Estudio bíblico de Zacarías 13:2-9

Zacarías 13:2 - 9

Retomamos, amigo oyente, nuestro estudio del libro del profeta Zacarías en su capítulo 13, el cual ya comenzamos a analizar en nuestro anterior programa.

La expresión temporal con la que comienza este capítulo "en aquel tiempo", y la que le sigue, en el versículo segundo, "y en aquel día" están en tiempo pasado, pero se refieren a sucesos futuros. Ambas expresiones se refieren al periodo conocido como "la Gran Tribulación" y al Anticristo, aquel personaje que será un dictador mundial que prometerá "paz y seguridad", pero que empujará a la humanidad hacia el abismo y el peor periodo de toda su historia: porque habrá guerras, desastres naturales, hambre, pobreza, represión, etc. Como vimos ya en nuestro programa anterior, sólo y únicamente el Señor Jesucristo puede hacer de esa promesa una realidad. Y "en aquel tiempo", se refiere a aquel día. También alude aquí a la segunda venida de Cristo, momento que desencadenará "un manantial abierto" para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación de su pecado y de la inmundicia.

En el capítulo 12, versículo 10, leímos: "Y mirarán a mí, a quien traspasaron". Él, el anunciado Mesías, Jesucristo, es Aquel que murió, y a quien, en su primera venida a esta tierra, ellos rechazaron. Ellos no esperaban su venido como un niño indefenso, manso y humilde, y que les hablara del amor de Dios, Su Padre, por todos y cada uno. No era el rey triunfante que los libertó de su humillante situación ante el poder del Imperio romano que dominaba toda la tierra. Y no le recibieron. Y al final, pidieron su muerte, una muerte cruel que sólo recibían los peores criminales.

Y el versículo 2, dice así:

"Y en aquel día, dice el Señor de los ejércitos, quitaré de la tierra los nombres de las imágenes, y nunca más serán recordados; y también haré cortar de la tierra a los profetas y al espíritu de inmundicia."

Tal y como comentamos en nuestro programa anterior, Él va a quitar todos los ídolos, que son abominación para Dios. Leemos en el capítulo 19 del libro de Apocalipsis, versículo 20: "Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre".

Muchos estudiosos de las Escrituras identifican los "espíritus de inmundicia" mencionados por Zacarías con los demonios que habitan el mundo, que son diferentes del "falso profeta" y "la bestia" mencionados en Apocalipsis. En el libro de Apocalipsis se profetiza que Satanás será arrojado al abismo profundo. Y el falso profeta y la bestia, es decir al Anticristo, serán arrojados a un lago de fuego. Pero en el libro de las profecías de Zacarías se nos menciona también que los espíritus malignos serán quitados de la tierra, cortados de la tierra. Esto alude al fin de la idolatría, que fue un reiterado problema para el pueblo judío, aun tras el regreso de su exilio y esclavitud.

Veamos ahora lo que nos dicen los versículos 3 y 4 de este capítulo 13 de Zacarías:

"Y acontecerá que cuando alguno profetizare aún, le dirán su padre y su madre que lo engendraron: No vivirás, porque has hablado mentira en el nombre de Jehová, el Señor; y su padre y su madre que lo engendraron le traspasarán cuando profetizare. Y sucederá en aquel tiempo, que todos los profetas se avergonzarán de su visión cuando profetizaren; ni nunca más vestirán el manto velloso para mentir."

Ya comentamos el significado de estas duras palabras en nuestro anterior programa. Éste nos indica que algún día, la fidelidad del pueblo de Dios será tan grande que los mismos padres estarán dispuestos a dar muerte a sus propios hijos si éstos profetizan falsamente. Curiosa resulta, así mismo, la expresión de "el manto velloso para mentir" que era la vestimenta tradicional que los profetas utilizaban en Israel, un manto, como se describe aquí, lleno de vellos. Encontramos alusiones a esta clase de ropa en otras partes en la Escritura.

Esaú, el primogénito de Isaac, por ejemplo, era una persona con mucho vello. Y él se asemejaba a esa clase de persona. Parecería como que él estuviera usando un manto velloso; también se menciona que el profeta Elías utilizaba un manto como este para cubrirse. Este fue el manto que cayó sobre su discípulo y sucesor Eliseo. Y se menciona aquí que estas son cosas que serán quitadas. ¿Por qué? Bueno, "Las profecías se acabarán" dijo el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 13, versículo 8, porque ya se habrá cumplido todo lo profetizado. Y los profetas aquí mencionados serán llamados mentirosos, y sus profecías no se cumplirán.

En el versículo 5 de este capítulo 13 de Zacarías, continuamos leyendo lo siguiente:

"Y dirá: No soy profeta; labrador soy de la tierra, pues he estado en el campo desde mi juventud."

A causa de las drásticas medidas adoptadas, que incluyen la muerte aún a manos de sus propios padres, los falsos profetas mentirán cada vez que alguien les pregunte si son profetas, porque afirmarán ser agricultores.

Por otra parte, la profesión de profeta, recordemos, era uno de los tres oficios mencionados en el Antiguo Testamento, de la Biblia, que junto con la de Rey y Sacerdote, ya no existirán más en Israel. Aquellos hombres, los profetas falsos tendrán que regresar a trabajar la tierra, a ser labradores. Si usted puede recordarlo, estimado amigo oyente, vimos precisamente este asunto al estudiar al profeta Amós, el cual debió regresar a esta labor, después de haber concluido su oficio como profeta.

Llegamos ahora al versículo 6 de este capítulo 13 de Zacarías, que dice así:

"Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos."

Resulta evidente que esta frase no puede referirse al Mesías, porque continúa la descripción de los falsos profetas de los dos versículos anteriores. Por otro lado, este versículo ha sido traducido por algunos críticos como: "Fui herido en casa de los que me amaban". Pero tampoco puede referirse a Jesús, en su primera venida, porque Él no fue amado, sino aborrecido, tal y como dice su discípulo Juan cuando escribe: "A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios".

Cierto es que los israelitas del futuro, algún día le recibirán como su Señor y Salvador. Y que al mirarle, le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Entonces Él responderá que por su causa fue herido, cuando Él vino la primera vez. Por ello, el versículo que acabamos de leer, sigue refiriéndose a los falsos profetas los cuáles, a fin de negar su asociación con prácticas paganas, mentirán para negar las marcas sospechosas que tienen en su cuerpo. Esto sucederá porque los falsos profetas se auto infligían severos cortes, lesiones y marcas con el fin de elevar su éxtasis durante los ritos idólatras de adivinación. Pero ellos mentirán afirmando que las cicatrices son el resultado de algún ataque que sufrieron por parte de sus amigos.

Veamos ahora lo que dice el versículo 7 de este capítulo 13 de Zacarías:

"Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice el Señor de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos."

Tal y como veremos en éste y en los siguientes dos versículos, Zacarías pasó de los falsos profetas que supuestamente fueron heridos en la casa de sus amigos al profeta verdadero, a Jesús, que fue realmente herido en la casa de sus amigos, en Israel. Este versículo presenta acontecimientos pertinentes al primer advenimiento del Mesías y su crucifixión, mientras que en los siguientes se referirá al segundo advenimiento y al remanente judío en la segunda venida.

El versículo que acabamos de leer nos recuerda al que ya leímos en el versículo 10 del capítulo 12 de Zacarías: "Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito",.

Dios habló por medio de Zacarías en este versículo para referirse al así llamado "Pastor Verdadero", aquel que da la vida por sus ovejas, aquel Hombre poderoso a quien identifica como su colaborador más íntimo.

Cuando se refiere a "Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas" se refiere a que, quien debía ser realmente herido, era el pastor malo o necio, y no el Buen Pastor, cuya muerte ya había sido determinada desde antes de la fundación del mundo.

En cuanto a las ovejas, muchos son los intérpretes que las identifican con los discípulos de Jesús, que lo abandonaron después de su arresto, incluido Pedro, quien le negó tres veces. Y cuando menciona "y haré volver mi mano contra los pequeñitos" se refiere, según los mismos eruditos, al igual que "a los pobres del rebaño", al remanente de creyentes entre los judíos quienes fueron fieles al Mesías después de su crucifixión. La frase final del versículo: "y haré volver mi mano contra los pequeñitos" puede parecernos contradictoria: ¿El propio Señor se vuelve contra sus fieles? Nada más lejos de la realidad: Los indicios apuntan a que éstos sufrirían persecución, como finalmente sucedió, aunque también podría traducirse como "y haré volver mi mano sobre (en lugar de contra) los pequeñitos", lo cual aludiría a la protección de Dios sobre éstos.

La tragedia del pueblo de Israel es ésta: que cuando Él vino por primera vez, ellos no Le reconocieron. Muchos otros escritores han basado el argumento de sus obras en dramas similares, en los que un terrible error de interpretación cambia drástica y dramáticamente el curso de los acontecimientos; Shakespeare, por ejemplo, escribió "La Comedia de los Errores", Dickens, por su parte, "La Historia de dos Ciudades", Víctor Hugo, el "Conde de Monte Cristo."

Pero esta historia es mucho más trágica que aquéllas, porque los hechos fueron reales: el propio Dios que permite el asesinato de su hijo; los cómplices, Su propio pueblo, y las consecuencias: la herida de muerte inflingida con el sacrificio de Jesús a Satanás, y la vida eterna, para los que Le acepten como Señor y Salvador; ¿Podría acaso haber escrito alguno de los escritores anteriores un drama de semejantes proporciones épicas, con un alcance universal y eterno?

¡Qué panorámica se abre ante nuestros ojos, estimado amigo oyente! Si usted recuerda, el profeta Juan el Bautista mencionó esto, tal y como podemos leer en el capítulo 1 del evangelio según Juan, versículo 26: "Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis". Y el Señor Jesucristo mismo dijo: "Porque vosotros no conocéis el tiempo de vuestra visitación". ¡Qué declaración más tremenda esa, querido amigo! Más tarde, el apóstol Pablo, en su segunda epístola a los Corintios, capítulo 3, versículos 14 y 15, dijo: "Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos". Y usted puede imaginarse que este velo se encuentra sobre sus corazones, no sobre sus mentes. Porque la fe no es una cuestión de la mente, sino del corazón. Y puede darse cuenta que cuando este velo que nubla la fe es quitado, cuando el corazón está preparado para creer y recibirle, usted puede volverse hacia Él, con la fe sencilla de un niño, que sin hacerse más preguntas, corre con los brazos abiertos hacia su Padre.

No nos sorprende entonces que Jesús, hablando con Sus discípulos les preguntara: "¿Quién creéis vosotros que soy yo?". Y fue Simón Pedro el que habló por todos los demás, y dijo: "Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente". Y algún día serán ellos quiénes le pregunten a Jesús, según afirma el versículo 6 de este capítulo 13 de Zacarías:" ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y Él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos".

Leamos nuevamente el versículo 7, que decía así:

"Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice el Señor de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos."

¿Quién hubiera pensado que estas palabras se referían al mismo Señor Jesucristo? Representan una clara referencia a Él, dado que cuando uno acude al evangelio según Mateo, capítulo 26, versículo 31, podemos darnos cuenta al leer lo siguiente: "Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas". Él se aplicó estas palabras a Sí mismo. Zacarías estaba refiriéndose a Él cuando dijo: "Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas". Y cuando Él venga, por segunda vez, ellos dirán: "¿Qué heridas son estas en tus manos? Y Él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos". Y Él afirma en el capítulo 12 que ese día será el del gran arrepentimiento del pueblo de Israel.

Retomemos nuestra lectura en el versículo 8 del capítulo 13 de Zacarías, donde leemos:

"Y acontecerá en toda la tierra, dice el Señor, que las dos terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán; mas la tercera quedará en ella."

De manera clara se alude a que sólo una porción del pueblo de Israel permanecerá fiel a Cristo y estará con vida al final de todos estos acontecimientos. Los supervivientes espirituales conformarán el remanente que mirará a Cristo con arrepentimiento, e incluirá a personas que formarán parte de los 144.000 aludidos en Apocalipsis 7:4.

Y a continuación, el versículo 9, dice:

"Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová, el Señor, es mi Dios."

Según esta declaración, en medio de su purificación por el fuego, el remanente de elegidos del pueblo de Israel verá a Jesucristo, su Mesías, y lo invocará como su Salvador y Señor. De este modo, Israel será salvo y restaurado a una relación de pacto con el Señor.

Bien, estimados oyentes, vamos a detenernos aquí por hoy. Retomaremos nuestro estudio de Zacarías en nuestro próximo programa, donde seguiremos analizando los mensajes del profeta que encontraremos a partir del capítulo 14.

Mientras tanto, nos permitimos sugerirle leer este último capítulo, con el que finaliza el libro, para comprender mejor las últimas declaraciones y profecías de Zacarías. Hasta entonces, nos despedimos de usted rogando al Señor que en Su misericordia usted pueda comprender cada día más el alcance profundo y eterno de la Palabra de Dios. Le esperamos en nuestro próximo programa.

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