Estudio bíblico de Jonás 3:1-2

Jonás 3:1-2

Estimado oyente, continuamos hoy nuestro viaje por el libro del profeta Jonás, y llegamos al capítulo 3. En nuestro programa anterior, comentando el versículo 1 y el hecho de que Dios se dirigiera por segunda vez a Jonás, demostrando ser el Dios de la segunda oportunidad, dijimos que en cierta ocasión un predicador estaba hablando del libro de Jonás y entre el público asistente se encontraba una maestra de escuela. Esta persona siempre tenía algunas preguntas que formular en cada sesión. Una de ellas fue la siguiente: Supongamos que Jonás regresara otra vez a Joppe y consiguiera comprar otra vez un billete para ir a Tarsis. ¿Qué habría sucedido entonces? El predicador le respondió que en ese caso habría un segundo pez esperando a Jonás, pero ello no sería necesario, porque el profeta había aprendido su lección y, con toda seguridad, se estaba dirigiendo hacia Nínive.

Creemos que lo mismo podría haber sido dicho del hijo pródigo. Supongamos que al año siguiente le hubiera dicho a su padre que quería ir nuevamente a un país lejano, ¿Piensa usted que el padre le hubiera castigado? Pensamos que podría haber sido así. Pero lo interesante es que este joven no quiso ir más a una provincia lejana. ¿Por qué? Porque era hijo del padre, y no quiso pasar otra vez por la pocilga. Es que los hijos de Dios pueden caer en el pecado, pero seguramente no van a vivir permanentemente en el pecado. Los cerdos viven en pocilgas, y los hijos viven en la casa del padre. Es una realidad tan sencilla como importante.

Ahora, dice este versículo El Señor se dirigió por segunda vez a Jonás. Nuestro Dios es el Dios de la segunda oportunidad - y esta es una hermosa y esperanzadora realidad. Dios le dará a usted una segunda oportunidad, y le dará aun más que eso. Y se lo digo, estimado oyente, porque me la ha dado a mí, y a muchísimas personas que la necesitaban. El es paciente. El no desea que nadie perezca. Si usted es Su hijo, el va a sostenerle con Su mano, de eso no le quepa ninguna duda.

Y así fue que Jonás recibió por segunda vez el llamado de Dios. Las grandes empresas comerciales de hoy, esas grandes industrias del presente, no le dan a una persona una segunda oportunidad. En cierta ocasión, se le preguntó a un creyente que se dedicaba a los negocios, y desempeñaba el cargo de vicepresidente de un gran banco, que sucedería si un empleado alguna vez hubiera sido deshonesto en su trabajo y, por ejemplo, hubiera robado algo, después desapareciera yéndose a algún otro país, y después de haber pasado unos cuantos años, regresara, pidiera perdón y pidiera que se le reintegrara a su antiguo trabajo. ¿Se le daría a esta persona otra oportunidad? Como era de esperar, dijo que no, que ese hombre ya no podía volver a la empresa. Allí no se le daría otra oportunidad. Pero es hermoso saber, estimado oyente, que Dios sí nos da una segunda oportunidad.

Lo que Dios hizo en el caso de Jonás no fue algo fuera de lo común. Dios no hizo una excepción con Jonás. Recordemos por un momento la historia de Jacob que leímos en el libro del Génesis. El patriarca Jacob fracasó una y otra vez, fallo en varias ocasiones hasta que realmente llegó a ser una deshonra para Dios y una fuente de situaciones embarazosas. Pero Dios nunca le abandonó. Jacob era un tramposo y sumamente inteligente. Trataba de vivir por sus propias capacidades, incluso cuando se fue a vivir con su tío Labán. Pero éste era más inteligente que Jacob y lo engañó. Pero Jacob hizo lo que pudo y salió bastante bien de esa situación. Finalmente, tuvo que huir y alejarse de aquel lugar. Por causa de su conducta se había enemistado primero con su hermano Esaú y después, con su suegro Labán. Pero él no podía continuar de esa manera, porque era el hombre de Dios y él quería realmente servir a Dios. Pero qué actuación más deplorable la suya. En lo que a nosotros concierne, si hubiéramos estado en lugar de Dios, nos habríamos librado de él y habríamos elegido a otro, pero Dios no lo hizo así.

Recordemos también el relato de lo que sucedió en Peniel, cuando Jacob regresaba a su tierra, y una noche Dios luchó con él. A veces se ha oído decir que Jacob luchó con Dios. Pero no fue así. Jacob no luchó con Dios. Esa noche, con su suegro Labán detrás de él, su hermano Esaú por delante, y ambos deseando que Jacob estuviera muerto, usted puede estar seguro de una cosa: que Jacob no estaba buscando otra lucha. Él tenía suficientes problemas en sus manos, y no está en condiciones de ponerse a luchar con nadie más. Fue Dios quien luchó con él en Peniel. Aquel hombre tuvo que aprender algo en aquella noche. Y Dios hizo que se le descoyuntara el muslo, antes de superarlo, pero cuando Jacob vio que estaba perdiendo se aferró a su adversario con todas sus fuerzas y pidió una bendición.

Y desde ese día en adelante, Jacob fue una persona diferente. Él fue cambiado, como podríamos ver en Egipto, cuando se reunió con sus nietos, los hijos de José. A los abuelos generalmente les gusta presumir ante sus nietos, para que ellos los admiren y les quieran. Pero en el caso de Jacob, éste no les contó a sus nietos como había engañado a su hermano Esaú, y posteriormente, a su suegro Labán. En el libro del Génesis capítulo 48, versículo 16 vemos que Jacob dijo: el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes. ¡Qué cambio había experimentado este hombre! ¡Qué humilde era! En esa etapa de su vida estaba apoyándose en Dios, y era un hombre diferente.

Después tenemos la historia de David. Aun en nuestro tiempo, y en todos los tiempos, muchos se han lanzado a criticar a David. Otros, han recordado que David era un hombre conforme al corazón de Dios. Sería conveniente examinar bien el registro histórico de David. El cometió un pecado terrible, pero Dios lo castigó por ello. Dios le hizo pasar por pruebas tremendas. Y el corazón del rey David se quebrantó cuando su hijo Absalón fue muerto. Ese fue el hijo que él había preferido que fuera rey, pero Absalón lo traicionó. Dirigió una revolución contra su padre David y fue muerto. Y al enterarse, cómo lloró David. En el Segundo libro de Samuel, capítulo 18, versículo 33, leemos: Entonces el rey se turbó, y subió a la sala que estaba encima de la puerta y lloró. Mientras iba subiendo decía: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera haber muerto en tu lugar, Absalón, hijo mío, hijo mío! David temió que Absalón no hubiera llegado a conocer a Dios, y así, su corazón quedó quebrantado por el resto de su vida. Porque Dios castigó a David por su pecado, pero después lo perdonó cuando él se presentó ante El diciéndole: Vuélveme el gozo de tu salvación, como podemos leer en el Salmo 51:12.

En una ocasión un hombre se presentó ante un pastor de una congregación, muy extrañado de que Dios hubiera dicho que David era un hombre conforme a Su corazón. Y el pastor le respondió: "Usted debería sentirse muy agradecido de que Dios hubiera hablado así de David a causa de la relación que él tenía con Dios. Porque si Dios pudo salvar a un hombre como David, también puede salvarle a usted y a mí. Deberíamos estar agradecidos de que El sea esa clase de Dios. Él le dio a David una segunda oportunidad, y El le dará a usted una segunda, y una tercera oportunidad."

Y luego, tenemos a otro personaje bíblico, Simón Pedro. El también tropezó y cayó. En un momento crítico, cuando Jesús fue detenido, él negó conocer a Cristo, temiendo que lo identificaran con El. Cuando en aquella sala del juicio su mirada se cruzó con la del Señor, comprobó que Sus ojos no lo miraban con enojo, sino con lástima y compasión. Entonces Pedro salió fuera y lloró. Después, cuando el Señor resucitó de los muertos, se le apareció a Simón Pedro en privado, así que este discípulo pudo restaurar su relación con el Señor.

Y estimado oyente, si usted es un hijo de Dios y vive controlado por el pecado, puede regresar a Él, pero tendrá que tomar las cosas en serio, y tendrá que ser sincero. Usted puede dirigirse a Él y contarle lo que no le contaría a nadie más. Y Él lo aceptará, y lo recibirá. Porque Él es el Dios de la segunda oportunidad.

Y en el Nuevo Testamento tenemos a otro hombre que fracasó, y nos referimos ahora a Juan Marcos. Al principio, él no tenía mucho de misionero; en realidad, era un hombre pusilánime, sin valor. Así que en cierto momento, abandonó su tarea en el primer viaje misionero del apóstol Pablo. Un hombre anciano y generoso como Bernabé quiso perdonarlo y llevarlo en el segundo viaje misionero, pero Pablo dijo que no le llevaría y que había terminado con él. Claro que, más adelante, Pablo tuvo que cambiar de forma de pensar porque Dios recibió a Juan Marcos en el ministerio cristiano. Así fue que cuando el apóstol Pablo escribió su segunda carta a Timoteo, en su capítulo 4, versículo 11, le dijo: Toma a Marcos y tráelo contigo, porque me es útil para el ministerio. Y Juan Marcos lo hizo bien. ¿No se alegra usted, estimado oyente, de que Dios nos dé una segunda oportunidad?

Permítanos presentar un ejemplo más. No está en la Biblia sino que fue algo que le ocurrió al autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee. Nos contaba él, que hacía muchos años tenía un programa de radio por la noche, en el cual impartía los estudios Bíblicos del libro de Jonás, de la misma manera en que lo estamos haciendo aquí. Y estaba él hablando, como nosotros ahora, de este primer versículo del capítulo 3. Bien, después de dos o tres días, recibió la carta de un médico que escribía por cierto una misiva bastante extensa. Y este médico decía: "Yo quiero que ustedes sepan que ese versículo, el versículo 1 del capítulo 3 de Jonás, es para mí el versículo más importante de la Biblia. Cuando ustedes dijeron que Él es el Dios de la segunda oportunidad, yo regresé a Él". Y ampliando su historia en la referida carta, decía que había vivido antes en la ciudad de Chicago, en los Estados Unidos, siendo un médico muy destacado en la ciudad, así como también miembro de una iglesia. Pero en esa congregación surgieron problemas relacionados con la administración de la propiedad y él fue culpado por tales problemas, aunque él sostuvo en todo momento que era inocente y que no había tenido nada que ver en aquel asunto. Entonces se convirtió en una persona resentida y se alejó de esa zona. Se dirigió hacia California y allí se estableció, ejerciendo su profesión de médico. Pero nunca se acercó a una iglesia. Sin embargo, continuó escuchando los programas de radio. Y cuando el Dr. McGee dijo que Dios era el Dios de la segunda oportunidad, ante el hecho de que el Señor se dirigió por segunda vez a Jonás, recordando la frase vino Palabra del Señor por segunda vez a Jonás, él médico escribió diciendo "Esa frase fue para mí como un vaso de agua fresca para una persona que se encuentra en el desierto muriéndose de sed. Esas palabras significaron mucho para mí". Entonces, el Dr. McGee le escribió una carta indicándole que sería bueno que regresara a una iglesia y que se ocupara otra vez activamente en la obra del Señor. Después de un tiempo, el médico escribió una vez más, diciendo que ya estaba en una iglesia y que estaba trabajando para el Señor. Estimado oyente, Él es el Dios de la segunda oportunidad y esta es una realidad extraordinaria.

Por todo ello, la historia del profeta Jonás es una ilustración de cómo trata Dios a Sus hijos cuando ellos pecan y regresan a Él. El hijo pródigo de la parábola que hemos leído en el evangelio de Lucas capítulo 15, regresó a su hogar. Y cuando llegó, no recibió un castigo, sino demostraciones de cariño y un banquete. Aquel pobre joven, en vez de ser rechazado y expulsado de la casa, fue reintegrado por su padre a la vida familiar. Ahora llegamos a un párrafo que hemos titulado

Jonás llegó a Nínive

Ahora, nosotros vamos a poder ver cuán misericordioso fue Dios para esta ciudad tan pecaminosa de Nínive. Esta fue, posiblemente, el registro histórico de la mayor renovación de la historia del mundo, en el sentido de haber consistido en un retorno a una relación con Dios. Lo que sucedió en la ciudad de Nínive hace que lo que sucedió en el día de Pentecostés parezca un hecho bastante pequeño. Es cierto que unos cuantos miles de personas se volvieron a Dios en el día de Pentecostés. Pero había varios cientos de miles en esa gran ciudad de Nínive que se volvieron a Dios. Nadie ha contemplado jamás un movimiento semejante. El apóstol Pablo nunca se quedó en una ciudad hasta que todos sus habitantes se convirtieran; él simplemente predicó la Palabra de Dios y se trasladó a otra ciudad. Nadie desde aquel día hasta los tiempos actuales ha visto un movimiento del Espíritu de Dios como el que tuvo lugar hace tanto tiempo en la ciudad de Nínive.

Es interesante destacar que todo esto sucedió en aquella ciudad antes de que la iglesia apareciera en la escena, y también es bueno aclarar que, en opinión del profesor McGee, la renovación mayor de todos los tiempos tendrá lugar después de que la iglesia salga de esta tierra. Es que Dios, sencillamente, no depende de la iglesia. Si alguien tiene la idea de que su iglesia o grupo son lo único que Dios tiene en Su mente, con toda sinceridad y respeto le decimos que esa es una idea errónea. Dios tiene en Su pensamiento algo incluso mayor que la iglesia. Ahora, la iglesia ha sido llamada le esposa de Cristo y creemos que ocupará, por toda la eternidad, el lugar más cercano al Hijo de Dios. Pero Dios tuvo en mente un propósito antes de que la iglesia apareciera y en realidad, antes de que el hombre mismo apareciera en esta tierra. Dios no estaba inmóvil ni inactivo, esperando a que llegara el ser humano.

En la actualidad, Su propósito es llamar a un pueblo de entre todos los pueblos, razas y lenguas. Creemos que nos estamos aproximando al final de la época y que Dios quiere que Su Palabra se difunda, para que todos puedan escucharla. Sin embargo, recordemos que la mayor renovación hacia Dios se encuentra aun en el futuro, y la historia de la ciudad de Nínive fue simplemente como un breve bosquejo, como una señal anticipada de esa renovación futura. Continuado con nuestro análisis de este capítulo 3 de Jonás, leamos ahora el versículo 2:

"Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré."

Tenemos que hacer una pausa aquí, y hablar un poco en cuanto a Nínive. Como acabamos de leer, el Señor mismo la calificó como una gran ciudad y en el último versículo del libro de Jonás, es decir, el versículo 11 del capítulo 4, el Señor también dijo: 11¿y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales? Algunos críticos han criticado varios aspectos del libro de Jonás, y uno de ellos es el hecho de que en este libro, en tres ocasiones, se dice que Nínive era una gran ciudad, una ciudad extremadamente grande. Con toda seguridad, ellos se habían destacado por la práctica del pecado, pero también por ser una ciudad enorme.

Sin embargo, no fue hasta el año 1845 en que un francés llamado Layard, se convirtió en el primer arqueólogo que examinó las ruinas de la ciudad. Junto con otro arqueólogo excavó en la ciudad antigua de Nínive, situada al otro lado del río Tigris, frente a la ciudad moderna de Mosul. Había sido edificada en forma de trapecio, y medía aproximadamente unos 3 kilómetros de longitud y algo más de 2 kilómetros de ancho. Estas medidas describen una extensión bastante amplia, pero en realidad no encajan con las del libro de Jonás.

La ciudad de Nínive estaba emplazada en una llanura casi totalmente rodeada de ríos. El río Tigres llegaba a un punto en el que el río Zab se le unía, formando un valle en forma de "V" entre los dos ríos. Además, más arriba de ellos, hacia el norte, había una cadena de montañas. Toda esta zona se encontraba protegida por las fortificaciones naturales de los ríos y de las montañas. En ese enclave natural había varias ciudades importantes. Nínive estaba situada hacia arriba en el Tigris. Hacia abajo, en la bifurcación formada por la confluencia del río Alto Zab con el río Tigris se encontraba Cala, como fue llamada en la Biblia. Cala estaba situada a unos 29 kilómetros de la misma ciudad de Nínive. La ciudad de Khorsabad está situada a unos 19 kilómetros al noreste de Nínive, en río Alto Zab.

Bien, estimado oyente, nos detenemos aquí por hoy porque nuestro tiempo ha concluido, Sin embargo, regresaremos en nuestro próximo programa para continuar este estudio sobre el libro de Jonás, una historia real que tiene muchas lecciones espirituales para mejorar nuestra vida de relación con Dios, que nos ayuda a explicarnos algunas situaciones por las cuales pasamos en esta vida y que nos confirma que Dios tiene un propósito para cada uno de Sus hijos en particular. Le sugerimos leer los siguientes versículos de este capítulo 3 que acabamos de comenzar, para que esté así mejor informado de lo que estudiaremos en nuestro próximo encuentro. Esperamos, pues, continuar contando con su grata compañía en este recorrido por este libro del Antiguo Testamento, y que forma parte de nuestro viaje "a través de la Biblia."

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