Estudio bíblico de Miqueas 6:1-5

Miqueas 6:1-5

En nuestro recorrido a través de la Biblia, llegamos hoy al capítulo 6 del libro del profeta Miqueas. Esta breve profecía de Miqueas, como ya hemos visto, es un libro de suma importancia en la Palabra de Dios. Esta es la razón por la cual recorremos toda la Biblia, enseñándola libro por libro, capítulo por capítulo, muchas veces versículo por versículo, destacando ciertas palabras claves; porque creemos, que ellas aportan claridad y un significado que contribuye a una mejor comprensión de cada libro que, a su vez, tiene un propósito definido en el contexto de la revelación de Dios. Y este breve libro de Miqueas así nos lo confirma.

Ahora, hemos dividido este libro en cuatro divisiones principales. La primera sección se titula "Proclamando" (capítulos 1 al 3); la segunda, "Profetizando" (capítulos 4 y 5); la tercera "Intercediendo" (capítulo 6) y la cuarta, "Perdonando" (capítulo 7).

En los primeros tres capítulos de la primera división, hemos visto la expresión: "¿Qué Dios como Tú?", que proclamó el futuro castigo por los pecados pasados del pueblo. La división comenzó en el versículo 2 del primer capítulo de este libro con un llamado al pueblo de Israel para que la gente escuchara. Decía el citado versículo 2 del capítulo 1: "Oíd, pueblos todos."

Después, observamos que la segunda división principal de este libro comienza en el capítulo 4 y tanto éste como el capítulo 5 empiezan con una llamada de atención para que la gente escuche. Llegamos hoy a la tercera división, que abarca los capítulos 6 y 7, y aquí nuevamente Miqueas comenzó con este llamado: "Oíd ahora lo que dice el Señor". Nos hemos tomado la libertad de dividir estos dos últimos capítulos, porque cada uno de ellos contiene un tema importante. Hemos asignado un titulo para cada uno de ellos.

Comenzamos con el capítulo 6 y titulamos esta primera sección,

Clamor por el arrepentimeinto presente, a casua de la redención pasada

Esto, en lo que se refiere al capítulo 6. Ahora, en el capítulo 7 veremos la expresión ¿Qué Dios como Tú? Porque Él es un Dios que perdona toda la impiedad a causa de quién es Él, y de lo que Él hace.

Así es que el capítulo 6 comienza como las otras divisiones principales. En el versículo 1 tenemos otra vez esa expresión: "Oíd ahora lo que dice el Señor". Este no fue sólo un llamado al reino del norte, sino que lo tomamos como un llamado para el mundo en su totalidad, para que escuche lo que dice el Señor, lo cual comprobaremos dentro de un momento. Pero inició este mensaje con esta frase; en su mensaje también mencionó su queja contra Israel, dando principio al tercero y final mensaje de Miqueas a las naciones del mundo. Y, por supuesto, se refirió a Israel en particular. Dios tuvo una controversia con Su pueblo, Israel. Y de esa situación, nosotros podemos aprender una lección. Leamos, pues, el primer versículo de este capítulo 6 de Miqueas:

"Oíd ahora lo que dice el Señor: Levántate, contiende contra los montes, y oigan los collados tu voz."

Esta es una expresión que se nos presenta varias veces en el estudio de los profetas. Fue, en realidad un llamado a la naturaleza. Y no nos referimos, por supuesto, a la madre naturaleza. Descubrimos aquí que esto no es tratar de engañar a esa naturaleza. Este fue, desde un punto de vista literal, un llamado a los montes y collados; pero creemos que tenemos aquí una aplicación, como ya hemos visto que se hizo anteriormente: en este lenguaje figurado, una montaña representaba a un gran reino, y un collado representaba a un reino un poco más pequeño. Así que debemos aclarar que aunque la expresión se refiera literalmente a la naturaleza, el significado se extiende también a las naciones del mundo. O sea que el mensaje se puede aplicar a todos los pueblos y naciones de la tierra traspasando todas las razas, idiomas, culturas y tipos de sociedad.

Por ello destacamos el principio del versículo 2, que dice:

"Oíd, montes, y fuertes cimientos de la tierra"

Es decir, que el profeta aludió a esas grandes naciones y pueblos del mundo, que han estado en existencia literalmente por miles de años. Y aun esos pueblos han vivido lejos de Dios. Y Dios les entregó a ellos un mensaje, como dice el versículo 2:

"Oíd, montes, y fuertes cimientos de la tierra, el pleito del Señor; porque el Señor tiene pleito con su pueblo, y altercará con Israel."

Ahora, Dios tuvo un conflicto, un pleito con Su pueblo. Y Él los estaba llevando al tribunal. Y después, Él hizo algo verdaderamente sorprendente. Cuando Él estuvo ya en el tribunal, en lugar de acusarlos inmediatamente, le dijo a aquel pueblo culpable y rebelde: "¿qué te he hecho?" ¿Se puede imaginar usted, amigo oyente, la condescendencia de Dios, quien es Todopoderoso, considerando que frente a Él, el ser humano es aquí en la tierra una persona tan insignificante? Y continuó diciendo en el versículo 3:

"Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado? Responde contra mí."

En otras palabras, Dios les estaba diciendo: "¿Por qué os habéis vuelto contra Mí? ¿Por qué os habéis alejado de Mí? ¿Por qué me habéis rechazado? ¿Qué os he hecho? ¿Qué he hecho?" Esta expresión la vamos a encontrar una y otra vez en la profecía de Malaquías, el último libro del Antiguo Testamento, porque allí, después del cautiverio, ellos regresaron a su tierra y se convirtieron en personas hastiadas, indiferentes, insensibles y sofisticadas. Se habían olvidado del cautiverio de Babilonia. La ciudad de Jerusalén había sido reedificada desde entonces, y ellos están disfrutando de la prosperidad. Malaquías habló claramente sobre su condición espiritual. Quizás consideraban que los ritos religiosos eran aburridos y fatigosos Y estamos de acuerdo con esa apreciación de la monotonía del culto de aquellos días, pero el problema no era de Dios; el problema eran ellos mismos. Y vamos a ver aquí cuál era el verdadero problema.

Dios quería que ellos le honraran y dieran un testimonio público de Él. ¿Qué había hecho Dios? ¿Había hecho algo desagradable para esta gente? ¿Los había maltratado? ¿Los llevó a la tierra de Egipto, los dejó allí y se olvidó de ellos? Él podía haberlo hecho así. Bueno, Él les iba a decir lo que había hecho. Él no tenía por qué haberlos librado de la tierra de Egipto. Pero los liberó de la esclavitud, de las condiciones penosas en las cuales vivían, y los sacó de aquel país. Y en la primera parte del versículo 4 de este capítulo 6 de Miqueas, dice:

"Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de servidumbre te redimí"

Ellos eran esclavos, y Dios dijo que los había redimido. Él no había cometido nada malo ni deplorable, sino que los había redimido, les había dado la libertad. Y de aquel lugar y condición, nada ni nadie podría haberlos liberado. Además, su estado empeoraba con el paso del tiempo. Y ellos no eran precisamente un pueblo atractivo, sino más bien miserable y esclavizado. Descendieron al nivel más bajo al que podía llegar la población de aquella época. Pero, Dios dijo: "Yo os amo, así que descendí y os redimí". El versículo 4 dice en su totalidad:

"Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de servidumbre te redimí; y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María."

O sea, que Dios había enviado a quienes los guiarían para salir de aquella tierra, Resulta significativo que mencionara a María en esta parte del relato. Esta cita resaltó, una vez más, el hecho de que Dios no dejó a un lado a las mujeres en el cumplimiento de Sus planes. María era uno de los líderes del pueblo cuando Israel salió de la tierra de Egipto. Ella estaba en el mismo nivel que Aarón, aunque no estaba en el mismo nivel que Moisés, porque Moisés fue, en realidad, quien había sido elegido por Dios para llevar a cabo esa misión de liberación. Y, con el tiempo, María quiso encabezar una rebelión contra su propio hermano Moisés. Usted seguramente recordará que cuando ellos salieron de Egipto y entraron al desierto, fue Moisés quien estuvo a cargo de conducir toda la operación, porque lo estaba haciendo bajo la dirección de Dios. Pero en una ocasión, María se preguntó por qué era Moisés quien le decía lo que ella tenía que hacer. Después de todo, cuando él era pequeño, y Faraón estuvo a punto de matarlo, ella lo había escondido, junto con su madre, en una canasta que ambas dejaron en las aguas del río, quedándose ella cerca para observar lo que sucedía. Por todo ello, a María le molestó que, con el paso de los años, llegara un momento en el que era ella la que tenía que obedecer las órdenes de su hermano.

Así que aunque a ella le desagradaba recibir órdenes de Moisés, hay que reconocer que ella misma era una líder entre los líderes del pueblo. Había sido elegida por Dios y pensamos que tenía un verdadero ministerio espiritual entre las mujeres. Podemos imaginarnos los problemas que se presentarían entre las mujeres en esa prolongada marcha por el desierto, problemas de los cuales Moisés no sabría mucho ni tendría experiencia para solucionarlos. Y por cierto que Moisés tuvo una madre maravillosa, que era también la madre de María. Así fue que, María debe haber sido una gran ayuda especialmente para las mujeres y los niños en ese viaje en el cual debieron presentarse todo tipo de dificultades.

Volviendo a nuestro relato, sabemos que el pueblo de los tiempos de Miqueas se sentía cansado de adorar a Dios, hasta el punto de llegar a preguntarse qué había hecho Dios por ellos. Así que Dios volvió a relatarles su propia historia. En aquellos momentos, fue como si Dios le estuviese suplicando algo a aquel pueblo, hablando desde Su propio corazón. Y en el versículo 5 de este capítulo 6 de Miqueas, escribió:

"Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Balaam hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que conozcas las justicias de Jehová."

Aquí, retrocediendo en el tiempo, tenemos un recordatorio de un incidente maravilloso que había ocurrido cuando ellos estaban listos para entrar en la tierra prometida. Bajo la dirección de Dios tuvieron que caminar alrededor de las tierras de Edom, porque ese pueblo no les permitió pasar por su territorio. Y cuando llegaron a Moab, y el rey de Moab, llamado Balac, quería que cayera una maldición sobre los israelitas. Entonces, solicitó los servicios del profeta Balaam, a quien le atraía mucho el ganar dinero. Aún así, él era un profeta que parecía tener información de parte de Dios. Dios hablaba a través de él, pero finalmente tuvo que juzgarlo. Este profeta, entonces, fue llamado para que maldijera a los hijos de Israel. Un lugar llamado Sitim había sido el último punto de acampada del pueblo antes de que entraran en Moab, después de que Balaam comenzara su ministerio contra Israel. Gilgal fue el primer lugar donde acamparon cuando llegaron a la tierra prometida. Mencionamos estos nombres para situarnos geográficamente en la zona y en el tiempo. Ahora bien, en este momento no comentaremos cada una de las profecías que Balaam pronunció. Nos limitaremos a decir que cada vez que abrió su boca, no pudo maldecir a Israel, porque Dios no se lo permitió.

Balac llevó a Balaam a una montaña y desde allí, al observar el campamento de Israel, Balaam dijo: "¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? " (Núm. 23:8) Dios no les estaba haciendo mal a los israelitas. Dios estaba de su lado. Ahora, si hubiéramos descendido al campamento de ellos, habríamos podido comprobar que no eran perfectos, porque Dios estaba tratando con ellos el problema de sus pecados. Pero al mismo tiempo los estaba protegiendo y defendiendo. Y así fue que Balaam tuvo que decir: "¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo?" "Yo no puedo hacerlo" Dios no le permitió que lo hiciera. (Núm. 23:8)

Ahora, a nosotros se nos dice que tenemos un Abogado con el Padre, a Cristo Jesús, el Justo. En la Primera Epístola del apóstol Juan, capítulo 2, versículo 1, dice: "Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo". Dios trata personalmente con nosotros, con cada uno, es decir que nos disciplina y, a veces, con severidad. Y tenemos que aceptarlo, sabemos que Él lo ha hecho con nosotros, y de manera severa. Pero al mismo tiempo le damos gracias por oír nuestras oraciones, y le mostramos nuestra gratitud porque sabemos que tenemos en el cielo a un abogado intercesor. Él nos defiende, está de parte nuestra; dice que somos Sus hijos, que estamos en Su familia y no va a permitir que nadie de fuera nos maldiga.

Creemos que los hijos de Dios no pueden ser poseídos por los demonios. Pensamos que Satanás puede oprimir a los hijos de Dios y causarles muchos problemas. Él puede engañarlos y hacerlos sentir que viven una vida miserable. Pero ningún demonio puede poseer a un verdadero hijo de Dios. Nosotros tenemos un Abogado. Y no importa quién sea usted, amigo oyente. Si usted es un hijo de Dios, Jesús está de su lado, y le está defendiendo. Como dijo Martín Lutero, cuando parecía que todo el mundo se había vuelto contra él: "Uno con Dios, constituye una mayoría". Nosotros estamos del lado de la mayoría; ¿y usted amigo oyente? Esa es la cuestión importante.

Dios le estaba diciendo a Su pueblo que Él los había defendido. Resulta interesante repasar aquel episodio y recordar que Balac se disgustó con Balaam y le llevó de una montaña a otra, por cuatro montañas, pero el profeta no pudo maldecirles. Entonces Balac le dio a Balaam un consejo terrible. Porque le dijo a Balac: "Ya que no es posible maldecirles, ya que no se puede luchar contra ellos, únete a ellos". Así fue que Balaam aconsejó a Balac rey de Moab que los de su pueblo se mezclaran con los israelitas, para que pudieran tener lugar casamientos mixtos entre los moabitas y los israelitas. Y esto fue lo que sucedió, y lo que dio lugar a que se introdujera la idolatría del pueblo de Moab en el pueblo de Israel. Este estado de cosas trajo un severo castigo de Dios sobre los jefes del pueblo israelita que se había unido el culto idolátrico del dios Baal. Y esa tragedia ocurrió por los consejos de un falso profeta.

Ahora, en lo que se refiere a nuestro tiempo, hemos de reconocer que los creyentes se encuentran hoy en su camino con muchas clases de consejeros que están dispuestos a orientar y aconsejar sobre todos los aspectos de la vida. Este tipo de asesoramiento cubre todas las etapas de una persona, su infancia, adolescencia, juventud, vida adulta, relaciones matrimoniales, relaciones sociales, etc. Nos preguntamos cuánto de este asesoramiento está basado en un estudio serio de las Sagradas Escrituras, que son las que nos revelan, de una forma práctica, la voluntad de Dios para la vida de Sus hijos. No basta con tomar versículos aislados y adaptarlos para poder apoyar los diversos puntos de un programa de consejería. Es necesario que todo consejo esté fundamentado en la totalidad de la revelación divina, cuyas partes armonizan entre sí, formando un bloque sólido, integral y, a la vez dinámico, que puede ser aplicado bajo la guía del Espíritu Santo a todos los tiempos.

Así fue que Dios le recordó al pueblo de Israel que Él era un Dios justo, pero en medio de Su justicia, los estaba defendiendo. Es extraordinario saber que Él se encuentra de parte nuestra. Amigo oyente, éste es, realmente, un motivo para estimularnos mutuamente.

En cada capítulo de este libro hemos encontrado un pasaje hermoso y significativo y próximamente llegaremos a los versículos 6 al 8. Algunos teólogos que tienen un punto de vista más bien laxo sobre la inspiración de las Sagradas Escrituras y, en especial, del Antiguo Testamento, se deleitan leyendo este pasaje, considerándolo como una expresión de la religión pura, y como la mejor declaración del Antiguo Testamento. Bueno, por nuestra parte, estamos de acuerdo en que se trata de una gran declaración, pero no estamos de acuerdo con la interpretación sesgada y parcial de tales teólogos.

Resumiendo, diremos que Dios le había suplicado a Su pueblo que se volviera a Él y que se arrepintiera. Les recordó Su redención, como les había liberado de la esclavitud en la tierra de Egipto, y como les guió y sustentó durante su largo viaje por el desierto. Como veremos más adelante, el pueblo tenía que formular cuatro preguntas, y por cierto que eran buenas preguntas. La respuesta a ellas era y es, también en la actualidad, de suma importancia.

Esta sección que estudiaremos constituye, pues, un pasaje extraordinario, pero tenemos que ser cuidadosos en considerarlo en el contexto en que el profeta Miqueas pronunció estas palabras, y especialmente en la medida en que se relaciona con el Antiguo Testamento como una unidad. Pero de ello hablaremos en nuestro próximo programa. Amigo oyente, esperamos continuar contando con su participación en este estudio: Así que le sugerimos que lea el resto del capítulo 6, para familiarizarse con su contenido. Le esperamos, pues, para poder reanudar juntos esta etapa, que forma parte de nuestro largo viaje "a través de la Biblia". Oramos para que Dios le bendiga a usted y a su familia al abrir la Palabra de Dios, la Biblia, para recibir el mensaje que Él tiene para usted.

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