Estudio bíblico de Zacarías 6:9-15

Zacarías 6:9 - 15

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido a través del libro del profeta Zacarías con la conclusión de las diez visiones que estamos analizando en estos últimos programas.

Pero antes, recordemos brevemente que estos versículos del capítulo 6 tienen que ver con el sumo sacerdocio (gobierno religioso) y el gobierno civil (de la línea de sucesión del antiguo rey israelita David). Ahora, Zacarías relacionó el mensaje de esas dos visiones y se las aplicó al futuro Mesías que habría de venir casi quinientos años después, Jesús, como Rey y Sacerdote.

Comienza el versículo 9 de este capítulo 6 de Zacarías diciendo así:

"Vino a mí palabra del Señor, diciendo:"

Nos detenemos un momento para recordar que esta forma de hablar expresaba un profundo temor reverente hacia Dios y era frecuente entre los profetas para enfatizar la idea de que su mensaje provenía directamente del Señor, siendo ellos meros intermediarios de Su Palabra.

Recordemos que los profetas de la Biblia no eran magos ni adivinos, sino tan sólo hombres revestidos de la autoridad de Dios para comunicar su mensaje a su pueblo. Dios prometió que Él escogería entre su pueblo a hombres inspirados, capaces de decir con autoridad lo que Él ordenaría exponer (Deuteronomio 18:18). Así, entre Moisés, modelo de profeta entre todos los que le siguieron, y Cristo, un determinado número de hombres de diferente procedencia en cuanto a estrato social, económico y cultural, fueron utilizados por Dios para ser heraldos de su preciosa Palabra. Y era el Espíritu de Dios, y no ellos mismos, quien inspiraba los mensajes de aliento, amor, esperanza, juicio y castigo que el pueblo oía y, en la mayoría de las ocasiones, bien poco obedecía.

Deberían servir estas palabras de reflexión para todos aquellos quienes, hoy en día, en nuestra sociedad actual, que sin tener la profesión de profeta tienen la responsabilidad y privilegio de llevar la Palabra de Dios a otras personas. Si queremos que hoy Dios nos use como canales de su Palabra y de su Obra, deberemos someternos a Él para ser embajadores excelentes de las buenas noticias que Dios tiene para la humanidad: vida eterna y vida en abundancia.

Siguiendo adelante, en la primera parte del versículo 10 de este capítulo 6 de Zacarías, leemos:

"Toma de los del cautiverio a Heldai, a Tobías y a Jedaías, los cuales volvieron de Babilonia; e irás tú en aquel día, y entrarás en casa de Josías hijo de Sofonías. Tomarás, pues, plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza del sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac."

En nuestro programa anterior vimos el significado de sus nombres, que eran en realidad nombres babilónicos, paganos, al haber nacido en la cautividad.

Zacarías debía elaborar, no una corona o un turbante de sumo sacerdote, sino una corona adornada y compuesta por muchos aros. Sería una corona majestuosa que serviría como símbolo de la corona que se habría de dar al futuro Mesías en su regreso, tal y como menciona Apocalipsis 19:12.

Zacarías, además, recibe la misión de colocar esta corona en la cabeza del sumo sacerdote Josué. La coronación del sumo sacerdote apunta a la consumación de la profecía de la coronación y reinado del Mesías como Rey y Sacerdote.

Recordemos que en el Antiguo Testamento, los oficios de Rey y Sacerdote fueron siempre objeto de distinciones estrictas entre sí. El oficio de Rey permanecía en exclusiva al linaje de David, mientras que el oficio de sacerdote sólo podía ser ejercido por miembros de la casa de Leví.

Sorprende, además, que fuera Josué quien hubiera de recibir la corona, en lugar de Zorobabel, como gobernador y descendiente directo del Rey David. Quizá fuera este hecho una indicación del comienzo de la armonía y mezcla entre los poderes civil y religioso. Recordemos que la mezcla procurada por el rey Uzías al tratar de ejercer ambos oficios trajo como resultado su muerte, narrada en segunda de Crónicas capitulo 26.

La explicación más plausible es que si Zacarías hubiera recibido la orden de coronar al gobernador civil Zorobabel, descendiente directo del rey David, ello habría indicado de manera evidente la restauración del linaje de David en ese instante, cosa que, evidentemente, no era posible y habría de esperar hasta la llegada del futuro Mesías, también descendiente directo de David.

Como resultado de la intención de Dios de mantener separados los oficios de Rey y Sacerdote, Zacarías recibe la orden de coronar no a Zorobabel sino a Josué, que en aquel momento era ya sumo sacerdote. De esta manera Dios demostró su firme propósito de mantener, de momento, separada la religión del gobierno de la nación.

Veamos ahora lo que nos dicen los versículos 12 al 15 de este capítulo 6 de Zacarías:

"Y le hablarás, diciendo: Así ha hablado el Señor de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo del Señor. Él edificará el templo del Señor, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos. 14Las coronas servirán a Helem, a Tobías, a Jedaías y a Hen hijo de Sofonías, como memoria en el templo del Señor. 15Y los que están lejos vendrán y ayudarán a edificar el templo del Señor, y conoceréis que el Señor de los ejércitos me ha enviado a vosotros. Y esto sucederá si oyereis obedientes la voz del Señor vuestro Dios."

Hemos leído de seguido esta sección dado que nos ofrece mucha información complementaria, como ahora veremos. Se nos ofrece aquí ocho hechos acerca del Mesías, quien es el Renuevo: 1) Vendrá de Israel, 2) Él construirá el Templo milenario, 3) Él será glorioso, 4) Él será rey y sacerdote, 5) Él hace la paz, 6) Él abre el reino a los gentiles, 7) Él corroborará la Palabra de Dios y 8) Él demandará obediencia. Después de que Israel crea en Él, el Mesías vendrá a establecer su Reino, dado que antes, deben darse la fe y limpieza de su pueblo.

Como sucede con muchas profecías, las de Zacarías tienen una interpretación válida para su tiempo y válida, también, para la historia futura de la humanidad.

Aquí se haya representado el futuro de la nación de Israel, la destrucción de sus enemigos, la posterior reunión de los judíos en la tierra de Israel, su limpieza y restauración sacerdotal así como el establecimiento de un gobierno realmente dirigido por y para Dios.

En estos versículos, ante nosotros, se abre una ventana hacia el futuro en la que podemos vislumbrar el próximo advenimiento de Cristo a la tierra como Gran Sacerdote y Rey, para reinar en toda la tierra, desde el trono del Rey David.

Regresemos ahora al pasado, a la época en la que Zacarías tiene estas visiones. Israel acaba de regresar a su tierra. Pero el pueblo, estaba desanimado. Los israelitas deseaban abandonar la reconstrucción del templo. Por eso y por otros motivos importantes, como la necesidad de limpieza moral y renovación espiritual, Dios levantó a dos profetas, Hageo y Zacarías. Ambos fueron testigos de esta difícil época, en la que un ambiente generalizado de desánimo estaba poniendo en serio peligro la reedificación del Templo de Dios.

Debido a este motivo, las tareas de construcción avanzaban de manera ardua y lenta. Sin duda, en la mente de aquellos israelitas residían aún las imponentes imágenes de una poderosa e imponente ciudad, Babilonia, objeto de sus recuerdos y fantasías, dado que en la cautividad, muchos habían prosperado y echado fuertes raíces en aquella tierra pagana y extraña.

Es muy posible que las inevitables comparaciones entre su recién recuperado hogar y Babilonia, con sus legendarias e inexpugnables murallas, sus modernas calles, sus imponentes y exuberantes templos paganos y sus gigantescas dimensiones, muchos hubieran abandonado ya su entusiasmo reconstructor inicial. Comparados con la grandeza Babilónica, ¿quién no se habría sentido pequeño e insignificante emprendiendo una pequeña obra de reconstrucción?

Algún día Dios juzgará a los enemigos de Israel y culminará la limpieza moral de su pueblo, que debe ser rescatado como cualquier pecador de cualquier nacionalidad.

De esta manera habló Zacarías a la gente de su época, enfrentando directamente a sus temores y preocupaciones. Zacarías tenía un mensaje de ánimo de pate de Dios para su pueblo. Había un plan y un propósito para ellos de parte de Dios. Pero su comprensión dependía, en gran medida, de la capacidad de Zacarías para hacerle visualizar el Gran Plan de Dios desde la perspectiva del largo plazo: Ellos suponían, ciertamente, que eran un pequeño eslabón en la cadena, pero, simultáneamente, eran un precioso y valiosísimo eslabón a los ojos del Señor. Dios ama a sus hijos, independientemente de su nacionalidad y de su importancia a ojos del mundo. Por eso debían saber que el templo que ellos estaban reedificando sería el prólogo del futuro gran templo milenario que el mismo Mesías edificaría.

Ahora bien, también había otra aplicación para el mensaje de Dios trasladado a su pueblo por medio de Zacarías. Un mensaje de aplicación inmediata. El apóstol Pablo en su Segunda Epístola a Timoteo, capítulo 3, versículo 16, dice: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia".

Antes decíamos, querido amigo, que Dios es un Dios de Amor y Misericordia. Y que también es un Dios justo, que algún día juzgará a las naciones y a las personas. Si echamos un vistazo a la Historia, podemos observar como parte de ese juicio ya ha tenido lugar: Todas las grandes civilizaciones antiguas, que con el poder de su ingenio y la fuerza de su espada conquistaron los cinco continentes, han desaparecido.

Babilonia, la mayor y más hermosa ciudad de su tiempo, con unas murallas defensivas de 23 metros de ancho y casi 100 de alto, dominada con mano de hierro por Nabucodonosor, el mismo que hizo cautivos a los israelitas es hoy una tierra yerma y estéril en la que nada crece. El imperio medo-persa se fue igualmente abajo. Lo mismo ocurrió con el imperio greco-macedonio, el imperio romano, el imperio español, el inglés, el portugués, etc. Los imperios, por poderosos que sean, vienen y se van. Dice la Biblia que crecen como la hierba, se marchitan y se mueren. Pero Dios no pasa. Ni sus Palabras pasan. Sólo el hombre pasa.

¿Es usted consciente de todo esto, querido amigo? Que este mundo es como un gran escenario en el cual se desarrollan los acontecimientos de la Historia, y en el cual usted debe representar su propio papel. Dios no sólo ha juzgado y juzgará a las naciones, sino que Él juzgará también a las personas, a usted y a mí

Mucha gente dice: "Si Dios es bueno, no juzgará a nadie", "Si Dios es bueno, ¿cómo va a enviar a nadie al infierno?". Estimado oyente, si no lo ha hecho anteriormente, ya es hora de que se quite la venda de los ojos. Hace falta más fe para pensar que Dios no existe que para pensar que sí existe. Y precisamente porque Dios es Justo, Él debe juzgar a las personas y hacer justicia. La Biblia no deja lugar a duda alguna. Existe un cielo y un infierno. Existe un Dios y un adversario, Satanás. Y existe, lo crea o no, una tremenda batalla espiritual por su alma. Es una lucha invisible, tal y como menciona el apóstol Pablo. Pero existe, aunque usted no pueda percibirla con sus sentidos naturales. La Biblia dice que usted está muerto espiritualmente para Dios hasta que decida regenerar su espíritu por medio de Jesucristo. Jesús es el camino, la verdad y la vida. Y nos abre el camino al Padre en virtud de sus meritos, es decir, de su muerte en una cruz. Jesús es el Salvador del mundo, y cargó con sus pecados para que usted no tuviera que morir. Jesús restauró nuestra relación con Dios y aplacó su ira, acumulada tras siglos y siglos de soportar pacientemente innumerables ultrajes, pecados y ofensas por parte del hombre. Jesús, querido amigo, es la vida eterna, y el mejor amigo, consejero, compañero y aliado aquí en la tierra. Pero también es Dios.

Estimado amigo, no olvide que la salvación es gratuita, pero es usted quien tiene que tomar la decisión de recibir este regalo, abrirlo y disfrutarlo. Y nadie puede hacer esto por usted, ni siquiera Dios. Sólo usted mismo. Recuerde que usted no es automáticamente salvo, ni hijo de Dios, hasta que no tome la decisión de aceptarle como su salvador personal, como el Señor y dueño de su vida.

Dios ha actuado a través de toda historia para lograr Su propósito. Y en un entorno de crisis, en el que la confianza en nuestros sistemas se ha desmoronado, debemos no desanimarnos, trabajar duro y mirar hacia arriba, buscando la ayuda de Dios, buscando su buen consejo para nuestras vidas por medio de Su Palabra, la Biblia, una fuente inagotable de vida para su vida.

Regresemos por un instante al versículo 12 del capítulo 6 de Zacarías:

"Y le hablarás, diciendo: Así ha hablado el Señor de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo del Señor."

Y este Renuevo mencionado aquí no es otro que el Señor Jesucristo mismo que algún día regresará para reinar. Él es el Renuevo, una raíz que brota de la tierra seca, que murió por nosotros en la cruz. Y Él es algo más también. Allá en el libro del profeta Isaías, capítulo 4, versículo 2, leemos: "En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel". Sí, amigo oyente, Él va a edificar el templo, como se nos dice. ¿Y que es Él? Leamos el versículo 13, que dice así:

"El edificará el templo del Señor, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos."

Él será un sacerdote sobre Su trono. Debemos notar esto. Él es un sacerdote sobre Su trono. Él es Sacerdote y Rey. Más adelante, cuando consideremos la profecía en cuanto a su entrada triunfal, veremos que el Señor Jesucristo entró y entrará a Jerusalén en tres ocasiones: como Profeta, como Sacerdote, y como Rey. En el versículo 14 de este capítulo 6 de Zacarías, leemos lo siguiente:

"Las coronas servirán a Helem, a Tobías, a Jedaías y a Hen hijo de Sofonías, como memoria en el templo del Señor."

Ninguno llevará esas coronas. Éstas fueron colocadas como un símbolo en las ventanas más altas del templo. Y allí estaban como memoria. ¿Por qué? Para hacerle saber a la gente que vendría un Sacerdote Rey. Esa es la razón por la cual Él pudo limpiar el templo de la forma en que lo hizo.

Concluimos nuestro programa de hoy, para retomar nuestro estudio con el capítulo 7 de Zacarías. Esperamos encontrarle nuevamente aquí, para continuar explorando juntos estas apasionantes visiones de un profeta que tuvo un enorme impacto en su tiempo y que sigue hablándonos hoy a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI.

Mientras tanto, le sugerimos que lea el capítulo 7 de Zacarías, para así poder aprovechar al máximo las profundas lecciones que Dios desea compartir con nosotros a través de Su Palabra. Por lo tanto, hasta nuestro próximo programa, amigo oyente, y que ¡Dios le bendiga abundantemente!

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