Estudio bíblico de Apocalipsis 4:7-5:1

Apocalipsis 4-5

Versículos 4:7 - 5:1

Retomemos juntos nuestro estudio del libro profético del Apocalipsis en el lugar que lo dejamos en el programa anterior, esto es, en el capítulo 4, versículo 7.

Recordemos brevemente que en el anterior programa iniciamos una serie de visiones de "las cosas por venir", es decir, de hechos que tendrán lugar en el futuro, un futuro del que no tenemos fecha pero que, sin duda, algún día llegará.

Esta es una de las conclusiones que podemos extraer de este fascinante libro: tenemos que estar preparados; el cristiano tiene que estar preparado para todo lo que ha de venir; nuestros ojos deben estar en el Cielo más que en la tierra, lo cual no debe implicar una pérdida del sentido de la realidad, sino un nuevo sentido de la trascendencia y de la eternidad: El cristiano no sólo debe ser "bueno", sino que, además, debe ser trascendente. Y este libro, con todo su contenido, nos invitan a ser trascendentes, a mirar más allá de lo que humanamente podemos ver con nuestros sentidos naturales; más allá de lo que podemos tocar, oír y sentir; Apocalipsis en una invitación a desarrollar "una perspectiva eterna" porque nos invita a mirar al Cielo, sin despegar los pies del suelo.

La Biblia nos cuenta el principio y el final de los tiempos. Y nos conviene conocer ambos. Dice la Biblia que todo comenzó con Dios: "Porque todo, absolutamente todo en el cielo y en la tierra, visible e invisible, todo comenzó en él y para los propósitos de Él" (Col. 1:16). Apocalipsis también nos habla del propósito de nuestra vida. Y no se trata de nosotros. El propósito de nuestra vida excede en mucho a nuestros propios logros, a nuestra tranquilidad o incluso a nuestra felicidad. Para el cristiano el propósito de la vida no es "ser feliz" sino "ser como Cristo". El propósito de nuestra vida es mucho más grande que nuestra familia, nuestra carrera, o aún nuestros sueños o anhelos. Porque la Biblia dice que nacimos por Su voluntad y para Su propósito. Y a diferencia de lo que dicen casi todos los libros de auto-ayuda, no encontraremos el sentido de nuestra vida buscando en nuestro interior. Y dado que usted no se creó a sí mismo, tampoco hay probabilidad de que usted mismo pueda saber para qué fue creado. Dios es el punto de partida. Usted, amigo y amiga, existe tan sólo porque Él desea que usted exista. Así de simple; así de increíble. Usted fue creado por Dios y para Dios, y permítanos decirle que hasta que no lo entienda, su vida no tendrá ningún sentido.

Apocalipsis nos ayuda a situar nuestra mente en el futuro celestial. Nos ofrece un punto de vista que trasciende los problemas de nuestro día a día. Es una ventana abierta hacia el futuro, hacia un futuro que la Biblia denomina "los últimos tiempos" y que a todo ser humano le interesa conocer.

Desde el origen de la vida el hombre ha realizado numerosas cábalas acerca de nuestro destino en el universo. Y la Biblia nos cuenta una historia; La Historia del ser humano, desde el punto de vista de Dios. Muchos adivinos y profetas han aventurado fechas sobre el fin del mundo, y la Biblia predice, de hecho, un "fin del mundo", al menos tal y como lo conocemos. Conocerlo, nos ayudará a valorar mejor nuestro presente, a invertir más en nuestro futuro celestial y a trabajar más intensamente en lo que es realmente importante: que toda criatura conozca el plan de Dios para su vida para así poder vivir eternamente.

Situándonos en la Palabra, recordemos que versículos atrás, el autor de este libro, el Apóstol Juan, había sido trasladado "en espíritu" al cielo, donde fue espectador una serie de visiones asombrosas. Juan apenas pudo traducir lo que vio en palabras: el Trono de Dios, los veinticuatro ancianos que le adoraban y los cuatro seres vivientes alrededor del Trono. En nuestro programa anterior reflexionamos acerca de la posible interpretación de estos particulares "cuatro seres vivientes", y mencionamos que lo más probable es que se tratasen de querubines, unos ángeles muy especiales que, según la Biblia, rodean y alaban a Dios constantemente.

Por otro lado, también comentamos la importancia que Dios otorga a la alabanza que Él desea recibir por parte de los demás seres creados, y que la idea de la Naturaleza entera alabando a Dios aparece más de una ocasión en el Antiguo Testamento de la Biblia. Por ejemplo, el hermoso Salmo 48, es una cita imponente de toda la naturaleza que se une para alabar a Dios.

Estimado amigo y amiga, la actividad más humilde e ignorada del mundo puede ser un acto de verdadera adoración y culto a Dios. Porque, ¿Cuál es el fin principal del hombre? Es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre. Y nosotros cumplimos este cometido cuando hacemos lo que Dios nos envió a hacer en este mundo. Un trabajo bien hecho, el que sea, en una oficina, en el campo, en la iglesia, en cualquier lugar, se convierte en un acto de adoración si lo realizamos con excelencia, "como si fuera para Dios mismo", y se eleva al cielo como el mejor himno de alabanza a Dios. Esto quiere decir que el hombre de ciencia en su laboratorio, la maestra en su escuela, el dependiente de una tienda, el técnico de una empresa o de una obra, el ama de casa en sus labores, todos los que están haciendo un trabajo en el mundo como Dios manda, participan en un acto de adoración global.

Ahora bien, ¿Cuál es el simbolismo de estos cuatro seres vivientes? Leamos de nuevo el versículo 7:

7 El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando.

No pasó mucho tiempo antes de que la iglesia del primer siglo encontrara ciertos simbolismos en los cuatro seres vivientes. En particular el relacionarlos con los cuatro evangelios y sus respectivos autores. La primera y más completa identificación la hizo Ireneo, hacia el año 170 d.C. Mantenía que los cuatro seres vivientes representaban cuatro aspectos de la obra de Jesucristo, y que a su vez estaban representados en los cuatro evangelios.

El primer ser viviente era semejante a un león. El primer Evangelio representa al Señor Jesús como el Rey. Nació, vivió murió, resucitó y volverá como un Rey. Todo lo que hace Jesucristo en el Evangelio de Mateo lo hace como Rey. El león representaba la Obra poderosa y efectiva del Hijo de Dios, Su señoría y Su poder soberano.

El segundo ser viviente, el buey, representaba la proyección sacerdotal de Su Obra, porque es el animal del sacrificio. En el Evangelio de Marcos, Jesucristo es presentado como "el Siervo". El tercer ser viviente, "El hombre" representaba Su Encarnación. El Evangelio de Lucas presenta al Señor Jesús como "el Hijo del Hombre". En este Evangelio se enfatiza Su humanidad. El cuarto ser viviente, el águila, en el Evangelio de Juan se nos comunica la deidad de Cristo.

Ireneo añadió, además, que estos cuatro seres vivientes representaban los cuatro pactos principales que Dios hizo con la raza humana. El primero lo hizo con Adán, antes del diluvio. El segundo, con Noé, después del diluvio. El tercero, al dar la Ley de Moisés. El cuarto fue el que renovó con el hombre por medio de Cristo, "resucitando y llevando a los hombres en sus alas al Reino celestial".

Más adelante, la identificación realizada por Agustín fue la que llegó a aceptarse, dado que se correspondía mejor con los hechos. Mateo está mejor representado por el león, porque presenta a Jesús como el León de la tribu de Judá, Aquel en quien se cumplieron todas las profecías de los profetas. Marcos está mejor representado por el hombre, porque es el que más se parece a un reportaje de la vida humana de Jesús. Lucas está mejor representado por un buey, porque nos presenta a Jesús como un sacrificio por todas las clases y condiciones de hombres y mujeres en todas partes. Por último, Juan está mejor representado por el águila, porque es el ave que vuela más alto, y se dice que es la única criatura viviente que puede mirar al sol sin deslumbrarse; y, sin duda, Juan es el evangelio que se remonta más a las alturas.

Leamos ahora el versículo 8 de este capítulo 4 de Apocalipsis, donde se menciona lo siguiente:

8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.

Aquí se nos presenta la incesante alabanza de la Naturaleza a Dios. Esta breve doxología recoge tres atributos de Dios: En primer lugar, se le alaba por Su Santidad. Santidad significa "diferente" o "apartado". Y esto es supremamente cierto en Dios. Él es diferente de todos los seres humanos. Precisamente por eso somos movidos a adorarle. Y no es solamente santo, sino tres veces santo. En segundo lugar, se le alaba por Su omnipotencia. Dios es omnipotente, es decir, es todopoderoso, o puede hacer cualquier cosa.

Las personas a las que iba dirigido el Apocalipsis vivían bajo la constante amenaza del imperio romano, un poder que ninguna persona o nación podía desafiar y quedar impune. Imagínese, estimado oyente, lo que significaría para los cristianos de la época estar seguros de que con ellos estaba el Todopoderoso, el que todo lo puede. Y esa es la certeza que tenemos los cristianos contemporáneos: disfrutamos de una seguridad que no tiene que ver con la liberación de los problemas sino de saber que a nuestro lado está Dios mismo, el Todopoderoso.

Y en tercer lugar, en esta doxología se le alaba por Su eternidad. Los imperios surgen y desaparecen; aún los cielos y la tierra perecerán; pero Dios es siempre el mismo, y Sus años no acabarán, por lo cual Sus siervos habitarán seguros (Salmo 102: 25-28). El que era, el que es, y el que ha de venir. Y eso se refiere a Cristo. Él se identificó a Sí mismo al principio mismo de este libro de esta manera: Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir. (Ap. 1:8). Así se identifica Él para nosotros

Prosigamos nuestra lectura en los versículos 9 al 11 de este capítulo 4 de Apocalipsis:

9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas. (Ap. 4:9-11)

Este es la primera escena de una adoración grandiosa. Ya hemos visto que los cuatro seres vivientes representan a la naturaleza en toda su grandeza, y a los veinticuatro ancianos a la gran Iglesia unida en Jesucristo. Así es que cuando los ancianos y los seres vivientes se unen en alabanza, se simboliza la Naturaleza y la Iglesia unidas alabando a Dios. Una alabanza in-interrumpida.

Juan utiliza aquí una figura muy conocida en el mundo antiguo: Los ancianos rendían sus coronas ante el trono de Dios. En el mundo antiguo aquel gesto era expresión de una sumisión total. Cuando un rey se rendía a otro, echaba su corona a los pies del vencedor. Y la doxología de los ancianos alaba a Dios por dos cosas: Él es su Señor y Dios. Esta frase sería especialmente impactante para los cristianos de aquella época, pues la expresión original para Señor y Dios era Kyrios kai Theós, que era el título oficial y exclusivo del emperador romano Domiciano. Y era, precisamente, el que los cristianos no reconocieran semejante pretensión del Emperador la razón por la que los perseguían y asesinaban.

En segundo lugar, los ancianos alaban a Dios porque es el Creador. Ahora, notemos lo que dice aquí: porque tú creaste todas las cosas. Hay algo aquí que deseamos destacar, y el Dr. Walvoord lo señala en su excelente libro sobre el Apocalipsis. Usted puede notar que estos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono. Ellos le adoran por Sus atributos, porque Él es quien es y por Su voluntad y propósito todas las cosas existen. El ser humano ha adquirido muchos poderes, pero no el de crear. Puede alterar, reformar o destruir. Pero no crear. Únicamente Dios puede crear de la nada. Y el universo entero le pertenece. .

Llegamos ahora, amigos y amigas oyentes, al capítulo 5 del Apocalipsis, cuyo primer versículo dice así:

1 Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.

Si un día, cuando Dios lo determine, vamos al Cielo, por ser hijos de Dios, por haber nacido dentro de la Familia de Dios, por el nacimiento espiritual que ocurre cuando aceptamos a Jesucristo como Salvador, el único que puede limpiarnos de todo pecado y quien nos promete una Eternidad con Él; si vamos un día al Cielo, entonces deberíamos conocer algunos detalles de ese lugar. ¿No le parece, estimado amigo, amiga oyente?

Hemos visto que la Iglesia se encuentra en el Cielo con Cristo. Él dijo: Para que donde yo estoy, vosotros también estéis. (Jn. 14:3). Vamos a estar con Él. Eso lo vemos aquí en el capítulo 5, que vamos a comenzar, como también lo vimos en el capítulo 4. Hemos visto que el Trono es el centro del capítulo 4. El León y el Cordero, ambos representando a Cristo, serán ahora el centro de este capítulo 5. Él es el Cordero sobre el Trono. Él es el Soberano y Salvador. Él está a cargo de todos los eventos que siguen.

La escena se desarrolla en el cielo, previo a los eventos de la Gran Tribulación, que se desarrollará en la Tierra, pero la iglesia ya está en el cielo con Él.

Ahora, Juan dice: Y vi en la mano derecha el que estaba sentado en el trono. ¿Cuál es el testigo de estos sucesos? Es Juan, el apóstol y él está viendo, con sus ojos físicos, estas escenas que intenta describir.

Esta visión de Juan guarda un paralelismo extraordinario con otra visión del profeta Ezequiel, el cual describió la siguiente escena: "Miré y vi una mano extendida hacia mí, y en ella un libro enrollado. Lo extendió delante de mí, y estaba escrito por delante y por detrás; y había en él escritos de cantos fúnebres, gemidos y ayes" (Eze. 2:9).

Aunque esta traducción de la Biblia, la Reina Valera de 1969 traduce la palabra "libro", en realidad se trataba más bien de un rollo lo que Dios tenía en su mano. En el mundo antiguo, hasta el siglo II, d.C., la forma en que se presentaba un escrito era en un rollo, no en el formato de un libro, tal y como lo conocemos en la actualidad. Estaba, además, "escrito por dentro y por fuera". Esto era típico de diversos tipos de contratos en el mundo antiguo, como los títulos de propiedad, actas matrimoniales, acuerdos de arrendamiento, préstamos y testamentos. Por dentro, el rollo contenía todos los detalles del contrato y por fuera, o por la parte de atrás, un resumen del documento en caracteres más grandes.

En este caso se trataba de un título de propiedad, la propiedad de Dios sobre toda la Tierra. Este documento estaba, además, sellado con siete sellos. Los romanos sellaban sus testamentos siete veces en los bordes de cada rollo para impedir que fueran abiertos por una persona no autorizada. Los títulos hebreos de propiedad requerían un mínimo de tres testigos y tres sellos diferentes, y las transacciones más importantes requerían todavía más testigos y sellos. El caso es que el contenido de este rollo era tan secreto que estaba sellado con siete sellos.

Pensamos que aquí se trata de un título de propiedad. Ahora, hay varias explicaciones en cuanto a esto. Y creemos que es necesario leer varios pasajes de las Escrituras que nos señalan esto. En el capítulo 7 del libro de Daniel, versículo 13, dice: Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de Él. Creemos que aquí tenemos una sugerencia que lo que se está entregando al Señor Jesucristo, es el título de propiedad de este mundo, de esta Tierra, en el cual usted y yo vivimos. Él la creó. Él la redimió. Le pertenece a Él. Este es el cuadro que se nos presenta aquí.

También tenemos una cita similar en el libro de Zacarías. Usted recordará que dijimos que era necesario conocer el libro de Zacarías para poder conocer Apocalipsis. Y en el capítulo 5, versículo 1 de Zacarías, leemos: De nuevo alcé mis ojos y miré, y he aquí un rollo que volaba. Luego, sigue diciendo en los versículos 2 y 3: Y me dijo: ¿qué ves? Y respondí: Veo un rollo que vuela, de veinte codos de largo, y diez codos de ancho. Entonces me dijo: Esta es la maldición que sale sobre la faz de toda la tierra; porque todo aquel que hurta (como está de un lado del rollo) será destruido; y todo aquel que jura falsamente (como está del otro lado del rollo) será destruido.

Vamos a finalizar nuestro programa de hoy leyendo los tres siguientes versículos de este capítulo quinto del Apocalipsis, aunque hoy no los comentaremos sino en nuestro próximo programa. Dicen así estos versículos:

"Y vi a un ángel fuerte que preguntaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra podía abrir el libro, ni aún mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo".

Estimados oyentes, esperamos encontrarles de nuevo aquí, en las ondas, en nuestra próxima cita, para seguir profundizando en este apasionante libro, que tiene tanto que enseñarnos a los hombres y mujeres del siglo XXI.

Hasta entonces, ¡que Dios le Bendiga!

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