Estudio bíblico de Éxodo 14:10-31

Exodo 14:10-31

En nuestro programa anterior vimos que, después de la décima y última plaga de la muerte de los hijos mayores de cada familia, Faraón dejó salir a los israelitas. Pero, dándose cuenta de que estaban huyendo, Faraón cambió de actitud y reforzando su ejército con 600 carros, emprendió la persecución de los israelitas. El párrafo con el que hoy comenzamos nuestro estudio, continúa describiéndonos como

Faraón y su ejército persiguieron a Israel

Leamos los versículos 10 y 11, que reflejaban la angustiosa situación de aquel pueblo:

"Y al acercarse Faraón, los hijos de Israel alzaron los ojos, y he aquí los egipcios marchaban tras ellos; entonces los hijos de Israel tuvieron mucho miedo y clamaron al Señor. Y dijeron a Moisés: ¿Acaso no había sepulcros en Egipto para que nos sacaras a morir en el desierto? ¿Por qué nos has tratado de esta manera, sacándonos de Egipto?"

Este era una pregunta irónica, especialmente en aquella época. Las grandes pirámides se habían erigido como monumentos y tumbas para reyes. Las momias estaban enterradas en numerosos lugares. Casi se podría decir que todo el país era como un gran cementerio y ellos preguntaron si no había suficientes sepulcros en Egipto, como para haber muerto allí. Estaban convencidos que iban a morir en el desierto. Y dice el versículo 12:

"¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos, para que sirvamos a los egipcios? Porque mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto."

En Egipto, los israelitas habían clamado por una liberación. Dios les proveyó una oportunidad de salir de aquella esclavitud, y apenas salieron y se enfrentaron con el peligro, quisieron regresar. Desgraciadamente, la reacción de los israelitas iba a ser muy similar en futuros momentos de coacción y miedo, como comprobaremos más adelante por todo este libro del Éxodo. No tenían realmente confianza en la ayuda de Dios. Sorprendentemente, al llegar el esperado momento de su liberación, estaban llenos de desconfianza y temor.

Observemos lo que Dios iba a hacer por aquel pueblo. Sin Su ayuda estaban indefensos y desesperados. Si iban a ser redimidos, Dios tendría que actuar. Quisiera que pudiéramos ser objetivos frente a nosotros mismos en la hora actual, para ver si somos exactamente como ellos. Si pudiésemos viajar a la luna con los astronautas y desde allí contemplar a nuestro pequeño planeta, veríamos a muchísimas personas perdidas en su situación de pecado y rebelión contra Dios. En realidad, nuestro mundo es un lugar sin esperanza; como un gran cementerio. En su carta a los Romanos 5:12, el apóstol Pablo dijo:

"Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron;"

El ser humano lleva más de 5.000 años transitando por el camino de la historia. Pero, ¿Hacia dónde se dirige? Va en dirección a la sepultura. No es muy grato decir esto, pero es la verdad. El ser humano es el fracaso más colosal en el universo de Dios.

Si continuamos nuestra lectura veremos que se produjo un vuelco en la situación, y se produjo

La victoria sobre Egipto

Miremos a aquellos israelitas. A menos que Dios entrase en acción, estaban condenados a una cruenta derrota. De la misma manera, tú y yo nunca podríamos ser salvados, redimidos, a menos que Dios interviniese. La redención es la obra del Señor. El profeta Jonás, en su libro, 2:9, dijo: "La salvación es del Señor". El rey David afirmó lo mismo y ése es el mensaje del Nuevo Testamento. Continuemos leyendo el versículo 13:

"Pero Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes y ved la salvación que el Señor hará hoy por vosotros; porque los egipcios a quienes habéis visto hoy, no los volveréis a ver jamás."

El Señor actuaría a favor de su pueblo; todo lo que ellos tenían que hacer era aceptar y recibir Su salvación. Debían permanecer firmes y Dios realizaría el trabajo. Recuerda que no podemos hacer nada, absolutamente nada, para lograr tu salvación. Todo lo que tienes que hacer es aceptar lo que Dios ha hecho por ti. Leamos los versículos 14 al 16:

"El Señor peleará por vosotros mientras vosotros os quedáis callados. Entonces dijo el Señor a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha. Y tú, levanta tu vara y extiende tu mano sobre el mar y divídelo; y los hijos de Israel pasarán por en medio del mar, sobre tierra seca."

Dios traería la salvación a Su pueblo y la paz que experimentan las personas cuando sus pecados han sido perdonados. Los israelitas debían permanecer firmes y tranquilos, sabiendo que verían esa salvación de parte del Señor y, mientras ésta se llevaba a cabo tenían que atenerse, por la fe, a las instrucciones recibidas. Esa fe debía ser evidente en todo momento.

Se han ofrecido muchas explicaciones sobre cómo los israelitas cruzaron el mar. En primer lugar, creo que los historiadores y teólogos autorizados han dejado bien establecido que el éxodo de Israel fue un hecho histórico. Para la mayoría de la gente el problema consiste en averiguar como cruzaron el Mar Rojo. Algunos dicen que el viento impulsó las aguas haciendo que éstas retrocediesen. Pero, a ambos lados del sendero abierto en el mar había dos paredes de agua. Otros sostienen que algún fenómeno natural hizo retroceder al mar. Y otros afirman que sobrevino un terremoto en el momento preciso en que la gente estaba preparada para cruzar el mar. Aquí hay que enfrentarse con la realidad de que ocurrió un milagro. O aceptamos que lo hubo, o no. Dios, de forma milagrosa abrió el mar dividiéndolo para que el pueblo lo cruzase por tierra seca.

Así fue que cruzaron el mar a pie enjuto, porque no había suficiente agua como para que se mojasen los pies. Sería difícil explicar este hecho a parte de un verdadero milagro.

Leamos ahora el versículo 17:

"Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que entren a perseguirlos; y me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería."

Si hubiéramos estado al borde de las aguas en el momento en que Faraón y su ejército comenzaron a perseguir a los israelitas a través del mar, podríamos haber pensado que, al endurecer el corazón de los egipcios, Dios les estaba obligando a hacer lo que ellos no tenían intención de hacer. Por el contrario, Faraón y su ejército siguieron a los israelitas por su espontánea voluntad de hacerlo. Dios indujo a los egipcios a llevar a cabo lo que ellos ya tenían en mente realizar.

Continuemos leyendo los versículos 18 al 21:

"Entonces sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando sea glorificado en Faraón, en sus carros y en su caballería. Y el ángel de Dios que había ido delante del campamento de Israel, se apartó, e iba tras ellos; y la columna de nube que había ido delante de ellos, se apartó, y se les puso detrás. Y vino a colocarse entre el campamento de Egipto y el campamento de Israel; y estaba la nube junto con las tinieblas; sin embargo, de noche alumbraba a Israel, y en toda la noche no se acercaron los unos a los otros. Extendió Moisés su mano sobre el mar; y el Señor, por medio de un fuerte viento solano que sopló toda la noche, hizo que el mar retrocediera; y cambió el mar en tierra seca, y fueron divididas las aguas."

En este pasaje Bíblico tenemos que tomar nota de ciertos detalles. Primeramente, hay que destacar que los egipcios mencionados en el versículo 18 son los que habían quedado en Egipto y que no formaban parte de aquel ejército que había salido en persecución de los israelitas. Estos cruzarían de forma segura en medio de las aguas hasta la otra orilla del Mar Rojo, y Faraón, con su ejército perecería al juntarse las aguas divididas del mar. En consecuencia, los egipcios que quedaban en las otras regiones y ciudades reconocerían que el Dios de los israelitas era el verdadero Señor. Otro detalle es que en el versículo 19 se menciona al "ángel del Señor". Creo que este "ángel del Señor" podría referirse a una aparición de Jesucristo antes de su venida a este mundo. En cualquier caso, podríamos decir que Dios mismo se interpuso entre los egipcios y los israelitas. Entonces, un fuerte viento oriental impulsó a las aguas haciéndolas retroceder, y al mismo tiempo mantuvo seco el lecho del mar. Un viento normal nunca podría haber hecho que las aguas se amontonasen para formar muros de agua a ambos lados del sendero abierto. Y este sendero debe haber sido lo suficientemente ancho como para permitir el paso de centenares de miles de personas y sus ganados,

Veamos cómo se completó el milagro, leyendo los versículos 22 al 25:

"Y los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, y las aguas les eran como un muro a su derecha y a su izquierda. Entonces los egipcios reanudaron la persecución, y entraron tras ellos en medio del mar todos los caballos de Faraón, sus carros y sus jinetes. Y aconteció que a la vigilia de la mañana, el Señor miró el ejército de los egipcios desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión en el ejército de los egipcios. Y entorpeció las ruedas de sus carros, e hizo que avanzaran con dificultad. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos ante Israel, porque el Señor pelea por ellos contra los egipcios."

Al considerar cómo Dios estaba llevando a cabo su plan para liberar al pueblo, vemos que, una vez más, El actuó por medio de la columna de fuego y la nube que, a mí entender, representan al Espíritu Santo. Tal como el actúa en la época presente, puedes verle en movimiento a través del Espíritu Santo, simbolizado por la columna de fuego y la columna de nube. Los israelitas fueron guiados, como cada hijo de Dios debiera ser guiado hoy, por el Espíritu de Dios.

Para los egipcios resultó evidente que lo que estaba ocurriendo, verdaderamente tenía un origen sobrenatural. Entonces, presas del pánico, intentaron retirarse y escapar de las fuerzas que estaban actuando contra ellos. De acuerdo con el relato del Salmo 77:16 al 19, Dios causó una tempestad de lluvia, relámpagos, truenos y un terremoto. Quizás la lluvia rápidamente comenzó a empapar el lecho seco del mar y ello hizo que las ruedas de sus carros se desviasen bruscamente. Veamos lo que sucedió leyendo los versículos 26 al 28.

"Entonces el Señor dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros y su caballería. Y extendió Moisés su mano sobre el mar, y al amanecer, regresó el mar a su estado normal, y los egipcios al huir se encontraban con él; así derribó el Señor a los egipcios en medio del mar. Y las aguas volvieron y cubrieron los carros y la caballería, a todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó ni uno de ellos."

Y así fue que los arrolladores muros de agua aplastaron a aquel ejército ahogando a sus soldados y ninguno sobrevivió, pues el mar era lo suficientemente profundo como para que todos se ahogasen. Al describir un milagro, este relato debe ser examinado detenidamente. No hay una manera natural, humana, de explicar lo que sucedió. Muchos intérpretes de la Biblia que creen que ésta es la Palabra de Dios, y que profesan haber sido salvados solamente por la fe en Jesucristo, tratan de explicar el cruce del Mar Rojo de una forma natural. En realidad, cuando uno lee esta narración, se da cuenta de que resulta imposible explicárselo desde un punto de vista natural. Dios ha dicho que fue un milagro y hay que recibirlo como tal, o rechazarlo. Leamos además, el versículo 29:

"Mas los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar, y las aguas les eran como un muro a su derecha y a su izquierda."

El relato aclara, por segunda vez, que el pueblo que huía cruzó el mar por un sendero de tierra seca, con las aguas amontonadas en muros de agua a su derecha e izquierda. Realmente, este hecho no puede atribuirse a un fenómeno natural.

Leamos ahora los 2 últimos versículos de este capítulo, los versículos 30 y 31:

"Aquel día salvó el Señor a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. Cuando Israel vio el gran poder que el Señor había usado contra los egipcios, el pueblo temió al Señor, y creyeron en el Señor y en Moisés, su siervo."

Estos 2 versículos declaran el propósito de Dios en la liberación de los israelitas. Ya al principio del viaje a través del desierto, ellos pudieron ver al poder de Dios actuando a su favor cuando les libró de la muerte en aquella noche trágica en Egipto, a causa de la sangre del cordero que habían colocado en los marcos de las puertas. Luego, como nos ha relatado este pasaje Bíblico, les demostró Su poder nuevamente conduciéndoles sin peligro a través del mar, y destruyendo al ejército que les estaba persiguiendo. Los cuerpos muertos de los soldados en las orillas del mar les recordarían la tremenda dimensión del juicio de Dios. Así fue como Dios libró a sus hijos por medio de Su poder.

Desde nuestra lejana perspectiva en el tiempo y en la historia hemos contemplado el poder de Dios demostrado en las plagas y juicios que cayeron sobre aquel país de Egipto, y que impulsaron a su obstinado soberano a permitir, finalmente, que el pueblo oprimido en situación de esclavitud saliese de aquellas tierras. También hemos visto como el Faraón no pudo reprimir su odio y deseos de venganza y persiguió al pueblo que huía hasta que una nueva e imponente manifestación del poder de Dios le destruyó a él y a su ejército. En resumen, hemos visto su poder actuando en el castigo y en el juicio, pero también, salvando y liberando a otro pueblo de la esclavitud.

Dios no ha cambiado y Su poder, y Su amor actúan hoy en las personas, que reconociéndose pecadoras y alejadas de El, creen en El y aceptan la obra de la redención efectuada en la muerte de Jesucristo en una cruz. Allí también se manifestó el poder de Dios, que resucitó a Jesucristo de entre los muertos. Ese mismo poder es la única fuerza que puede transformar a los seres humanos, convirtiéndoles en hijos de Dios quienes, a partir de ese momento comienzan una nueva vida, empezando a experimentar la vida eterna que poseen aquí en esta tierra. Te invitamos, pues, a aceptar la buena noticia del Evangelio y a comprobar que ese poder del cual hemos hablado hoy transforma y produce en ti una vida diferente, plena de significado, una vida de calidad, un verdadero anticipo de la presencia de Dios y la vida eterna.

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