Estudio bíblico de Amós 8:7-9:1

Amós 8:7-9:1

Continuamos hoy, estimado oyente, nuestro viaje por el libro de Amós; nos encontramos en el capítulo 8. Al comenzar este capítulo dijimos que la visión de la canasta de fruta de verano fue la cuarta visión, que ocupó la totalidad de este octavo capítulo. Y es importante que comprendamos el significado de esta visión, porque nos ayudará a asimilar la interpretación de pasajes que vendrán más adelante. Y especialmente, nos aclararán algunas cosas que nuestro Señor Jesús diría durante su ministerio en la tierra.

En primer lugar, una canasta de fruta madura representa a una cosecha. Nos dice que el árbol ya no está produciendo fruta. Después de la cosecha, ya no necesitamos ir a comprobar si tiene fruta o no, porque sabemos que, al haber entregado su fruto, sus ramos están desnudas. Ya ha pasado la cosecha. No aparecerá el fruto hasta el próximo año. Así que, aunque la canasta de fruta madura es un manjar delicioso, exquisito y atractivo, también nos habla del final de la cosecha.

Una canasta de fruta también nos habla de un deterioro y una putrefacción rápida. A veces, por diversas circunstancias que provocan la ausencia de los que hayan preparado esa canasta, ésta habrá quedado abandonada, olvidada, sin que nadie se ocupe de distribuir la fruta. Y al cabo de unos pocos días, el aspecto de esa canasta es lamentable, y el olor intenso que despide no solo es sumamente desagradable, sino que también impregna todas las cosas y el ambiente que la rodean. Así que hay un mensaje transmitido en este pasaje por la canasta de fruta. En ella, Dios nos transmitió una ilustración dramática y figurativa.

En el capítulo 7 hemos leído acerca de las intervenciones de Dios en el castigo de los israelitas, y vimos que el profeta Amós oró rogando a Dios por la supervivencia del pueblo, y supimos que Dios cambió su forma de pensar al respecto y detuvo Su acción de juicio. Pero en el pasaje que hoy estudiamos, la canasta de fruta nos indica figurativamente que la cosecha, con su tiempo de alegría y abundancia, ya había pasado. La situación había llegado a un límite. El juicio vendría sobre aquel pueblo y la cosecha constituía el anuncio simbólico de ese castigo.

Teniendo en cuenta que la cosecha nos habla de un tiempo de juicio, de castigo, y se refiere al final de una época, creemos que algunas de las palabras que el Señor Jesucristo pronunció serán mal entendidas si uno no entiende el significado de la cosecha. En el Evangelio de Mateo, capítulo 9, versículos 37 y 38, el Señor Jesús les dijo a Sus discípulos: 37Entonces dijo a sus discípulos: «A la verdad la mies es mucha, pero los obreros pocos. 38Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su cosecha». Nuestro Señor estaba hablando del final de una época, cuando el período histórico de la ley estaba llegando a su fin. Cristo iba a morir en la cruz. Y dijo que necesitaba segadores, recolectores, para que salieran y se dirigieran al pueblo de Israel.

Pero después que Él murió en la cruz, contemplamos un panorama diferente. Para este período histórico o época de la gracia de Dios, el Señor presentó Su parábola del sembrador. Y el sembrador salió a sembrar la semilla. Así que el mensaje determinado para esta época en la que vivimos es el siguiente: Id por todo el mundo y predicad el evangelio. Esta fue una invitación para salir por el mundo para sembrar la semilla. Este es, entonces, un tiempo para sembrar la Palabra de Dios. La responsabilidad y la tarea suya y mía, estimado oyente, consisten simplemente en sembrar la semilla. Ahora, el que se conviertan las personas es un asunto del Señor. Nosotros creemos que el Espíritu de Dios tomará la Palabra de Dios y convertirá a una persona en una hija de Dios. Nosotros somos sencillamente sembradores de la semilla. No somos recolectores o segadores. Tengamos en cuenta que la cosecha nos habla del juicio, del castigo, y señala el final de una época. Nuestra responsabilidad hoy es estar ocupados en la siembra de la semilla. Quisiéramos que este mensaje llegara con claridad a todos los que nos escuchan, y que motivara a los creyentes para llevar a cabo la tarea de sembrar la semilla de la Palabra de Dios.

En nuestro programa anterior también vimos que, en los versículos 4 al 6, el profeta transmitió la opinión de Dios sobre el trato que los israelitas más adinerados daban a los pobres, explotándolos y arruinándolos, engañándolos incluso en la compra de artículos de primera necesidad. Y así, el profeta estaba explicando por qué Israel era como una cesta de fruta madura. La bondad de aquel pueblo era tan perecedera y rápidamente deteriorable como la fruta de verano. Y una evidencia de esta comparación era la manera que ellos tenían de tratar a los pobres.

Vamos a continuar hoy nuestro estudio del resto del capítulo 8, leyendo el versículo 7 de este capítulo 8 de Amós, que dice:

"El Señor juró por el orgullo de Jacob: No olvidaré jamás ninguna de sus obras."

El orgullo de Jacob era el Señor Jesucristo. El Señor juró por el Mesías que vendría. No podía hacer un juramento mayor qué este.

Ahora observemos lo que El había jurado: No olvidaré jamás ninguna de sus obras. Como hemos afirmado anteriormente en el estudio de este libro, Dios no olvida las obras de ninguno de nosotros, seamos creyentes o no creyentes. Aquellos que somos creyentes, como dijo el apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios, capítulo 5, versículo 10, compareceremos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. En los días del profeta Amós, los israelitas habían acumulado pecados para el día de la ira de Dios, y El recordó cada uno de ellos. Continuemos leyendo el versículo 8 de este octavo capítulo de Amós:

"¿No se estremecerá la tierra por esto? ¿No llorarán todos sus habitantes? Subirá toda ella como un río; crecerá y mermará como el río de Egipto."

Algunos estudiosos de la Biblia creen que este versículo se refiere a un terremoto. Es posible, y no quisiéramos descartar esa posibilidad. Sin embargo, creemos que sería el hecho de que Dios descendería con dureza sobre ellos para juzgarlos, lo que haría que la tierra temblara. Incluso en el día de hoy uno no puede visitar lugares como Samaria y el escabroso terreno montañoso situado alrededor de Gilgal y Betel sin quedar impresionado por el estado deplorable de ese territorio. En su tiempo fue una zona fructífera, con mucha vegetación, incluyendo muchos árboles. Pero hoy, la tierra tiene el aspecto de haber sido muy despojada de toda vida vegetal, mostrando la evidencia del juicio que cayó sobre ella. En el próximo capítulo veremos que la promesa de un reino futuro incluía una promesa para la tierra.

Cuando estudiamos profecía tenemos que recordar que, ya sea que Dios prometiera juicio o bendición, tanto la tierra como el pueblo estaban incluidos. Es por este motivo que no podemos aceptar que las profecías de la Biblia estén siendo cumplidas en el retorno actual de los judíos a esa tierra. Aunque físicamente hayan regresado a la tierra, espiritualmente no han regresado a una relación con el Señor. Hoy resulta obvio que la bendición de Dios no se manifiesta en aquella tierra, que no ha cambiado. Es cierto que han invertido allí mucho trabajo, y un trabajo muy duro e intenso, han recuperado terrenos pantanosos y, en muchos lugares, las obras de irrigación han alcanzado muchas partes del desierto, haciendo que florezcan. Pero esto ha sucedido en pocos lugares y muy alejados unos de otros, aún en ese país tan pequeño. En consecuencia, no puede decirse que estas grandes profecías se están cumpliendo. El último retorno de Israel a la tierra aun no ha tenido lugar. Recordemos que hay más judíos en otras ciudades grandes del mundo que en todo Israel. Y este hecho debería decirnos algo. Y dice el versículo 9 de este octavo capítulo de Amós:

"Aquel día, dice el Señor Dios, haré que se ponga el sol a mediodía: cubriré de tinieblas la tierra en el día claro."

Aquí tenemos a Amós hablando de aquel día. Y ya hemos dicho que ésta era una expresión técnica que se refería al "Día del Señor". Generalmente se refería a la Gran Tribulación, porque ese período vendrá primero. En lo que concierne a Israel, ese "día" comenzará con la noche.

El profeta Amós presentó una mezcla de profecía del futuro cercano y del futuro lejano. El "Día del Señor" aun no ha llegado. El sol no se ha puesto al mediodía, ni la tierra se ha oscurecido en un día claro. Cuando Amós escribió estas palabras, este evento se encontraba aun en el futuro distante. (Porque en Israel el día comienza con la noche. Y también fue la forma de expresarlo en el Génesis donde, en el relato de la creación, el paso de un día, se indicó con la frase y fue la tarde y la mañana del primer día. Y así sucesivamente en resto de los días.)

A continuación el profeta se refirió al futuro inmediato de Israel. Leamos el versículo 10 de este octavo capítulo:

"Cambiaré vuestras fiestas en llanto y todos vuestros cantares en lamentaciones; haré que toda cintura vista tela áspera y que se rape toda cabeza. Y volveré la tierra como en llanto por el hijo único, y su final será como día amargo."

Aquí destacamos la frase cambiaré vuestras fiestas en llanto. Dios estableció para el pueblo de Israel siete fiestas. Y los hombres debían presentarse ante Él en tres de esas grandes fiestas. Y debían acudir con alegría. Tenía que ser un tiempo de alabanza, agradecimiento y de honrar a Dios dándole la gloria. Ahora, en esta ocasión, Dios dijo que ya que ellos habían estado celebrando las fiestas pero sin alabarle, El convertiría las fiestas de ellos en lamentaciones. Estas fiestas se convertirían en el extremo opuesto de lo que Dios había deseado para su celebración. Y la profecía añadió: Y todos vuestros cantares en lamentaciones. Cuando el castigo de Dios cayera sobre ellos, no se oirían más canciones, ni más expresiones de alegría; solo lamentos.

No somos críticos de música, pero al considerar las últimas tendencias predominantes en la música contemporánea, nos preguntamos si usted detecta alegría en esa música. A veces parece ser una cadencia inexpresiva en cuanto a sentimientos, sin significado, La serie de sonidos estimula la naturaleza física, pero ciertamente no produce una verdadera alegría. Más bien, parece expresar una melancólica resignación, o una actitud de rebeldía triste que roza la tragedia. Deja la sensación de que fuera la expresión de una lucha por alcanzar a alguien, o algo, sin llegar a conseguirlo. Esa es la clase de música que una parte de esta generación está produciendo. Pero incluso en siglos anteriores, una gran parte de la música clásica instrumental y lírica ha expresado romances que no pudieron materializarse o que acabaron trágicamente. Las vivencias tristes de los compositores han encontrado en sus obras un cauce lógico de expresión a través de los siglos. Es inevitable recordar aquí que Dios le anunció a un pueblo que convertiría la alegría de sus canciones en lamentos.

Y el versículo 10 termina diciendo: y volveré la tierra como en llanto por el hijo único, y su final será como día amargo. La ropa áspera y la calvicie sobre cada cabeza eran señales del duelo más intenso. Esta situación se cumplió literalmente en el juicio que iba a caer sobre ellos en aquel tiempo. Continuemos leyendo el versículo 11 de este octavo capítulo de Amós:

"Ciertamente vienen días, dice el Señor Dios, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oir la palabra del Señor."

Aquí se habló de un hambre poco común. Dios les había comunicado a ellos Su Palabra, y la habían rechazado. La habían despreciado y se habían apartado de ella. Entonces Dios les dijo que se acercaba el día en que ya no tendrían el privilegio de escuchar Su Palabra.

Dios le dice a cualquier iglesia o pueblo que si, después de haberle entregado Su Palabra no la quisieran escuchar, la retiraría. En algunos lugares se ha producido un rechazo de la Palabra de Dios, y ésta ya no se predica más. Muchas iglesias que se han apartado de esa Palabra, han tenido que cerrar sus puertas. Y otras, a duras penas están funcionando. Y algunas que también han permanecido abiertas, han perdido su influencia y su poder de atracción sobre la gente.

En algunos países podemos encontrar Biblias en las habitaciones de muchos hoteles y muchas personas poseen ejemplares de la Biblia. Pero, ¿cuántos la están leyendo y estudiando? ¿Cuántos creen en ella? Por otra parte, en muchos lugares puede observarse hambre por la Palabra de Dios. Y ahora, el versículo 12 de este capítulo 8 de Amós, dice:

"E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente andarán buscando palabra del Señor y no la hallarán."

Las personas afligidas, que necesitaran un verdadero consuelo, buscarían por todas partes la Palabra de Dios no la encontrarían. Dios, en Su gran amor por Su pueblo había enviado Su Palabra por medio de profeta tras profeta, pero ellos la habían rechazado, perseguido, y en algunos casos aún habían matado a Sus profetas. En consecuencia, uno de los castigos de Dios sería Su silencio.

Extrayendo nuestras lecciones del pasado del pueblo de Dios, creemos que lo más importante que podemos hacer es exponer Su Palabra y difundirla por todos los medios que estén a nuestro alcance. Y dice el versículo 13:

"En aquel tiempo, las muchachas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed."

Incluso los jóvenes de aquel pueblo, los miembros más esperanzadores y prometedores de la sociedad, se debilitarían de sed por la ausencia de la Palabra de Dios. Y ahora leamos el versículo 14, último versículo de este capítulo 8 de la profecía de Amós:

"Los que juran por el pecado de Samaria y dicen: Por tu Dios, Dan, y: Por el camino de Beerseba, caerán y nunca más se levantarán."

En aquella época muchos tenían la costumbre de jurar por el nombre de sus dioses. Cuando aquí dice el pecado de Samaria se refería al becerro de oro que estaba situado en Betel. El segundo becerro de oro estaba instalado en Dan, y había un santuario idólatra en Beerseba, como ya hemos visto. Así que este capítulo concluyó anunciando el castigo sobre tal idolatría. La frase caerán y nunca más se levantarán, se refería a la disolución y caída permanente del reino del norte de Israel. Las diez tribus serían conducidas al cautiverio y nunca regresarían al reino del norte de Israel. Cuando regresaran a su tierra, vendrían como una parte de las doce tribus. Y así llegamos al

Amós 9

Este capítulo concluyó el mensaje de juicio que el profeta Amós estaba comunicando al pueblo de Israel. Entonces, Amós miró hacia el futuro y proclamó esta gloriosa perspectiva del reino restaurado de Israel. Leamos el primer versículo de este noveno capítulo de esta profecía, que inicia un párrafo que hemos titulado

Visión de una dispersión mundial

"Vi al Señor de pie junto al altar, y me dijo: Golpea los capiteles y que se estremezcan los umbrales, y rómpelos sobre la cabeza de todos. Entonces mataré a espada al resto de ellos; no habrá entre ellos fugitivo que huya, ni refugiado de ellos que escape."

Este versículo describe la llegada de los Asirios. Debemos tener en cuenta que el altar aquí no es el altar del templo del rey Salomón en Jerusalén, sino probablemente el altar del templo del dios pagano Baal en la ciudad de Samaria. Las ruinas de este templo pueden verse hoy en aquel lugar.

Veamos la frase golpea los capiteles y que se estremezcan los umbrales, y rómpelos sobre la cabeza de todos. En el momento en que el ejército enemigo sitiara la ciudad, la gente buscaría refugio en los templos, pero los templos caerían tan repentinamente que gran parte de la gente quedaría atrapada cuando las columnas se desmoronaran.

Y la frase final del versículo dice: no habrá entre ellos fugitivo que huya, ni refugiado de ellos que escape. El profeta quiso decir que aquellos que escaparan vivos de la ciudad, serían conducidos al cautiverio.

En el próximo programa, vamos a analizar este último capítulo de Amós, y veremos que aun en ese día tan oscuro, el profeta Amós no era pesimista. Él miró hacia el futuro y, como ya indicamos, pudo observar que se aproximaba un día glorioso para esta tierra. Y, de la misma manera, creemos que cualquier hijo de Dios hoy, debería participar de ese optimismo, al considera ese futuro en el cual el Señor Jesucristo establecerá Su reino en la tierra, dando comienzo a la mayor era de paz y prosperidad que el mundo jamás haya conocido.

Y bien, estimado oyente, vamos entonces a detenernos aquí por hoy. Le invitamos a acompañarnos en nuestro próximo programa, el último dedicado al libro del profeta Amós, y le sugerimos que lea los versículos restantes de este capítulo 9, para que esté más familiarizado con su contenido.

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