Estudio bíblico de Amós 5:4-17

Amós 5:4-17

Estimado oyente, continuamos hoy con el capítulo 5 de la profecía de Amós. En el capítulo 4 se nos recordó que en el pasado, Dios castigó a Israel por su maldad. Después, en este capítulo 5 veremos que en el futuro Israel será castigado por su maldad.

Y para retomar la línea de pensamiento de este capítulo, comenzaremos nuestra lectura con el versículo 4 de este capítulo. Escuchemos aquí al profeta. Estas palabras fueron como un último llamado a aquella nación: Leamos entonces el versículo 4 de este quinto capítulo:

"Pero así dice el Señor a la casa de Israel: Buscadme y viviréis"

Y aquí vemos que la invitación aun seguía abierta. La Palabra de Dios había sido comunicada. Dios estaba llamando a aquellos habitantes del reino para que se volvieran a Él. Si lo hubieran hecho incluso en aquel último momento, habrían vivido. Y ahora leamos el versículo 5 de este quinto capítulo de la profecía:

"Mas no busquéis a Bet-el ni entréis en Gilgal ni paséis a Beerseba, porque Gilgal será llevada en cautiverio y Bet-el será deshecha."

Y aquí vemos la advertencia mas no busquéis en Betel. Betel era la ciudad en la que se había instalado uno de los dos becerros de oro. Por cierto, hoy es difícil localizar a Betel. Los guías turísticos tratan de identificarla con uno o dos lugares, así que no podemos estar seguros de la situación concreta de aquella ciudad. La ubicación general de la zona es bien conocida, pero señalar el lugar concreto con precisión sería un problema.

El profeta también les dijo que no entraran en Gilgal. Gilgal fue el lugar en el cual el pueblo de Israel acampó después de cruzar el río Jordán, cuando entraron por primera vez en la tierra bajo la dirección de Josué. Allí instalaron el tabernáculo o tienda de reunión, y fue la zona en que organizaron su marcha contra la ciudad de Jericó. Se convirtió en un lugar sagrado. En realidad, Dios les había dicho que les contaran a sus hijos que aquel había sido el lugar en el que El, los había librado. En cambio, este pueblo había caído en la idolatría y estos lugares que habían sido sagrados para Dios se convirtieron en lugares para erigir ídolos.

Además, el profeta les dijo que no pasaran a Beerseba. Beerseba se encontraba lejos, en el reino del sur o de Judá, en el Negev. Era otro lugar famoso. Fue en Beerseba donde el patriarca Abraham y Abimelec (príncipe Filisteo de Gerar) hicieron un pacto, y después, Abraham invocó el nombre del Señor, como podemos ver en Génesis 21. La expresión "desde Dan hasta Beerseba" fue usada en la Biblia para designar a todo el territorio de Israel, desde el norte hasta el sur. En los días del profeta Amós, el pueblo del reino del norte estaba realizando peregrinaciones a Beerseba para adorar a los ídolos.

Y en este versículo 5 el profeta dijo Gilgal será llevada en cautiverio y Bet-el será deshecha. ¿Por qué en aquel momento Amós no mencionó a Beerseba? Porque Beerseba no estaba en el reino del norte, sino en el del sur. Pasarían más de 100 años antes de que Beerseba fuera conducida al cautiverio con el reino del sur. Sin embargo, estas dos ciudades del reino del norte, Gilgal y Betel, estaban a punto de ser llevadas cautivas. Realmente, el profeta Amós fue exacto en su profecía.

Al continuar leyendo vemos que el profeta continuó diciendo que aun había esperanza para ellos. Vamos a leer ahora el versículo 6 de este quinto capítulo:

"Buscad al Señor y vivid, no sea que acometa como fuego a la casa de José y la consuma, sin haber en Bet-el quien lo apague."

Aquí tenemos una hermosa invitación: Buscad al Señor y vivid. Él también dijo: no sea que acometa como fuego a la casa de José y la consuma. En otras palabras, Dios estaba diciendo por medio del profeta: "Si no os volvéis a mí, entonces tendré que juzgaros". Y continuó diciendo aquí en el versículo 7:

"¡Ay de los que convierten en ajenjo el juicio y echan por tierra la justicia!"

Otra versión traduce: "Vosotros convertís el derecho en amargura". La condición del pueblo de Israel consistía en cumplir la forma de la adoración que Dios había ordenado. Estaban ofreciendo sacrificios, practicaban un ritual que Dios había establecido para ellos, pero sus vidas no respaldaban su profesión exterior de fe. En otras palabras, la práctica no se correspondía con la religiosidad que profesaban.

El Dr. Campbell Morgan, estudioso de la Biblia, decía que él le tenía más temor a la blasfemia del cristiano en el mundo, en lo secular, es decir, a la conducta fuera de la iglesia, que a la blasfemia de una conducta dentro de la iglesia. Muchas personas piensan que si uno participa en todas las formalidades y rituales de la iglesia, es muy piadoso, pero que si uno hace algo en el santuario que no está de acuerdo con el ritual de la iglesia, es como si estuviera cometiendo una blasfemia. No creemos que el verdadero peligro esté en ese tipo de actitudes. El peligro real está en la persona que va a la iglesia y canta frases de alabanza a Aquel que nos colma de bendiciones, pero que fuera de la iglesia está viviendo una vida en la cual no hay honestidad, y una vida en la cual no hay justicia. En esta conducta vemos la blasfemia de la vida en la sociedad secular, la blasfemia de la conducta en la calle, Esto fue lo que Dios estaba condenando en las vidas del pueblo de Israel.

No estamos diciendo que una fe viva en Cristo hoy, no sea algo esencial; confiar en Cristo es absolutamente esencial para su salvación, estimado oyente. Pero si usted profesa confiar en Cristo, y luego su vida fuera de la iglesia no sirve de honra para el evangelio, entonces debemos decirle que no hay más que una palabra para calificar esa condición. Es una palabra dura, pero el que la usó fue el Señor Jesucristo más que cualquier otra persona en la Biblia. El calificó a los dirigentes religiosos de su tiempo como Hipócritas. Esa fue la palabra que El usó y en la cual nosotros ni siquiera pensamos. Por ejemplo, en el evangelio según San Mateo, capítulo 23, versículo 13, leemos: Pero ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Es una hipocresía descarada cuando, desde el púlpito o desde los bancos de la iglesia, se hacen declaraciones de un gran amor y confianza en Cristo y después, fuera de la iglesia, algunos viven una vida que contradice al mismo evangelio que se supone están profesando. Esas son las actitudes que perjudican hoy a la causa del Evangelio. Así, puede darse la situación de que algunos cristianos estén muy activos en la obra cristiana, pero no necesariamente sean muy activos en vivir verdaderamente para el Señor en su vida social o profesional.

El profeta Amós condenó el hecho de hacer una profesión de fe y después no vivir de acuerdo con ella: esta fue una idea básica en su mensaje. Así que Dios tuvo que traer al profeta desde el extremo sur del reino del sur o de Judá, para disponer de un hombre que proclamara este tipo de mensaje. Los sacerdotes o predicadores que residían en Betel o Samaria estaban diciendo solo lo que la gente quería que dijeran, lo que la gente quería oír.

Un destacado expositor Bíblico, hablando en general, por supuesto, dijo hace algunos años que el púlpito contemporáneo se había convertido en una caja de resonancia del pensamiento de la congregación. En este sentido conviene recordar que el apóstol Pablo escribió a su discípulo Timoteo, en su segunda carta, capítulo 4, versículos 3 y 4: 3pues vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones, 4y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. En algunos círculos cristianos la gente está deseando oír algo dulce y agradable, y después felicitan al maestro o predicador o le agradecen su mensaje, diciendo que les ha hecho sentir bien. Una de las características de nuestro tiempo es el desear escuchar palabras de consuelo, que nos anestesien, que nos adormezcan la conciencia tranquilizándola, en vez de despertarla para que nos cause inquietud.

La gente en los días del profeta Amós se sintió ofendida de que aquel hombre que aun se atreviera a sugerir que ellos no eran muy religiosos o piadosos. Pero Dios le encargó a Su siervo que transmitiera este mensaje. Continuemos leyendo el versículo 8 de este quinto capítulo de Amós:

"Buscad al que hace las Pléyades y el Orión, vuelve las tinieblas en mañana y hace oscurecer el día como noche; el que llama a las aguas del mar y las derrama sobre la faz de la tierra: El Señor es su nombre."

Nuevamente Dios hizo oír un mensaje de gracia y compasión. Dios es mucho más paciente que nosotros. Hemos llegado a la conclusión que necesitamos aprender a ser pacientes y con la ayuda del Espíritu Santo, observar el carácter de Dios. ¡Cuán sufrido y paciente es!

Dice aquí Buscad al que hace las Pléyades y el Orión. Orión es una de las muchas constelaciones que podemos ver en el cielo y con la que la gente de aquella época estaba familiarizada.

Y añadió el versículo 8: vuelve las tinieblas en mañana y hace oscurecer el día como noche; el que llama a las aguas del mar y las derrama sobre la faz de la tierra. Es decir, que Él es quien hace descender la lluvia. Es cierto que la lluvia está controlada por la ley de hidrodinámica, pero ¿quién hizo la ley de hidrodinámica? ¿Quién es el que saca el agua del océano y la concentra sobre las nubes, y desplaza esas nubes con el viento hasta que queden colocadas en el lugar adecuado, y después libera el agua que desciende en forma de lluvia? Estimado oyente, Dios es el que realiza esa actividad. El profeta Amós dijo, El Señor es su nombre. En efecto, el profeta le estaba diciendo al pueblo de Israel: "Os habéis entregado al culto a los ídolos, y vuestra vida no honra a vuestra profesión de fe en el Dios vivo, el Dios Creador". Continuemos leyendo los versículos 9 y 10 de este quinto capítulo de esta profecía:

"Él trae la ruina sobre el fuerte y hace caer la destrucción sobre la fortaleza. Ellos aborrecieron al represor en la puerta de la ciudad, y al que hablaba lo recto detestaron."

Aquel que reprendía en la puerta de la ciudad era el juez. El tribunal de aquella época estaba situado en la puerta de la ciudad amurallada. Por varios lugares de la Biblia, pueden verse a jueces sentados en las puertas de las ciudades. Por ejemplo, Booz llevó al pariente más cercano a la puerta de Belén para determinar sobre el asunto de la herencia de Noemí y Ruth. Y cuando Lot, el sobrino de Abraham, se estableció en Sodoma, se implicó en la política y se nos dijo que estaba sentado a la puerta de la ciudad. ¿Y qué estaba haciendo allí? Pues desempeñaba el oficio de juez. En este libro, Amós dijo que el juez que defendía la justicia en el tribunal, reprendía y aplicaba la justicia sobre lo que estaba mal, era el personaje odiado: por lo tanto la mayoría de los jueces optaba por cooperar con los que realizaban las malas acciones.

Y añadió este versículo 10, que al que hablaba lo recto detestaron. Cuando un juez insistía en aplicar las leyes y la justicia sobre lo que era legal y correcto, se convertía en un personaje muy impopular. Por supuesto, hablando en general, no creemos que la naturaleza humana haya cambiado mucho desde los días del profeta Amós. Leamos ahora le versículo 11 de este quinto capítulo de la profecía:

"Por tanto, puesto que humilláis al pobre y recibís de él tributos de trigo, no habitaréis las casas de piedra labrada que edificasteis ni beberéis del vino de las hermosas viñas que plantasteis."

Aquí tenemos la triste imagen de los pobres, cuyos derechos eran pisoteados; eran la clase social que no recibía justicia y cuyas condiciones deficientes de vida era agravada por impuestos, o por la obligación de entregar donaciones de los productos alimenticios que había logrado conseguir como fruto de su trabajo.

Pero los opresores tendrían su castigo. No vivirían en las casas de piedra labrada que habían construido, ni beberían el vino de los selectos viñedos que habían plantado. Los hermosos palacios que fueron construidos en Samaria se encuentran hoy en ruinas. Fueron destruidos poco después de que este mensaje profético fuera comunicado. Y ya han permanecido en ruinas por casi más de 3.000 años. Y dice el versículo 12 de este capítulo 5 de la profecía de Amós:

"Yo sé de vuestras muchas rebeliones y de vuestros grandes pecados; sé que afligís al justo, recibís cohecho y en los tribunales hacéis perder su causa a los pobres."

O sea que, como indicamos anteriormente, las personas de pocos recursos no se beneficiaban de la aplicación de la justicia en los tribunales de aquella época. En algunos países del mundo la situación no ha cambiado demasiado.

Dios tiene en cuenta cuando en una nación no se aplica la justicia. El ha entregado a los gobiernos humanos la responsabilidad de dirigir los asuntos de este mundo. Los países del mundo forman parte del arreglo que Dios ha dispuesto para las diferentes etapas de la historia y El los considera responsables. Cuando no cumplen esa función, Él las remueve de la escena, como le sucedió, por ejemplo al Imperio Romano. Continuemos leyendo ahora el versículo 13 de este quinto capítulo del libro de Amos;

"Por tanto, el prudente en tal tiempo calla, porque el tiempo es malo."

O sea que, el hombre de aquellos días sabía que no podía obtener justicia, y muchas buenas personas se mantenían en silencio. Esa era la actitud más prudente, teniendo en cuenta las circunstancias, porque si hubieran tratado de protestar, no les habría hecho ningún bien. Salvando las distancias enormes distancias culturales de aquella época, con la actual ,el desarrollo de los derechos individuales y el progreso de la democracia, que tiene como uno de sus objetivos que todos los ciudadanos sean iguales ante la ley, diremos que muchos piensan que lo lamentable de la hora en la cual vivimos,- en varios países -, es que existe una creciente desconfianza e inquietud con respecto al futuro de estos logros innegables de la sociedad (como la libertad de prensa, la libertad religiosa, y la libertad de expresión.)(Sin embargo, el ejercicio de tales derechos y libertades está en algunos casos muy condicionado. si algunos medios de difusión presentan una estructura poco abierta, y si ciertas personas o grupos carecen de abundantes recursos económicos o de falta de influencia social.) En esos casos algunos ciudadanos no podrían disfrutar en plenitud de tales derechos y libertades. Como resultado del escepticismo que esa situación provoca, una mayoría permanece en una actitud pasiva y silenciosa. Eso mismo sucedía en aquella sociedad del reino del norte de Israel. Leamos el versículo 14 de este capítulo 5:

"Buscad lo bueno y no lo malo, para que viváis; y así el Señor, Dios de los ejércitos, estará con vosotros, como decís."

Aquí tenemos otro llamado del Señor a Israel para que ese pueblo se volviera a Él. Aun había esperanza para los individuos que se separaran de la maldad general de la nación culpable. Y dice el versículo 15:

"Aborreced el mal, amad el bien y estableced la justicia en juicio; quizá el Señor, Dios de los ejércitos, tendrá piedad del remanente de José."

O sea que había oportunidad para que individuos se apartaran de la corrupción reinante, y favorecieran el predominio de la justicia en los tribunales. La puerta de la misericordia de Dios estaba abierta para aquellos que se convirtieran de su malvada conducta. Aún había esperanza para ellos.

Ahora, en el versículo 16 el profeta se introdujo en otra área, al hablar de un próximo juicio que se ha denominado el Día del Señor. Leamos y finalmente por hoy, los versículos 16 y 17 de este capítulo 5 de esta profecía:

"Por tanto, esto ha dicho el Señor Dios de los ejércitos: En todas las plazas habrá llanto y en todas las calles dirán: ¡Ay! ¡Ay!; al labrador llamarán a duelo, y a lamentación a los que sepan plañir. Y en todas las viñas habrá llanto; porque pasaré en medio de ti, dice el Señor."

Como Dios sabía que el pueblo de Israel no se arrepentiría, con estas palabras describió con claridad el juicio y castigo que vendría sobre el país. Habría una gran mortandad y todos se lamentarían.

Estimado oyente, por hoy debemos poner punto final a nuestro estudio de hoy, y nos despedimos esperando contar con su compañía en nuestro próximo encuentro. Le sugerimos que lea por sí mismo hasta el final de este capítulo cinco, para familiarizarse con su contenido.

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