Estudio bíblico de Zacarías

Predicación escrita y en audio de Zacarías 6:15-7:6

Zacarías 6:15 - 7:6

Continuamos hoy, estimado oyente, nuestro viaje a través del libro del profeta Zacarías.

En nuestro programa anterior, avanzamos hasta el versículo 15 del capítulo 6 en el que la coronación que Zacarías hizo de Josué, el Sumo sacerdote constituyó una versión en miniatura de la esperada y futura coronación del Mesías que algún día habría de venir. El Mesías será aquel Renuevo mencionado en diferentes partes de las Escrituras, y que unirá en su persona dos oficios que hasta entonces habían estado separados, el de Sacerdote y el de Rey.

Por ejemplo, en el libro de Isaías, capítulo 4, se menciona en el versículo 2: "En aquel tiempo el renuevo del Señor, será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel". Así es que, aquí tenemos a Alguien que es presentado como el Renuevo del Señor y que será Jesucristo, el Hijo de Dios.

A Jesucristo se le llama también "el Renuevo de David", tal y como podemos apreciar en el capítulo 11 de Isaías: "Saldrá una vara del tronco de Isaí". Y luego, podemos encontrar que de Él se habla como "el siervo del Señor, el Renuevo", en Zacarías, capítulo 3, versículo 8. Y allí tenemos Su humillación y Su obediencia hasta la muerte. En el pasaje que estamos considerando hoy se le llama "el varón cuyo nombre es el renuevo". En el evangelio según San Mateo, lo tenemos como "la vara de David". Él es del linaje del Rey David. En el evangelio según San Marcos, se le menciona así: "Él es el Siervo de Jehová, el Renuevo". En el evangelio de Lucas: "Él es el Hombre, o varón cuyo nombre es el Renuevo". Y en el evangelio de Juan: "Él es el Evangelio de Jehová".

Y ese es el cuadro que tenemos aquí, el varón cuyo nombre es el renuevo. Y Él es quien va a gobernar y a reinar. Él edificará un templo milenario, según se nos dice aquí. Él edificará el templo del Señor. Y Él será sacerdote sobre el trono.

En el versículo 14 se nos habla de unas coronas cuya función iba a ser la de servir de memoria y referencia: "Como memoria en el templo del Señor". Estas coronas serían colocadas en las ventanas superiores, para recordar a todos que Dios enviaría al Mesías, la esperanza última para Israel, y que Él sería, además de Rey, el Sacerdote de la nación.

Dice el versículo 15 del capítulo 6 de Zacarías:

"Y los que están lejos vendrán y ayudarán a edificar el templo del Señor, y conoceréis que el Señor de los ejércitos me ha enviado a vosotros. Y esto sucederá si oyereis obedientes la voz del Señor vuestro Dios."

Era este un mensaje de aliento para el pueblo de Israel. Un mensaje de motivación para finalizar la reconstrucción de su templo. Zacarías, junto con su coetáneo, el profeta Hageo, intentarán vencer por todos los medios, el desánimo y desaliento reinante por aquel entonces.

Aquí en el versículo 15, Zacarías les está indicando que el templo que estaban reedificando no era un fin en sí mismo, sino sólo un medio para señalar poderosamente hacia Aquel que habría de venir: El Mesías, el Cristo, el Redentor.

En este versículo 15, el mensaje es claro: El Señor aún ama a su pueblo y anhela su bienestar, por eso les envía constantes mensajes de aliento y esperanza a través de su profeta.

Entre este versículo 15 y el siguiente, el primero del capítulo siete, tenemos lo que se denomina un interludio histórico, de casi dos años.

En este capítulo y en el siguiente, veremos cómo fue indudable que los judíos recibieron gran consuelo y ánimo como resultado de las visiones nocturnas del profeta que describían el futuro de Israel, la subyugación de sus enemigos, su reagrupación definitiva en la Tierra Prometida, su limpieza y restauración y, al fin, la venida del Mesías y su Reino.

Su templo estaba casi terminado y todos los obstáculos para su reconstrucción fueron removidos por un decreto de Darío que ratificó el decreto de Ciro por el cual el pueblo judío podía regresar a Jerusalén y reconstruir su templo, por lo cual se podía decir que había ido todo muy bien. Ello habría de motivar una pregunta planteada por una delegación de judíos de betel.

Esta pregunta tenía que ver con la continuación o no del ayuno nacional que lamentaba la caída de Jerusalén y la destrucción del Templo. Y aunque Jerusalén no tenía por aquel entonces muros y quedaban muchas ruinas, ahora que el templo estaba casi listo, se envió una delegación para preguntar al Señor y a los sacerdotes si necesitaban continuar el ayuno.

¿Cuál sería la respuesta de los sacerdotes a esta pregunta?

Leamos la historia desde el comienzo a partir del primer versículo del capítulo 7 de Zacarías:

"Aconteció que en el año cuarto del rey Darío vino palabra del Señor a Zacarías, a los cuatro días del mes noveno, que es Quisleu"

Nos encontramos, según este pasaje, en la fecha del cuatro de diciembre del año 518, casi dos años, como avanzábamos antes, después de las primeras visiones del profeta.

Por aquel entonces, otro profeta llamado Hageo alentaba a los exiliados, al igual que Zacarías, a regresar para terminar la reconstrucción del templo. Recordemos brevemente que, años atrás, fue Ciro, el Rey de Persia y conquistador de Babilonia, quien permitió a los judíos regresar a su tierra y reconstruir su ciudad y su templo. Pero levantó las suspicacias y recelo de los pueblos vecinos, como los Samaritanos, hacia un nuevo y próspero estado judío, con todas las implicaciones económicas, sociales y militares que esto podría tener.

Por ello, los vecinos de Israel se opusieron vigorosamente al proyecto de reconstrucción y lograron detener la obra hasta que Darío el Grande llegó a ser Rey de Persia. Darío estaba muy interesado en las religiones de su imperio, por lo que, a pesar de la oposición contra los judíos, apoyó de lleno los esfuerzos de reconstrucción. Pero no podemos achacar únicamente el retraso en las obras de reconstrucción a los enemigos de Israel sino más bien a la inactividad de los propios judíos, actitud ante la cual lucharían ambos profetas, Hageo y Zacarías, los cuáles intentarían despertar sus conciencias y poner sus músculos a trabajar.

Leamos ahora los versículos 2 y 3, y veamos cuál era el problema:

"Cuando el pueblo de Bet-el había enviado a Sarezer, con Regem-melec y sus hombres, a implorar el favor del Señor, y a hablar a los sacerdotes que estaban en la casa del Señor de los ejércitos, y a los profetas, diciendo: ¿Lloraremos en el mes quinto? ¿Haremos abstinencia como hemos hecho ya algunos años?"

En el versículo 3, se habla de una delegación que había sido enviada para hablar a los sacerdotes que estaban en la casa de Jehová de los ejércitos. Esta delegación había estado originalmente en Babilonia. Sus nombres eran Babilónicos. Y ellos llegaron provenientes de Betel, palabra que significa "casa de Dios". Así la llamó el patriarca Jacob. Estas personas, probablemente, formaban parte de la tribu de Benjamín o de Efraín. Desde su regreso de Babilonia los judíos habían reconstruido o habitado la antigua ciudad de Betel. Y esos hombres vinieron hasta Jerusalén desde esa ciudad, ubicada a unos 19 km. al norte.

Y su pregunta era, básicamente: "¿Es necesario continuar con los ritos o ya no lo es?" El ayuno al cual estas personas se referían era el que recordaba el día en que el templo fue incendiado junto con las casas más importantes de Jerusalén, por el ejército babilónico de Nabucodonosor. La próxima finalización de la reconstrucción del templo, llevó a la gente de Judá a pensar, probablemente, que ya no era necesario mantener este ritual de ayuno.

Recordemos que el ayuno judío era un periodo de abstinencia voluntaria en la ingesta de alimentos, normalmente, para demostrar aflicción por desgracias personales o nacionales.

El objeto de la abstinencia era afligir el alma y dar más fuerza a la oración. Implicaba una humillación ante Dios. El verdadero ayuno no se limitaba a una mera práctica exterior sino que implicaba el abandono del mal y de los placeres prohibidos (Isaías 58).

En la época de Zacarías, como veremos, se proclamaron ayunos en los meses 4º, 5º, 7º y 10º para conmemorar el inicio del asedio de Jerusalén en el 10º mes; su caída en el mes 4º, la destrucción del templo en el mes 5º así como el asesinado de Gedalías, gobernador de Jerusalén nombrado por Nabucodonosor tras la caída de la ciudad, y de sus compañeros judíos, en el 7º mes.

Como mencionábamos, debido a que el templo fue incendiado en el quinto mes (entre julio y agosto), ese ayuno era el considerado como el más serio de todos, y por eso la delegación lo menciona como un caso definitivo.

El pueblo había mantenido este lloro y ayuno durante "ya algunos años", pero en vista de la naciente y creciente prosperidad del presente, les parecía ya un ritual agobiante e innecesario.

Hoy en día, queridos amigos, el ayuno no es una imposición formal sobre el cristiano, pero es recomendable su práctica en un espíritu de oración y de súplica. Es de temer que por cuanto muchos han abusado del ayuno en el pasado, haciéndolo una práctica obligatoria y externamente formal, los creyentes han descuidado la unión del ayuno con la oración. El espíritu del ayuno se halla en la propia negación y surge de la profunda consciencia de necesidad y urgencia.

Regresemos a la pregunta de estos visitantes: "¿Debemos continuar realizando este rito de ayuno por causa del templo?"

Veamos pues, ahora, la respuesta que da Dios. Y trataremos con esto en más detalle, Dios mediante, en nuestro próximo programa. Pero, veamos lo que dicen los versículos 4 al 6 de este capítulo 7 de Zacarías:

"Vino, pues, a mí palabra del Señor de los ejércitos, diciendo: Habla a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes, diciendo: Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí? Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros mismos?"

Zacarías, con la pegunta: "¿Habéis ayunado para mi?" les hizo darse cuenta de que no habían ayunado movidos por un arrepentimiento genuino ni la tristeza por el pecado, sino sólo porque sentían lástima de sí mismos.

De esta manera, el Señor estaba reprochando la actitud de la gente y hasta de los sacerdotes por su ayuno no sincero y extremadamente egoísta. Todo lo que hacían era un mero formalismo ritual desprovisto de una verdadera búsqueda de Dios.

Una vez más, estimado oyente, la Palabra de Dios contiene un poderoso mensaje para nuestros días: ¿Tengo yo, o tenemos nosotros nuestra atención centrada en los rituales, o en Dios mismo? ¿Qué es más importante para mí, el ritual o la búsqueda sincera de Dios?."

Debemos reconocer que los cristianos, en ocasiones, hemos caído en ritos o rituales que repetimos incesantemente sin plantearnos, a ciencia cierta, su origen, utilidad e impacto para los demás. Aún es más: ¿Descansa nuestra fe sobre el ritual o sobre Dios mismo? En el primer caso estaremos enamorados del ritual. En el segundo, del Dios Altísimo y eterno.

No olvidemos que el ritual no importaba al Señor tanto como nuestra obediencia a Él. Lo que había traído gozo, paz, prosperidad y abundantes bendiciones a Israel en el pasado había sido la obediencia a la Palabra de Dios. Y esas bendiciones cubrieron a toda la nación durante el tiempo de David y Salomón. Por ello, parecía lógico pensar que si la generación de Zacarías reemplazaba la obediencia a los rituales, perderían también el gozo, la paz y la prosperidad que disfrutaban en ese momento.

¿Habéis ayunado para mí? Preguntó el Señor. Los israelitas sólo sentían lástima de sí mismos. Y realizaban un ayuno formalista desprovisto de cualquier búsqueda sincera de Dios.

Sin embargo, ¿sabía usted, amigo oyente, que Dios nunca ordenó a Su pueblo días de ayuno? Él les ordenó 7 días de fiesta. La pregunta, entonces, es si el ayuno es o no necesario. Para responder a esta cuestión, que trataremos con mayor detenimiento en nuestro próximo programa, deberemos ofrecer tres respuestas:

En primer lugar, podemos afirmar que cuando el corazón está bien, el rito está bien. La segunda es: cuando el corazón está mal, el rito está mal. Y la tercera parte de la respuesta es que el propósito de Dios en cuanto a Jerusalén, no cambia por ningún rito.

Sucede, en cambio, que mucha gente opina que el rito es importante y, más aún, en un país con una cultura colmada de ritos y rituales.

Por hoy, vamos a detenernos aquí. Mientras tanto, le sugerimos leer los siguientes versículos de este capítulo 7 de Zacarías que estamos analizando, para poder aprovechar al máximo el estudio de la Palabra de Dios.

Nos despedimos de usted hasta nuestro próximo programa, amigo oyente, es nuestra oración ¡que Dios derrame sobre usted Sus ricas e innumerables bendiciones por medio de su Palabra, la Biblia!

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