Estudio bíblico de Zacarías 1:1-7

Zacarías - Introducción 1:1- 6

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por el Antiguo Testamento y llegamos al libro de Zacarías. Tenemos delante de nosotros a un profeta a quien queremos llegar a conocer, y para ello nos ayudará saber algo de sus antecedentes. Es interesante, como en todos los nombres hebreos, el significado del nombre de Zacarías. Su nombre significa: "Jehová recuerda". Se nos relata que fue uno de los hijos de Berequías. Y Berequías era, a su vez, el hijo de Iddo, el profeta. Berequías significa "Jehová bendice", e Iddo significa "oportuno". Si unimos los significados de los tres nombres que se nos mencionan, encontramos un principio espiritual interesante: Dios recuerda, o se acuerda, de bendecir en el momento oportuno. Y esto es un pensamiento precioso que debemos tener en cuenta desde el inicio del estudio de este libro.

A través de estos nombres, y de los significados tan ricos que contienen, se nos sugiere el ánimo y el aliento que Dios quiso dar al remanente del pueblo de Israel que había regresado a Jerusalén, después de su cautiverio en Babilonia. Es decir, que Dios recordaba y bendecía en el momento oportuno. Eso lo hemos visto ya al considerar la profecía de Hageo.

Ahora, el Tárgumes judío declara que Zacarías fue muerto en el santuario y que el autor de este libro, Zacarías, era profeta y sacerdote a la vez. En el libro del profeta Nehemías, capítulo 12, versículo 4, Iddo es mencionado como uno de los príncipes de los sacerdotes. Por lo tanto Zacarías era uno de los principales de la familia sacerdotal. Por otra parte el historiador Josefo declaró que Zacarías, el hijo de Berequías, fue muerto en el templo. Y hay quienes identifican a Zacarías como el hombre que el Señor Jesucristo mencionó en el capítulo 23 del evangelio según Mateo. En el versículo 35 dice: "Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar". De modo que asumimos que éste es el hombre que escribió el libro que comenzamos hoy a considerar. Sólo nos resta recordar, en esta breve introducción, que hay entre 25 a 30 hombres con ese mismo nombre, Zacarías, que son citados en las Escrituras.

Antes de continuar, queremos referirnos brevemente a otro Zacarías que se menciona al principio del Nuevo Testamento. Es interesante que Zacarías casi concluye, por así decirlo, el Antiguo Testamento; su libro es el penúltimo libro del Antiguo Testamento; en el Nuevo Testamento, el relato más detallado de las circunstancias que rodearon el nacimiento de Jesucristo es el escrito de Lucas. Lucas comenzó su relato con la historia de Zacarías, el sacerdote, quien estaba sirviendo en el altar del incienso, cuando se le apareció un ángel. Su esposa se llamaba Elizabet. Después de haber transcurrido 400 años de silencio, Dios se presentó nuevamente. ¿Por qué? Porque Dios recuerda sus promesas, amigo oyente. Y Zacarías, el sacerdote, fue la primera persona que recibió palabra de Dios por medio de un ángel, un mensajero celestial. Todas estas consideraciones nos hacen ver que Zacarías fue una persona muy importante, cuyo mensaje y vida debemos tener en cuenta.

Hemos visto con anterioridad el hecho de que Zacarías fue contemporáneo de Hageo, aunque era más joven que el profeta Hageo. ¿Cómo sabemos esto? Lo sabemos por la propia declaración que realizó Zacarías en el capítulo 2, de su libro, versículo 4:

"Y le dijo: Corre, habla a este joven, diciendo: Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganado en medio de ella."

El joven al que se refirió en esta cita es él mismo. Por lo tanto, llegamos a la conclusión de que Hageo era mayor que Zacarías. El libro que Zacarías escribió tiene las características típicas de un relato apocalíptico. Las visiones que Zacarías tuvo son semejantes a las que aparecen en los libros de Daniel y Apocalipsis. Al comparar las vidas y relatos de los escritores apocalípticos hay algunos extremos interesantes a destacar. Daniel nació en la tierra de Israel, pero él escribió su libro lejos de su tierra, en concreto en Babilonia. Zacarías nació fuera de la tierra de Israel, probablemente cerca de los canales de Babilonia, pero él escribió su libro en Israel. Daniel, Ezequiel y Juan, escribieron sus libros lejos de la tierra de Israel, y todos ellos escribieron libros que se asemejan a un relato apocalíptico. Sólo Zacarías se encontraba en Israel, cuando escribió su mensaje apocalíptico. En los días de desaliento que cubría el remanente del pueblo de Israel que permaneció en su tierra, Zacarías pudo ver la gloria de Dios con una visión de esperanza. El libro de Zacarías contiene más profecías referentes al Mesías que ningún otro de los profetas llamados profetas menores. Antes de continuar con el estudio de este libro vamos a comentar un bosquejo que nos ayudará a comprender mejor los temas que trataremos.

Podríamos dividir el libro en tres partes. En la primera parte, que abarca los 6 primeros capítulos, tenemos los relatos apocalípticos, fruto de las diez visiones que recibió en una noche el profeta Zacarías, visiones que hablan del Mesías y del Milenio. La segunda parte es como un interludio histórico. Abarca los capítulos 7 y 8 del libro. Al igual que sucede en el libro de Hageo, hay una pregunta respecto a una práctica religiosa: el ayuno. ¿Qué es el ayuno? ¿Tiene algún valor? La respuesta la tendremos cuando consideremos los capítulos 7 y 8 de Zacarías.

Finalmente, en la tercera sección, se nos presenta el mensaje profético. En este caso concreto, con el énfasis de una profecía de juicio. Lo encontraremos en los capítulos 9 al 14. Veremos que hay dos profecías. En la primera profecía estudiaremos los aspectos relacionados con la primera venida de Cristo, y eso abarca los capítulos 9 al 11. La segunda profecía contiene los aspectos relacionados con la segunda venida de Cristo. Y esto está en los capítulos 12 al 14. Nos encontramos pues ante un libro de profundo contenido.

Hay un aspecto más a resaltar. Observaremos que el contenido de este libro revela un contraste directo con respecto al del profeta Hageo. Zacarías, como ya dijimos, fue un contemporáneo de Hageo. Ambos se conocían, y ejercieron su ministerio profético entre las mismas personas, durante el mismo período de tiempo. Pero veremos que las profecías difieren; son completamente diferentes. Es como si hubiesen sido escritas en distintas épocas. Pero son comunicadas a un mismo público, en la misma época, por un mismo mandato, que venía de Dios.

Hageo se preocupó por el estado del templo, de sus cimientos, de su restauración. Fue una persona muy práctica, con los pies bien asentados sobre la tierra. En contraste nos encontramos a Zacarías, quien al parecer sólo tuvo en su cabeza y mente, las visiones que vio, es decir, que no estaba tan cerca de los problemas terrenales, como Hageo. Y amigo oyente, Dios le escogió como apto para recibir diez visiones en una sola noche, y esto nos habla de la espiritualidad profunda de Zacarías. El libro de Zacarías, básicamente, es un libro sobre las visiones, mientras que el de Hageo es una guía muy práctica. Con todo, ambos hablaron de parte de Dios a la misma gente, en un mismo período de tiempo, y en relación con el mismo problema. Y Dios nos hablará hoy, a través del libro de Zacarías del mismo modo en que nos habló por medio del libro de Hageo, pero de una manera completamente diferente. Tenemos que reconocer que estos dos profetas se complementan a la perfección. Hicimos esa sugerencia cuando estudiábamos el libro de Hageo. Es de mucho provecho combinar lo práctico, el hombre pragmático, con el hombre de visión. A lado de toda persona que realiza trabajos prácticos, siempre es conveniente tener un complemento, es decir, a alguien con visión, que puede ofrecer otro punto de vista que la persona pragmático probablemente no habría considerado. Es por ello que, cuando consideramos conjuntamente ambos libros proféticos, el de Hageo y el de Zacarías, su estudio nos enriquecerá, porque se complementa perfectamente.

Este tipo de complemento me recuerda a una hermosa historia de ayuda mutua. Se cuenta que en África, un hombre que era ciego, conoció a otro hombre que no tenía piernas. El ciego le propuso un trato que el otro impedido aceptó. El ciego cargó sobre sus hombros al que no tenía piernas y aquel que no tenía piernas, llegó a ser los ojos para el ciego que le cargaba. Así es como se ayudaban mutuamente. Uno miraba, y dirigía los pasos del que le cargaba por el camino correcto, mientras el otro andaba, a pesar de no tener la facultad de la vista.

Así podríamos considerar la manera en cómo se complementaban Hageo y Zacarías. En el versículo 1 del primer capítulo de Zacarías tenemos la introducción. Se nos dice:

"En el octavo mes del año segundo de Darío, vino palabra del señor al profeta Zacarías hijo de Berequías, hijo de Iddo, diciendo:"

Notemos esta fecha: En el octavo mes, del año segundo de Darío. La fecha fue dada durante el reinado de un rey gentil, porque en esa época no había rey en la tierra de Israel, ni en la de Judá. El linaje de David ya no estaba en el trono, y había comenzado lo que se denominó "el tiempo de los gentiles". El segundo año del rey Darío fue el mismo año en que inició su profecía Hageo. Hageo comenzó a profetizar en el mes sexto del segundo año del rey Darío. La fecha de inicio de la profecía de Zacarías: fue el año 520 A.C. Zacarías inició su profecía en el mes octavo. Durante este mes Hageo no comunicó ningún mensaje profético; había profetizado durante el mes de septiembre, en octubre y en diciembre, pero no en noviembre. Este dato es una nueva confirmación de que Hageo y Zacarías eran contemporáneos.

Zacarías utilizó una expresión que también fue lenguaje de Hageo: vino palabra de Jehová. Es decir, él habló respaldado por la misma autoridad con la que habló Hageo. Esa frase se repite 14 veces a lo largo de este libro. El énfasis y la autoridad del libro radican en esta afirmación. Luego, en el versículo 2 de este primer capítulo de Zacarías, leemos:

"Se enojó el Señor en gran manera contra vuestros padres."

Este profeta habló con la misma autoridad que lo hizo Hageo. Es decir, que esta es la palabra de Jehová. Él habló al remanente que había regresado. Y está advirtiéndoles que no sigan en los pasos o en los caminos, que habían recorrido sus padres antes de ser llevados a la cautividad. Él les dijo: "La razón por la cual vosotros fuisteis a la cautividad fue porque el Señor estaba disgustado con vuestros padres. Ellos habían pecado contra Dios. Ahora nosotros no queremos cometer la misma equivocación". En el versículo 3, él dijo:

"Diles, pues: Así ha dicho el Señor de los ejércitos:"

Nuevamente nos encontramos con la misma expresión: Así ha dicho el Señor de los ejércitos. Es interesante notar cómo se nombra en este versículo a Dios: se le llamó "el Señor de los ejércitos". Muchos de los títulos que se le han dado a Dios han llegado a perder su significado para nosotros. Bien, ¿qué es lo que quiere decir en realidad "el Señor de los ejércitos"? En todo el libro se mencionó esta expresión unas 52 veces. Es, por lo tanto, una expresión que tiene su importancia. Ahora, la palabra "ejércitos" es la palabra hebrea "haba", y significa servicio o fortaleza, o aun guerra. Y la forma en que fue utilizada aquí implica recursos sin límites a su disposición, para el bien de Su pueblo, una definición dada por el Dr. Fawcett. Permítanos repetir este concepto. El Señor de los ejércitos significa que "dispone de recursos sin límites que están a su disposición para el bien de Su pueblo". Como también los tenemos hoy, los hijos de Dios, los creyentes, según escribió el apóstol Pablo: "Él es rico en misericordia". (Efesios 2:4). Dios tiene todo poder. Así es que podemos preguntarle: ¿Qué es lo que necesita usted hoy, amigo oyente? ¿Un poco de misericordia? Bueno, Él la tiene en abundancia. Él es rico en misericordia. Él puede darle misericordia a usted. Él es "el Señor de los ejércitos". Notemos ahora lo que dice este versículo 3, del capítulo 1 de Zacarías:

"Diles, pues: Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Volveos a mí, dice el Señor de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho el Señor de los ejércitos."

Habrá observado que la expresión "el Señor de los ejércitos" se reitera tres veces en este versículo, y luego se vuelve a mencionar en el siguiente versículo. Veamos lo que Dios dijo en el versículo 4:

"No seáis como vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon, dice el Señor."

Esta fue una advertencia para el pueblo. El libro comenzó de una forma muy práctica, ¿no le parece? Lo que Dios estaba diciendo aquí era lo siguiente: "Vuestros padres no querían prestarle atención a los profetas que Yo les envié. Yo les envié a Oseas, les envié a Joel, envié a Amós. También envié a Isaías y Jeremías. Envié a todos esos profetas, y ellos no les escucharon. No prestaron atención a ninguno de ellos. Esa es la razón por la cual fuisteis a la cautividad". Por eso dice en este versículo 4:

"No seáis como vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon, dice el Señor."

Luego, en el versículo 5, Dios les formuló la siguiente pregunta:

"Vuestros padres, ¿dónde están? y los profetas, ¿han de vivir para siempre?"

El pueblo de Israel ya no podía escuchar las voces de los profetas. Es decir, otros profetas como Jeremías, Isaías, Oseas, Joel y Amós ya habían muerto. Sus voces fueron silenciadas. Dios también les preguntó, ¿dónde están vuestros padres? Bueno, la generación anterior, los padres, todos ellos estaban sepultados en Babilonia. Pero ése no era un lugar apropiado para un israelita, porque para los hebreos siempre fue muy importante el ser sepultado en su propia tierra. Aun Jacob, ya anciano, en la tierra de Egipto, hizo jurar a José, su hijo, que no le sepultaría en Egipto. Él quería ser llevado y sepultado en la tierra de sus padres, y allí es donde descansan sus restos, en Hebrón, en Israel. Y, ¿por qué ese anhelo de regresar a la tierra de los antepasados? Jacob confiaba que el día, cuando Dios le va a levantar de los muertos, junto con los demás patriarcas, los israelitas piadosos, vivirían en esa tierra prometida. Esa era su esperanza, de ser resucitados de la muerte, allí en su tierra. Y por tanto, todos querían recibir sepultura en su tierra. Si usted ha tenido oportunidad de visitar la ciudad de Jerusalén, en Israel, sabe que ante las puertas orientales, sobre el valle de Hebrón, y hasta la ladera del Monte de los Olivos, hay muchísimas tumbas de israelitas que fueron sepultados allí. ¿Por qué fueron sepultados allí? La razón principal es que allí esperan ver al Mesías llegar un día a la tierra.

La pregunta de Zacarías es muy pertinente, "vuestros padres, ¿dónde están?" Bueno, ellos fueron sepultados en Babilonia, al lado de los canales de Babilonia. No era el lugar apropiado para un israelita el recibir sepultura lejos de la tierra, la tierra prometida, porque su esperanza se encontraba lejos, en esta tierra de Israel. Debía ser muy triste, y hasta traumático, para aquellos que regresaron de la cautividad, de Babilonia, y debían dejar a sus seres queridos, a sus familias, sepultados en tierra extraña, en tierra de esclavitud, vergüenza y humillación. Dios les hizo una seria advertencia. Y luego dijo, en el versículo 6 de este capítulo 1 de Zacarías:

"Pero mis palabras y mis ordenanzas que mandé a mis siervos los profetas, ¿no alcanzaron a vuestros padres?"

Es decir, ¿no sucedió así con vuestros padres? Vino el juicio, o sea que, vuestros pecados os han alcanzado. El versículo 6 concluye diciendo:

"Por eso volvieron ellos y dijeron: Como el Señor de los ejércitos pensó tratarnos conforme a nuestros caminos, y conforme a nuestras obras, así lo hizo con nosotros."

Así que, finalmente, ellos estaban dispuestos a admitir que todo lo malo que les había sucedido como juicio de parte de Dios, era justo, porque Él les había advertido de las nefastas consecuencias. Pero ellos no le habían escuchado. Ahora Zacarías estaba presentando nuevamente una advertencia al pueblo. ¿Qué podemos aprender para nuestras vidas acerca de lo que acabamos de leer? Encontramos por un lado advertencias y por otra parte un llamado: advertencia a no tomar en vano los consejos de Dios; y un llamado a volver a Él, con arrepentimiento.

En nuestro próximo programa, comenzaremos a considerar las diez visiones que Zacarías tuvo en una noche. Y, amigo oyente, algunas de estas visiones y el mensaje que se desprende de ellas tienen una gran importancia para nuestras vidas. Le invitamos pues, a que nos acompañe, y mientras tanto, le sugerimos leer los versículos restantes de este capítulo 1 de Zacarías, para estar mejor informado y a la vez mejor preparado para nuestro próximo estudio. Y como siempre mencionamos: pedimos a Dios fervientemente por usted, estimado oyente, para que pueda tener un encuentro personal con Él, el Dios Todopoderoso, quien tanto le ama y espera para comenzar una relación muy personal con usted.

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