Estudio bíblico de Zacarías 1:12-21

Zacarías 1:12 - 21

Continuamos hoy, estimado amigo, nuestro recorrido por el libro de Zacarías. Retornando al versículo 7 del capítulo primero, habíamos comentado la primera de las 10 visiones que se nos presentaban en este libro. En esta primera visión, un jinete reposaba sobre un caballo alazán, es decir, de color rojizo, situado a la sombra de unos árboles de mirto, en un terreno profundo como una hondura. Detrás de ese jinete había tres diferentes tipo de caballos: Alazanes, overos y blancos. Los caballos overos, de un color similar al melocotón, reposaban a la sombra de los árboles, de tal manera que el contraste de luces y sombras producidas por las ramas podía causar el efecto visual de estar moteados o con manchas. De esta manera, cabe la posibilidad de que, en realidad, hubiese sólo dos tipos de caballos: El de color alazán y el de color blanco. El alazán o color rojizo nos sugiere la guerra. El blanco, en cambio, la victoria y la pureza. De esta manera, el autor nos traslada la imagen de un Dios que no está ajeno a nuestra realidad, a nuestro mundo sino, por el contrario, se trata de un Dios que está continuamente contemplando y vigilando atentamente la tierra. Y esto debería ser, para nosotros, de gran consuelo y esperanza. Por otro lado, no olvidemos al jinete del caballo alazán. ¿Quién es? ¿Qué representa? Este jinete representa nada menos que a Cristo, el hijo de Dios, mucho antes de su venida a la tierra.

¿Qué se nos dice en este pasaje? Se nos menciona que los otros jinetes habían recorrido la tierra, y que en ella había paz. Ahora bien, en el anterior programa comentamos que en cinco mil años de historia mundial registrada, solamente doscientos años han sido de completa de paz, por lo que entendemos que éste era entonces uno de aquellos períodos de paz. En nuestro anterior programa nos detuvimos en el versículo 11 del capítulo 1 de Zacarías, que decía así:

"Y ellos hablaron a aquel ángel del Señor que estaba entre los mirtos, y dijeron: Hemos recorrido la tierra, y he aquí toda la tierra está reposada y quieta."

¿Qué clase de paz sería ésta? Desde luego no una paz muy duradera, dado que en el siguiente versículo, leemos lo siguiente:

"Respondió el ángel del Señor y dijo: Oh Señor de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalén, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años?"

Aquí se refiere a los setenta años durante los cuales Jerusalén no ha sido otra cosa que escombros, ruinas y ceniza. Tras este periodo, los judíos habían regresado a casa, dejando atrás años de cautividad en Babilonia, tras los cuales estaban comenzando la reedificación de su amada ciudad. Su clamor hacia Dios era el siguiente: "¿Hasta cuándo deberemos esperar, antes de que Dios nos brinde su verdadera y definitiva bendición?" La respuesta de Dios fue clara y directa: Él no estaba complacido con las naciones que estando en paz, han ignorado la lamentable situación de Jerusalén. Y mientras Dios tenía gran celo por Jerusalén, las demás naciones del mundo se mostraban absolutamente indiferentes. Pero ahora Dios había regresado a Jerusalén con misericordia, y el resto de las naciones, aunque disfrutaban un periodo de paz, iban a tener que asumir su parte de responsabilidad. La paz de la que estaban disfrutando no iba a durar por mucho tiempo.

Nos gustaría, en este punto, indicar lo siguiente: Parece claro que, en vista de la situación internacional actual y lo que narra la propia historia de la humanidad, nuestro mundo jamás podrá disfrutar de una paz permanente y duradera, hasta que, como indica la Biblia, el Señor Jesús comience Su reinado en Jerusalén. Él es el Príncipe de Paz, y sin Él, sin Su gobierno sobre las naciones y sobre nuestras vidas, el mundo no podrá jamás alcanzar la paz. Y la paz que Él ofrece hoy, es una profunda paz con Dios, porque nuestros pecados han sido perdonados. Si usted, estimado amigo, ha arreglado las cosas con Dios, entonces, podrá disfrutar de la paz. Y si las naciones hicieran lo mismo, también serían bendecidas con esta paz. Paz con mayúsculas. Paz duradera. Las así llamadas "naciones civilizadas" han sido las que en un solo siglo han provocado dos guerras mundiales e innumerables guerras civiles, catástrofes humanitarias y genocidios.

Un antiguo poema narra cómo, durante la segunda guerra mundial, unos soldados desembarcaron en una isla del Océano Pacífico esperando encontrarse con salvajes indígenas, cazadores de cabezas y caníbales. Cuán grande fue su sorpresa cuando lo único que se encontraron fue una multitud de pequeñas iglesias de creyentes que los estaban recibían amistosamente. Este poema concluye resaltando, con ironía, cómo los supuestos "salvajes y paganos" se encontraban en paz y los creyentes, o naciones cristianas, en guerra.

En nuestra opinión, estimado amigo, el mundo no puede tener paz si ignora y le da la espalda a Cristo.

Regresemos nuevamente al pasaje del libro de Zacarías que nos ocupa: Jerusalén, dice aquí, estaba rodeada de naciones que vivían en paz, ignorando su suerte. Pero esta situación no se iba a prolongar más en el tiempo. Recordemos que mientras transcurre esta visión y estas palabras proféticas dichas por el Señor a Zacarías, los ejércitos de Media y Persia estaban dominando al imperio babilónico. Anteriormente Babilonia había subyugado a Egipto y a Siria. Pero ahora, el imperio medo-persa reinaba desde el Océano Índico hasta el mar Mediterráneo, desde las nevadas montañas del Mar Negro y el Mar Caspio, hasta las candentes arenas del desierto del Sahara. Este mega imperio, que había traído un periodo de paz y prosperidad a la zona, ignoraba que pocos años después, un joven guerrero llamado Alejandro Magno vendría del Oeste para acabar con su dominio y poder. Echemos ahora una mirada al versículo 13 del capítulo 1 de Zacarías, que dice así:

"Y el Señor respondió buenas palabras, palabras consoladoras, al ángel que hablaba conmigo."

Queremos resaltar aquí los dos adjetivos utilizados por Zacarías: "Y el Señor respondió palabras buenas y palabras consoladoras". Estas, son palabras de ayuda. Si volvemos nuestra vista atrás, otro profeta llamado Hageo, recibió palabras sobre un terrible juicio que habría de venir. No es este el caso de Zacarías. Él estaba recibiendo buenas palabras. Y también recibió palabras consoladoras. Notemos pues, lo que dice el versículo 14:

"Y me dijo el ángel que hablaba conmigo: Clama diciendo: Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Celé con gran celo a Jerusalén y a Sion."

Ya hemos comentado anteriormente el significado de la palabra "celo". Dios no es celoso como lo que entendemos por esa intensa emoción que se llama "los celos". No es la clase de celo humano que conduce a la destrucción y que suele ocasionar demostraciones de mal genio. Lo que Dios está diciendo aquí es: "Celé con gran celo a Jerusalén y a Sion". Es decir, Dios recalcó e insistió que tenía un enorme y fabuloso celo por su amada ciudad, Jerusalén. Amigo oyente, los celos son una pasión fiera y ardorosa. Y los hombres se sienten celosos de lo que es suyo, de aquello que siéndolo, cae en las manos de otra persona. Es así como los celos comienzan a actuar, de manera pasional. Y si pudiéramos hacer una extrapolación a Dios, podríamos sugerir que Dios estaba celoso del mismo modo. Porque ésta era Su ciudad. Jerusalén era Su ciudad. Sus habitantes era Su pueblo. Y Él estaba observando la enorme presión mundial contra Jerusalén y contra todo el pueblo de Israel. Y Él se sintió absolutamente celoso por Su pueblo.

Continuemos con nuestra lectura. En el versículo 15 de este capítulo 1 de Zacarías, leemos:

"Y estoy muy airado contra las naciones que están reposadas; porque cuando yo estaba enojado un poco, ellos agravaron el mal."

Es decir, que todas estas naciones no estaban haciendo nada por esta ciudad. Y Dios quería que ésa fuera Su ciudad. Leamos la primera parte del versículo 16:

"Por tanto, así ha dicho el Señor: Yo me he vuelto a Jerusalén con misericordia."

Así, Dios estaba diciéndole a Su pueblo: "He regresado, y en misericordia, quiero tratar con mi gente". Y como Él mismo manifestó muchas veces, Él es rico en misericordia. En el versículo 16 en su totalidad leemos:

"Por tanto, así ha dicho el Señor: Yo me he vuelto a Jerusalén con misericordia; en ella será edificada mi casa, dice el Señor de los ejércitos, y la plomada será tendida sobre Jerusalén."

Hay quienes opinan que esta plomada, es decir, vara o cordel de medir tendido sobre Jerusalén, indica el resurgimiento de la ciudad en cuanto a tamaño y número de construcciones, profetizando de esta manera que la ciudad se extendería, llegando a ser, finalmente, una gran ciudad. Y creemos que esto es muy posible. Ya hemos visto anteriormente que cuando Dios mide a un hombre con una vara de medir, eso significa que Dios está dispuesto a actuar directamente en la vida de ese hombre o mujer en particular. Y ahora, después de haber pasado los setenta años de cautividad, Dios regresó, o se volvió nuevamente hacia Su propio pueblo. Y Él se manifestó allí con misericordia, indicando a las demás naciones que nunca tendrían paz, a no ser que haya primero paz en Jerusalén.

Si regresamos por un momento a la actualidad, podemos observar la delicada y conflictiva situación en oriente medio y reflexionar sobre estas palabras. Porque, ¿no es verdad que la propia historia nos habla del permanente conflicto entre Israel y sus vecinos? Desde que Israel es nación, no ha conocido la paz con las demás naciones. E Israel, aún no ha regresado a su Dios, a pesar de haber crecido en tamaño, poder y prosperidad. Aunque el pueblo de Dios ha regresado a su tierra y reedificado sus ciudades, aún continúa esparcido a través del mundo, en incredulidad en cuanto a las promesas de su Dios. Y hasta hoy día no han conocido la paz.

Estimado amigo oyente, no hay paz sobre esta tierra, y no podrá haberla hasta que no exista paz en Jerusalén.

Dios ha mencionado en numerosas ocasiones, por medio de las sagradas escrituras, su amor eterno y apasionado hacia Jerusalén. Por ejemplo, en el Salmo 132, versículos 13 y 14 Él dijo: "Porque el Señor ha elegido a Sion; la quiso por habitación para sí. Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido". Y luego dice en el Salmo 78, versículos 67 y 68: "Desechó la tienda de José, y no escogió la tribu de Efraín, sino que escogió la tribu de Judá, el monte de Sion, al cual amó". Dios dijo que éste era el lugar que Él ama, aunque, en vista de los hechos, parece claro que, hasta el día de hoy, se encuentra sobre esa ciudad el juicio de Dios. Nos gustaría tratar más en profundidad este tema, pero no podemos hacerlo en el estudio que nos ocupa. Más adelante mencionaremos nuevamente otros pasajes y profecías respecto a Jerusalén, una ciudad que por su relevancia geoestratégica ha tenido y tendrá un importante papel en la historia de Oriente Medio y el mundo.

Bien, continuemos con nuestro estudio en Zacarías, y observemos lo que nos dice el versículo 17 del capítulo 1:

"Clama aún, diciendo: Así dice el Señor de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará el Señor a Sion, y escogerá todavía a Jerusalén."

Observamos aquí una visión hacia el futuro, hacia el plan que aun hoy Dios está llevando a cabo en su pueblo y en su ciudad.

Creemos que este pensamiento tiene una evidente aplicación para los cristianos de hoy en día. Porque la pregunta que nos podríamos hacer sería la siguiente: ¿Estamos cada uno de nosotros trabajando en algo que tenga realmente valor eterno? ¿Qué es lo que usted está haciendo hoy? ¿Qué valor tendrá esto dentro de diez años? ¿O dentro de cien años a partir de la fecha? Aún más, ¿qué valor tendrá dentro de un millón de años? ¿Estamos trabajando con la vista puesta en la eternidad futura? No debemos perder esto de vista: Los cristianos no hemos sido llamados a ser "buenos" o a hacer "cosas buenas", sino a ser "trascendentales". Hay gente "más buena" que los cristianos. Hay gente más generosa, servicial y amable que los cristianos. Hay gente que, sin ser cristiana, tiene mucho más impacto que los cristianos. ¿Por qué? Porque a veces, los seguidores de Cristo nos hemos conformado con "ser buenos" y nos hemos olvidado de dirigir nuestra vista hacia las cosas eternas. Dios no nos llamó a ser "buenos" sino "trascendentales": a perdonar 70 veces 7, a poner la otra mejilla, a regalar la capa además de la túnica, a recorrer la segunda milla. Porque si no somos "trascendentales" nuestros actos serán puntuales, insignificantes y sin impacto social ni personal.

Continuemos con el versículo 18 del capítulo 1 de Zacarías, en el que se nos comenta la segunda visión del profeta. Veamos lo que dicen los versículos 18 y 19:

"Después alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro cuernos. Y dije al ángel que hablaba conmigo: ¿Qué son éstos? Y me respondió: Estos son los cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén."

Zacarías nos indicó aquí que vio cuatro cuernos, que son los que esparcieron a Jerusalén, a Judá e Israel y a los reinos del Norte y del Sur. Pero, ¿qué significan estos cuatro cuernos?

Un cuerno representa a un gobernante gentil, es decir, pagano o incrédulo hacia el Dios cristiano. Podemos encontrar una imagen similar en el capítulo 7 de Daniel, versículo 24. Y en Apocalipsis, en el capítulo 17, versículo 12: "Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia". En esta visión futura los cuernos representan un poder mundial gentil. Y estos cuatro cuernos, en Zacarías, representan a cuatro poderes mundiales gentiles.

Pero, ¿quiénes son? Son los cuatro imperios que han perseguido y esparcido a Israel sobre la faz de la tierra: Babilonia, los Medo-Persas, Grecia y Roma.

Lo interesante es que, como leemos en el siguiente versículo, Dios menciona qué va a hacer con ellos. Lo podemos leer en los versículo 20 y 21, donde se nos menciona a cuatro carpinteros:

"Me mostró luego el Señor cuatro carpinteros. Y yo dije: ¿Qué vienen éstos a hacer? Y me respondió, diciendo: Aquéllos son los cuernos que dispersaron a Judá, tanto que ninguno alzó su cabeza; mas éstos han venido para hacerlos temblar, para derribar los cuernos de las naciones que alzaron el cuerno sobre la tierra de Judá para dispersarla."

En realidad, deberíamos sustituir la palabra carpinteros por escultores o herreros. Aquí se nos dice:

"Me mostró luego el Señor cuatro carpinteros. 21Y yo dije: ¿Qué vienen éstos a hacer?"

¿Qué vienen a hacer? Veamos parte de la respuesta:

"Y me respondió, diciendo: Aquéllos son los cuernos que dispersaron a Judá, tanto que ninguno alzó su cabeza; mas éstos han venido para hacerlos temblar"

Esta es, posiblemente una de las profecías más destacadas de las Escrituras. En el texto original, en el idioma hebreo, esta palabra "carpinteros" quiere decir literalmente "artesanos" o "herreros". Pues bien, ¿quiénes son estos cuatro artesanos o herreros mencionados aquí? Reconocidos teólogos o padres de la Iglesia como Jerónimo, Cirilo y Calvino, los consideraron como medios sobrenaturales que Dios usa aquí.

Pero otra posible interpretación, mucho más sencilla, es la sugerida por el Dr. Merrill Unger en su reconocido comentario del libro de Zacarías: Quizá no sea necesario mirar más allá de estas palabras: se trata de simples artesanos que están construyendo la ciudad, pero, ¿cómo?

El primer cuerno representa Babilonia, que fue destruida por los Medo-Persas, representado por el segundo cuerno. A su vez, este segundo cuerno, los Medo-Persas, fueron destruidos por el tercer cuerno, el imperio Greco-Macedonio de Alejandro Magno, el cual, a su vez, fue demolido por Roma. De esta manera, simples artesanos, escultores o carpinteros (importantes oficios para hacer la guerra) vinieron y destruyeron estos imperios.

Lo interesante de esto es que, si uno estudia el imperio romano, puede observar que, en realidad, Roma no fue destruida por un poder externo, sino que tuvo una lenta y agónica decadencia. Con su corrupción e inmoralidad, Roma se devoró a sí misma, por lo que hay autores que sugieren que Roma regresará nuevamente, dado que, de hecho, no llegó a extinguirse completamente.

La Biblia afirma que un día, no sabemos cuándo, llegará una persona que los cristianos de todo el mundo llegarán a denominar "el anticristo", y diversas interpretaciones sugieren que reconstruirá el poder de Roma hasta convertirse en un dictador mundial. ¿Quién lo va a derribar? Cristo, en su segunda venida a la tierra. Cristo, representado en la figura del cuarto Carpintero, Él será el cuarto Artesano. Él será quien derribará el nuevo y renacido imperio romano, cuando regrese al mundo al final del período de la Gran Tribulación, tal y como se menciona en el Apocalipsis.

Estimado amigo, este es uno de los pasajes proféticos maravillosos que podemos encontrar en la Palabra de Dios y esperamos que despierte en usted un anhelo o inquietud por estudiar la Palabra de Dios, para poder, entre otras cosas, comprender la profecía bíblica. "Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada" (2 Pedro 1:20b). No se puede interpretar por sí misma y de manera aislada al resto de las Escrituras. Tiene que ser ubicada, en cambio, dentro del increíble y maravilloso programa de Dios para nuestro mundo y para nuestras vidas. Tenemos que mirar hacia la eternidad y ser trascendentales.

Bien, con esta reflexión concluimos el programa de hoy. Esperamos volver a encontrarle de nuevo, próximamente. Hasta entonces, seguiremos orando por usted, para que Dios le de profundo anhelo por conocerle personalmente, y un hambre por Su Palabra.

Recuerde, estimado amigo, que la Biblia es Fuente de Vida eterna, y que en ellas podrá encontrar el consuelo, fuerzas y paz que sólo Dios puede ofrecerte. ¡Que el Señor le bendiga y le guarde!

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