Estudio bíblico de 2 Juan 1:1-5

2 Juan 1 - 5

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por la Segunda Epístola del Apóstol Juan, y volvemos al primer versículo que dice:

"El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad"

Podemos notar que, en este versículo, se enfatiza dos veces la palabra "verdad", y como ya hemos dicho, "la verdad" es el tema que se considera la clave para esta epístola. Hemos identificado al "anciano" que se menciona como el Apóstol Juan, y es muy probable que él utilizó esta expresión con un doble sentido. Podría significar que él era un anciano, entrado en años, porque al escribir esta epístola había pasado los 90 años. También Juan tenía un cargo, una posición, en la iglesia. Ahora, observamos que Juan no se presentó como un Apóstol, por la razón que la persona a la cual él estaba escribiendo, aceptaba su autoridad. Por ello, él se llamó a sí mismo "anciano". La carta fue dirigida a la señora elegida. Y queremos recordar, una vez más, que esa palabra que ya presentamos anteriormente, significaba "electa". Probablemente, pudiera ser el nombre de una mujer destacada y prominente en la iglesia, pero también cabe la posibilidad de que Juan podría haber estado pensando en la iglesia, la esposa de Cristo.

A continuación dijo: Y a sus hijos. Esta mención podría referirse a los hijos físicos de esta mujer, de esta señora, o bien, podrían ser los hijos espirituales de la iglesia. Creemos que podemos considerar ambas posibilidades. Cuando mencionamos a "la iglesia", nos referimos a la iglesia en general. Cuando hablamos de "la iglesia", no estamos pensando en ninguna iglesia local, o en algún grupo o sector en particular, sino que nos referimos a los creyentes que forman la iglesia. Esta epístola ha sido muy relevante para la iglesia a través de los siglos y lo que aquí mencionó el apóstol Juan fue de mucho beneficio para la vida de la iglesia.

Juan siguió diciendo: a quienes yo amo en la verdad. Ya hemos dicho que el genuino amor cristiano puede expresarse solamente dentro de los límites de la familia de Dios, hacía aquellos que tienen la verdad, la verdad que es la Palabra de Dios. Y Aquel que fue revelado en la Palabra, es el Señor Jesucristo. Juan expresó dos pensamientos; primero, que el objeto de su amor debía ser otro creyente en Cristo, un creyente nacido espiritualmente; y segundo, que él era sincero al asegurar que, el expresar su amor, no era meramente una práctica piadosa. El amor era auténtico y muy real para él.

Continúa diciendo el versículo: a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad. Juan se incluyó en esa iglesia, en ese conjunto de creyentes; ellos también amaban a los demás hermanos en la fe, y amaban a esta iglesia; o también amaban a esta mujer en particular, por su destacado testimonio como creyente. El versículo 2 dice:

"A causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros"

Hagamos una pausa aquí, amigo oyente, ya que el apóstol escribió: a causa de la verdad. Y esta causa de la verdad significaba una defensa de la verdad. Debemos reconocer que la verdad necesita ser defendida en el presente. Debemos tomar una posición a favor de la verdad, y una firme postura por la Palabra de Dios. Hay personas que tratando de aparentar que son muy listas e ingeniosas; no se expresan con claridad, no dicen las cosas tal como son, no son transparentes, sino hablan con ciertos rodeos, y utilizan figuras retóricas. Pero el caso es, amigo oyente, que la Palabra de Dios nos insta a ser claros en expresar la verdad, sin temor y sin avergonzarnos.

Ahora, Juan dijo en este versículo 2: A causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros. Vamos a analizar este versículo por partes: A causa de la verdad. Y gracias a Dios que estará para siempre con nosotros. Amigo oyente, en los tiempos en los que nos toca vivir, en los que cada cual defiende "su" propia verdad, una verdad subjetiva, y en los cuales nuestra sociedad demanda que se respeten todos los puntos de vista y todas las verdades personales, para el cristiano es bueno tener a Alguien en quien se puede creer, confiadamente, y este es nuestro Señor Jesucristo. A causa de la verdad - dijo Juan - que permanece en nosotros. Es el Espíritu de Dios el que nos revela lo que es real y verdadero para nosotros, los hijos de Dios: y estará para siempre con nosotros. La "verdad" no cambiará; es permanente y eterna.

Alguien lo expresó de esta manera: "Lo que es "verdad", no es nuevo. Y lo que es nuevo, no siempre es la verdad". Esta afirmación, como muchas, generaliza, y por supuesto, hay excepciones, pero describe bastante bien la firmeza de lo que es verdadero, lo que es la verdad.

Ahora, en el versículo 3 de este único capítulo del que se compone la segunda carta de Juan, el apóstol adoptó un saludo un poco diferente del que utilizaron los Apóstoles Pablo, Pedro y Santiago. Dice el versículo 3:

"Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor."

Notemos que Juan volvió a mencionar la palabra "verdad". Ahora, aquí encontramos tres palabras muy importantes que debemos comprender en profundidad. Una de ellas es "amor". La otra es "misericordia", y la siguiente es "gracia."

Juan introdujo aquí la palabra "misericordia" en su saludo. Ahora, ¿cuál es la diferencia entre el amor, la misericordia, y la gracia de Dios?

Cuando estudiábamos la carta del Apóstol Pablo a los Efesios, en el capítulo 2, versículos 4 y 5, leímos: Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).

Estos versículos de la Escritura son muy profundos, porque combinan a los tres conceptos: El apóstol Pablo indicó que Dios es rico en "misericordia" y, por el gran "amor" que nos tiene, Él nos salva por "gracia". ¿Qué es el amor de Dios? Bueno, Dios es amor. Antes de que existiera cualquier cosa, Dios ya era amor. Ahora, alguien quizá diga: "¿Y a quién amó Dios?" Bueno, la Trinidad ya existía, y sabemos del amor que existió desde siempre entre el Dios Padre, y Dios Hijo. El Dr. Lewis Sperry Chafer escribió: "Amor es lo que existía en Dios, antes de que

Él tuviera que ejercitar la misericordia y la gracia". Amor es la naturaleza de Dios. Eso es lo que se llama un "atributo" de Dios. Dios es amor. Pero, lo interesante es que el amor de Dios nunca salvó a un pecador. El amor de Dios impulsó a Dios en dirección a la misericordia y la gracia. El amor de Dios le llevó a mostrar la misericordia y la gracia.

Ahora, nos hacemos esta pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre la misericordia y la gracia? Bueno, la misericordia es aquella que Dios proveyó a su debido tiempo, para el hombre pecador. Esa es la misericordia de Dios. Queremos ser exactos en lo que decimos, y queremos expresarlo correctamente, de modo que, permítanos citar lo que también dijo el Dr. Chafer: "La misericordia es aquello en Dios que oportunamente proveyó, para la necesidad del hombre pecador". Dios es rico en misericordia, porque ama. Eso es lo que afirmó el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo. El pasaje maravilloso del capítulo 2 de la epístola a los Efesios, que acabamos de leer combina tres atributos o características, de las innumerables que conforman a Dios. Él es rico en misericordia. Ahora, ¿por qué es rico en misericordia? Porque Él es amor. Y porque Dios es amor, Él, por misericordia, ha hecho provisión y solución para el problema y la necesitad del hombre pecador. Pero tampoco la misericordia salva al hombre pecador.

Nos queda la gracia; ¿qué es la gracia? Mencionábamos al Dr. Chafer anteriormente, y volvemos a mencionar su cita al respecto: " la gracia es aquello en Dios, que actúa libremente para salvar, porque todas las demandas de santidad han sido satisfechas". Por tanto, Dios hoy, es libre, amigo oyente, para actuar en la gracia. Él puede acercarse a usted, a mí, aunque seamos pecadores. Usted, y ningún ser humano, puede ofrecer algo a Dios. No tenemos nada, para ofrecerle a Dios.

La Gracia significa que Dios puede acercarse a usted, un pecador perdido, y decirle: "Yo soy AMOR y soy rico en misericordia. Yo te amo. Yo he hecho provisión para ti, por Mi misericordia. Yo he provisto un Salvador para ti". Ahora, si usted confía en Él, sepa que "por gracia sois salvos, por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios. (Efesios 2:8).

Ahora, aquí hay una distinción muy tenue entre estas palabras. Alguien podría decir que parece una ligera distinción, pero que no encuentra una diferencia. Bueno, existe una diferencia en aquello que no difiere. Veamos, la Salvación se origina en el amor de Dios. Pero Dios no salva por Su amor o Su misericordia. Después de todo, amigo oyente, nuestro Dios es un Dios Santo, y la Biblia nos dice que: De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito..". (Evangelio de Juan 3, 16). Amigo oyente, Dios no amó de tal manera al mundo que salvó al mundo - Él no hizo eso. Dios amó de tal manera al mundo, que por Su misericordia, proveyó un Salvador para salvar al mundo, y Él ahora puede salvar por Gracia.

Dios puede salvar por gracia, pero, amigo oyente, hay algo más aquí que es importante. La salvación no es sólo la expresión del amor de Dios, sino que también es la expresión de la justicia y la rectitud de Dios. Nosotros no solamente necesitamos Juan 3:16, el versículo ya mencionado, sino que también necesitamos Romanos 3:26. El Apóstol Pablo dijo: pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús".

Para poder justificarle a usted, amigo oyente, cuando confía en Cristo, Dios tiene que ser justo y santo y recto. Él no puede abrir la puerta trasera del cielo y dejar que usted se introduzca encubiertamente, en el cielo, al amparo de la oscuridad. Usted y yo no somos aptos para ir al cielo. Estamos apartados y alejados de Él. No tenemos comunión con Él. La comunicación y la comunión se perdieron en el jardín del Edén, y Él, Dios, es quien la ha renovado y restaurado. Porque Él tiene que ser justo y recto, Su misericordia proveyó a un Salvador, y eso ocurrió, porque Él le ama a usted. Dios tiene que ser el justo, pero también es Él, el que justifica. De este modo "Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús".

Es así cuando el apóstol Juan escribió: sea con vosotros gracia, (ésta es la manera como Dios salva), misericordia, (la misericordia proveyó a un Salvador), y paz. Cuando usted recibe todo esto, entonces "la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, va a guardar su corazón". Como dijo Juan: como Él dijo, que por consideración a la verdad que mora en nosotros, estará con nosotros para siempre. Ahora, Dios no va a cambiar estas grandes verdades. Él no va a cambiar Su forma de pensar. Nunca dirá: "Bueno, voy a hacer las cosas de forma diferente. La opinión pública parece que va en otra dirección, así que, voy a cambiar Mi forma de actuar, de pensar, de sentir, de juzgar... voy a plegarme a la corriente de la opinión pública, porque así será más fácil llegar al ser humano". No, amigo oyente, Dios no cambia. Él no es como una veleta que cambia según la dirección del viento.

Es como aquella anécdota que cuenta que un hombre de campo colocó una veleta, un banderín de latón, sobre el techo de su granero para señalar la dirección del viento. En esa veleta el hombre había inscrito "DIOS ES AMOR". Por allí pasó un predicador, y al leer ese texto, preguntó al agricultor: "¿Quiere usted decir que el amor de Dios cambia tanto como esa veleta?" "No, no quise decir eso, -dijo el agricultor. Para mí significa que no importa de dónde sopla el viento, Dios es y seguirá siendo AMOR."

Amigo oyente, eso es cierto; nuestro Dios es amor. Y porque Él es amor, Él ha provisto la salvación para usted. Él nunca cambiará.

Sea con vosotros gracia, misericordia y paz. Usted puede tener la paz de Dios el Padre, y del Señor Jesucristo, quien murió por usted. Él es el Hijo del Padre Celestial. Esa es Su posición en la Trinidad. Seguimos analizando el versículo 3 de este único capítulo de Segunda Epístola del apóstol Juan.

"Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor."

Recuerde, amigo oyente, que el amor tiene que ser ejercitado en el contexto de la verdad.

Quizás algunos oyentes pudieran pensar que somos muy dogmáticos. Enseñar la Palabra de Dios es un asunto serio, y sí, somos muy dogmáticos en cuanto a esto. En muchos asuntos somos flexibles, pero cuando se trata de la veracidad y la autoridad de las Sagradas Escrituras, entonces no podemos añadir ni quitar nada, y somos dogmáticos. Estamos hablando de la Segunda Epístola del Apóstol Juan, y, amigo oyente, somos muy dogmáticos en cuanto a lo que él estaba diciendo aquí.

Con el versículo 3, concluye la introducción a esta epístola, pero aún nos encontramos en esta sección donde se afirma que el amor debe ser expresado en los límites de la verdad. El versículo 4 comienza diciendo:

"Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre."

Ahora, estos hijos pueden ser los hijos de esta mujer a la cual Juan dirigió esta carta, hijos físicos, o bien, también pudiera referirse a los miembros de la iglesia, la iglesia local. Pueden ser ambas situaciones, y probablemente se refiere a las dos. Juan dijo: He hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad. Es maravilloso tener hijos que caminen en la verdad, lo que significa la manera de vivir, el estilo de vida en obediencia a los mandamientos del Padre Celestial. Conforme al mandamiento que recibimos del Padre. Su mandamiento es que andemos en la luz como Él es luz, y que la Palabra de Dios ordene nuestras vidas. Y en el versículo 5, dice:

"Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio"

Usted recordará que, en la Primera Epístola del Apóstol Juan vimos, que lo que Juan llamó el principio, era una referencia al comienzo del ministerio de Cristo.

La enseñanza que el Señor Jesucristo dio fue esta: Si me amáis, guardad mis mandamientos, y por esto el mundo sabrá que vosotros sois mis discípulos. No por conocer las doctrinas, por cumplir los mandamientos, por hablar de Cristo, sino porque tenéis amor el uno por el otro. (Evangelio de Juan cap. 13:35)

Juan dijo que este mandamiento lo recibimos desde el principio, de que nos amemos los unos a los otros.

Aquí volvemos nuevamente a este pensamiento: andar en la verdad, amándonos los unos a los otros; estamos hablando acerca del amor entre los hermanos en la fe en Jesucristo. Este es el equilibrio que se necesita en la iglesia. Se puede llegar a ser demasiado sentimental en la iglesia, donde solamente se habla del amor, y todo parece ser amabilidad y concordia. Pero, ¿estamos andando en la verdad? ¿Estamos creciendo verdaderamente en el conocimiento de la Palabra de Dios? Todos estos apóstoles que hemos considerado en nuestros estudios recalcaron y enfatizaron que debemos andar en amor. Ellos enfatizaron el caminar, el andar, el vivir, en amor, pero en un amor impregnado y saturado en la verdad. Si usted es un hijo de Dios, nacido de nuevo por la fe en el sacrificio redentor de Jesucristo, esperamos que haya comprendido y cumpla este mandamiento de nuestro Señor.

Y vamos a detenernos aquí por hoy, amigo oyente. Continuaremos, Dios mediante, en nuestro próximo programa. Le invitamos a que nos escriba sus preguntas o comentarios, que con mucho gusto contestaremos. Hasta entonces, pues, ¡y que Dios, por medio de su Espíritu, revele Su Verdad y Su amor, en su corazón!

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