Estudio bíblico de Éxodo 6:6-7:1

Exodo 6:6-7:1

En nuestro programa anterior, interrumpimos nuestra lectura en el párrafo que incluía la respuesta de Dios a la oración de Moisés, en la que se reveló como el SEÑOR, que iba a salvar y liberar a su pueblo de la esclavitud, conduciéndolo a la Tierra Prometida.

En los versículos 6 al 8 vemos que Dios revela las 7 promesas que conciernen a la redención. Este pasaje Bíblico presenta una maravillosa ilustración apropiada para nosotros en la actualidad y que, en su día constituyó un gran estímulo para Moisés. Dios anunció quién era y lo que llevaría a cabo. En lo que a nosotros se refiere, tenemos un Salvador que nos explica quién es El, y lo que tiene intención de hacer. El puede salvar completamente a todos los que vienen a El. Leamos los versículos 6 al 8:

"Por tanto, di a los hijos de Israel: "Yo soy el Señor, y os sacaré de debajo de las cargas de los egipcios, y os libraré de su esclavitud, y os redimiré con brazo extendido y con juicios grandes. Y os tomaré por pueblo mío, y yo seré vuestro Dios; y sabréis que yo soy el Señor vuestro Dios, que os sacó de debajo de las cargas de los egipcios. Y os traeré a la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y os la daré por heredad. Yo soy el Señor."

Las 7 promesas de la redención son:

1. Yo os sacaré de los duros trabajos de los egipcios.

2. Yo os libraré de la esclavitud.

3. Yo os redimiré con brazo extendido, con poder.

4. Yo os consideraré como mi pueblo.

5. Yo seré vuestro Dios.

6. Yo os llevaré al país.

7. Yo os daré ese país en propiedad.

A continuación haremos una aplicación espiritual de cada promesa.

1. Yo os sacaré de los duros trabajos de los egipcios. Esta es como una analogía de nuestra redención en Cristo. Hoy nosotros llevamos la carga, el peso del pecado y las dificultades de la vida oprimen nuestro corazón. Debemos admitir que, aunque el pecado parezca placentero, la esclavitud que se deriva de la costumbre de practicarlo es dura, permanente y no es posible liberarse de tal opresión sino por la fe en Jesucristo y la aceptación de su obra redentora en la cruz.

2. Yo os liberaré de la esclavitud del pecado. Dios nos libera de la esclavitud que trae consigo el pecado. Los israelitas se encontraban en Egipto viviendo una vida de esclavitud y Dios prometió liberarles de aquellas cadenas que les aprisionaban. La esclavitud constituye una condición de la cual nadie puede liberarse por sí mismo; es necesaria una intervención externa. Cuando estaba vigente la esclavitud, había que pagar cierta suma de dinero como rescate para obtener la libertad. Jesucristo es el medio establecido por Dios para liberar a todo aquel que crea.

3. Yo os redimiré con brazo extendido, con poder. Este es el poderoso brazo mencionado por el profeta Isaías en su capítulo 53:1, que dice; "¿Quién ha creído a nuestro mensaje? ¿A quién se ha revelado el brazo del Señor?" Yo no sé a quiénes está siendo revelado pero tengo la seguridad de que en la actualidad, Dios está realizando la obra de la redención e los corazones y vidas de hombres y mujeres. Cada uno de nosotros necesita un Salvador del pecado porque estamos corrompidos ante Sus ojos. Pero El nos amó de tal manera que murió por nosotros, para que podamos ser salvos. Y si él estuvo dispuesto a hacer tal sacrificio, nosotros debemos estar dispuestos a acudir al Señor como pecadores. Si depositamos nuestra fe en la obra de Jesucristo a favor nuestro, seremos salvos. Dios tiene un gran plan de salvación pero tenemos que acudir a El y entonces, él nos salvará con su poder.

4. Yo os consideraré mi pueblo. Reflexionemos. El nos sacó del fango y la suciedad del pecado y nos convirtió en hijos Suyos por la fe en Jesucristo. El no nos salva para después apartarse y dejarnos solos. Quiere ser nuestro Dios. Si realmente has sido salvado, no continuarás viviendo como si Dios no existiese. Si has confiado en Jesucristo como Salvador, esta experiencia transformará tu vida. El se convertirá en tu Dios y tú le reconocerás como tal. Dios quiere redimirte. El desea que conozcas a Cristo como Salvador y Señor. Quiere que estés seguro de que has sido salvado. Desea ser tu Dios. Quiere que seamos Su pueblo.

5. Yo seré vuestro Dios. Por consiguiente, El ha escogido tener creyentes en Cristo antes de la fundación del mundo, en la eternidad pasada. Su plan de redención surgió del propósito sabio de Dios. El no tiene que esforzarse para amar a los Suyos, a pesar de sus fracasos. Dios ama a los suyos porque el amor forma parte de su naturaleza. Por eso, El quiere ser nuestro Dios.

6. Yo os llevaré al país. La tierra era Canaán. Había sido prometida a Abraham, Isaac y Jacob. Canaán no es una figura del cielo sino de la vida cristiana, tal como los creyentes debieran vivirla. Canaán es un símbolo de las bendiciones espirituales celestiales, que pueden ser disfrutadas por la obra del Espíritu Santo, como explica el apóstol Pablo en su carta a los Efesios 4:1 al 5:18. También hay lucha, y batallas por ganar. A veces, los creyentes viven como si se hubiesen declarado en quiebra, en un estado de derrota, como si aun estuviesen en el desierto (como estarían los israelitas) y nunca comienzan a disfrutar de las riquezas de la gracia y misericordia de Dios. ¿Estás experimentando actualmente la vida, la luz y el amor de un Salvador que vive?

7. Yo os daré ese país en propiedad... En su carta a los Romanos 5, el apóstol Pablo dejó claro que hemos sido declarados justos por la fe, y tenemos paz con Dios por medio del Señor Jesucristo, por quien tenemos acceso a Dios. Por eso, podemos tener alegría en medio de las dificultades. Se nos ha dado el Espíritu Santo que habita en nosotros y el amor de Dios se ha hecho realidad en nuestra vida. Hemos sido liberados de la condena futura. Estimado oyente, si la salvación de la que hablas no ha transformado tu vida o te ha rescatado de algo, ¿qué clase de salvación puede ser ésa? Estos versículos nos hablan de nuestra herencia e ilustran nuestra salvación.

Continuemos leyendo los versículos 9 al 13:

"De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel, pero ellos no escucharon a Moisés a causa del desaliento y de la dura servidumbre. Entonces habló el Señor a Moisés, diciendo: Ve, habla a Faraón, rey de Egipto, para que deje salir a los hijos de Israel de su tierra. Pero Moisés habló delante del Señor, diciendo: He aquí, los hijos de Israel no me han escuchado; ¿cómo, pues, me escuchará Faraón, siendo yo torpe de palabra? Entonces el Señor habló a Moisés y a Aarón, y les dio órdenes para los hijos de Israel y para Faraón, rey de Egipto, a fin de sacar a los hijos de Israel de la tierra de Egipto."

Podemos identificarnos con los israelitas que vivieron en aquella época. Les resultaba imposible creer en Moisés porque, en vez de haber sido de ayuda para su causa, era el responsable de que sus condiciones de vida hubiesen empeorado. En consecuencia, Moisés no fue aceptado por los israelitas ni por Faraón. Dios le dijo que hablase nuevamente con Faraón y Moisés se mostró reticente a hacerlo porque su mirada estaba fijada en las circunstancias antes que en Dios.

El párrafo siguiente incluye

Una lista parcial de los ascendientes de Israel

En medio de tantos problemas, la inclusión de esta lista es un hecho extraño. Dios se preocupó en presentar otra vez una lista de las familias de Israel, lo cual es un asunto de importancia en el Antiguo Testamento. Sinceramente, leer todos estos nombres podría resultarnos aburrido, pero ellos son importantes para Dios y El ha dispuesto que las listas de ascendientes se añadan al relato, para que conozcamos a los personajes de la historia Bíblica, quiénes fueron ellos y sus hijos. Y El tiene los mismos sentimientos hacia ti, y hacía mí, pues quiere que seamos Sus hijos por medio de la fe en Cristo. Leamos los versículos 14 al 16:

"Estos son los jefes de las casas paternas. Los hijos de Rubén, primogénito de Israel: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmi. Estas son las familias de Rubén. Y los hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zohar y Saúl, hijo de una cananea. Estas son las familias de Simeón. Y estos son los nombres de los hijos de Leví según sus generaciones: Gersón, Coat y Merari. Y los años de la vida de Leví fueron ciento treinta y siete años."

Gerson, Coat y Merari, como hijos de Leví, serían los que llevarían la tienda o santuario transportable de reunión para Israel durante el viaje a través del desierto. Esta lista de nombres es importante porque la genealogía, en el futuro, conduciría a Jesucristo. Continuemos leyendo los versículos 18 al 20:

"Y los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. Y los años de la vida de Coat fueron ciento treinta y tres años. Y los hijos de Merari: Mahli y Musi. Estas son las familias de los levitas según sus generaciones. Y Amram tomó por mujer a Jocabed, su tía, y ella le dio a luz a Aarón y a Moisés; y los años de la vida de Amram fueron ciento treinta y siete años."

En este pasaje se mencionan los padres de Aarón y Moisés; Amram y su esposa Jocabed. La vida de Aarón no había estado tan en peligro como la vida de Moisés, durante el período en que se impuso la orden de Faraón de matar a los hijos varones recién nacidos de los hebreos. Porque Aarón era mayor que Moisés y dicho decreto aun no se encontraba vigente en aquella época. El soberano no emitió aquella orden hasta que fue consciente de que los israelitas estaban creciendo numéricamente muy rápido.

Los próximos versículos continúan con el Tema de la lista de ascendientes. Así que reanudaremos nuestros comentarios leyendo los versículos 26 y 27:

"Estos son Aarón y Moisés a quienes dijo el Señor: Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos. Ellos fueron los que hablaron a Faraón, rey de Egipto, para sacar a los hijos de Israel de Egipto, esto es, Moisés y Aarón."

En el versículo 12 leímos que Moisés estaba desalentado. No había sido aceptado por nadie; ni por israelitas ni por egipcios. En aquel momento crítico, Dios intervino y dispuso que se incluyesen los antecedentes y presentación personal de Moisés, quien tendría que comportarse a la altura de sus peticiones antes de liberar a los israelitas.

Resultaba esencial que Moisés y Aarón realmente fuesen quienes afirmaban ser. Habían transcurrido 40 años desde que Moisés había salido de Egipto. Durante ese período, se había casado con la hija del sacerdote de Madián. Ahora se encontraba de regreso en Egipto. Pero, ¿quién era, realmente? Esta lista de ascendientes nos explica quién era y sus antecedentes familiares. Pertenecía a la tribu de Leví. Y la genealogía proporcionaba las credenciales necesarias para que Moisés llevase a cabo la tarea que había sido enviado a realizar en el país de Egipto.

En base a esas credenciales, tuvo lugar

Una renovación de la misión encomendada a Moisés

registrada en los versículos 28 al 30, que leeremos a continuación:

"Y sucedió que el día que el Señor habló a Moisés en la tierra de Egipto, el Señor habló a Moisés, diciendo: Yo soy el Señor; di a Faraón, rey de Egipto, todo lo que yo te diga. Pero Moisés dijo delante del Señor: He aquí, yo soy torpe de palabra, ¿cómo, pues, me escuchará Faraón?"

Vemos que Moisés estaba nuevamente buscando pretextos. La tarea que debía ejecutar no era agradable ni fácil. Había sido rechazado constantemente. Incluso después de que fuesen expuestas sus credenciales familiares, fue rechazado. Leví, cabeza de la tribu, era hijo de Jacob, Jacob, hijo de Isaac, e Isaac, a su vez, fue hijo de Abraham. Y Dios había hecho a Abraham las promesas para los israelitas. Es decir, que Moisés era el hombre adecuado para aquella ocasión histórica, pero aun dudaba, porque tenía poca fe y poca confianza en sí mismo.

Pasemos ahora a considerar

Exodo 7:1

Considerando el capítulo en su totalidad, resumamos el

Tema: Moisés fue animado a presentarse ante Faraón para pedirle que dejase salir a los israelitas; La vara de Moisés se transformó en una serpiente; Los magos de Egipto también transformaron sus varas en serpientes; El corazón de Faraón fue endurecido; Dios envió la primera plaga que transformó el agua en sangre.

En primer lugar, cabe realizar algunas

Observaciones

El desarrollo de la batalla entre el Señor Dios de Israel y los falsos dioses egipcios aún no se había incorporado al relato, pero llegamos ahora a la descripción de los hechos. Dios había estado preparando a los israelitas, a Moisés, Aarón, e incluso al Faraón para esta lucha.

Moisés iba a presentarse ante Faraón, pero Aarón actuaría como portavoz. ¿Se le trababa la lengua a Moisés, tartamudeaba o tenía algún otro problema de dicción para poder expresarse? Tengo la impresión de que el problema de Moisés era psicológico. Después de 40 años en el desierto, se debe haber sentido insuficiente y temeroso.

Sin embargo, Dios quiso dejar claro que El, y no Moisés, iba a liberar a los israelitas. Podemos ver en esto una lección para nosotros. Dios es el que actúa y nosotros solo somos instrumentos en sus manos. Frente a esta verdad, debemos apartarnos de dos extremos: uno sería el de sentirse totalmente indigno de hacer algo, como en el caso de Moisés, y el otro sería del de considerarse una gran persona y atribuirse el mérito de lo que Dios realiza. Si nosotros insistimos en ponernos en el lugar principal para llevar los méritos, el brazo poderoso del Señor no intervendrá para actuar. Dios debe quitar de en medio el elemento humano, porque El no puede utilizar esa naturaleza viciada por el mal. Debiéramos comprender lo que Dios, hablando por medio del apóstol Pablo quiso decir cuando escribió en su carta a los Romanos 7:18, lo siguiente:

"Porque yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza de hombre pecador, no hay nada bueno; pues aunque tengo el deseo de hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo."

A algunas personas les resulta difícil creer que la naturaleza humana no esté controlada por el bien, ya que ellas cuentan con cierta bondad natural, especialmente en situaciones de emergencia o crisis. Pero Dios no acepta los impulsos y acciones de nuestra naturaleza humana en la cual, tarde o temprano, se impone el mal y, por lo tanto, no la usará. En la situación descripta en nuestro pasaje Bíblico, Dios puso a un lado la naturaleza humana y Aarón hablaría en lugar de Moisés.

Para finalizar nuestro comentario de hoy, comenzamos un párrafo en que

Continúa el relato de la renovación de la misión de Moisés

Leamos el primer versículo de este capítulo 7 del libro del Éxodo:

"Entonces el Señor dijo a Moisés: Mira, yo te hago como Dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta."

Esta es una de las mejores definiciones que encontraremos de un profeta. Moisés sería como un Dios ante Faraón, al representar a Dios. Y Aarón sería el portavoz de Moisés, es decir, sería un profeta. Un profeta es alguien que habla de parte de Dios, que tiene un mensaje de Dios para el pueblo. Un profeta es, entonces, lo contrario que un sacerdote, porque sale de la presencia de Dios y se dirige a la gente. Pero un sacerdote, representa al pueblo ante Dios. Por lo tanto, un sacerdote no debía hablar de parte de Dios y un profeta no debía representar al pueblo, porque tenía que representar a Dios. En este pasaje Aarón, como profeta, debía representar a Moisés delante del pueblo y Moisés debía representar a Dios tanto ante el pueblo como ante Faraón.

Quizás nos quedemos hoy pensando en Moisés, aquel gran líder, concentrado y abrumado por las circunstancias que le rodeaban. ¡Cuantas veces, también a nosotros, nos habrá resultado difícil evitar el dirigir nuestra mirada más allá de las dificultades de la vida para fijarla en Dios! ¡Cuántas veces habremos dudado, no tanto de Su poder sino de que estuviese realmente interesado en nuestros problemas!

Estimado oyente, si te encuentras en una situación parecida, acuérdate de los poderosos recursos de la oración. Dirígete a Él con tus propias palabras, expresando tu desaliento, tus dudas y tu frustración. Y verás como El responde, y como El interviene en el momento oportuno.

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