Estudio bíblico de 1 Pedro 4:4-12

1 Pedro 4:4-12

Continuamos hoy, amigo oyente, recorriendo estas páginas de la primera epístola del Apóstol Pedro. Recordemos que os encontramos aún en la tercera división de esta epístola, titulada "El sufrimiento y el sufrimiento de Cristo". Quisiéramos volver a repasar los primeros 3 versículos de este capítulo, haciendo un breve resumen de los mismos, teniendo en cuenta que tratan sobre un tema ante el cual todos, como cristianos, manifestamos una gran sensibilidad, y que hace surgir con frecuencia preguntas para las cuales no encontramos respuestas. Este capítulo 4 lleva el título

El sufrimiento produce obediencia a la voluntad de Dios

En este pasaje de la Biblia Pedro dejó en claro que cuando la vida se presentaba fácil, existía el peligro de dejarse llevar por una forma de pensar que considerara como si cada bendición de la vida nos fuera debida. Y así llegamos a un punto en el que no apreciamos o valoramos nuestra vida como debiéramos

Como cristianos, ¿qué valor asignamos a nuestra vida? Dios permite que Sus hijos sufran para guardarnos del pecado y para enseñarnos el valor apropiado de la vida. Con frecuencia oímos a muchos jóvenes decir que han hecho esto o aquello para encontrar una nueva dirección para sus vidas. Dios nos somete a prueba para acercarnos a Él y darnos una nueva dirección y un empuje para la vida. Este es, pues, el propósito del sufrimiento. Leamos el primer versículo de este cuarto capítulo de 1 Pedro:

"Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento, pues quien ha padecido en la carne, ha terminado con el pecado"

Él puso fin a Su relación con los pecados del hombre cuando murió en la cruz, porque Él llevó el castigo de los pecados en Su propio cuerpo. En el capítulo 2, versículo 24 el apóstol nos dijo lo siguiente: El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. ¡Por su herida habéis sido sanados! El apóstol Pedro dijo en tres ocasiones (1 Pedro 2:24, 3:18 y 4:1) que fue en Su carne y en Su cuerpo que Cristo pagó el castigo por los pecados del hombre. Esto nos lleva a decir lo siguiente: que Él no murió en pecado, ni tampoco murió bajo el pecado, sino que Él murió al pecado. Él ocupó mi lugar, Él ocupó su lugar, estimado oyente, y Él pagó el castigo, el precio por nuestro pecado. De ahí en adelante, Él no regresaría a morir por el pecado. Ya no tendría El mismo ninguna relación con el pecado a causa del hecho que resucitó de los muertos. Cuando regresó de los muertos, lo hizo con un cuerpo glorificado. Él Espíritu hizo que volviera a la vida, como se nos dice en ese versículo 18 del capítulo 3. Él tiene una vida que ahora vive en un cuerpo. Él se encuentra allí en el Cielo en un cuerpo que está completamente dedicado al servicio de Dios, porque Él es Dios y disfruta de un acceso completo y libre a Dios, y a toda la creación.

Ahora bien, ¿qué quiso decir el apóstol Pedro? En primer lugar, tendríamos que decir que Dios utilizará al sufrimiento para guardarlo a usted del pecado. Estamos seguros que muchos de nosotros hemos pasado personalmente por esta experiencia. El sufrimiento nos guarda del pecado, pero Pedro aquí estaba diciendo más que esto. El apóstol estaba diciendo que hemos sido librados del pecado. Ahora, eso indica que Dios ha realizado una provisión adecuada para usted y para mí, para que podamos vivir la vida cristiana. Como dijo el Dr. Griffith Thomas, este versículo aquí en la primera carta del Apóstol Pedro, expresó el resumen en un solo versículo, lo que Pablo dijo en el capítulo 6 de su epístola a los Romanos. Romanos 6, es el capítulo que habla sobre la provisión que Dios ha hecho para que usted y yo podamos vivir la vida cristiana.

Pedro ha presentado de una manera muy clara, que nosotros hemos renacido por la Palabra de Dios. El Espíritu de Dios, usando la Palabra de Dios, producirá un hijo de Dios. Y ese hijo de Dios ahora tiene una nueva naturaleza, y una nueva naturaleza no va a vivir en el pecado.

La ilustración Bíblica de esta verdad, y que se utiliza mucho, es la parábola del hijo pródigo, narrada en Lucas capítulo 15, versículos 11 al 32. El hijo pródigo fue a parar a una pocilga, pero él no era un cerdo. Él tenía la naturaleza de su padre, que vivía en una hermosa mansión. Y como aquel joven tenía la misma naturaleza de su padre, no le gustaba comer la comida de aquel lugar miserable. A él no le gustaba comer los desperdicios de la comida de los cerdos. Estaba acostumbrado a comer manjares exquisitos, sentado a una mesa servida con pulcritud y limpieza. No tenía nada en común con aquellos cerdos, porque poseía la naturaleza de su padre.

El apóstol Pedro dijo entonces que usted está ahora identificado con Cristo. Cuando usted vino al Señor Jesucristo experimentó un nuevo nacimiento espiritual. El Espíritu de Dios le bautizó, es decir, que lo ha unido e identificado con Cristo. ¿Cree usted, estimado oyente, que si usted ha verdaderamente renacido espiritualmente, que si usted es realmente un hijo de Dios que tiene una nueva naturaleza, puede continuar viviendo en el pecado? Continuemos leyendo el versículo 2 de este cuarto capítulo de 1 Pedro:

"Para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las pasiones humanas, sino conforme a la voluntad de Dios."

En cuanto a este tema, el apóstol Pablo se expresó con energía en Romanos capítulo 8, versículos 5 y 6, que dicen: Los que viven conforme a la carne (o naturaleza pecaminosa) piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz. ¿Qué quiso decir cuando dijo que la mente puesta en la carne es muerte? ¿Quiso decir que un perdería la salvación? No, estimado oyente. Quiere decir que uno está muerto a cualquier comunión o compañerismo con Dios. El Apóstol Juan en su primera epístola, capítulo 1, versículo 6 escribió: Si decimos que tenemos comunión con Él y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Nadie puede vivir en el pecado y a la vez tener comunión o una relación de compañerismo con Dios.

Al continuar, el apóstol Pedro comenzó a mirar al futuro y dijo, en el versículo 3 de este cuarto capítulo de 1 Pedro:

"Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los no judíos, andando en lascivias, placeres sensuales, embriagueces, orgías, excesos en la bebida y abominables idolatrías."

Después de haber sido convertidos, seríamos muy insensatos si desperdiciáramos nuestras vidas en las cosas que hacíamos antes. En realidad, no podemos hacerlo. Ahora estamos unidos a Cristo y no podemos dejarnos arrastrar por el pecado del sistema de valores del mundo. Ahora, el versículo 4 de este capítulo 4, de la primera epístola del Apóstol Pedro, dice:

"A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan"

Siempre hay ante nosotros dos opciones. O agradar a Dios, o complacer a los hombres. Si usted está complaciendo a los hombres, no complacerá a Dios. En el Evangelio de Juan capítulo 15, versículo 18, el Señor Jesús dijo: Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si los que sustentan el sistema de valores de este mundo no lo odian, desprecian o ignoran, entonces hay algo que funciona mal.

Decimos esto basados en la experiencia de muchos que se han convertido a Cristo y después han comenzado a distanciarse de ciertas prácticas y actitudes que antes formaban parte de su vida normal. En esos casos, cuando un cristiano comienza a poner en práctica sus convicciones, no se convierte en una persona precisamente popular sino, más bien, en todo lo contrario. Entonces es consciente del rechazo, el abandono de ciertas amistades, el vacío de grupos a los cuales pertenecía, y tiene que hacer frente al vacío al que le someten los demás. Ahora, el versículo 5 de este capítulo 4 de la primera epístola del Apóstol Pedro, dice:

"Pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos"

Dice aquí preparado para juzgar a los vivos y a los muertos. Todo el mundo, los vivos y los muertos van a ser juzgados algún día por el Señor. ¿Juzgará El también a los creyentes? Si, con toda seguridad. Pero no en relación con la salvación, que quedó asegurada cuando ellos se convirtieron en hijos de Dios. El no pasará por alto el pecado en la vida del creyente, ya que está juzgando al mundo por ello. Como Dios juzga a los cristianos en el mundo, ---porque disciplina a Sus hijos que están en el mundo--- los no creyentes deberían tomar este asunto del pecado en serio. El no creyente ha sido advertido de que un día el Señor vendrá a juzgar. Continuemos leyendo el versículo 6 de este cuarto capítulo:

"Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu conforme a la voluntad de Dios."

El versículo comienza diciendo porque por esto, es decir, a la luz del juicio que vendrá, el evangelio es predicado. Dios quiere que el evangelio sea predicado a todos los hombres. Si ellos no escuchan el evangelio, y no responden a este mensaje, El ha dejado bien en claro que ya se encuentran espiritualmente muertos en sus transgresiones y pecados, y serán juzgados como seres humanos. Pero si ellos aceptan a Cristo, entonces pueden vivir de acuerdo con la voluntad de Dios por la obra del Espíritu. El Señor Jesucristo dijo en el evangelio según San Juan, capítulo 5, versículo 24: De cierto, de cierto os digo: Él que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida. Él se encontraba en un estado de muerte. Y Él amplió esta idea en ocasión de la muerte de Lázaro, como podemos leer en el evangelio según San Juan, capítulo 11, versículos 25 y 26, cuando dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? En otras palabras, frente a Dios, usted y yo estamos muertos espiritualmente en transgresiones y pecados. Y esto fue lo mismo que dijo el Apóstol Pablo escribiendo a los Efesios en el capítulo 2 de su carta, versículo 1: El os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados. Aquí se nos presentó entonces en un estado de muerte espiritual. Y el apóstol Pablo continuó diciendo, en los versículos 2 y 3: en los cuales anduvisteis en otro tiempo siguiendo la corriente de este mundo.... andando en los deseos de nuestra carne. En este versículo 6 de su cuarto capítulo, al apóstol Pedro estaba diciendo lo mismo. El Evangelio está siendo predicado y cuando el evangelio está siendo proclamado, suceden dos cosas: algunos lo aceptan, y si lo aceptan, van a vivir para Dios y vivirán por toda la eternidad. Otros lo rechazan, y estos que rechazan el evangelio son los que permanecen muertos espiritualmente en sus pecados y continuarán muertos para Dios por toda la eternidad; es decir, que no tienen ninguna clase de relación con El. Continuemos leyendo el versículo 7 de este cuarto capítulo de 1 Pedro:

"El fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios y velad en oración."

Tomemos nota de este anuncio. El fin de todas las cosas se acerca. Esto ha sido cierto desde el día en que el Señor Jesús regresó al Cielo. El apóstol Pablo podía decir que la venida de Cristo era un evento inminente, como leemos en su carta a Tito capítulo 2, versículo 13: 13mientras aguardamos la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Por su parte, el apóstol Pedro dijo, como ye hemos leído el fin de todas las cosas se acerca. Él va a detener, a paralizar a este mundo uno de estos días mientras lo juzga. Él quitará a los Suyos de este mundo, y habrá muchas cosas que enderezar en la vida de los creyentes. Ellos tendrán que presentarse ante el Tribunal de Cristo, no en relación con su salvación, sino en cuanto a la recompensa que recibirán o no por a la vida que han vivido para Dios. Y esa es otra razón por la que deberíamos vivir para Dios, porque tendremos que comparecer ante Su evaluación, ante Su juicio.

En consecuencia, el apóstol escribió a sus lectores Sed, pues, sobrios y velad en oración. El término "sobrio" quiere decir templado, moderado. EL apóstol Pedro usó con frecuencia esta expresión y realmente les quiso decir "por lo tanto, sed inteligentes, sed cristianos inteligentes". Un cristiano inteligente es aquel que conoce la Biblia; es decir, que la conoce lo mejor posible. Pero, un creyente inteligente y sobrio va a conocer todo lo que pueda sobre la Palabra de Dios.

El cristiano tendrá que ser también inteligente en este mal sistema de valores de este mundo. El Señor Jesús les dijo a Sus discípulos, en Mateo 10:16, Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Usted debería tener hoy la sabiduría de una serpiente; si no la tiene, tenga la absoluta seguridad de que otra serpiente va a venir a morderle.

Y ahora destacamos la frase final del versículo velad en oración. En otras palabras, la oración debe contener la actitud de espera y anticipación, la expectativa de la venida de Cristo. Muchos encuentros o reuniones de oración podrían caer en la rutina y no revelar ninguna vida espiritual sino expresan esa espera ante el regreso del Señor. El es el Cristo viviente. Deberíamos conversar con Él en este tiempo, porque vamos a conversar con El después, en el más allá. Y en Su tribunal El va a hablar con nosotros, y éste es el momento del cual no estoy muy seguro de ansiar con expectativa. Continuemos con nuestra lectura y escuchemos lo que dice el versículo 8 de este capítulo 4 de la primera epístola del Apóstol Pedro:

"Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor, porque el amor cubrirá multitud de pecados."

El apóstol estaba hablando sobre nuestras relaciones como creyentes en la actualidad. El escritor de Proverbios dijo en su capítulo 10, versículo 12: El odio despierta rencillas, pero el amor cubre todas las faltas. El odio o el resentimiento en una comunidad cristiana provocan conflictos. Un grupo de personas estará en contra de otro o evitará tener trato con él y así se generalizará una falta de compañerismo y relación amistosa. Pero el amor cubrirá multitud de pecados. Ahora, el versículo 9 de este capítulo 4 de la primera epístola del Apóstol Pedro, dice:

"Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones."

En aquellos tiempos de persecución la hospitalidad era muy apreciada entre los cristianos, muchos de los cuales tenían que trasladarse a vivir a otros lugares. El término "hospitalidad" podría traducirse como "ser amistoso con los extranjeros". En la actualidad, esta exhortación es también necesaria, teniendo en cuenta la situación de muchos siervos de Dios y de muchos creyentes en general. Ahora aquí se aclaró que la hospitalidad debía ser practicada sin murmuraciones, es decir, sin expresar quejas. Ahora, el versículo 10, dice:

"Cada uno según el don que ha recibido, sirviéndoos los unos a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios."

Dice aquí, Cada uno según el don que ha recibido. Ese don significa un don espiritual en particular, y hay muchos dones. El Apóstol Pablo ya nos dijo en su primera carta a los Corintios capítulo 12 que hay solo un cuerpo y muchos miembros, y que la iglesia como un cuerpo, al tener muchos miembros, tiene muchos dones. No sabemos quién es usted, estimado oyente, ni tampoco sabemos cuál es su don espiritual. Pero sí sabemos que si usted es un hijo de Dios, tiene algún don y tiene que usarlo para servir a otros. Continuemos leyendo el versículo 11 de este cuarto capítulo:

"Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno sirve, que lo haga conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén."

Aquí Pedro dividió el servicio cristiano en dos categorías generales: el que habla, y el que sirve. Estas dos funciones ministeriales con frecuencia se superponen. Pero ambos grupos funcionan a través de la dependencia de la provisión de fortaleza espiritual de Dios. Y la razón para depender de Él para recibir ese poder o fuerza, es que El recibirá el honor y la gloria por medio de Jesucristo. Así que el crédito y la alabanza en el ministerio cristiano siempre deberían ser dados a Cristo.

Ahora Pedro iba a hablar sobre una clase diferente de sufrimiento. Las personas a quienes estaba escribiendo se estaban acercando a la órbita de un huracán de persecución que se desató durante el reinado de Nerón. Nerón ya había comenzado la persecución de los creyentes en Roma, persecución que se estaba extendiendo a través de todo el imperio. Pedro les advirtió a aquellos creyentes que para ellos se estaba acercando el sufrimiento. Muchos de ellos se convertirían en mártires. Estimado oyente, usted y yo quizás no lleguemos a sufrir el martirio, pero en este mundo tendremos que enfrentarnos al sufrimiento. Leamos ahora el versículo 12 de este cuarto capítulo de 1 Pedro:

"Amados, no os sorprendáis del fuego de la prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciera"

Cuando nos alcanza el sufrimiento, la mayoría de nosotros reacciona como si éste fuera algo extraño. Y solemos pensar que nadie ha sufrido nunca como nosotros hemos sufrido.

Estimado oyente, no sabemos cuál es su problema, pero cualquiera que éste sea podemos asegurarle que ese sufrimiento no es algo extraño. Otros han pasado por la misma experiencia, y usted nunca será el que sufra más que cualquier otra persona. Cuando Pablo fue elegido como apóstol el Señor dijo, en los Hechos capítulo 9, versículo 16: porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Pablo había llegado al límite del sufrimiento; por lo tanto, usted no llegará hasta ese límite y no debería considerar su sufrimiento como algo extraño. Todos tenemos la tendencia a caer en esa falacia en nuestra manera de pensar. Si, por ejemplo, uno llega a enfermarse de cáncer, no puede creer lo que el médico le dice. Uno cree que los demás pueden contraer esa grave enfermedad, pero cuando se lo dicen a uno, no se lo puede creer y piensa "¡esto no me puede estar sucediendo a mí!"

Y este versículo les habló a aquellos lectores del fuego de la prueba que os ha sobrevenido. No debían considerar esa experiencia como algo insólito que les estaba sucediendo. Esos creyentes ya estaban siendo probados por el sufrimiento. El sufrimiento no es algo accidental, sino la experiencia cristiana normal. Fue como si el apóstol les hubiera dicho: "No creáis que es una vivencia extraña, porque es la experiencia normal de los creyentes en este mundo".

La expresión el fuego de la prueba es literalmente "fundidos en un horno". El rey David habló del hecho de que Dios lo estaba probando como la plata que se coloca en el horno para purificarla. Y encontramos esta idea por toda la Biblia. Pedro ya había mencionado el fuego de la prueba en varias ocasiones, porque él había soportado personalmente el sufrimiento, y aun le esperaba pasar por la muerte de un mártir, en una cruz.

Pero no olvide, estimado oyente, que Dios tiene un propósito en nuestro sufrimiento y de ello continuaremos hablando en nuestro próximo programa, en el cual esperamos poder contando con su compañía. Como siempre, le sugerimos que continúe leyendo este pasaje del capítulo 4, para estar más familiarizado con su contenido, para poder compenetrarse de él de tal manera que pueda llevarlo a la práctica en su vida diaria.

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