Estudio bíblico de 1 Juan 2:23-29

1 Juan 2:23-29

Continuamos hoy, amigo oyente, viajando por esta Primera Epístola del Apóstol Juan, y estamos en el capítulo 2. Vamos a comenzar con el versículo 23. Aquí Juan nos dijo que él ya había identificado el anticristo para nosotros: el anticristo es el que niega al Padre y al Hijo (1 Juan 2:22b). En el versículo 23 dice claramente que uno no puede negar al Hijo sin dejar de negar al Padre. Amigo oyente, la deidad de Cristo es algo esencial para su salvación. Porque si Él no es Dios, el hombre que murió en la cruz hace más de dos mil años, tampoco puede ser su Salvador. De hecho Él ni siquiera podría ser su propio Salvador. Ninguno de nosotros como seres humanos podemos morir el uno por el otro. Fue necesario que Dios se hiciera hombre para que usted y yo pudiéramos tener redención. Por lo tanto, Juan dice aquí en el versículo 23 de este capítulo 2 que estamos estudiando:

"Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo tiene también al Padre."

Usted puede apreciar, entonces, amigo oyente, que cuando usted dice que cree en Dios y niega la deidad de Cristo, en realidad no está creyendo en Dios. Por lo menos, no cree en el Dios de la Biblia. El Dios de la Biblia es Aquel que envió a Su Hijo al mundo para morir por nuestros pecados. Y ya que el Hijo es Dios, Él solo fue quien pudo realizar un sacrificio satisfactorio ante Dios por nuestros pecados. Si Él hubiera sido otra persona distinta de Dios, Él mismo hubiera sido un pecador. Por eso es tan claro lo que dice en el versículo 23, que leeremos una vez más:

"Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo tiene también al Padre."

Es necesario que enfaticemos ésta verdad, debido a la gran importancia que tiene. Ahora, continuando con en éste capítulo, vemos que el versículo 24 comienza diciendo:

"Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros."

"El principio" al que hizo referencia Juan se refería a la encarnación de Cristo. Juan les dijo aquí, "lo que habéis oído desde el principio", aquello que habéis oído en cuanto a su encarnación; lo que habéis oído en cuanto a Su vida; lo que habéis oído en cuanto a Su muerte y Su resurrección; en otras palabras, todo lo que habéis oído desde el principio cuando los apóstoles comenzaron a predicar el evangelio, "permanezca en vosotros". El versículo 24 continúa diciendo:

Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.

Juan dijo que si Usted permanece en Él, ésta es la evidencia de que Usted es un hijo de Dios.

Es esencial, por lo tanto, el tener una fe viva que se apoya en Aquel que vino a esta tierra hace más de dos mil años. En su Evangelio Juan escribió: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros" (Juan 1:14a). El Verbo se hizo carne. ¡Cuán tremendo es esto, amigo oyente! "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Juan 1:18). Nosotros podemos saber acerca de Dios, porque Dios se ha hecho hombre; ésta es la única manera en que usted y yo podemos conocer acerca de Dios. Nosotros podemos ahora conocer acerca de Dios. Podemos conocerle a Él. Lo que destaca en toda esta sección de la Escritura es acerca de la comunión con el Padre y con el Hijo. El énfasis aquí no está tanto en tener una vida en Cristo por medio de la fe en Él; el énfasis radica en tener comunión y disfrutar del compañerismo con Él que es tan esencial. Sigamos adelante; el versículo 25 de este capítulo 2 de la Primera Epístola del Apóstol Juan, dice:

"Y esta es la promesa que él nos hizo: la vida eterna."

La única clase de vida que Dios ofrece al hombre es la vida eterna. Si usted la pierde, mañana o la próxima semana o el próximo año, ya no es vida eterna lo que usted tiene. Es otro tipo de vida, pero no es vida eterna. Este versículo es muy importante porque se une al versículo siguiente, el versículo 26, que dice:

"Os he escrito esto sobre los que os engañan."

Engañar significa "apartar de la verdad". Creo que engañar es la expresión correcta en este pasaje porque se aplica de la misma manera tanto en el mundo físico como en el mundo espiritual. En otras palabras, cuando apartamos a alguien de la verdad le estamos llevando a cometer adulterio espiritual.

Incluso en los días de Juan había algunos que comenzaban a negar al Padre y al Hijo; negaban que el Señor Jesucristo era quien Él decía ser. Engañaban a aquellos que eran meros cristianos profesantes. Juan dice que aquello a lo cual Usted debe asirse es el hecho de que Dios le ha prometido vida eterna si Usted deposita su fe en Cristo; y Usted no necesita añadir nada más a ésta verdad.

Juan le estaba diciendo a las personas de su época que no necesitaban aprender lo que los gnósticos estaban enseñando. Los gnósticos pretendían tener un conocimiento superior; consideraban que sabían un poco más que el resto de las personas. Y me temo, amigo oyente, que en el día de hoy existe un gran peligro, ya que ésta manera de pensar todavía influye en muchas personas. Hay personas que sostienen que "saben todo lo que tienen que saber" y que "no necesitan nada más". No toman en serio las afirmaciones de la Palabra de Dios, consideran que ya lo saben todo, y cuando se les habla acerca de Dios y de lo que El dice en su Palabra, se dan la vuelta, rechazándolo. Así es que, existe este peligro, amigo oyente, el peligro del gnosticismo en el presente, de profesar el tener un conocimiento superior y quizá una experiencia superior.

Esa es una postura muy peligrosa, porque considera que no queda nada por aprender. Todo es distinto cuando uno llega a tener un conocimiento verdadero de Cristo; uno comienza a crecer en la gracia y el conocimiento de Él, pudiendo llegar a tener la misma experiencia que tuvo Juan el Bautista. Juan el Bautista dijo: "Es necesario que él crezca, pero que yo disminuya" (Juan 3:30).

Una de las cosas que más me inquieta cuando estudio la Palabra de Dios, es que no nos revela cuánto sabemos, sino que nos revela cuánto no sabemos, y lo deplorablemente ignorantes que somos. Estoy estudiando ahora la Biblia como nunca antes lo había hecho; cuando finalicé mis estudios en el seminario creía que lo sabía todo. Que había pocas cosas que me restaban por aprender. Pero ahora, sinceramente, estoy encontrando que no conocía todas las cosas. Creía que lo sabía, pero no era así. Hoy hay un vasto terreno de conocimiento por delante para el hijo de Dios. Llegar a conocer a Cristo a través de Su Palabra es de suma importancia y debiera ser una prioridad en nuestras vidas. Esto es lo verdaderamente importante y es lo que en realidad nos está diciendo Juan: Él dice, "yo no quiero que vosotros lleguéis a ser unos santos superiores; yo quiero que vosotros os apoyéis, que descanséis, en la promesa de Dios."

Ahora el apóstol Juan les iba a decir: "Le conocéis a Él como vuestro Salvador -aferraos a esta realidad- pero ahora también vais a querer tener comunión con Él y con el Padre, y tener compañerismo con Él y el Padre y con otros creyentes. El versículo 27 dice:

"Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él."

"Unción" es la traducción de la palabra griega charisma. En muchas ocasiones cuando hablamos de un orador o de un político decimos si tienen carisma o no. Y desde luego, si no tiene carisma no llegará muy lejos. Cuando fui a mi diccionario por una parte me conmoví y por otra me desilusioné al buscar el significado de esta palabra. Significa "untar algo en algo". Éste es el significado literal.

¿Qué significado tiene hoy esto para nosotros? En el Antiguo Testamento, como ya vimos en su momento, bajo la ordenanza divina, los sacerdotes israelitas eran ungidos con aceite. Esa unción indicaba, desde un punto de vista físico, que tenían una capacitación especial por medio del Espíritu Santo para llevar a cabo ciertas tareas. Y esto es lo que la unción significa para nosotros hoy. "La unción que recibisteis de él", esto es, Usted y yo hemos recibido una unción de parte de Dios. Cuando usted es salvo, una de las cosas que el Espíritu de Dios hace por Usted es que Él le unge. Le unge para que pueda entender las verdades divinas que hasta ese momento no había podido entender.

"Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe". Lo importante a tomar en cuenta aquí es que Juan no está diciendo, que nosotros no necesitamos a los maestros. Necesitamos a los maestros, de lo contrario el Apóstol Pablo estaba equivocado en lo que dice en su epístola a los Efesios, cuando él declara que Dios le ha dado a la iglesia ciertos hombres que tienen dones; algunos para enseñar, otros para ser evangelistas, otros para ser pastores, de manera que puedan ministrar a la gente y aconsejar a las personas. Pablo continúa diciendo que Dios ha dado estas personas a la iglesia para edificar al cuerpo de los creyentes. Creo que es importante de que todos nosotros escuchemos lo que los buenos maestros nos tienen que decir.

El autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee, compartió en una ocasión que hubo hombres de Dios que se cruzaron en su camino, y que algunos de ellos fueron los responsables de su decisión de entrar a servir en el ministerio de la Palabra de Dios. Él dijo que en el estudio de grabación donde preparaba sus programas, tenía las fotografías donde aparecen cuatro hombres que fueron de mucha influencia en su vida. La influencia combinada de estos cuatro hombres fue la razón por la que entró a servir en el ministerio. Éstos hombres impactaron su vida. El primero de ellos se llamaba Joe Boyd, un laico, es decir una persona no dedicada a la vida religiosa, que vivía en la ciudad de Nashville, Tennessee, y que cuando nadie parecía estar interesado en un jovencito que quería estudiar para prepararse para el ministerio, este hombre se interesó, y fue él quien le ayudó a conseguir un trabajo para poder ir a la universidad, quien le consiguió un crédito para poder ir a la universidad y al seminario. Posteriormente siguió su ministerio y fue parte de la congregación que él pastoreó durante tres años. Un hombre maravilloso por el cual el Dr. McGee agradecía a Dios. A su lado estaba la fotografía del Dr. J. S. Allen, quien fue uno de los más grandes predicadores que tuvo la oportunidad de oír. Junto a él, estaba el Dr. Lewis Sperry Chafer, Fundador y primer Presidente del Seminario Teológico de Dallas. Cuando el Dr. McGee lo escuchó predicar, se entusiasmó para dedicarse al ministerio, y pensó que eso era lo que él quería hace: predicar. Y al final se encontraba en la cuarta fotografía, una de las personas más inteligentes que el Dr. McGee hubiera conocido, el Dr. Albert Dudley. Él fue un hombre que tuvo mucha influencia para que el Dr. McGee entrara al ministerio y se dedicara a ser un predicador expositivo. Él dijo que le daba gracias a Dios por cada uno de estos hombres.

Por lo tanto, el apóstol Juan no estaba diciendo que los maestros no fueran esenciales; estaba diciendo algo que es importante para los hijos de Dios hoy. La frase Pero la unción que recibisteis de él" hace mención a lo que él ya citó al hablar de "la unción del Santo", la unción del Espíritu Santo. Uno de los ministerios del Espíritu Santo es el de enseñarnos. Él es capaz para guiarnos a toda la verdad. El Señor Jesús, el gran Maestro dijo, más el Consolador, el Espíritu Santo, a quién el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Juan 14.26). El Espíritu Santo nos enseñará todas las cosas, esto es, todo lo que Usted y yo somos capaces de recibir.

Además, el versículo 27 añade lo siguiente: Así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. A Usted le ha sido dada una unción que le permite entender toda la verdad porque ".. el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" (1 Corintios 2.14). Pablo escribió un poco antes: cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu .". (1 Corintios 2.9-10). Ésta es la unción del Espíritu Santo para el creyente.

Ésta es una de las razones por las que animamos a las personas a que presten atención a la Palabra de Dios y la estudien. Si lo hacen, recibirán luz, sus vidas serán alumbradas por la Palabra de Dios.

Debería llegar el día cuando usted y yo podamos ponernos firmes en nuestros pies, en cuanto a la Palabra de Dios se refiere, y ser capaces como dijo el Apóstol Pedro: de estar preparados para presentar defensa ...ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros. (1 Pedro 3:15b) Nosotros debemos ser capaces de hacer eso. Existe un gran peligro en cuanto a esto, y queremos decirlo muy cuidadosamente. Sabemos que hay personas que han escuchado acerca de la Biblia, asistido a clases, estudiando la Biblia, pero nunca llegan a ningún lugar. Son personas que traen desprestigio a la enseñanza bíblica. Se dedican a estudiar. Pero no se apropian de la enseñanza. En otras palabras: no ponen en práctica lo que aprenden, no aplican las enseñanzas, y por lo tanto no avanzan, se quedan estancados. En cierta ocasión, una mujer se acercó al predicador en una conferencia y le hizo la misma pregunta que le había hecho 25 años antes en otra conferencia. Ella tenía un cuaderno de notas, y estaba apuntando todo allí, siempre aprendiendo, pero no llegaba a ningún lugar.

Es decir, que uno debe llegar a un punto donde el Espíritu de Dios sea nuestro Maestro. ¿Cuántas veces al estudiar la Palabra de Dios, usted le pide al Espíritu de Dios que le enseñe y le guíe? Y si usted no comprende la primera vez, arrodíllese y dígale al Señor: "No entiendo esto". Dígale: "No puedo comprender lo que dice tu Palabra. Tú puedes aclararlo. Yo quiero que esto sea algo real y verdadero para mí". Esto es importante, y es lo que Juan está diciendo aquí en el versículo 27: Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe. Hay ciertas cosas que el Espíritu de Dios puede hacer real para usted.

Leamos la segunda parte de este versículo 27 del capítulo 2 de la Primera Epístola del Apóstol Juan: así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira. El Señor Jesucristo dijo: Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. (Mateo 24:24) Pero no será posible engañar a los escogidos. El anticristo no engañará a los escogidos que hayan quedado en la tierra para cuando el aparezca. Y hoy ningún anticristo no puede engañarles. Los hijos de Dios van a seguir las pautas que El Señor mismo les manifestó al decirles: Mis ovejas oyen mi voz (Juan 10:27). Los hijos de Dios no van a seguir a un pastor falso. Ellos oyen Su voz, y el Espíritu de Dios puede ser su Maestro, y esto es de gran consuelo. Nosotros debemos probar a cada maestro que escuchamos. Pídale al Espíritu Santo que le ayude a comprender si lo que estamos diciendo aquí es la verdad de Dios.

Pasemos ahora al versículo 28:

"Ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados."

Aquí dice permaneced en él. Lo que destaca es lo que se espera de nosotros. En otras palabras, Juan estaba diciendo: "Tu permaneces en Él". Quiero repetir que lo que Juan estaba diciendo se refería al compañerismo. Permanecer en el Señor Jesucristo es vivir en compañerismo con Él. Permanecer en Él significa tener comunión con Él.

Y dijo además: para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados". Un cristiano debiera vivir en la expectativa de una inminente venida de Cristo. Si viviéramos así, cuán diferentes serían nuestras prioridades, cuán diferentes serían nuestras reacciones, cuán diferentes serían nuestras acciones, si fuésemos conscientes de que en cualquier momento puede presentarse el Señor.

Hay muchas personas que están hablando en cuanto a la venida de Cristo, y se emocionan en cuanto a esto, pero por cierto que puede ser una situación embarazosa para ellos. Si ellos no tienen ninguna confianza en Él, van a pasar vergüenza ante Él cuando venga. ¿Por qué? Bueno, a causa de sus vidas. El Señor Jesucristo dijo: Vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra (Ap. 22.12). Ellos van a estar buscando su recompensa, y algunos descubrirán que no tienen ninguna. Como dijo el Apóstol Pablo, en su Primera Epístola a los Corintios, capítulo 3, versículo 15: Si la obra de alguno se quema, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. Algunos van a ser salvos como por fuego, sus obras serán consumidas por el fuego porque sólo han sido heno y hojarasca. Es importante tener una vida que honre al evangelio.

Lo que Juan dijo aquí es lo mismo que había dicho Pedro, que una falsa doctrina y una falsa vida van juntas. Y que una doctrina verdadera y una vida verdadera van juntas. De vez en cuando uno oye acerca de algunos líderes religiosos, y se entera de que esta persona tiene problemas porque es culpable de adulterio, porque es culpable de apoderarse del dinero que no le pertenece, o de hacer esto o aquello. ¿Por qué? Porque la falsa doctrina lleva a una falsa forma de vivir, mientras que la doctrina verdadera lleva a una forma de vivir verdadera. No hay nada que pueda afectar su vida tanto como el conocimiento de que usted puede estar, en la presencia de Cristo y rendir cuentas de lo que ha hecho. Cada creyente se presentará ante el tribunal de Cristo, y Pablo dijo: Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. (2 Corintios 5:10) Debemos recalcar que el asunto de la salvación ya está arreglado, porque nosotros estamos en Su presencia como Sus hijos, y no es asunto de si estamos salvos o perdidos, sino que es asunto de si vamos a recibir o no una recompensa; si vamos a recibir o no reconocimiento. Habrá algunos que no van a recibir ni recompensa ni reconocimiento. Pablo dijo además: Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres. (2 Corintios 5:11a) El arrebatamiento de la iglesia no va a ser un evento muy emocionante para muchos creyentes, a causa de la clase de vida que han vivido aquí. Y el versículo 29 dice:

"Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él."

Y esa es la prueba final. Esta es la prueba que se hace para saber si un líquido o un material determinado es genuino o no. Y el resultado es exacto cada vez que se aplique. La Palabra de Dios es la prueba verdadera. En efecto, lo que Juan estaba diciendo es que los hijos de Dios se parecen al Padre - ellos salen a su Padre. Si no salen como su Padre, es porque no son hijos del Padre. Es así de sencillo.

Y aquí vamos a detenernos por hoy, amigo oyente, porque nuestro tiempo ha concluido por este día. Regresaremos, Dios mediante, en nuestro próximo programa y esperamos contar con su compañía. Amigo oyente, será pues, hasta nuestro próximo programa, y deseamos que la Palabra de Dios continúe presente en su corazón y en su vida.

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