Estudio bíblico de Nahum 3:7-19

Nahum 3:7-19

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido bíblico y llegamos a nuestro último estudio en esta pequeña profecía de Nahúm. Estamos viendo aquí en este último capítulo, el capítulo 3, una descripción muy intensa que se nos presenta de la destrucción de la ciudad de Nínive. Usted debe recordar que cuando esta profecía fue dada, era algo profético. No era un relato histórico de lo sucedido. Pero el relato histórico se conforma a este relato, y por cierto que puede ser profético al aplicarlo a nuestras propias naciones en el presente.

Ahora, como vimos en nuestro mensaje anterior, Dios utilizó un lenguaje muy duro al describir a Nínive, y dijo que Él iba a mostrar a todas las naciones la vergüenza, la inmundicia, y lo vil de esa gran civilización, para que todo el mundo pudiera observar su miserable condición humana y espiritual. Era el fin de ese gran imperio asirio. Y en el versículo 7 de este capítulo 3 de Nahúm, leemos lo siguiente:

"Todos los que te vieren se apartarán de ti, y dirán: Nínive es asolada; ¿quién se compadecerá de ella? ¿Dónde te buscaré consoladores?"

Dios se estaba preguntando aquí "¿Dónde voy a encontrar alguien que lamente, que muestre dolor por lo sucedido a esta ciudad?" Nadie se iba a acercar a sus restos para lamentarse ante su caída. Era una situación de aislamiento muy triste. Era como un gigantesco funeral en la más absoluta soledad. Quizás algunos de nosotros habremos pasado por una situación en la cual hemos asistido a un velatorio en un tanatorio, y nos encontramos con la desagradable experiencia de que el que ha partido a la presencia del Señor no tenía familiares y sólo unos pocos amigos están presentes. Esa situación nos demuestra las consecuencias inevitables de la soledad y el aislamiento a que esa persona, involuntaria o voluntariamente, se sometió en esta vida, sin relaciones afectivas verdaderas, y sin realizar ninguna obra hacia los demás que pudiera haber sido recordada con cariño y gratitud. Volviendo a nuestro pasaje, Dios ya anticipó, por medio del profeta Nahúm, que la única respuesta a aquella tragedia sería la alegría y satisfacción de todo el mundo, de los pueblos que habían sido masacrados y oprimidos por los Asirios, y cuya agresividad y brutalidad costaron grandes sufrimientos y la pérdida incalculable de vidas. Cuando Dios transmitió este mensaje a través del profeta, nadie lo habrá creído; solo Nahúm lo aceptó por la fe y así sucedió, como Dios lo había prometido. Y así fue como aquel pueblo cruel tuvo que soportar el resultado de sus ofensas al Dios vivo y verdadero, y a su desprecio total por la vida humana y la dignidad de las personas. Otra vez se cumplió esa famosa sentencia del libro de los Gálatas 6:7, que establece que cada uno cosecha lo que siembra. Es una de las leyes inexorables que encontramos en la Biblia, ya que la hemos visto cumplirse en la realidad, tanto a la vida de los individuos como en la experiencia de grandes naciones e Imperios a través de los siglos. Continúa diciendo el versículo 8:

"¿Eres tú mejor que Tebas, que estaba asentada junto al Nilo, rodeada de aguas, cuyo baluarte era el mar, y aguas por muro?"

Tebas era la gran capital del alto Egipto. En este sentido, citamos aquí un párrafo de un libro del Dr. Feinberg, que escribió extensamente sobre los libros de los llamados "Profetas menores". Dijo el citado profesor:

"Tebas fue la ciudad capital de los Faraones para las dinastías décimo octava hasta la vigésima. Tenía una arquitectura tal, que los griegos y los romanos la admiraban. Los griegos la llamaban "Diospolis" porque allí adoraban al equivalente egipcio de Júpiter. Estaba situada en ambos lados del río Nilo. En la ribera este, se encontraban los famosos templos de Karnak y Luzor. El primer poeta griego, Homero, la describió como teniendo cien grandes arcos o puertas. Sus ruinas cubren una superficie de unos cuarenta y tres kilómetros. Allí se rendía culto al principal dios de los Egipcios, llamado Amón, quien fue representado en algunas reliquias egipcias, como una figura con cuerpo humano, y cabeza de carnero. El juicio de esta ciudad impía e idólatra fue predicho por Jeremías, en su capítulo 46, versículo 25; y en Ezequiel capítulo 30, versículos 14 al 16. No-Amón o Tebas, estaba emplazada en una zona favorable, entre los canales del río Nilo, con este río actuando como una protección natural. El Nilo presenta el aspecto de un mar cuando anualmente desborda sus riberas. La ciudad de Nínive podría contemplar su propia suerte en lo que sucedió con No-Amón o Tebas, porque esta ciudad no era mejor a los ojos de Dios desde un punto de vista espiritual y moral, que la poderosa capital egipcia". Hasta aquí la cita del Dr. Feinberg.

Dios estaba diciendo que el destino de la ciudad de Tebas debería haber sido un ejemplo para el Imperio Asirio. Porque fueron precisamente ellos, los Asirios, los destructores de Tebas, una gran ciudad que parecía inexpugnable. Parecía que nadie podía conquistarla, pero los Asirios la tomaron y destruyeron. Por ello éste debería haber sido un ejemplo para Asiria; Dios había juzgado a Tebas y en este pasaje estaba explicando los motivos que también tenía para juzgar a esa ciudad. Es que, como hemos dicho en otras ocasiones, el gobierno supremo de Dios actúa también hoy entre los gobiernos de este mundo.

Cuando se dice que la ciudad estaba rodeada de aguas, se estaba refiriendo el profeta a la estación de las lluvias, en la que el río Nilo desbordaba su cauce y ofrecía el aspecto de un gran mar. La ciudad estaba construida de tal forma que en el período de las inundaciones, ella no se inundaba en absoluto. Más bien, el agua la proporcionaba una protección natural ante los potenciales invasores. Por ello escribió Nahúm que su baluarte era el mar, y tenía a las aguas por muro. Continuemos leyendo el versículo 9 de este tercer capítulo de Nahúm:

"Etiopía era su fortaleza, también Egipto, y eso sin límite; Fut y Libia fueron sus aliados."

Éstos eran los aliados de la ciudad de Tebas, que estaban situados alrededor de ella. Habiendo sido por un tiempo la capital del Imperio Egipcio, y estaba convencida de que nunca podría caer, porque tenía un gran desierto a ambos lados; el río Nilo la protegía, y tenía aliados por el norte y por el sur. ¿Cómo podría alguien quebrar semejantes defensas? Bueno, los Asirios lo lograron, pero como estamos leyendo, ellos también, que se consideraron invencibles, a su tiempo, cayeron estrepitosamente. También en la actualidad hay naciones que tienen un potencial nuclear en armas de ataque y defensivas, y piensan que son lo suficientemente capaces como para protegerse a sí mismas y desencadenar un ataque contra otros. Pero cuando llega el momento en que Dios interviene, ese panorama de seguridad pone en evidencia sus fallos y esa nación comienza a perder su influencia. Amigo oyente, la mejor defensa para cualquier país estaría basada en un retorno espiritual a Dios, un reconocimiento de Su autoridad en su gobierno o, al menos, un respeto y aplicación de los valores éticos y morales de la Biblia. Ha habido y hay grandes gobernantes que no son cristianos, pero de todas formas tienen un gran respeto por los principios morales de la Palabra de Dios y los tienen en cuenta en muchas de sus decisiones y en su ética personal. Desgraciadamente, muchos usan la etiqueta de cristianos, pero su vida y costumbres contradicen las normas espirituales de la Palabra de Dios. Con demasiada frecuencia tenemos la evidencia de que, según los medios de difusión, cada vez se descubren nuevos casos de corrupción y novedosas formas de obtener ganancias indebidas. Y después, cuando surgen períodos de crisis económicas o catástrofes naturales, esas personas responsabilizan a Dios, o le piden protección ante la adversidad. Esta actitud podría calificarse como de hipocresía, y hemos de reconocer que se pone en evidencia fácilmente, porque la persona vive con una frágil fachada honorable, al mismo que quebranta la ley humana, ley que ha sido determinada por los representantes democráticos de los ciudadanos y, en muchos casos, ha sido permitida por Dios ¿Piensa usted que Dios va a pasar por alto el castigo? ¿Somos acaso algo especial nosotros que nos coloca en un nivel superior de calidad humana? Cuando despreciamos los principios que Dios ha establecido, no podemos al mismo tiempo esperar la bendición de Dios. Ni a nivel personal, ni como pueblo. Ahora, Dios dijo aquí en el versículo 10 de este capítulo 3 de Nahúm:

"Sin embargo ella fue llevada en cautiverio; también sus pequeños fueron estrellados en las encrucijadas de todas las calles, y sobre sus nobles echaron suertes, y todos sus grandes fueron aprisionados con grillos."

Eso fue lo que Asiria, lo que Nínive había hecho al desatar su violencia contra los habitantes de Tebas, y entonces les estaría sucediendo pronto a ellos. Otra vez tenemos aquí la ya citada ley de la siembra y la cosecha de Gálatas 6:7. Y en el versículo 11 de este capítulo 3 de Nahúm, leemos:

"Tú también serás embriagada, y serás encerrada; tú también buscarás refugio a causa del enemigo."

Ellos estaban buscando alivio o una evasión por medio de la bebida, pero ese descontrol no les iba a resultar de ninguna ayuda. De la misma manera, este desahogo momentáneo tampoco contribuye a aliviar las tensiones de nuestro tiempo y, además, deteriora gravemente la salud física y el funcionamiento de la mente. Y en el versículo 12 leemos:

"Todas tus fortalezas serán cual higueras cargadas de brevas, que si las sacuden, caen en la boca del que las ha de comer."

Creemos que si usted ha visto de cerca una higuera, se puede dar cuenta de lo que se está hablando aquí; cuando las higueras están maduras, todo lo que uno tiene que hacer es sacudir las ramas y los higos caen. Y ésta es aquí la ilustración. Esta ilustración nos ayuda a visualizar que las defensas que ellos tenían eran una pura apariencia, y que en el momento en que se acercara el enemigo, éste pasaría sobre ellos con gran violencia, como si no estuvieran allí. Y continuó diciendo en el versículo 13:

"He aquí, tu pueblo será como mujeres en medio de ti; las puertas de tu tierra se abrirán de par en par a tus enemigos; fuego consumirá tus cerrojos."

Aquí parece que ante la audacia de los atacantes, los feroces soldados Asirios que protegían la ciudad perdieron su valor y estarían actuando con la debilidad e indefensión que caracterizaba la vida de las mujeres de aquella época. A causa de los efectos destructivos de la inundación de la ciudad, como hemos visto en el capítulo 2:6, donde decía "Las puertas de los ríos se abren y el palacio es destruido", los soldados atacantes fueron capaces de entrar en el recinto amurallado y entonces los defensores no tuvieron otro recurso que provocar incendios y huir en dirección a la parte interior de la ciudad. Ahora, en el versículo 14 de este capítulo 3 de Nahúm, podemos leer:

"Provéete de agua para el asedio, refuerza tus fortalezas; entra en el lodo, pisa el barro, refuerza el horno."

Es decir, que ellos iban a comenzar a trabajar a toda prisa en los últimos momentos. Iban a tratar de hacer más ladrillos para su fortaleza. Por otra parte, calentarían el agua, la transportarían a lo alto de la muralla, y desde allí vaciarían grandes cubos con agua hirviendo sobre los atacantes que se encontraban escalando los muros. Y ahora, el versículo 15 dice:

"Allí te consumirá el fuego, te talará la espada, te devorará como pulgón; multiplícate como langosta, multiplícate como el saltamontes."

En otras palabras, el profeta predijo que ellos tratarían de traer refuerzos. Pero ello no les iba a ayudar para nada. En el versículo 16, el profeta continuó escribiendo:

"Multiplicaste tus mercaderes más que las estrellas del cielo; la langosta hizo presa, y voló."

Esta descripción nos muestra como el comercio había llegado a incrementar sus reservas y riquezas, porque además de haber despojado y atesorado en sus guerras las riquezas de otros pueblos, eran ellos mismos hábiles comerciantes, aprovechándose de su influencia como gran Imperio. Los grandes recursos económicos suelen hacer que una nación se sienta segura de sí misma, pero las recesiones y crisis, por la rapidez con que se propagan en esta era del auge de la informática, pueden terminar rápidamente con una sociedad del bienestar y de consumo, y ese mal puede afectar igual y casi simultáneamente a varias naciones, desencadenando una grave situación mundial. Para los Asirios, así sucedería. Leemos aquí en el versículo 17:

"Tus príncipes serán como langostas, y tus grandes como nubes de langostas que posan sobre las cercas en día de frío; salido el sol se van, y no se conoce el lugar donde están."

Es decir, que los líderes, cuando llegara la ocasión, podrían escapar, aunque sólo por un tiempo. El versículo 18, añade:

"Durmieron tus pastores, oh rey de Asiria, reposaron tus valientes; tu ejército se dispersó por los montes, y no hay quien lo junte."

O sea que, el liderazgo de la nación se desintegraría hasta tal punto que ya resultaría imposible dirigir al imperio. Al hablar hoy de la falta de liderazgo no nos estamos refiriendo a ningún partido político ni ninguna asociación que persiga fines similares. Porque la falta de liderazgo se observa en todos los niveles en que existan puestos de autoridad. Ello suele ser un obstáculo para el progreso e integración de los pueblos. O sea que la falta de liderazgo, entre otros factores, puede provocar la decadencia de una nación. En el caso de Asiria, éste fue uno de los factores que abatió a aquel imperio.

Así que lo que estamos leyendo sobre aquella nación, bien pudiera aplicarse a nosotros. ¿Estamos realmente escuchando la voz de Dios? Parece que muchos que deberían estar haciéndolo no le prestan prácticamente ninguna atención. La historia nos ha demostrado la debilidad de los poderes humanos cuando las personas y los pueblos se alejan de Dios, rechazando al Señor Jesucristo que es el Príncipe de Paz, el Salvador del mundo.

Escuchemos ahora, las palabras finales de Dios en este libro de Nahúm. El profeta pronunció estas palabras con la connotación de un carácter definitivo, irreversible y dogmático. Leamos entonces, el versículo 19 de este tercer capítulo de Nahúm:

"No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable; todos los que oyen acerca de ti aplauden tu ruina, porque ¿sobre quién no ha pasado continuamente tu maldad?"

Resumiendo entonces, diremos que el pueblo Asirio había pecado y continuaría pecando, hasta convertir su maldad en un modo normal de vida. Cuando muchos apuntan a Dios con un dedo acusador diciendo que Él está equivocado, porque permite el mal y no hace nada en cuanto a él, Dios responde que hará algo al respecto. Amigo oyente, usted puede observar a su alrededor las injusticias que ocurren en nuestro mundo, pero aunque usted no lo perciba o comprenda, Dios está actuando en medio de este estado de cosas. Dios es justo. Él fue un Dios de amor aun cuando destruyó la capital de aquel malvado y cruel imperio cuyos ciudadanos, con toda seguridad no actuaban como seres humanos, inconscientes del hecho de que estaban exterminando a otros pueblos, al mismo tiempo que se estaban destruyendo a sí mismos.

Llegamos así al final de nuestro estudio de esta breve pero importante profecía de Nahúm.

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