Estudio bíblico de Miqueas

Predicación escrita y en audio de Miqueas 7:5-15

Miqueas 7:5 - 15

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por el libro del profeta Miqueas. Estamos en el capítulo 7, y en los primeros nueve versículos de este capítulo 7, encontramos al profeta confesando que Dios tenía razón en su queja contra Israel. La acusación de Dios conmovió el corazón del profeta. Él no era una persona insensible, sino todo lo contrario, había tristeza en su espíritu. Miqueas comenzó el capítulo 7 diciendo: "¡Ay de mí!" Es decir, que en esta primera sección, él expresó su tristeza y sufrimiento en un gemido de dolor elocuente.

Miqueas habló de manera directa, sincera, clara en cuanto a los problemas y las dificultades reales que tenían estas personas, que era el pecado. Fue una declaración hermosa la que él había hecho en el capítulo 6, versículo 8, en cuanto a solamente hacer justicia y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. Este pueblo no estaba interesado en ponerlo en práctica; es más, descubrieron que no podían cumplir con estos tres pedidos de Dios, como ya hemos visto anteriormente. El apóstol Pedro escribió en el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 15, versículo 10: "¿Por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?" Sin embargo, hay muchas personas que asisten a una iglesia pensando que serán salvos por sus propios méritos al hacer buenas obras, y que actuar así los hace aceptables para estar en la presencia de Dios. Usted y yo tenemos en el presente la posibilidad de estudiar la Biblia y así conocer a Dios. Y es por estudiar la Palabra de Dios que sabemos y afirmamos que somos salvados únicamente por la Obra y la Gracia de Dios.

En el programa anterior vimos que el profeta Miqueas señaló valientemente los pecados del pueblo de Dios. Ellos ejercían el mal como un estilo de vida, y por la avaricia y la codicia que había en esa sociedad. Aun los mejores hombres del pueblo estaban infectados por un afán desmedido por las cosas materiales. No se podía depender ni confiar en nadie.

Llegamos así al versículo 5, el punto de partida de nuestro estudio hoy. Leamos:

"No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe; de la que duerme a tu lado cuídate, no abras tu boca."

Este versículo nos revela la terrible condición que existía en aquellos días. Creemos que todas las así llamadas civilizaciones a lo largo de la historia del mundo han pasado por épocas en que la moralidad y la ética eran conceptos relativos. En el mundo existe la maldad, el afán por el lucro sin medida ni escrúpulos, a costa del dolor y el sufrimiento de muchos. El Señor Jesucristo dijo en el evangelio según San Mateo, capítulo 10, versículo 34: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada". Amigo oyente, mientras exista el mal en este mundo, habrá un conflicto y una guerra entre aquello que es de la carne y aquello que es del Espíritu. Entre la luz y las tinieblas. Entre el bien y el mal. Si nos levantamos temprano en la mañana, podemos contemplar en el amanecer, la lucha entre la oscuridad de la noche y la luz de un nuevo día. Podemos apreciar como triunfa el sol sobre las tinieblas nocturnas, y como éstas se desvanecen; lo mismo ocurre al atardecer, a la puesta del sol, momentos en que triunfa la oscuridad sobre la luz. Este es un buen ejemplo para describir la lucha espiritual que existe en el mundo también en la actualidad. El Señor Jesucristo anunció: "Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa". (Evangelio de Mateo 10, versículos 35 y 36). Miqueas dijo en este capítulo 7, versículo 5:

"No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe; de la que duerme a tu lado cuídate, no abras tu boca."

La advertencia era clara; tal era la desconfianza que reinaba en esa sociedad. La ausencia de valores daba lugar a abusos de todo tipo. Que terrible situación de desconfianza en la que vivían, porque los maridos debían cuidarse de sus propias esposas, y viceversa; una esposa no podía llegar a confiar en su esposo.

Vivimos en la actualidad, amigo oyente, situaciones semejantes. Parecería como si la palabra de un hombre no tiene el valor de los más sagrado, como lo tenía antes. Casi no se puede creer en todo lo que se lee en la prensa escrita. No siempre es confiable lo que escuchamos por radio o por televisión. Amigo oyente, debemos advertirle que es necesario que "pruebe" cada programa que escucha o ve. El hijo de Dios, que quiere agradar al Señor, debería "poner a prueba" hoy todo lo que lee, escucha y ve. Y a propósito, puede comenzar haciendo esto con este programa, por ejemplo. Debería probar e investigar cada punto que exponemos aquí. Usted será sabio si lo hace, porque no se puede confiar en la naturaleza humana, que manipula, engaña, y siempre en provecho propio.

Leamos lo que Miqueas dijo en el versículo 6 de este capítulo 7:

"Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa."

Esto es exactamente lo mismo que el Señor Jesucristo dijo que sucedería. Y sucederá tal como lo anunció. Y cuando se presente esta situación, amigo oyente, será un tiempo de decadencia, de deterioro, un período de ruina moral y espiritual. Será como un día de tinieblas. En la actualidad también sabemos lo que es la desconfianza. Así es que, amigo oyente, debemos preguntarnos: ¿En quién podemos confiar? ¿A quién podemos creer hoy en día? Miqueas estaba viviendo en una época muy parecida, era una página gris en la historia de este mundo, y eso explica la tristeza del profeta. Una sociedad con tantas carencias de valores absolutos, entristece, y acongoja el corazón. Luego, Miqueas continuó en el versículo 7:

"Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá."

Aquí encontramos la confianza expresada que descansa en la seguridad y la fe en Dios. Miqueas sabía que Dios le escucharía, que Dios iba a intervenir, y que el Señor iba a hacer algo bueno. De esto hablamos en el programa anterior. No es tan importante lo oscuro y tenebroso que nos parezca el día, ni cuán grandes son la olas embravecidas que nos rodean. Señalábamos el hecho de que el Señor había dicho que las tensiones en las naciones iban a ir en aumento como las olas de un mar embravecido, y que iba a haber una gran confusión. Pero, todas estas circunstancias tan violentas no deberán molestar o perturbar a un hijo de Dios. No debería desviar su confianza y esperanza en el poder y en las promesas de Dios. El corazón de los hombres, y de las mujeres en el presente está conmovido a causa del temor, y ellos están observando con preocupación estos eventos que vendrán sobre la tierra. Y parecería como si los poderes celestiales fueran sacudidos; y Él dijo que cuando comenzaran estas cosas, y por cierto que hemos apreciado los comienzos de estos eventos, entonces, deberíamos levantar nuestras cabezas, porque se acerca nuestra redención (como leemos en Lucas 21:26, 28). Y el profeta Miqueas dijo aquí: "Mas yo al Señor miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá". Estos son los días en que los hijos de Dios deben permanecer muy cerca de Él. Debemos permanecer cerca de la Palabra de Dios. Veamos ahora lo que nos dice el siguiente versículo, el versículo 8 de este capítulo 7 de Miqueas:

"Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, el Señor será mi luz."

Este es uno de los grandes principios que encontramos a través de toda la Escritura. Y es el siguiente: que, aunque el hombre de Dios puede caer, Dios le levantará. Y además, cuando estamos en tinieblas, el Señor será una luz para nosotros. Por esto, queremos repetir que nosotros debemos permanecer cerca de la Palabra de Dios en días difíciles y tenebrosos.

Luego, en el versículo 9, el profeta hizo una confesión a Dios a favor de su pueblo. Y ésta es en realidad una expresión de sumisión a Dios. Aquí encontramos una dulce sumisión al Señor, y a pesar de la oscuridad, brotó de sus labios una alabanza a Dios. Él acababa de decirle al enemigo: "No te alegres de mí, porque Dios me va a levantar, y luego podré regocijarme, y aunque esté en las tinieblas, el Señor será mi luz". Veamos que dice la primera parte del versículo 9:

"La ira de el Señor soportaré, porque pequé contra él"

Aquí podemos apreciar que Miqueas estaba haciendo una confesión pública del pecado del pueblo. Y continuó diciendo:

"Hasta que juzgue mi causa y haga mi justicia"

Podemos ver la confianza que tenía este hombre. Él se sometía a la voluntad de Dios. Y pensamos que esa debería ser la actitud de los hijos de Dios hoy. En esta hora tan oscura y tan triste de la historia del mundo ¿qué deberíamos hacer? Bueno, aquí tenemos un factor de seguridad. Dios ha permitido que sucedieran todas estas cosas, pero Él aún está en control de todo. Entonces deberíamos someternos a Dios. Tendríamos que confesar nuestros pecados y mantener nuestras cuentas claras con Dios. Debemos estar al día con Él, tenemos que estar seguros de que debemos solucionar todos los asuntos pendientes en nuestra relación con Él, y esto es sumamente importante.

Veamos lo que Miqueas estaba diciendo: "La ira del Señor soportaré". ¿Por qué? "Porque pequé contra Él", continuó diciendo. Nosotros, como pueblo hemos pecado. Usted ha pecado; yo he pecado. Hemos seguido los pasos de esta sociedad aparentemente próspera, y hemos aceptado sus comodidades. Hemos sonreído ante esa falta de integridad que existe en la vida pública y hemos cerrado nuestros ojos a la gran inmoralidad que nos rodea. Quizá sea hora de que confesemos al Señor nuestros pecados, porque hemos pecado contra Él.

"Hasta que juzgue mi causa" - dijo aquí Miqueas - "y haga mi justicia"; Dios usaría la "vara" de Asiria para castigar a Sus hijos por sus pecados, pero después los restauraría y, como dijo en este versículo: "él me sacará a luz"; y añadió "veré su justicia". Ellos serían conscientes de que Dios los estaba juzgando. Leamos ahora el versículo 10:

"Y mi enemiga lo verá, y la cubrirá vergüenza; la que me decía: ¿Dónde está Jehová tu Dios? Mis ojos la verán; ahora será hollada como lodo de las calles."

Es decir, que al final, Dios triunfará. Pero lo trágico de todo esto sería que a causa del pecado del pueblo, ellos debían ser castigados. Y el enemigo se hizo esta pregunta: "Vosotros os jactasteis del hecho de que servíais a Dios, pero ¿dónde está Él? ¿Por qué no os ayuda? ¿Por qué no os libera Dios? Habéis dicho que Él lo iba a hacer". Bueno, el enemigo, amigo oyente, no podía ver la justicia de Dios. El enemigo no podía ver que Dios, al castigarlos, estaba tratando con ellos de manera justa y recta.

Después de que Dios restaure a Su pueblo, castigará a las naciones que abusaron de ellos e intentaron exterminarlos entonces ellos serán pisoteados como el lodo de las calles.

Ya que el cautiverio bajo Asiria era aún futuro para el pueblo de Israel, se interpreta que el "enemigo" aquí se refería a la nación de Asiria. Sin embargo, los dos versículos siguientes indican que un enemigo posterior y final estaba a la vista.

Miqueas había predicho la destrucción de los enemigos de Israel y entonces se dirigió a la restauración de Israel. La nación de Israel fue comparada a una viña en varios pasajes de la Biblia. Fijémonos especialmente en la canción de la viña, registrada en el libro de Isaías 5:1-7. Los muros, mencionados en el versículo siguiente, eran los muros edificados alrededor de una viña.

Veamos ahora lo que dice el versículo 11.

"Viene el día en que se edificarán tus muros; aquel día se extenderán los límites."

En los primeros días de su historia, el pueblo de Israel fue enviado a Egipto para convertirse en una nación. Después, Dios los envió a las tierras de Palestina, les entregó la Ley, los convirtió en un pueblo peculiar, los guardó evitando que se mezclaran con otros pueblos a través de matrimonios mixtos. Pero entonces, a causa de su pecado, Dios los condujo al cautiverio Babilónico. Ellos tuvieron un ministerio de testimonio ante el mundo, tanto en los períodos de contienda como cuando fueron dispersados por todo el mundo. Veamos ahora lo que Él nos dijo aquí en el versículo 12 de este capítulo 7 de Miqueas:

"En ese día vendrán hasta ti desde Asiria y las ciudades fortificadas, y desde las ciudades fortificadas hasta el Río, y de mar a mar, y de monte a monte."

Como hemos visto en el capítulo 4, durante el reino milenario todas las naciones vendrán a Sión, incluso Asiria, el enemigo del pasado. Dijo Miqueas en 4:2, "Vendrán muchas naciones y dirán: Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob; él nos enseñará en sus caminos y andaremos por sus veredas; porque de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra del Señor".

Sin embargo, Miqueas les recordó que antes de este tiempo de bendición vendría sobre ellos el castigo. Y dice el versículo 13:

"Y será asolada la tierra a causa de sus moradores, por el fruto de sus obras."

Usted puede ver que la tierra y el pueblo estaban completamente vinculados. Aquella tierra no estuvo siempre desolada, como lo está hoy. Cuando la bendición de Dios venga sobre el pueblo, también vendrá otra vez sobre la tierra, pero esa bendición todavía no ha llegado.

Y ahora consideraremos a un párrafo que hemos titulado:

Oración final

Entonces Miqueas, de una forma extraordinaria encomendó a su pueblo al cuidado de Pastor divino. Leamos el versículo 14 de este séptimo capítulo de Miqueas:

"Apacienta tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad, que mora solo en la montaña, en campo fértil; que sean apacentados en Basán y Galaad, como en el tiempo pasado."

Veamos la primera frase: "Apacienta tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad". En Miqueas 6:9, el cayado era un cayado de juicio; aquí, es un cayado de consuelo, como también en el Salmo 23:4, que dice: "Tu vara y tu cayado me infundirán aliento". Y pensamos que esta frase se refiere a la vara, al cayado que utiliza el pastor, que podía utilizarse de dos maneras: para proteger y ayudar a las ovejas, y también para disciplinar a las ovejas. Volviendo a nuestro pasaje de Miqueas 7:14, aquí dice "Apacienta tu pueblo con tu cayado". Pensando ahora en nuestra condición actual, podemos decir que Dios nos disciplina, y nos instruye.

El versículo 14 continúa diciendo: "que mora solo en la montaña, en campo fértil; que sean apacentados en Basan y Galaad, como en el tiempo pasado". Éstas eran grandes tierras de pastoreo, en el norte y al otro lado del río Jordán.

Miqueas se había aproximado a Dios con una hermosa sumisión y para una confesión de pecado, confesión de sus pecados y de los pecados del pueblo. Los profetas se identificaron siempre con el pueblo en cualquier confesión de pecado. Y ahora llegamos a otro párrafo, que hemos titulado:

La respuesta de Dios

Dios respondió a la oración del profeta. Siempre han surgido preguntas al tratar de determinar a qué se refiere este pasaje, pero la mayoría de los expositores Bíblicos han llegado a un consenso y creen que se proyecta hacia el futuro, y al día en que el Señor Jesús venga a establecer Su reino. Y ahora leamos el versículo 15:

"Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto."

Dios guió a Israel al salir de Egipto por medio de un milagro, pero Él no los sacó de Babilonia de forma milagrosa. No se mencionaron milagros en relación con esa salida, aunque el regreso de ellos a la tierra fue un hecho extraordinario. Fue la liberación de Egipto la que constituyó un milagro, y Dios dijo aquí que este evento sería como un modelo para el día en que Él los traiga nuevamente a la tierra. Y tenemos que reconocer que no hemos vista nada parecido a aquel evento milagroso en el retorno actual de los judíos a esa tierra. Por lo tanto, también debemos reconocer que Dios no ha cumplido aún esta profecía.

Aquí tenemos una pequeña profecía; y en los versículos 15 al 17, se prepara el camino para ese gran versículo 18, el cual consideraremos en nuestro próximo programa.

Así que los versículos 15 al 20, pondrán punto final a esta breve profecía de Miqueas que hemos estado estudiando ya por varios días. Y como es nuestra costumbre, amigo oyente, le sugerimos leer estos versículos para que pueda estar más familiarizado con su contenido y esperamos contar con su compañía y participación en nuestro próximo y último estudio del libro de Miqueas.

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