Estudio bíblico de 3 Juan 1:3-7

2 Juan 3 al 7

Volvemos hoy, amigo oyente, a esta Tercera Epístola del Apóstol Juan, y vamos a continuar nuestro estudio a partir del versículo tres, para repasar las últimas ideas que expresamos al final de nuestro programa anterior, en el cual destacamos la notable personalidad de Gayo, su relación con el apóstol Juan, y el concepto que de él tenían los cristianos de su tiempo, tanto los miembros de su propia iglesia, como los predicadores y maestros itinerantes que visitaban esa ciudad en el ejercicio de su ministerio cristiano.

Posiblemente Gayo no gozaba de buena salud. Y Juan, a la vez que recordaba su estado físico, igualmente le deseaba a su amigo que su alma, su espíritu, prosperara también y disfrutara de una buena salud espiritual.

Ahora, hay muchos creyentes que están enfermos espiritualmente. Puede que tengan buena salud físicamente, pero están enfermos en cuanto a su salud espiritual. Y, por cierto, es vital, prioritario, para un hijo de Dios, un creyente, que goce de buena salud espiritual, sin olvidar el aspecto físico, claro está. ¡Es maravilloso el tener buena salud física! Hay muchos que no la aprecian, hasta el momento, en que llegan a perderla. Pero una buena salud espiritual, es algo que señalamos cuando estudiamos la Primera Epístola del Apóstol Pedro. Lo que la salud es para el cuerpo, es la santidad para la vida espiritual del creyente. El estar sano espiritualmente, es vivir en santidad. Significa que estamos creciendo en la gracia y el conocimiento de Cristo.

Así es que, la gracia, la amabilidad y bondad de Gayo, y su vivir en la verdad, eran características obvias para todos aquellos que le visitaban en su casa. Aquellos hombres y mujeres que viajaban infatigablemente como misioneros y maestros del evangelio, visitando las congregaciones de la primera iglesia, la llamada "iglesia primitiva", informaban a Juan de la hospitalidad de Gayo. Era conocido como uno de los líderes de esa iglesia, y era una persona muy generosa. No tenía ningún reparo en recibir visitas de personas desconocidas, Juan continuó en el versículo 3, donde dijo:

"Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad."

Éste fue el testimonio que otras personas, como evangelistas y maestros itinerantes dieron al apóstol Juan, destacando la bondad y amabilidad de Gayo, y de cómo su vida se regía por la verdad de la enseñanza doctrinal de los apóstoles. No solo era un hombre de recursos, sino que también era muy generoso con los demás hermanos en la fe. Este era el testimonio de todos aquellos que habían sido hospedados en su casa. En aquellos tiempos, en el mundo romano no disponían de hoteles u hostales como tenemos hoy, incluso en ciudades pequeñas. Generalmente las pequeñas posadas existentes en el imperio, eran lugares que no reunían condiciones de higiene de ningún tipo, ni comodidades, y en algunos casos, eran lugares habilitados para la práctica del pecado. Así que la costumbre era alojar a los cristianos que viajaban en casas particulares.

Por tal motivo, Juan escribió: Mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. Este fue pues un testimonio estimulante acerca de Gayo, para el apóstol. La verdad aquí era realmente la doctrina o la enseñanza de los apóstoles. El artículo aquí debería suprimirse para traducir andar en verdad. Esta era no es solo una referencia a su doctrina, sino también a su conducta. La marca o señal de un creyente es vivir en esa verdad. La verdad es aquí el pensamiento predominante. El máximo bien que identifica a un cristiano es si está andando o viviendo en la verdad y en la luz, en la luz de Dios. Y ese andar, ese vivir también se pone en evidencia a través de una conducta éticamente correcta y de amor hacia los hermanos en la fe de Cristo.

Aquellos que llegaran a la ciudad de Gayo en aquella época, en el ejercicio de su ministerio de predicación y enseñanza, habrían comprobado que las puertas de su casa estaban plenamente abiertas para los verdaderos creyentes. Gayo tenía el don espiritual del discernimiento, y podía percibir quienes eran creyentes genuinos, y quienes lo parecían pero no lo eran. El podía conocer si aquellos viajeros creían en la deidad de Cristo, en su nacimiento de una virgen, y en su obra redentora en la cruz, completada por su resurrección corporal de la tumba. En la persona de Cristo se encontraba la llave que abría su casa para una generosa hospitalidad hacia aquellos que le demostraban su amor fraternal en el Señor. Continuemos leyendo ahora el versículo 4 de esta tercera epístola de Juan:

"No tengo yo mayor gozo que oír que mis hijos andan en la verdad."

Juan había sido el pastor de la iglesia en Éfeso y había guiado a muchas personas al Señor. A su avanzada edad era, pues, una alegría para él tener noticias de sus convertidos, dispersados por la zona de Asia y aun viviendo en la verdad que él les había enseñado que, como dijimos anteriormente, consistía en vivir de acuerdo con la enseñanza apostólica y practicando el amor fraternal por sus hermanos espirituales en la fe.

En nuestro tiempo, estas noticias que provienen de aquellos que han sido guiados al Señor como resultado de nuestro ministerio cristiano, nos producen alegría, porque nos permiten comprobar que ellos continúan viviendo según las enseñanzas cristianas recibidas. Son miembros de iglesias en las que se estudia la Biblia y muchos de ellos están intentando servir al Señor. El autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee tuvo una experiencia al respecto con su propia hija. Él contaba que, en una ocasión, su hija fue a escuchar a un joven predicador, a quien el Dr. McGee había tenido el privilegio de enseñar como profesor en el Seminario hacía ya muchos años. Su hija fue, pues, con su esposo a escucharlo y cuando regresó le contó a su padre cuan extraordinario había sido el mensaje de ese joven predicador. Al contarle los diversos puntos del mensaje, al Dr. McGee le sonaron conocidos, pero no le dijo nada a su hija. Y después, ella le dijo: "¿Sabes una cosa, papá? tú en el día de hoy tal vez no seas capaz de hablar a los jóvenes, pero este joven predicador sí lo hace. Él puede comunicarse con los jóvenes y ellos le escuchan. Su iglesia está llena de personas jóvenes". Bueno, el Dr. McGee sencillamente sonrió. No quiso decirle a su hija que ese mensaje que este joven había predicado, era uno de sus propios mensajes, que él, como profesor, le había puesto como ejemplo en un curso sobre predicación. Pero a él le agradó mucho oír que este joven lo había presentado de esa manera tan atractiva. Seguramente su hija lo había escuchado de su propio padre alguna vez, pero no la había llamado la atención, porque su padre utilizaba un lenguaje propio de una persona de mayor edad. Y aquel joven había tomado los mismos puntos de ese mensaje, comunicándolo con nuevas palabras, con el vocabulario que la juventud emplea en la actualidad, de tal manera que a aquellos jóvenes les llegó al corazón de una forma más directa. Lejos de sentirse mal por esos comentarios y comparaciones, al Dr. McGee la noticia le trajo una gran alegría y pudo sentir exactamente como se habría sentido el apóstol Juan. Juan dijo que no podría haber recibido una alegría mayor que el saber que sus hijos espirituales progresaban en su desarrollo y madurez cristiana. El Dr. McGee recalcaba que al llegar al ocaso de la vida, se sentía de tan buen humor porque, sabía que su ministerio entre aquellos jóvenes, en los tiempos del Seminario, no había sido en vano y había producido un fruto espiritual tan abundante, en el cual él profesor había desempeñado un papel importante. Bien, continuemos con esta Tercera Epístola del Apóstol Juan, y en el versículo 5 dijo Juan:

"Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos"

Gayo era, evidentemente, uno de los hijos espirituales de Juan, uno de sus convertidos. Su conducta estaba acorde con su doctrina, y es algo muy bueno cuando esto ocurre.

Desde al versículo 5 hasta el 8, Juan elogió a Gayo por haber recibido y agasajado a los verdaderos maestros de la Palabra, En este punto, destacamos un claro contraste. En su segunda epístola, Juan advirtió en contra de recibir a los maestros falsos, pero en esta tercera epístola, el apóstol animó a los creyentes a recibir a los verdaderos hermanos en la fe. El que usted haya sido defraudado o engañado alguna vez, no debería ser un motivo para que usted ya no reciba más a los verdaderos creyentes en Cristo, amigo oyente. A veces algunos creyentes nos escriben contándonos cosas parecidas, en el sentido de que se han visto defraudados por el comportamiento de otros, que profesaban ser cristianos. En esto quisiéramos decir que algunos de nosotros nos hemos sentido desilusionados por acciones actitudes de otros que se llamaban cristianos, pero ello no fue un motivo para que nos apartáramos de una congregación, o para que dejáramos de apoyar a ministerios o iglesias que realmente están llevando adelante la obra del Señor. Amigo oyente, ante aquello que es falso, aquello que le ha engañado, como ha sucedido con muchos otros, que han sido desilusionados y engañados por falsos hermanos, no permita que esa incidencia y experiencias tristes sean un impedimento para frenar su vida espiritual con Dios y para distanciarle de otros, evitando que desfrute del compañerismo con otros hermanos en el seno de la iglesia. Tengamos en cuenta que Juan nos advirtió en su epístola anterior, que acabamos de estudiar, en su capítulo 2, versículo 7, que muchos engañadores han salido por el mundo. Y, ¿por qué no ser como este hombre Gayo, mencionado aquí en esta tercera epístola que tenía discernimiento espiritual para distinguir a aquellos que eran verdaderamente creyentes? No deberíamos apoyar a nadie ni a nada, hasta que estemos seguros de que pertenece a la obra de Dios. Tenemos que asegurarnos que la Palabra de Dios esté siendo predicada y difundida. Al hablar de este tema, Juan estaba tocando asuntos muy vigentes en aquellos días y, a través de la historia, también de mucha actualidad en nuestra época, en la cual hemos advertido que las sensibilidades de los creyentes se han visto perturbadas por las acciones de personas que profesaban ser cristianas. Pero recordemos que en el versículo 5, Juan estaba animando a Gayo por haber sido servicial con quienes, aun no conociéndoles, eran hermanos en la fe, Hablando de ellos, el apóstol continuó diciendo en el versículo 6:

"Los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje."

Estos hermanos aludidos en estos dos últimos versículos posiblemente habían regresado de un viaje y llegaron a su iglesia, la iglesia del apóstol Juan. Nos imaginamos que cuando los viajeros se reunieron con toda la iglesia para la adoración, Y entonces Juan, como habrían viajado con el propósito de evangelizar, les habría pedido que informaran a todos sobre el resultado de su viaje. Y todos habrían coincidido en que Gayo, después de comprobar la fidelidad de los miembros del grupo de viajeros a la Palabra de Dios y a su convivencia fraternal en amor, les abrió su corazón y su hogar. Y esas fueron las noticias que alegraron el corazón del anciano apóstol Juan. Así que habiendo escuchado de varias fuentes las mismas noticias le escribió a Gayo manifestándole su alegría por haber sido servicial con hermanos fieles al Señor que ni siquiera conocía.

Y en el mismo versículo 6 continuó diciéndole: Harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. En su segunda epístola, Juan dijo que si les daban la bienvenida a los maestros falsos, estaban participando en sus acciones. Pero aquí el apóstol dijo que si ayudaban a aquellos que verdaderamente estaban difundiendo la Palabra de Dios y que estaban viviendo el amor de una manera práctica, hacían bien. Esto es algo que todos realmente deberíamos estar haciendo. ¿Y por qué? Leamos la respuesta en el versículo 7, que dice:

"Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los no judíos."

Juan le escribió a Gayo que estos hermanos habían salido confiando en el Señor, sin haber recibido ninguna ayuda de los no judíos o paganos, y que él, Gayo, les había abierto su casa. Como ellos eran verdaderos, genuinos creyentes, los había recibido. Aquellos hermanos salieron de viaje haciendo un gran sacrificio, porque no recibían ningún sueldo, ninguna remuneración. Salieron habiendo depositado su confianza solo en el Señor y los hogares de los creyentes les fueron abiertos. En algunos lugares recibieron apoyo económico, y en otros, no.

Se recalcó en este versículo que los viajeros no recibieron nada de los no creyentes o paganos. Esta fue otra forma de probar a los que eran creyentes genuinos, y de identificar a los que no lo eran. Debemos darnos cuenta que hay personas sin escrúpulos que tratan de obtener dinero de cualquier persona que realice donaciones para cualquier causa. Si se acercan a solicitar ayuda, debemos preguntarnos si son personas desconocidas, al servicio de intereses propios tratando de obtener fondos de forma fraudulenta, o si son creyentes auténticos que están al servicio de la obra del Señor y de Su pueblo. Por otra parte, Juan dijo en este pasaje que los creyentes verdaderos no debían aceptar ninguna ayuda que proviniera de los no creyentes o paganos, o sea, de los incrédulos.

Esta no es una actitud de desprecio hacia ninguna persona u organización que, desinteresadamente quiera colaborar con alguna obra cristiana. Es más bien una muestra de respeto y sinceridad, y un intento de aplicar un principio Bíblico. Aquellos cristianos de la iglesia primitiva salieron a propagar su fe sin solicitar ninguna ayuda de los no creyentes. Respetamos y comprendemos la actitud de quienes hoy no están de acuerdo con la aplicación de este principio en todos los casos. Recordemos que en el Antiguo Testamento, cuando el arca de la alianza cruzaba el desierto, fue llevada sobre los hombros de los sacerdotes israelitas. Ni siquiera la colocaron sobre un carro. Dios había dispuesto que el arca fuera llevada únicamente por aquellos sacerdotes. Y los sacerdotes de Dios son hoy Sus creyentes. Cada creyente es un sacerdote. Y amigo oyente cristiano, usted y yo tenemos que llevar sobre nuestros hombros la tarea de difundir el nombre del Señor Jesús en el mundo. Siguiendo ese principio, no pedimos a los no creyentes que contribuyan a esta obra, sino a los creyentes, especialmente a aquellos que no solo creen en Cristo, sino que también creen que estamos exponiendo la Palabra de Dios en la actualidad. Creemos que este es el método bíblico de actuar, que hemos expuesto para enfatizar el ejemplo de aquellos primeros creyentes, que tuvieron la fe suficiente como para obedecer el llamado de Dios para extender el Evangelio por todo el mundo Romano y más allá de él, sabiendo que quien les había llamado, impulsaría a otros cristianos para colaborar y contribuir a sus necesidades personales.

Otra vez tenemos que repetir que en el caso de esta tercera epístola de Juan nos encontramos nuevamente ante una epístola muy breve, pero que contiene principios de tremendos alcances por sus implicaciones y aplicaciones prácticas para la iglesia de nuestro tiempo.

Recordemos que cuando comenzamos a estudiar la Tercera Epístola del Apóstol Juan, dijimos que íbamos a conocer a tres personajes. El primero de ellos fue Gayo. a quien hasta ahora hemos venido examinando. Nos quedan entonces dos personajes más, y nos referimos a Diótrefes y a Demetrio. Como veremos más adelante, este grupo de tres presentó un gran contraste de personalidades. Pues bien, en nuestro próximo programa hablaremos de Diótrefes, que fue un personaje caracterizado por su despotismo, en su manera de buscar únicamente para sí mismo, un lugar de preeminencia y autoridad, aunque fuera anulando a otros creyentes de su tiempo y no aceptando la autoridad del apóstol Juan; autoridad que había sido otorgada por el mismo Señor de los apóstoles.

Amigo oyente, nuestro tiempo ha llegado a su fin y le agradecemos que nos haya escuchado en la exposición Bíblica que hemos llevado a cabo. Como esperamos encontrarnos de nuevo por esta misma frecuencia, le sugerimos leer los restantes versículos de esta Tercera Epístola del Apóstol Juan que estamos estudiando, para que esté más familiarizado con su contenido y pueda sacar el mayor provecho posible de este estudio.

Finalmente, le animamos a que nos escriba, no solo para plantearnos sus dudas o preguntas sobre esta etapa que abarca las 3 epístolas del apóstol Juan, sino también para contarnos su propia experiencia personal con Dios al recorrer estos pasajes de la Biblia que, escritos hace tantos años, tienen una relevancia especial para nuestros días. Es que el corazón humano no cambia con el transcurso de los siglos, así como también permanecen inalterables los problemas de convivencia en la sociedad en general, y particularmente, en algunas comunidades cristianas. Además, el contacto con nuestros oyentes es indispensable para nuestra labor, que nos exige dirigirnos a personas que no estamos viendo y cuyas necesidades espirituales desconocemos. Y si tiene usted un motivo de oración por algún problema personal, familiar o de otro tipo, le rogamos nos lo comunique para que podamos orar por usted o simplemente unirnos a sus ruegos para que Dios traiga paz, alivio, y guía a su vida. Nos despedimos, pues, hasta nuestro próximo encuentro.

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