicamente, como primera reacción usted dirá: "Bueno, usted no me conoce, no sería capaz de acometer esa gran empresa, No estoy familiarizado con los idiomas originales y desconozco la técnica para trabajar con los manuscritos de la Biblia". Estimado oyente, a pesar de sus limitaciones, que como usted mismo dice, pueden ser muchas, aun es posible que usted prepare la mejor traducción de la Biblia que jamás ha sido editada. ¿Y sabe usted cuál es el nombre de esa traducción? Se conoce como la "traducción de los hacedores". Y su nombre tan peculiar proviene de estas palabras del apóstol Sed hacedores de la Palabra. Esa sí que es una buena traducción, una traducción de los hacedores. Se trata de presentar vidas que llevan esa Palabra a la práctica, que la ponen en práctica en la vida diaria.

El apóstol Pablo expresó el mismo pensamiento en una forma un poco diferente, cuando dijo en su Segunda epístola a los Corintios, capítulo 3, versículos 2 y 3: Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres. Y es manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. El mundo hoy no está leyendo la Biblia, pero sí está leyendo la vida suya y la mía.

Alguien lo expresó de la siguiente manera: "El Evangelio escribe un capítulo cada día, por acciones que usted realiza y por palabras que usted expresa. Los hombres leen lo que usted dice, sea cierto o no. ¿Qué es el Evangelio según usted?"

Desde el versículo 22 hasta el versículo 25 tenemos un párrafo en el cual vemos que hemos llegado al verdadero pragmatismo de Santiago. Podemos bosquejar estos versículos de la siguiente manera: en el versículo 22 de este primer capítulo de la epístola de Santiago, encontramos las "demandas de la Palabra". Después, en los versículos 23 y 24, vemos el "peligro de la Palabra", y finalmente, en el versículo 25, el "designio de la Palabra".

En esta sección tenemos aquello que es fundamental, sustancial; aquello que realmente nos alcanza en el lugar mismo donde vivimos. Aquí en el versículo 22, tenemos los imperativos, o las demandas de la Palabra. Leamos una vez más este versículo 22: 22Sed hacedores de la palabra y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Aquí tenemos un elemento acerca de la Palabra de Dios que, en realidad, lo hace diferente de cualquier otro libro. Hay muchos libros que hoy usted puede leer para recibir información, conocimiento, para estimularlo intelectualmente, para que le sirvan de inspiración espiritual, para que le entretengan a usted. Pero, la Palabra de Dios es diferente, y esa es probablemente la razón por la cual no es tan popular como otros libros. Demanda acción al decir Sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores. Requiere atención. El Señor Jesús dijo en el Evangelio de Juan capítulo 7, versículo 17: El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta. Así que la Palabra de Dios requiere acción. Bien dice el Salmo 34:8, Gustad y ved que es bueno el Señor. Dichoso el hombre que confía en Él.

Usted puede leer historia, pero ésta no le pedirá a usted nada. Usted puede leer literatura, pero en ella no hay ningún imperativo, no hay declaraciones ni explicaciones, aunque puede tener una lección que enseñar que podría o no haber estado en la mente del autor. Usted puede leer ciencia, pero ésta no le presentará ninguna clase de demanda. Descendiendo ya a un nivel más familiar, diremos que usted puede leer un libro de cocina, que le presentará varias recetas, pero en el libro no se hace allí ninguna demanda para que usted cocine esto o aquello. En cambio, la Palabra de Dios es un mandamiento. Es como una trompeta. Es un llamado a la acción. Y el apóstol Juan, dijo en su primera epístola, capítulo 3, versículo 36: 36El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. El mensaje del Señor Jesucristo fue (1) "arrepentíos", (2) Su segundo mensaje, "venid a mí", y (3) el tercero: "Creed". Es evidente que la Palabra de Dios, estimado oyente, demanda creer.

Toda la propaganda que uno observa en la actualidad contiene elementos de mucha presión, de demanda. Se utiliza en la radio y en la televisión, en vallas publicitarias, así como también en revistas y periódicos. Todos estos medios promueven agresivamente las ventas. Así que estamos expuestos no solo a que nos laven el cerebro con las noticias de los medios de difusión masiva, sino que también se nos lava el cerebro a través de la publicidad. Por ejemplo, un vendedor intentará convencerle para que compre el último modelo de un automóvil, destacando las ventajas que tiene sobre el modelo anterior, cuando en realidad la última innovación introducida en el último modelo es que éste tiene el volante más pequeño. Y en otro orden de cosas, se le presionará a usted para que compre el último desodorante porque, si no lo hace, podría perder su trabajo. Pero la Palabra de Dios dice que usted va a morir en sus pecados si no se vuelve a Cristo. Y hablando de grandes presiones, ¡ésta sí que es presión intensa! La Palabra de Dios dice: He aquí ahora es el tiempo propicio; he aquí, ahora es el día de salvación (como podemos leer en la segunda carta a los Corintios 6:2). Y en el mismo sentido se expresó el Salmo 95:7 y 8 diciendo; Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón.

Creemos que uno de los fracasos más grandes de la iglesia de los años recientes, se encuentra precisamente en esta área. Después de la segunda guerra mundial, el mundo occidental salió de los refugios contra las bombas y se dirigió a la iglesia, impulsado por el temor a las bombas, no por el temor de Dios. El número de los que se hicieron miembros de la iglesia, y la asistencia a la iglesia, se elevaron notablemente. Y el que era Pastor en esa época podía ver una iglesia llena. Eso fue algo extraordinario. Pero al mismo tiempo, aumentó la inmoralidad y la desobediencia a las leyes en un cien por ciento. La embriaguez y la delincuencia juvenil aumentaron. Y en las vidas de los cristianos se produjo la ruptura de la línea de separación de los criterios y valores del mundo. ¿Qué había sucedido? La iglesia había estado difundiendo la Palabra de Dios en la voz pasiva; la había estado proclamando en el modo subjuntivo, pero Dios la había comunicado originalmente en el modo imperativo. Nos olvidamos que la Biblia con cubierta de piel o cuero, necesitaba un par de zapatos que la acompañaran. Así que la memorización de las Sagradas Escrituras es buena, pero la Palabra también requiere acción.

Volvemos nuevamente a la frase Sed hacedores de la Palabra. Santiago no usó aquí el verbo Griego corriente para el verbo "ser", que es "eimi"; la palabra utilizada aquí fue "ginesthe", que literalmente significa "llegar a ser", "nacer", "cobrar existencia". El imperativo que tenemos aquí es, en realidad, para el hijo de Dios, que ha nacido de nuevo espiritualmente. Dios no le está pidiendo a una persona no salva que haga algo, excepto una cosa, que no es realmente "hacer", sino "creer". Como vemos en Juan 6:28 y 29, cuando la gente vino al Señor Jesús y preguntó: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Él les respondió: Esta es la obra de Dios, que creáis en aquel que él ha enviado. En lo que a Dios se refiere, "hacer", para los que no son salvos, equivale a "creer en Cristo". Dios no les está pidiendo a los no salvos nada en absoluto; Dios quiere decirles que Él ya ha hecho algo.

Estimado oyente, Dios no estará pidiendo nada de usted hasta que se convierta en Su hijo. Pero a aquellos de nosotros que nos hemos convertido en hijos de Dios, Él nos dice: Sed hacedores de la palabra y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.

El oír la Palabra de Dios, estimado oyente, llevará a pasar a la acción a aquellos que son Sus hijos. No conducirá a aprender algo a fuerza de repetirlo, ni una acción ritual o habitual: no le llevará a la monotonía, o a la rutina. La intención de la Palabra de Dios, es producir una acción creativa, una actuación productiva, una vida emocionante, y una experiencia apasionante. Si estamos motivados por un deseo interior y estamos disfrutando de un vivir lleno del Espíritu, entonces, usted y yo podemos salir a practicar cualquier deporte y disfrutarlo, así como también disfrutar de un estudio Bíblico. Y será una experiencia emocionante. Por ello, estimado oyente, le invitamos a acompañarnos en nuestro próximo encuentro, para continuar compartiendo estas vivencias de Su Palabra.

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