Estudio bíblico de 1 Juan 4:12-21

1 Juan 4:12-21

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por la Primera Epístola del Apóstol Juan, y reanudamos nuestro estudio en el capítulo 4. El versículo 11 nos había presentado el supremo ejemplo del amor de Dios con estas palabras 11Amados, si Dios así nos ha amado, también debemos amarnos unos a otros. El Señor Jesucristo pudo decir aun desde la cruz: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. (Lucas 23:34). Esteban, el primer mártir de la iglesia, en el momento de su muerte dijo lo mismo. ¿Puede usted perdonar de esa misma forma? ¿Puede usted perdonar a aquellos que le han herido, que le han hecho daño, y que profesan ser hijos de Dios? Y si ellos no pueden corresponder a este amor, entonces hay serias dudas de que sean hijos de Dios. Esa es la verdadera prueba, la prueba de fuego, y duele un poco, ¿no es cierto? No solemos escuchar esta clase de enseñanza en cursillos sobre la vida cristiana y nuestra vida de relación. Juan nos dio la base fundamental de todo este asunto: ¿Ama usted a Dios? Y, ¿ama usted a otros creyentes?

Ahora, el versículo 12 de este capítulo 4 de la Primera Epístola del Apóstol Juan, nos dice:

"Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se ha perfeccionado en nosotros."

Consideremos la frase Nadie ha visto jamás a Dios. Algunos ponen en duda esta declaración, señalando ejemplos Bíblicos de aquellos que afirman haber visto a Dios. Por supuesto, Adán fue el primero que lo vio, después tenemos el caso de Moisés, que habló con Dios cara a cara, cuando estaba escondido en la hendidura de una roca cuando Dios pasó por allí. También el profeta Isaías dijo en 6:1, Yo vi al Señor sentado sobre un trono alto y sublime. También encontramos que Ezequiel tuvo visiones de Dios, y que el Señor se apareció a Daniel y a otros. Sin embargo, también podemos leer que Juan dijo en su propio evangelio, en el capítulo 1, versículo 18: A Dios nadie le vio jamás; el unigénito hijo que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer, es decir, que El lo explicó, lo interpretó ante los seres humanos. Cuando Dios apareció ante personas en el Antiguo Testamento, ellos no vieron a Dios, porque El es un Espíritu y esa es la forma en que le adoramos. Aquellas personas vieron lo que se conoce como una teofanía. Es decir, que Dios se manifestó de alguna manera ante tales personas, pero El no se reveló a Sí mismo en toda su plenitud. Por ello Juan dijo en Su epístola, incluso después de que el Señor Jesús había regresado al cielo: Nadie ha visto jamás a Dios. Y en su Evangelio, en el 14:9, vemos que el Señor le dijo a Felipe: El que me ha visto a mí ha visto al Padre. Pero, ¿cómo le vieron ellos? Le vieron como cubierto con un velo, en un cuerpo humano, hasta tal punto que las multitudes no lo reconocieron. El creció hasta ser un adulto allá en Nazaret, oculto por el velo de su humanidad, así no supieron que El era el Hijo de Dios. Así que nadie vio a Dios en toda Su plenitud, y esta afirmación incluye a los tiempos actuales.

Lo importante que Juan quiso destacar aquí fue que nadie había visto jamás a Dios, pero Dios hoy puede manifestarse a Sí mismo por medio de los creyentes, que se aman entre sí. Ya que el mundo en general no está viendo a Jesús tal como El se presenta en la Palabra de Dios, la única manera en que la gente conozca el amor de Dios es a través de los creyentes, que le representan a Él en la tierra. Ninguno de nosotros conoció el amor de Dios hasta que Dios nos lo mostró en la cruz cuando Cristo murió, y El lo hace real para nosotros por medio del Espíritu Santo. Dijo el apóstol Pablo en Romanos 5:5, el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Y un poco más adelante, en el versículo 8 escribió: 8Pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Cristo murió por nosotros. Aún es cierto que No hay nadie que busque a Dios. (Romanos 3:11). Así fue que Dios ha venido a buscar a los hombres, y Él vino hace más de 2.000 años, manifestándose a Sí mismo en el Señor Jesucristo. Y todo lo que yo sé en cuanto a Dios es lo que conozco en la persona de Cristo. Yo no sé cómo se siente Dios en cuanto a ciertas cosas. No sé qué es lo que piensa en cuanto a algunos asuntos, pero cuando sigo al Señor Jesús y le escucho, puedo saber lo que Dios está pensando, puedo sentir el latir del corazón de Dios y sé como Él se siente en un funeral, porque la Biblia, en Juan 11:35 nos cuenta que Jesús lloró. Se lo que El siente con respecto a los niños, porque los tomó en Sus brazos y los bendijo. Y conozco estos detalles porque el Señor vino y nos mostró cómo es Dios.

Ahora, ¿Cómo va a conocer a Dios este mundo malvado en el cual vivimos? Desgraciadamente hay demasiados creyentes que están tratando de complacer al mundo en vez de predicarle al mundo. Nos preocupa qué piensa el mundo de nosotros, pero lo importante es lo que piensa el mundo de Jesús. ¿Qué piensa la gente de aquellos que cumplimos la función de representarle? Alguien lo ha expresado de la siguiente manera: "A la edad de 20 años, no nos importa lo que el mundo piense de nosotros. A la edad de 30 años, nos preocupamos por lo que el mundo pueda estar pensando de nosotros. A la edad de 40 años descubrimos que no está pensando en nosotros para nada". Y esto se aproxima a la realidad. Nosotros hoy debemos dar testimonio al mundo. ¿Y cómo vamos a hacerlo? ¿Difundiendo la Palabra de Dios? Si, esta labor es sumamente importante. Pero el mundo está hambriento de amor y no sabe verdaderamente lo que es el amor. La gente tiene variadas formas de diferenciar las clases de amor humano y aun muchos lo identifican con el sexo. Pero no saben nada acerca del amor de Dios. No saben lo magnífico y extraordinario que es Dios, pero El puede manifestarse en nosotros.

Y el versículo 12 termina diciendo y su amor se ha perfeccionado en nosotros. Su amor está siendo desarrollado en nosotros. Experimenta un crecimiento dentro de nosotros. Pero el mundo no está viendo lo suficiente de este amor, y sin embargo lo ha vista en las vidas de muchísimos creyentes. Continuemos leyendo el versículo 13 de este cuarto capítulo de 1 Juan:

"En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu."

Y, amigo oyente, esto se debe únicamente al Espíritu Santo que se encuentra dentro de nosotros. No se trata de un amor humano. Usted y yo no podemos lograrlo. Según Gálatas 5:22-23, 22Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero el amor es el que encabeza la lista. Ahora, muchos creen que el amor es el fruto y que las demás virtudes son el resultado del amor. Y si usted lee la Primera Epístola a los Corintios, capítulo 13, puede llegar a la conclusión de que el gozo es producto del amor, y que la paz también proviene del amor. Cierto gobernante que en el pasado estuvo gobernando una nación donde la iglesia había sido perseguida, - gobernante que profesó ser cristiano--- le dijo a su esposa, que se había convertido a Cristo varios años antes que él: "No puedo comprender a estos creyentes. Ellos han sido tratados de la manera más abominable en esta nación; Han sido despojados de sus bienes, castigados, muchos de ellos han sido asesinados, y han sido perseguidos ferozmente y, sin embargo, no encontré a ninguno de ellos que quisiera vengarse, y en cualquier oportunidad en que pueden hacer algo por nuestro país, están dispuestos a realizarlo. No los entiendo". Y su esposa le respondió: "Lo que estás viendo es la esencia misma del cristianismo. Ellos actúan de esa manera porque son creyentes".

Se necesitan muchos más no-creyentes que puedan ver este amor en las vidas de los creyentes. Y esta es una enseñanza que ha sido bastante descuidada en la actualidad. ¿Cuántas veces hemos oído hablar sobre este tema? ¿Se está impartiendo esta enseñanza como algo básico y sumamente importante?

Por ejemplo, cuando el amor de Dios está presente de una manera real en una familia, nadie tiene que preocuparse por dictar normas, reglas o de definir o asignar las funciones, el lugar de autoridad, o tareas de los miembros del matrimonio o de la familia en general, ni de enfatizar el respeto que merece cada uno en particular. Teniendo en cuenta este efecto unificador e integrador e influencia del amor, el apóstol Pablo escribió en Efesios 5:25, 25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Así que, la presencia activa de esta amor constituye la verdadera demostración del amor sobrenatural de Dios, que los creyentes deberían expresar, por medio de sus vidas, a quienes se encuentran a su alrededor.

Por tal motivo hemos leído en este versículo 13, en esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. . En el versículo 4 habíamos leído: mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. El Espíritu Santo mora en cada creyente y puede producir este amor en su corazón. Ni usted ni yo lo podemos producir. No podemos amar de esa manera. Nuestra inclinación natural es que si alguien nos golpea u ofende devolvemos ese golpe u ofensa, y quizá con mayor intensidad. Pero si estamos controlados por el Espíritu de Dios que reside en nosotros, vamos a manifestar, a expresar esta clase de amor al mundo. Leamos ahora el versículo 14 de este cuarto capítulo de 1 Juan.

"Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo."

Este es el testimonio del evangelio. Este es el mensaje que tenemos que dar. Este es el propósito de nuestro amor. Nuevamente tenemos que recordar algo ya dicho: el amor cristiano no es sensiblero, exagerado en la expresión de sus sentimientos; no tiene un carácter sexual; no es una expresión momentánea y social, basada en actividades especiales. Más bien es algo que se revela a sí mismo cuando presentamos a Cristo a un mundo perdido de pecadores. Esta es una forma importante de manifestar nuestro amor.

Esta clase de amor es difícil de comprender. Hemos estado con misioneros que trabajan en diversos lugares del mundo, como Israel, Líbano, Turquía, países europeos y americanos. Un detalle que hemos observado en estos misioneros es que aman a las personas, y muchas de estas personas que aman son muy difíciles de amar. Pero ellos los aman y es hermoso ver a este amor en acción. ¿Y qué están haciendo? Están exponiendo el Evangelio a esos pueblos, y esa es una tarea que Dios les ha mandado a realizar. Cuando llegaron a sus respectivos lugares de misión, algunos quizás no sintieron especialmente amor por esa gente. Pero después de haber estado sirviéndoles por un tiempo, tienen que llegar a amarlos, o simplemente no podrían ser hijos de Dios. Continuemos leyendo el versículo 15 de este cuarto capítulo de 1 Juan:

"Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios."

Este es solo el comienzo. Nadie puede minimizar la importancia que tiene el nacimiento virginal del Señor Jesús. Y el Evangelio consiste en proclamar el siguiente mensaje, según 1 Corintios 15:3-4: 3Primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; Estimado oyente, si El no fue quien dijo ser, Su muerte y resurrección carecen absolutamente de sentido. En realidad, El no resucitó de los muertos, si no fue quien dijo ser. Pero toda la evidencia está del lado de que Él sí resucitó de los muertos. Así que El realmente fue quien dijo ser, porque los hechos milagrosos de Su vida comenzaron con el nacimiento milagroso, al nacer de la virgen María y culminando con Su resurrección y ascensión.

Destacamos la frase Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Este fue el motivo por el cual El pudo decir, en Juan 5:24, 24»De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida. ¿Y cómo puede ser esto posible? El acababa de decir en el versículo 19 de este mismo capítulo No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre. Todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Esta fue una gran afirmación. El va a resucitar a los muertos, y El va a juzgar a todos los muertos. Por lo tanto, El puede hacer esa afirmación hoy por ser quien es El; si usted oye su voz y cree en El, será salvo. Leamos ahora el versículo 16 de este cuarto capítulo de 1 Juan:

"Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios en él."

Todo esto está entretejido de manera tal que no se puede desatar. Uno sencillamente no podría decir que ama a Dios y que es un hijo de Dios, cuando detesta a sus hermanos aquí en la tierra.

Esta es la segunda vez en este capítulo que hemos leído la definición "Dios es amor". Y una forma fácil de recordar esto es que se encuentra en el capítulo 4. Usted puede entonces multiplicar 4 por 2 y el resultado es 8 (primera mención de "Dios es amor") Luego multiplica 8 por 2, otra vez, y el resultado es 16 (segunda mención de "Dios es amor"). Así que recordemos: 1 Juan 4:8 y 16. Y el versículo 17 dice:

"En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo."

En la primera frase, En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, perfeccionado quiere decir "completo". Otra versión dice: "se ha manifestado plenamente".

Y continúa diciendo para que tengamos confianza en el día del juicio. Si usted y yo amamos a Dios, amamos al Señor Jesús, y nos amamos entre nosotros como hermanos y hermanas en la fe, esa experiencia nos dará confianza y no tendremos ningún temor en el día del juicio.

Y termina diciendo el versículo pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En otras palabras, habiéndonos identificado con El, con Su vida y en Su resurrección. Nosotros tenemos también esa vida y El se encuentra allá arriba a la derecha de Dios por nosotros. Estamos unidos a Cristo y hemos sido aceptados plenamente por El.

Por lo tanto el apóstol Juan pudo decir, en el versículo 18:

"En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor."

No hay nada que se pueda comparar al temor en el corazón humano. Pero el hijo de Dios no necesita tener temor de ningún juicio futuro. La relación con Dios quedó solucionada y establecida cuando Cristo murió por usted.

Y ahora destacamos la frase: De donde el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. Si alguien es temeroso, no puede disfrutar de su salvación. La alegría proviene del amor, y si usted siente amor por el Señor Jesús, por Dios, y pos sus hermanos, entonces el temor ha sido rechazado. Continuemos leyendo el versículo 19 de este cuarto capítulo de 1 Juan:

"Nosotros lo amamos a él porque él nos amó primero."

Él nos amó a nosotros cuando éramos personas sin ningún atractivo. Él sí que merece ser amado. Él es digno. El Cordero es digno de todo nuestro amor, de toda nuestra devoción, de todo nuestro servicio. Y dice el versículo 20,

"Si alguno dice: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?"

Nosotros no somos quienes estamos haciendo esta declaración tan fuerte, tan severa. La escribió el apóstol Juan. El proclamar que uno ama a Dios, mientras al mismo tiempo odia a su hermano, lo convierte en un mentiroso.

Y el versículo termina diciendo: pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto. Podríamos definir esta actitud como de hipocresía piadosa, de una expresión sin sentido, absurda. Porque si no amamos a nuestro hermano, quiere decir que tampoco amamos a Dios. Y finalmente por hoy, leamos el versículo 21, último versículo de este capítulo 4 de 1 Juan:

"Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano."

Este es un mandamiento. Él no dijo: "Si a usted le parece, o si le apetece, o si quiere hacerlo". Él dijo: "Esto es lo que Yo os mando a hacer. Porque así como Yo amo, vosotros también tenéis que amar". A veces uno se cansa de escuchar que creyentes supuestamente dedicados y consagrados al Señor son perezosos o negligentes en su tarea. Usted, amigo oyente, no está muy dedicado al Señor a no ser que pueda demostrarlo en su vida y en su servicio. Esa es la verdadera dedicación, la auténtica consagración.

Y así llegamos al final de la segunda gran división de esta epístola, que hemos titulado "Dios es amor", y que se extiende desde el capítulo 2:3 hasta este capítulo 4:21. Debemos detenernos aquí por hoy. Pero en nuestro próximo programa comenzaremos con el capítulo 5, que contiene la totalidad de la tercera gran división, titulada "Dios es Luz". Así que, amigo oyente, le agradecemos su participación en este estudio y como esperamos continuar contándolo entre nuestros oyentes, le sugerimos que lea por sí mismo los primeros 4 versículos del capítulo 5, para irse familiarizando con su contenido. De esta manera, seguiremos contando con su compañía en este recorrido por la primera carta del apóstol Juan, que forma parte de nuestro largo viaje "a través de la Biblia."

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