Estudio bíblico de Joel 1:14-20

Joel 1:13-20

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por el libro de Joel. Nos encontrábamos considerando el primer párrafo de este capítulo, titulado "una plaga de langostas literal y local" que se extiende hasta el versículo 14 de este capítulo. En nuestro programa anterior, vimos que Joel estaba enviando un mensaje al pueblo, e iba a decirles que tenían que hacer en un tiempo como éste. Les indicaría diez cosas que habrían de hacer. (1) tenían que llorar, lamentarse, como una joven vestida de luto que había perdido a su prometido, quizás muerto en una batalla, de esta manera debía llorar la nación. (2) Los sacerdotes debían hacer duelo. (3) Los labradores debían avergonzarse. (4) Los viñadores tenían que gemir. Estos eran los propietarios de las viñas.

Ahora leamos nuevamente el versículo 13 de este primer capítulo de Joel:

"Vestíos de luto y lamentad, sacerdotes; gemid, ministros del altar; venid, dormid con ropas ásperas, ministros de mi Dios; porque quitada es de la casa de vuestro Dios la ofrenda y la libación."

(5) La quinta cosa que tenían que hacer era vestirse de duelo. (6) Los sacerdotes tenían que lamentarse. Los sacerdotes no podían desempeñar sus funciones porque no tenían porque no había nada que pudieran usar para sus ofrendas. Así que tenían que pasar la noche vestidos de luto, es decir, con ropas ásperas y cubiertos de ceniza, porque no podían presentar las ofrendas de cereales ni las libaciones, que consistían en derramar vino o aceite como ofrenda a Dios. La economía de la tierra había quedado destruida y ni siquiera tenían lo suficiente como para presentar una ofrenda a Dios. Sin embargo, Dios dejó en claro que el factor más importante no era la ceremonia ritual, sino los corazones de los miembros del pueblo.

En estos versículos hemos visto que Dios le estaba pidiendo al pueblo que hiciera algo que no le había pedido antes. Cuando Dios entregó la ley de Moisés, estableció siete días de fiesta para el pueblo, y aclaró que no deseaba que ellos acudieran a Su presencia con semblantes serios o tristes. El quería que fueran a Su casa reflejando la alegría de sus corazones.

¿Ha observado usted que a veces, que el encuentro de los cristianos como pueblo de Dios no constituye una celebración alegre? ¿No ha observado usted que muchos rostros solo reflejan indiferencia o tristeza? Lejos de expresar alegría, apenas sonríen o no expresan ningún sentimiento. Y otros parecen como ausentes.

Aquí vemos que por primera vez Dios les estaba pidiendo que se lamentara, que hicieran duelo, que se vistieran de luto. En el pasado les había pedido que vinieran a Su presencia con alegría. La razón de este cambio fue el pecado de la nación. Y es la misma razón por la que hoy puede percibirse una falta de una auténtica alegría. En la actualidad la gente trabaja arduamente La música tiene que ser rápida y el sonido lo más alto posible. Los chistes tienen que ser dudosos para que las personas puedan apenas esbozar una sonrisa. Deberíamos reflexionar sobre este asunto y preguntarnos donde está hoy nuestra alegría. En gran medida esa alegría se ha apagado por causa del pecado. No olvidemos que Dios quiere que experimentemos alegría. En el pasaje que hoy hemos examinado podemos imaginar a Dios diciéndoles: "Venid ante mi presencia con vuestros lamentos. Ello no me agrada, pero estáis siendo afectados por el pecado y quiero ver vuestro arrepentimiento".

Ahora, en el versículo 14, donde comenzamos nuestro estudio hoy, el profeta continuó diciendo:

"Proclamad ayuno, convocad asamblea, congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa del Señor, vuestro Dios, y clamad al Señor."

(7) La séptima cosa que tenían que hacer era proclamar ayuno. Dios nunca les había pedido que lo hicieran. Les había dado días de fiesta ---nunca les había dado un día de ayuno, hasta que cayeron en el pecado. El gran pecado denunciado por Joel, que estaba destruyendo a la nación, fue la embriaguez. Estaba privando a la gente de su forma normal de pensar y entonces no eran capaces de tomar las decisiones correctas.

(8) Tenían que convocar una asamblea solemne. En otras palabras, tenían que reunirse. Dios había deseado que se reunieran para alegrarse en Su presencia, pero en esta ocasión les dijo que ésta tendría que ser una asamblea solemne.

(9) Tenían que reunir a los ancianos del pueblo y a todos los habitantes de la tierra en la casa del Señor. La historia nos muestra que los tiempos de gran ansiedad y dificultades siempre han impulsado a la gente hacia Dios. Así sucedió en aquellos tiempos en los que el pueblo tuvo que reunirse para ayunar.

(10) Tenían que clamar al Señor. ¿Por qué? Porque Dios era misericordioso, compasivo. Dios quería perdonar. Así que tenían que venir a Él en esos tiempos difíciles. Y El les escucharía y contestaría su oración.

Hemos visto que Joel pronunció una advertencia ante aquel pueblo, y les dio estas 10 instrucciones concretas que hemos citado. Ellos debían realizar estas acciones si querían recibir sobre ellos la bendición de Dios.

Ahora llegamos a una sección que hemos titulado

Mirando al día del Señor (como un preludio)

De una forma magistral, Joel se apartó de la situación local, que era la plaga de langostas, y dirigió su atención hacia la época del "día del Señor". Leamos el versículo 15 de este primer capítulo de Joel:

"¡Ay del día!, porque cercano está el día del Señor; vendrá como destrucción de parte del Todopoderoso."

Es evidente que este lamento se refería al "día del Señor". Ese día se aproximaba y vendría como una devastación de parte del Todopoderoso. Como un pequeño modelo, un breve bosquejo de lo que llegaría en el futuro, esta plaga de langostas local constituía una advertencia, una figura del "día del Señor" que vendría en el futuro. Esta plaga debería haber alertado al pueblo.

A continuación, Joel les iba a hablar sobre el futuro. Lo que llegaría en el futuro, lo que había sido prometido al rey David, era un reino. David sería levantado para gobernar sobre ese reino. La guerra cesaría y habría paz en la tierra. Todos los profetas hablaron sobre ello, pero ellos también hablaron de lo que Joel estaba diciendo aquí, es decir, que hablaron sobre la llegada del día del Señor.

El día del Señor debe ser comprendido en contraste con los otros días que se mencionaron en la Escrituras. Usted y yo nos encontramos viviendo en lo que se llama en la Escritura "el día del hombre", que comenzó con el rey Nabucodonosor, rey de Babilonia, conquistador de Jerusalén. El Señor llamó a este período "los tiempos de los Gentiles (o de los no judíos). En Lucas capítulo 21, versículo 24, vemos que el Señor dijo que los no judíos pisotearían la ciudad de Jerusalén hasta que se cumplieran los tiempos señalados para ellos. Así que estamos viviendo en el día del hombre. El hombre es quien lleva a cabo los juicios hoy. Apela ante la corte suprema de justicia, pero no ante Dios. Le ha olvidado completamente. El nombre de Dios es simplemente una palabra para jurar y blasfemar.

El Dr. Chafer hizo el siguiente comentario con respecto al día del hombre. "El Este tema, oscurecido en ocasiones por los traductores, fue mencionado solamente una vez en el Nuevo Testamento; en la Primera Epístola a los Corintios, capítulo 4, versículo 3, donde dice: 3En cuanto a mí, en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros o por tribunal humano. ¡Ni aun yo mismo me juzgo! En este pasaje, esa frase de "tribunal humano" es, en realidad, una referencia a la opinión humana que es corriente en esta época, y que puede ser traducido literal y apropiadamente como el día del hombre". Y hasta aquí, la cita que mencionamos del Dr. Chafer

Usted y yo, estimado oyente, estamos viviendo en el día del hombre. Y, créalo; hoy predomina el humanismo. El hombre cree que puede resolver el problema del mundo, pero ¿qué es lo que ha hecho el hombre? Ha conducido al mundo a una confusión terrible. Bueno, los seres humanos no tienen la solución. Los hombres hoy no pueden solucionar los problemas de este mundo. Muchos hombres públicos de varios países han admitido en privado que el ser humano es incapaz de resolver los problemas que él mismo ha creado.

La Biblia nos habló de otro día que se aproximaba ---el Día del Señor Jesucristo. El Apóstol Pablo dijo en su Primera Epístola a los Corintios, capítulo 1, versículos 7 y 8: De tal manera que nada os falta en ningún don mientras esperáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; el cual también os mantendrá firmes hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. ¿Cuál es ese día? Será el día en que Él venga a recoger a Su iglesia de este mundo, y entonces la iglesia se presentará ante el Tribunal de Cristo. Uno de los versículos favoritos es el que encontramos en la epístola a los Filipenses, capítulo 1, versículo 6, que dice: Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. Él va a guardarnos hasta que llegue ese día, en el que nos recogerá del mundo y entonces seremos llevados ante Él para ver si recibimos o no un premio.

Tanto el Nuevo como el Antiguo Testamento hablan sobre el "día del Señor". En la Segunda Epístola a los Tesalonicenses, capítulo 2, versículo 2 dice: que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os alarméis, ni por espíritu ni por palabra ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el Día del Señor está cerca. Los cristianos de Tesalónica temían perder el arrebatamiento de la iglesia. Entonces, aquí vemos que el apóstol Pablo les aseguró a los creyentes que ellos no pasarían por el "día del Señor."

Y el profeta Joel dejaría bien en claro en qué consistía el "día del Señor". Diría que "el día del Señor" sería un día oscuro, sombrío y difícil. El punto de vista Hebreo era que ellos entrarían inmediatamente en el reino ---es decir, que la vida sería como una suave brisa, sin problemas de ningún tipo. Pero Joel dijo que el "día del Señor" comenzará con la noche, con oscuridad. Y esa oscuridad será el período de la gran tribulación. Será como esa plaga de langostas que había llegado con sus cuatro bandadas de insectos, y como los cuatro jinetes del Apocalipsis, que cabalgarán en el citado período de la gran tribulación. Entonces, el "día del Señor" incluirá la venida de Cristo a la tierra para establecer su reino. Después, Su pueblo entrará en el resplandor de Su presencia. Ahora, esa era la esperanza del Antiguo Testamento y lo que el Antiguo Testamento enseñó.

Ahora, usted puede apreciar, amigo oyente, lo importante que es el estudiar toda la Biblia. No puede explicarse el significado del "día del Señor" prescindiendo de lo que escribió el profeta Joel y toda otra información Bíblica debe encajar con el programa que él describió. Todos los profetas que escribieron después de él usaron ese término muchas veces. La expresión "día del Señor" aparece unas 75 veces en toda la Biblia, y 5 veces en el libro de Joel, y la expresión "aquel día" aparece en este libro una vez. Todos los profetas tuvieron mucho que decir sobre el "día del Señor", y tenemos que reconocer que éste es un término técnico que ha sido definido y usado sistemáticamente en la Biblia.

Resumiendo entonces lo dicho diremos lo siguiente: (1) Hay un "día del hombre", que es el tiempo que estamos viviendo en la actualidad. (2) El "día del Señor Jesucristo" llegará cuando El recogerá a Su iglesia de este mundo. Después (3) comenzará el "día del Señor" con el período de la gran tribulación. Después de todo, nosotros llamamos los días de la semana por diferentes nombres. Y Dios también ha puesto un nombre para cada uno de estos diferentes períodos de tiempo. Por cierto que esto no fue algo que los hombres pensaron; nosotros no habríamos pensado en llamarlos de esta manera, pero así los calificó la Palabra de Dios.

También tenemos que decir que el "día del Señor" no es el mismo día del Señor que se mencionó en Apocalipsis capítulo 1, versículo 10. El día del Señor en ese pasaje es el primer día de la semana, es decir, un día de 24 horas, lo cual puede verse claramente en el Nuevo Testamento. Escuchemos ahora lo que dice el versículo 16 del capítulo 1 de Joel:

"¿No fue arrebatado el alimento de delante de nuestros ojos, la alegría y el placer de la casa de nuestro Dios?"

Aquí el profeta continuó hablando de la plaga de langostas. De estas palabras se desprende que ya no había más alegría en la casa de Dios. Y pensamos que esa es una de las características que predominan hoy en algunos círculos cristianos. Uno puede ver este estado de ánimo bastante generalizado cuando tiene oportunidad de visitar muchas iglesias en diferentes lugares. Puede percibirse un espíritu de expectativa frente a un mensaje o un estudio Bíblico, pero ni en el rostro de las personas ni en el ambiente en general, se observa una expresión de alegría. Casi podemos decir que se refleja como una sombra de tristeza por parte de algunos, y de aparente indiferencia en otros. Incluso algunos predicadores tratan de que sus primeras palabras ante un grupo de cristianos tengan un sentido humorístico para romper el hielo y crear un ambiente cálido y favorable. Esto fue lo que sucedió en Israel en los tiempos de este profeta, pues la alegría se había desvanecido en aquel pueblo. En ese estado nos encontramos nosotros hoy, a pesar de contar con mayores medios y ventajas. En la reunión del pueblo de Dios muchas veces se echa de menos la alegría. Continuemos leyendo el versículo 17 de este primer capítulo de Joel:

"El grano se pudrió debajo de los terrones; los graneros fueron asolados y los silos destruidos porque se había secado el trigo."

Destacamos aquí la primera frase que nos dice que la semilla se había podrido debajo de los terrones o en el surco de tierra. O sea, que la semilla ni siquiera pudo continuar su desarrollo, porque las langostas habían roído los brotes, incluyendo la parte que penetraba en la tierra. Así que los graneros no pudieron ser llenados. Y continúa diciendo el versículo 18:

"¡Cómo gemían las bestias! ¡Cuán turbados andaban los hatos de los bueyes, porque no tenían pastos! Y fueron también asolados los rebaños de las ovejas."

Aquí vemos que el mundo animal también sufrió la plaga. Y todos los seres, humanos y animales, estaban sufriendo una gran hambruna. Y dice el versículo 19:

"A ti, Señor, clamaré; porque el fuego consumió los pastos del desierto, la llama abrasó los árboles del campo."

Es decir que las langostas dejaron al campo en un estado, que pareció como si un incendio hubiera arrasado la zona, acabando con toda forma de vida. Y luego, en el versículo final de este capítulo 1 de Joel, el versículo 20, leemos:

"Las bestias del campo bramarán también a ti, pues se secaron los arroyos de las aguas, y el fuego consumió las praderas del desierto."

Aquella época fue terrible y peligrosa para la vida de aquel pueblo. Aquí se enfatizó el hecho de las consecuencias que tuvo que sufrir el mundo animal al ser afectado por la plaga ---tanto los animales y aves de corral como los animales salvajes que vivían fuera, en los bosques. Resulta dramática la descripción de esta escena en la que hasta los animales clamaban a Dios. Así que, en aquel tiempo, esta plaga fue un juicio, un castigo que cayó sobre todas las formas de vida de aquella tierra. Este panorama de desolación y sufrimiento se convirtió en una figura ilustrativa del "día del Señor", que desde el futuro se aproxima.

Bien, estimado oyente, vamos a detenernos aquí por hoy y continuaremos con el capítulo 2 de Joel en nuestro próximo programa. Como esperamos poder contando con su grata compañía en este viaje a través de la Biblia, le sugerimos leer todo este capítulo 2 de Joel para estar más al tanto de lo que diremos en nuestro próximo estudio.

Copyright © 2001-2016 ( TTB - Thru the Bible, RTM - Radio Transmundial, EEA - Evangelismo en Acción). Todos los derechos reservados
CONDICIONES DE USO
Estudio bíblico
"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Ti 3:16)

Compartir

Estudios relacionados

Libros electrónicos

Comentario bíblico de Marcos
Comentario bíblico de Marcos
Descarga gratuita

Estudios en video

Prédica: El bautismo en el Espíritu Santo (Marcos 1:7-8)
Prédica: El bautismo en el Espíritu Santo (Marcos 1:7-8)