Estudio bíblico de Habacuc 2:4-12

Habacuc 2:4-12

Continuamos hoy, amigo oyente, recorriendo este libro de Habacuc. En nuestro programa anterior, consideramos un versículo durante todo el espacio que tuvimos disponible. Es decir, que prácticamente dedicamos todo nuestro estudio por radio al versículo 4 de este capítulo 2 de Habacuc. Ahora, todavía no hemos terminado de considerar lo que este versículo nos enseña. Pensamos que presenta un tema tan extenso que abarca toda la Escritura y señala una gran base de la Biblia para la salvación que Dios provee. Este versículo 4 dice:

"He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá."

Aquí se nos presentan dos tendencias de la humanidad. Mejor dicho, este versículo divide a la humanidad en dos grupos. Uno de los grupos está compuesto por personas que están viviendo basadas en sus propias fuerzas, en su propia habilidad y recursos, lo cual implica la presencia del orgullo. Piensan que sus propios méritos las hacen aceptables ante Dios. En realidad, algunas de estas personas podrían dar la impresión de que Dios se complace en poder contar a su lado con personas como ellas, lo cual, por supuesto, no es cierto, aunque ellas, en realidad, en su interior piensan que es así. Y éste es un camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte (como podemos leer en Pro. 14:12). Éste es el camino que conduce a la destrucción. Y aquí el profeta ofreció la imagen de un ser humano, simplemente lleno de orgullo, cuya alma no es recta ante Dios. Y esto es precisamente lo que le lleva a la destrucción.

El Señor Jesucristo presentó estos dos caminos. El otro, es el camino de la fe, y se explica en la frase "El justo por la fe vivirá". Es decir, que esa persona ha recibido vida, vive su existencia impulsada por la fe, y entrará a la eternidad por medio de la fe en su Salvador y Señor, no basándose en su propia habilidad, ni en la fortaleza o en la habilidad de otra persona.

El Señor Jesucristo lo expresó de la siguiente manera, en el capítulo 7 del evangelio según San Mateo, versículo 13, donde dijo: "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición", y el punto realmente sobresaliente fue expresado por el Señor de la siguiente manera: "y muchos son los que entran por ella". Este fue llamado el camino ancho. Y aquí podríamos compararlo a un embudo. El camino es muy amplio donde uno entra, espacioso, pero uno llega solamente a un lugar, que es la destrucción. Y ésa es la historia del pecador. Es como cuando uno se acerca a un paso muy estrecho o a una garganta profunda entre dos altas montañas. Uno puede estar en un lugar amplio, pero a medida que se acerca a estas dos montañas, el camino se hace cada vez más angosto. Esta es la imagen que tenemos aquí. El camino es muy amplio a la entrada. Pero se va haciendo cada vez más angosto y finalmente, termina en la destrucción.

Hablando en cuanto al otro camino, el Señor Jesucristo también dijo: "Porque estrecha es la puerta". Ahora, en este caso, la puerta es muy angosta; y es angosta y estrecha en el sentido de que el Señor Jesucristo mismo dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí". (Juan. 14:6). Vemos que la entrada ha quedado limitada nada más que a Él, a una persona. Él es el camino. Él no solo muestra el camino. Él es el camino. Y, amigo oyente, o usted tiene a Cristo, o no lo tiene. O usted confía en Él, o no confía en Él. Y eso no tiene nada que ver con realizar cierta ceremonia, o con el prometer hacer ciertas cosas, o a expresar un testimonio de fe públicamente en un servicio religioso, o algo por el estilo. Ni siquiera está relacionado con el unirse formalmente a una iglesia. Tiene que ver con su relación personal con Cristo Jesús. Esta es la razón por la cual esta puerta es estrecha. Dios ha limitado al mundo a una cruz, y Él pregunta a cada ser humano: "¿Qué harás con mi Hijo que murió en la cruz por ti?" Como está escrito en Mateo 7:14, "Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan". Recordando la comparación o ilustración anterior, podemos notar que ese embudo ha sido invertido. Uno entra por la parte angosta. Cristo es el camino. Pero al entrar por Él, uno ve que el sendero no se hace cada vez más angosto, sino que, por el contrario, se amplía. Conviene recordar que el Señor Jesucristo dijo: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia". (Juan. 10:10). Amigo oyente, ésa es la libertad que recibe la persona que es salva.

Ahora, tomemos a dos clases de personas, y en este pasaje de las Escrituras que vamos a considerar; tenemos por un lado al hombre que, sin darse cuenta, se ha implicado de manera constante en el uso de las bebidas alcohólicas, o en las drogas. Él dice que uno puede beber o dejar de beber cuando quiera; pero eso lo dicen muchas personas que, en realidad, ya no quieren dejar de beber o drogarse. Esta clase de personas, al fin, llegan a descubrir que se encuentran en un camino del cual no pueden salir, y la única alternativa que pueden encontrar es la de implicarse cada vez más en abusos que poco a poco a poco van destruyendo su salud.

Por otra parte, tenemos al creyente. Él pasó por la puerta estrecha, y confió en Cristo como su Salvador. Esta persona debe continuar avanzando por ese camino, en el cual todas las dimensiones se van ampliando. Ahora, Si usted quiere vivir realmente una vida de calidad espiritual, una vida cada vez más abundante, entonces tiene que continuar, por la fe, creciendo en el conocimiento de Cristo. Esta es la maravilla y la gloria de este versículo que tenemos aquí. No nos sorprende entonces que estas palabras sean la base o el fundamento que se encuentra en la base de las epístolas a los Romanos, a los Gálatas, y también a los Hebreos.

Ahora, esto fue lo que Dios le había dicho al profeta Habacuc. Él le dijo: "Tú tienes algunas preguntas, y yo las he contestado. Esto no te ha complacido totalmente. Pero tú puedes confiar en mí. Tú puedes confiar en que lo que yo he hecho en el pasado ha sido lo correcto. Y lo que estoy haciendo en el presente, también es correcto. Y tú puedes confiar en mí, porque lo que voy a hacer en el futuro, será algo correcto y apropiado, porque Yo estoy en control del presente, y del futuro". Ahora, con eso en mente, amigo oyente, podemos todos formularnos la famosa pregunta expresada por el apóstol Pablo en su carta a los Romanos 8:28: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios?" ¿Quién puede acusarnos si hemos confiado en Cristo? Porque, también añadió el apóstol: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados."

Por lo tanto, Dios le estaba diciendo a Habacuc, que Él se encargaría de los babilonios oportunamente. Él señaló aquí la base sobre la cual Él los iba a juzgar. Dios le estaba diciendo: "Dame tiempo y Yo me ocuparé de ellos; Yo voy a utilizarlos a ellos ahora para juzgar a mi pueblo. Pero después, les juzgaré a ellos también, y los juzgaré en una base justa y santa. Y estaré justificado en lo que haga". Tenemos ahora cinco lamentos o "ayes" que presentó el profeta aquí, de forma sintomática y ordenada como cualquier tema que uno puede encontrar en las Escrituras.

Se nos dice que los próximos dos capítulos de Habacuc, este segundo y el tercer capítulo, son como un Salmo. Y realmente, cada uno de ellos, debe considerarse como un Salmo. Hasta se les podría poner música. Escuchemos lo que Habacuc dijo en el versículo 5. El profeta estaba hablando aquí en cuanto a los babilonios. Y ellos, en este momento, no eran la gran nación que llegarían a ser más adelante en la época del profeta Daniel. Aquí tenemos la primera acusación: que ellos se habían dejado controlar por el vino, destacando también que el hombre de Babilonia era un hombre muy orgulloso. Leamos este versículo 5, que dice:

"Y también, el que es dado al vino es traicionero, hombre soberbio, que no permanecerá; ensanchó como el Seol su alma, y es como la muerte, que no se saciará; antes reunió para sí todas las gentes, y juntó para sí todos los pueblos."

Babilonia llegó a ser la primera gran potencia mundial. Este era el objetivo que ellos estaban buscando. Y esto fue lo que llegaron a ser. Y esta ha sido la filosofía de muchas grandes naciones alrededor del mundo, la de actuar con el mismo propósito, de que algún día llegaran a gobernar al mundo entero. Algunas naciones lo han intentado interviniendo en los asuntos internos de varios países, cuando no deberían haberlo hecho. Ellos tenían una filosofía que los llevaba a creer que su destino era gobernar a todo el mundo. Pensaban que eran capaces de hacerlo. Y se llenaron de orgullo. Y, entre otros pecados, eran culpables de este pecado de la embriaguez.

Ya hemos visto esta situación en varias ocasiones. La encontramos cuando estudiábamos los libros de Amós y Joel, y también estaba expresada en el libro de Nahúm; y ahora, otra vez aquí en Habacuc: se describió a una sociedad controlada por la embriaguez y otras prácticas o costumbres relacionadas con ella, y fue un factor importante en la caída de grandes naciones. Nahúm presentó de una manera muy clara, que fue la embriaguez y sus consecuencias, lo que hizo caer a Asiria. También fueron los mismos factores los que obligaron a Dios a enviar al reino del norte a la cautividad. Y Habacuc estaba diciendo aquí que era la embriaguez lo que haría que Dios destruyera totalmente a ese gran reino babilónico. Es decir, que la embriaguez y sus tremendas secuelas en la mente y en las acciones de gobernantes y gobernados de un pueblo, conducía a pueblos enfermos a su propia destrucción.

Eso fue lo que caracterizó a Babilonia. Y si usted lee el capítulo 5 del libro de Daniel, el cual estudiamos no hace mucho tiempo, recordará que el rey Belsasar hizo una fiesta. Y ésa fue la noche en que cayó Babilonia. ¿Por qué? Porque tanto el rey como sus príncipes estaban todos dominados por los efectos de la bebida, en una noche de desenfreno y embriaguez, aunque ellos se sentían completamente seguros dentro de su ciudad. Ah, pero eso fue un factor importante en la caída de Roma. Cerca de la ciudad de Roma, a unos 25 kilómetros en la costa, se encuentra la localidad de Ostia, en la desembocadura del río Tiber. Ésa era una localidad que los romanos utilizaban para divertirse. Las ruinas en ese lugar revelan que los romanos se entregaban allí al desenfreno, la embriaguez, y a toda clase de vicios. Y esta desintegración de la sociedad los debilitó ante sus enemigos y provocó la caída de ese imperio.

¿Cuánto tiempo puede durar una nación en esa situación? Fue como si Dios le hubiera dicho a Babilonia: "Ese es tu problema. Tu descontrol, desenfreno y embriaguez te ha llevado al orgullo, a la soberbia y te ha hecho como el Seol, como la muerte, que quiere devorarlo todo". Recordemos que en el libro de Proverbios, capítulo 30, versículos 15 y 16, dice: "La sanguijuela tiene dos hijas que dicen: ¡Dame, dame! Tres cosas hay que nunca se sacian; y aun la cuarta nunca dice: ¡Basta! El Seol, la matriz estéril, la tierra que no se sacia de aguas, y el fuego que jamás dice: ¡Basta!" Y Habacuc estaba utilizando aquí la misma expresión, diciendo que muchas personas nunca llegan a saciarse, que son como el Seol, que nunca está satisfecho. Que siempre quiere seguir ensanchando sus límites. Siempre siguen expandiéndose, y nunca llegan a quedar satisfechos.

Amigo oyente, en algunas épocas, los negocios tienen que expandirse, ya sea en tiempos de prosperidad, o incluso de recesión, para poder sobrevivir. Cada año tiene que ser mejor que el anterior. Pero recordemos estas palabras: "Como el Seol, y es como la muerte, que no se saciará". Y eso es lo que impulsa la vida de muchas personas en el presente. Eso fue lo que hizo caer a Babilonia. Dios dijo que Él los estaba juzgando a ellos por esta conducta destructiva. Ahora, el profeta presentó aquí estos cinco lamentos, estos cinco "ayes", de manera específica. Y en el versículo 6, leemos:

"¿No han de levantar todos éstos refrán sobre él, y sarcasmos contra él? Dirán: ¡Ay del que multiplicó lo que no era suyo! ¿Hasta cuándo había de acumular sobre sí prenda tras prenda?"

Estas palabras aparentemente tienen que ver con el firmar una garantía. Una cosa es comprar una propiedad y pagar por ella, pero otra cosa bien diferente, es apoderarse de ella por la fuerza. El primer "ay" o lamento es un proverbio sarcástico contra Babilonia de parte de Dios contra esta nación por querer más y por la ambición de apoderarse de aquello que no le pertenecía, despojando a otros pueblos más débiles.

Amigo oyente, Dios ha dispuesto que en el presente el hombre se gane la vida por medio del sudor de su frente, es decir, con su propio esfuerzo, y si usted no se está ganando la vida de esa manera, entonces alguna otra persona lo está haciendo por usted; porque usted no puede ganárselo de ninguna otra forma. La forma en que Babilonia quería enriquecerse consistía en que otra persona hiciera el trabajo. Así que se apoderaban de otros pueblos por la fuerza, para apropiarse de su mano de obra y recursos económicos. Y este es el primer lamento que tenemos aquí, el primer "ay". Dios dijo que Él los va a juzgar por esos tremendos abusos. Él quería que supiéramos que Él es recto y justo en actuar de esa manera. Y aquí en el versículo 7, leemos:

"¿No se levantarán de repente tus deudores, y se despertarán los que te harán temblar, y serás despojo para ellos?"

Dios estaba diciendo: "¿No sabes acaso que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará? Tú le vas a quitar algo a alguna nación, y alguna otra nación, después te lo va a arrebatar a ti". Y así fue como los medos y los persas, llegaron a ser una gran nación, y con el tiempo se apoderaron de Babilonia. Ellos, de forma astuta, llegaron de noche, mientras las autoridades estaban dedicadas a sus placeres, desviaron las aguas del río Éufrates que pasaban a través de la ciudad, y por allí se introdujeron los ejércitos y la destruyeron.

Amigo oyente, usted sabe que el ser humano es, por naturaleza, cruel y codicioso. Y llegamos así al final del primer lamento, aquí en el versículo 8, que nos describe las consecuencias, y dice:

"Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán, a causa de la sangre de los hombres, y de los robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que habitan en ellas."

Y en el versículo 9, tenemos el segundo lamento, el segundo "ay" o lamento;

"¡Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para poner en alto su nido, para escaparse del poder del mal!"

Ahora, debemos decir que debemos codiciar, es decir, en el sentido de anhelar tener las cosas mejores, los mejores dones espirituales. Creemos que un creyente debería tener el deseo de querer agradar a Dios. Nos referimos a esa clase de deseo. Pero lo que se menciona aquí por supuesto, era algo malo, porque consistía en codiciar aquello que no le pertenecía a aquel pueblo. El codiciar la propiedad del vecino, codiciar la esposa del vecino; codiciar la riqueza del vecino, está prohibido en la Biblia. Y a continuación leemos aquí en los versículos 10 y 11 de este capítulo 2 de Habacuc:

"Tomaste consejo vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu vida. Porque la piedra clamará desde el muro, y la tabla del enmaderado le responderá."

Recordemos lo que sucedió cuando los fariseos querían que el Señor Jesucristo hiciera callar a las multitudes, aquel día en que Él estaba entrando a Jerusalén de manera triunfal. La multitud alegre daba grandes voces por todas las maravillas que había visto. Y el Señor respondió que si ellos se callaban, - es decir, que si la multitud se callaba - entonces las piedras clamarían. En el evangelio según San Lucas, capítulo 19, versículos 39 y 40, leemos: "Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaran, las piedras clamarían". Y la persona de Jesús y su mensaje se difundirían de las más variadas maneras por todas partes, aunque Sus testigos enmudecieran. Y así llegamos al tercer "ay" que se menciona aquí en el versículo 12 de este capítulo 2 de Habacuc, donde leemos:

"¡Ay del que edifica la ciudad con sangre, y del que funda una ciudad con iniquidad!"

Esta escena nos describe el asesinato y el robo, utilizando el crimen y la violencia. Ese es el método que Babilonia estaba utilizando para la destrucción. Y era el método de la guerra.

Amigo oyente, si de manera objetiva observamos a la humanidad en su historia, podemos llegar a la conclusión de que el ser humano sufre de ciertas formas de enajenación, por la forma en que ha vivido en esta tierra, por la manera en que se comporta. Se ve controlado por el pecado, tiene una naturaleza pecaminosa. Así es que, ni siquiera puede dirigir su propio camino en la vida, de modo que siempre piensa que está haciendo lo correcto. Y nunca ha habido una guerra donde los que en ella luchan, no hayan pensado que no estaba justificada. Amigo oyente, en este pasaje Bíblico tenemos la condenación de Dios para Babilonia, y aquella lejana situación del pasado, la podemos aplicar a nuestra propia época, no importa en qué parte del mundo nos encontremos.

Bien, amigo oyente, vamos a detenernos aquí por hoy, y continuaremos con nuestro estudio en nuestro próximo programa. Mientras tanto, le recomendamos leer todo este capítulo 2 de la profecía de Habacuc para estar más familiarizado con su contenido y extraer de este estudio el mayor provecho posible. Le esperamos, pues, para proseguir juntos, compartiendo las enseñanzas que día a día nos va dejando este largo viaje "a través de la Biblia."

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