Estudio bíblico de Abdías Introducción

Abdías - Introducción

Nuestro estudio nos lleva hoy al libro de Abdías, que aun siendo un libro que se caracteriza por su brevedad, tiene un gran mensaje, aplicable a su tiempo, y a todos los tiempos. En primer lugar, vamos a hablar algo sobre

El escritor

El nombre Abdías significa "siervo del Señor". Fue uno de los profetas acerca de los cuales no sabemos absolutamente nada, excepto que escribió una profecía. Los otros profetas son Habacuc, Hageo y Malaquías. Estos profetas, a nivel personal, están encubiertos por el anonimato. Abdías fue como un escritor fantasma. Él está allí, pero no lo conocemos. Vivió conforme a su nombre, porque fue un "siervo del Señor". Y un siervo no se jacta de su genealogía, ni se aprovecha de sus experiencias. No se coloca en un primer plano. Él tiene que demostrar, por lo que hace, que puede pretender ocupar el lugar de un siervo.

Lo que encontramos aquí en el libro de Abdías es muy similar Al caso del evangelio de Marcos en el Nuevo Testamento. El evangelio según San Marcos presentó a Cristo como el siervo del Señor. El carácter de nuestro Señor está reflejado en esas páginas. Y en el evangelio según San Marcos no existe ninguna genealogía, porque los datos de una genealogía, es decir sus antecedentes familiares, no son necesarios al exponer la vida de un siervo. Por ello, el evangelio de Marcos es el evangelio de la acción intensa del siervo divino.

Así que Abdías fue simplemente un profeta que escribió una de las profecías importantes de la Biblia. El Dr. Pussey hizo también esta declaración con respecto a Abdías: "La voluntad de Dios fue que únicamente su nombre y su breve profecía fueran conocidas por el mundo". El libro de Abdías es un libro breve, pero aun así, constituye una especie de bomba nuclear de la Biblia. A pesar de ser reducido en extensión, contiene un mensaje potente. Ahora, digamos algo en cuanto a

La fecha

La dificultad principal con la profecía de Abdías es situarlo en la historia del pueblo de Israel. Algunos han sugerido una fecha tan temprana como el año 887 A.C., que situaría a este profeta en la época del reinado de la sanguinaria Atalía (como podemos leer en el Segundo Libro de Reyes, capítulo 8, versículos 16 al 26) Ahora, el Dr. Pussey situó a Abdías durante el reinado de Josafat (y en este sentido habría que referirse al Segundo Libro de Crónicas, capítulo 17, versículo 7) Aunque su nombre figuró en este último pasaje, hay que considerar que el suyo era un nombre muy común en aquellos días, por lo cual esta última cita probablemente no se referiría al mismo Abdías que estamos considerando. El Cannon Farrah mencionó la fecha del año 587 A.C., y el Dr. Moorehead estuvo de acuerdo con ella, sugiriendo que Abdías fue probablemente contemporáneo de Jeremías. Y esta idea giró alrededor de las palabras que encontramos en el versículo 11 de este libro, que dice: Cuando extraños llevaban cautivo su ejército, cuando extraños entraban por sus puertas y echaban suertes sobre Jerusalén, tú estabas allí presente y te portaste como uno de ellos. Estas palabras fueron escritas como una profecía, describiendo hechos antes de que éstos ocurrieran, o constituyeron un registro histórico de lo que efectivamente sucedió. Por supuesto, la interpretación natural es aceptar esta declaración como historia, antes que como profecía, lo cual situaría la fecha de la profecía de Abdías alrededor del año 587 A.C., después del cautiverio del los israelitas en Babilonia, y durante el ministerio del profeta Jeremías. A continuación definiremos

El pensamiento clave de este libro

El pequeño reino de Edom fue el tema de esta breve profecía. El versículo 6 podría ser considerado el versículo clave y dice: ¡Cómo fueron saqueadas las cosas de Esaú! Sus tesoros escondidos fueron buscados.

Ahora presentaremos un breve Bosquejo General, que divide este libro en 2 partes y es el siguiente. Tengamos en cuenta que esta obra solo tiene una extensión de un capítulo. En la primera parte, que abarca los primeros 16 versículos, el tema es Edom y su destrucción. Aquí, tenemos la acusación contra Edom, entre los versículos 1 y 9. A continuación se nos habló del crimen de Edom, entre los versículos 10 y 14. Y después se nos describió la catástrofe que sobrevino a Edom, en los versículos 15 y 16. Aquí veremos una aplicación de la ley del talión, ley de represalias, que consistía en hacer sufrir al delincuente un daño igual al que causó.

En la segunda parte, que abarca desde el versículo 17 hasta el 21, se comentó la restauración de Israel. En esta parte, leemos acerca de la condición de Israel, en el versículo 17. A continuación se habló sobre la conflagración de la casa de Esaú, en el versículo 18. Y finalmente se habló sobre la consumación de todas las cosas, entre los versículos 19 y 21, tema resumido en la frase del versículo 21, Y el reino será del Señor.

Con estos títulos tenemos un breve bosquejo que nos resume los temas de este libro. Ahora entraremos a considerar más directamente el contenido del mismo.

Al ser éste el libro más breve del Antiguo Testamento, por su extensión de solo 21 versículos, algunos piensan que no merece la pena leerlo, y que si fuera omitido de la Biblia, no se lo echaría en falta. Sin embargo, la brevedad del mensaje de esta obra no la hace menos importante o significativa. Como los otros llamados Profetas Menores, el mensaje de este libro es primordial, pertinente, práctico y conmovedor. Es un mensaje válido para todos los tiempos, que puede ser dirigido hacia la época en que estamos viviendo. Entonces, vamos a entrar en la primera de las dos partes de que consta, titulada

La destrucción de Edom

Ninguno de los llamados Profetas Menores son como volcanes extintos; más bien, representan una acción diferente. En esta especie de volcanes no pueden verse cenizas frías; por el contrario, arrojan una lava candente. La profecía de Abdías constituyó un juicio devastador contra el pequeño reino de Edom. Entramos ahora en la primera subdivisión de esta primera parte, que abarca desde el versículo 1 hasta el 9. Leamos el versículo 1 de esta sección que hemos titulado

La acusación contra Edom

"Visión de Abdías. El Señor Dios, ha dicho así en cuanto a Edom: Hemos oído el pregón del Señor, un mensajero ha sido enviado a las naciones: ¡Levantaos! Levantémonos en batalla contra este pueblo."

Aquí vemos que el profeta nos dijo inmediatamente y yendo directamente al tema, que ésta fue una visión que le fue dada por Dios mismo.

Ahora, ¿quién fue Abdías? Como dijimos en la introducción a este libro, fue uno de los Profetas Menores, acerca del cual no sabemos absolutamente nada. Su nombre era muy común en el pueblo de Israel y significa "siervo del Señor."

Y la primera frase del primer versículo dice El Señor Dios ha dicho en cuanto a Edom. El nombre Edom fue la clave de este breve libro, y retrocederemos al libro del Génesis para determinar la identidad de Edom. En el capítulo 36, versículo 1, leemos: Estas son las generaciones de Esaú, o sea Edom. Leamos ahora otra declaración en los versículos 8 y 9 de ese capítulo 36 de Génesis. Dice allí: 8Por eso Esaú, o sea Edom, habitó en los montes de Seir. 9Estos son los descendientes de Esaú, padre de Edom, en los montes de Seir.

Este fue, pues, el registro histórico, que fue repetido tres veces. Aunque damos por seguro que cuando Moisés escribió estas palabra no lo sabía, el Espíritu de Dios sí sabía que este hecho necesitaba ser enfatizado - y nos referimos a que Esaú era Edom, y Edom era Esaú. Los Edomitas fueron los descendientes de Esaú, así como los Israelitas fueron descendientes de Jacob, hermano de Esaú.

La historia de Esaú fue la de dos hermanos mellizos, Jacob y Esaú, que eran hijos de Isaac y Rebeca. No eran mellizos idénticos y sus personalidades eran opuestas. La historia quedó registrada en el libro del Génesis, capítulo 25, y comenzó cuando Rebeca estaba a punto dar a luz a estos mellizos. Dicen los versículos 22 y 23 del citado capítulo: 22Pero como los hijos luchaban dentro de ella, Rebeca pensó: «Si es así, ¿para qué vivo yo?». Y fue a consultar al Señor; 23y el Señor le respondió: "Dos naciones hay en tu seno, dos pueblos divididos desde tus entrañas. Un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor. Y desde el mismo principio, estos dos hermanos lucharon el uno contra el otro. Aunque eran mellizos, su carácter y actitudes eran opuestos. A Esaú le agradaba la vida al aire libre y le gustaba cazar. En cambio, Jacob prefería quedarse en casa y aprender a cocinar. Estaba muy apegado a su madre. Sin embargo, Jacob tenía un discernimiento espiritual que su hermano Esaú no tenía. Esaú era un hombre controlado por los deseos físicos y no se preocupaba de los asuntos espirituales. En realidad, rechazó su primogenitura, que implicaba autoridad espiritual y otros privilegios, y la cambió por un potaje de lentejas. El relato del Génesis continuó diciendo, en el capítulo 25:30-34: Dijo Esaú a Jacob: --Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. (Por eso fue llamado Edom). Jacob respondió: --Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: --me estoy muriendo, ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Dijo Jacob: --Júramelo en este día. Él se lo juró, y vendió a Jacob su primogenitura. 34Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; él comió y bebió, se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.

Esaú no vendió su primogenitura porque tuviera tanta hambre como para estar a punto de morir, ni porque no hubiera otra cosa para comer en la casa de Isaac, sino porque el suyo era un deseo físico muy intenso de su propia naturaleza, y estaba dispuesto a cambiar toda su herencia espiritual por un capricho pasajero. En aquellos tiempos, el que tenía el derecho a la primogenitura, como hijo mayor, estaba en contacto con Dios y era el sacerdote de la familia. Era el hombre que tenía un pacto con Dios, que tenía una relación con Dios, En efecto, fue como si Esaú hubiera dicho: "Preferiría comerme un plato de guiso que tener una relación con Dios."

Estimado oyente, aquí tenemos la ilustración de una gran verdad para los creyentes de todos los tiempos. Un creyente tiene dos naturalezas en sí mismo, y éstas están luchando la una contra la otra. El Apóstol Pablo señaló ese conflicto en su epístola a los Gálatas, capítulo 5, versículo 17, cuando escribió: 17porque el deseo de la naturaleza pecaminosa es contra el Espíritu y el del Espíritu es contra la naturaleza pecaminosa; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais. Estas son las dos naturalezas del creyente: la nueva naturaleza y la vieja naturaleza. Ellas se oponen entre sí. Esaú representaba a la naturaleza carnal, la vieja naturaleza, mientras que Jacob ilustraba a la nueva naturaleza, a la naturaleza del Espíritu.

El nombre "Edom" significaba "rojo o bronceado por el sol". Un bronceado tiene lugar cuando la piel es capaz de absorber todos los rayos de la luz, con excepción de los rayos que la enrojecen. Es interesante observar que, en la Biblia, es el individuo que no pudo absorber la luz del cielo y entonces ésta lo quemó. Estimado oyente, la luz del cielo le salva a usted o lo quemará. Usted la absorberá o será quemado por ella. Esta verdad siempre resulta cierta. Esaú representó a la naturaleza pecaminosa. Se convirtió en "Edom". Y Jacob se convirtió en Israel, el príncipe de Dios, y representó al Espíritu.

Habiendo visto a Esaú en el primer libro del Antiguo Testamento, veamos ahora el último libro del Antiguo Testamento y leamos unas palabras que pueden parecernos extrañas. Leamos el libro del profeta Malaquías, capítulo 1, versículos 2 y 3, que dicen: Yo os he amando, dice el Señor. Pero vosotros dijisteis: "¿En qué nos amaste?". ¿No era Esaú hermano de Jacob?, dice el Señor; sin embargo amé a Jacob y a Esaú aborrecí; convertí sus montes en desolación y abandoné su heredad a los chacales del desierto. Fue raro que Dios dijera que amó a Jacob y que aborreció a Esaú. Estas palabras podrían representar un problema para algunos.

En cierta ocasión un estudiante se dirigió al Dr. Griffith Thomas, profesor de Teología y le dijo: "Dr. Thomas, yo estoy teniendo un problema con esa declaración del libro de Malaquías. No puedo comprender por qué Dios dijo que aborreció a Esaú". Y el Dr. Thomas le respondió: "Joven, yo también estoy teniendo problemas con ese versículo, pero mi problema es diferente al suyo. Yo puedo comprender por qué Él aborreció a Esaú, pero no puedo comprender por qué Él amó a Jacob."

Lo que le da importancia a ese pequeño libro de Abdías, estimado oyente, es que es el único lugar en la Palabra de Dios donde encontramos una explicación de por qué Dios aborreció a Esaú.

El gran erudito hebreo, Ginsburg, tradujo el versículo 6 de Abdías de la siguiente manera: "¡Como fueron desnudadas las cosas de Esaú!". En otras palabras, fueron puestas al descubierto para que las contempláramos por primera vez: Fue como si Abdías hubiera enfocado un microscopio sobre Esaú, y cuando uno mira por el ocular pudiera ver a Edom. Y no fue solo Abdías el que enfocó el microscopio sobre Esaú, porque Abdías era el microscopio de Dios. Miremos atentamente por ese microscopio y veremos la imagen de Esaú ampliada. Y entonces lo que veremos será a 250.000 pequeños Esaús, es decir, que veremos al pueblo de Edom. Un fotógrafo puede tomar una foto en miniatura y transformarla en una gran fotografía ampliada. Así que en realidad este libro de Abdías es como una fotografía ampliada de Esaú. Uno puede inflar una cámara de aire de goma, y encontrar un escape, una peña fuga en ella. Uno no podría descubrir esa fuga hasta inflar la cámara. De la misma forma, Abdías presentó a Esaú como si estuviera inflado para que pudiéramos ver en qué área de su vida se encontraba el defecto, y además para que pudiéramos comprender porque Dios lo aborreció. Fue como si al principio hubiera habido un grano pequeño o una espinilla debajo de la piel, pero después ésta se transformó en un cáncer rápido y agresivo. Lo que fue pequeño en Esaú, después lo vemos aumentado 100.000 veces en la nación que provino de él, es decir, en Edom. Dios no dijo que en un principio hubiera aborrecido a Esaú. El tuvo que esperar a que él se convirtiera en una nación y revelara la causa por la cual Dios lo aborreció.

O sea, que Dios no dijo que aborreció a Esaú o que amó a Jacob hasta el tiempo en que se escribió el último libro del Antiguo Testamento. Ambos hermanos se habían convertido en naciones, Edom e Israel. Israel fue poderosamente usado por Dios a través de los siglos; ese pueblo produjo hombres como Moisés, Josué, Samuel, David, Ezequías, Nehemías, Esdras y así sucesivamente muchos otros. Pero la nación que provino de Edom le se convirtió en una nación pagana; le volvió la espalda a Dios. Pero ¿qué fue lo que causó que Dios aborreciera a Esaú y a su nación?

Estimado oyente, hoy no tenemos tiempo para exponer la respuesta a tal pregunta. Pero en nuestro próximo programa, en el que esperamos que usted nos acompañe, continuaremos examinando la respuesta, considerándola desde el punto de vista del microscopio de Dios, que es potente como para penetrar en la intimidad de las personas y de los pueblos, poniendo al descubierto su verdadera personalidad, y sus motivaciones reales. Mientras tanto le sugerimos leer este único capítulo de la profecía de Abdías, para que pueda estar familiarizado con su contenido, que iremos examinando en los cuatro próximos programas.

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