Estudio bíblico de Apocalipsis 8:6-13

Apocalipsis 8

Versículos 6-13

Bienvenidos estimados amigos y amigas oyentes a un nuevo programa de La Fuente de La Vida, en el cual estamos recorriendo, uno a uno, los libros de La Biblia, que es "el gran libro", el "libro de los libros" que es la Palabra de Dios, y contiene los principios, la conducta y el pensamiento cristiano. Como siempre recomendamos desde aquí, léala y hallará vida, paz y sabiduría. Hallará mucho más que esperanza; hallará certezas inquebrantables, más necesarias hoy que nunca. El hombre y la mujer de hoy necesitan algo más, aparte de sus propias fuerzas para salir adelante en la vida. Necesitan algo mucho más grande que ellos, necesitan una guía, una brújula. Muchos encuentran esta orientación en los libros de auto ayuda, en la meditación trascendental o, simplemente, en los placeres y deleites de la vida. Desde aquí, una vez más, le invitamos para que inicie la mayor aventura de su vida, sumergiéndose en las páginas de un libro llamado La Biblia, capaz de cambiar su vida; no porque ésta sea mala, sino porque puede ser mucho mejor, mucho más equilibrada, mucho más satisfecha y mucho más feliz.

Por eso, le invitamos a que prepare su Biblia y nos acompañe, una vez más, en un programa en el que volveremos a sumergirnos de lleno en el libro de Apocalipsis, uno de los libros más impactantes del mundo. Apocalipsis es un libro fascinante, pero, a la vez, de los menos comprendidos. Mucho se ha escrito de él, pero poco se ha entendido. Y para eso estamos hoy aquí, para abrirlo, leerlo y entenderlo. Retomamos el viaje que comenzamos hace ya unos cuantos programas, situándonos en el versículo 6 del capítulo 8:

6 Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.

Para refrescar nuestra memoria, y en beneficio de los oyentes nuevos que se incorporan por vez primera a nuestro programa, recordemos que en el capítulo 5 el apóstol Juan, el autor de estas revelaciones que Jesucristo le hizo "ver y escuchar" en unas visiones extraordinarias, vimos como Cristo fue el único que se halló digno de abrir un libro que tenía en sus manos. Ese libro o documento, representa el título de propiedad de todo el Universo. Siete sellos acreditan la importancia de ese documento y, a medida que Jesucristo va abriendo cada uno de los siete sellos que aseguran el documento, cada sello desata una nueva demostración del juicio de Dios sobre la Tierra y el desenlace del periodo futuro de Tribulación. Los siete sellos incluyen todos los juicios hasta el fin.

El capítulo ocho comienza con la apertura del séptimo sello del documento. El apóstol Juan, como privilegiado espectador y testigo excepcional, relató el silencio que se hizo en el Cielo, en señal de asombro y anticipación por los juicios que Dios estaba a punto de desatar.

Recordemos que estamos analizando un periodo de tiempo de siete años llamado la "Gran Tribulación", que tendrá lugar en la Tierra poco antes de la Segunda Venida de Jesucristo que regresará para establecer Su Reino en el mundo. La visión de "las trompetas", marcarán el comienzo del periodo más intenso y dramático de la Gran Tribulación.

Comentamos, a modo de introducción a este capítulo ocho que la apertura del séptimo sello desenlaza los juicios de las siete trompetas, y con la última, la séptima trompeta comenzará los juicios de las siete copas, que veremos en el capítulo16. Todos los juicios se enlazarán uno con el otro, en rápida sucesión justo antes del regreso de Jesucristo.

También comentamos que hubo una tensa media hora de silencio. Las oraciones de los santos que habían sufrido persecución y hasta muerte de martirio por su fe en Jesucristo, pidiendo justicia y juicio, han sido escuchadas por Dios. Se ha dado la orden para que comiencen a sonar las trompetas. Los ángeles, atentos, toman su posición para ejecutar la orden de Dios, y al tocar sus trompetas la ira divina se desatará sobre la Tierra. Aunque nos puede sonar extraño pensar en Dios o en los ángeles tocando trompetas, esta figura contiene una verdad simbólica. En el Antiguo y también en el Nuevo Testamento las trompetas y su sonido siempre tuvieron un significado importante. Podían significar un toque de alarma, para despertar de un sueño o advertir de un peligro. También podía significar el sonido que anunciaba la llegada de un rey. También es el símbolo adecuado para expresar que el Rey de Reyes va a invadir el tiempo y el espacio de la Tierra. Por último, también podría indicar un zafarrancho de combate. Dios siempre está llamando a los hombres a que tomen partido en la lucha entre la verdad y la falsedad, y para que se alisten como soldados del Rey de Reyes.

Dice el versículo 7 de este capítulo 8 de Apocalipsis:

7 El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde.

Lo que aquí tenemos es una descripción de las fuerzas elementales de la naturaleza lanzadas en juicio contra el mundo. A cada toque de trompeta es atacada una parte diferente del mundo; la destrucción que se produce no es total, porque esto no es más que el preludio del fin. Como acabamos de leer, el primer toque de trompeta produce destrucción en la tierra, luego, sobre el mar, luego sobre el agua dulce de los ríos y manantiales, luego, sobre los cuerpos celestes. Así, la marea de la destrucción se desata sobre cada parte del universo creado.

En esta primera ocasión, el juicio de Dios cae sobre toda la vida vegetal, desde el pasto o hierba hasta los grandes árboles. Toda clase de vida botánica se ve afectada. Notemos, sin embargo, que aquí se menciona que solamente es afectada una tercera parte. Pero es, sin duda, un golpe muy duro sobre la tierra. El fuego es el gran instrumento usado por Dios. En el primer juicio global, Dios utilizó el agua en el Diluvio; ahora será el fuego el que purificará la Tierra. Las praderas y los bosques cubiertos de hierbas serán destruidos parcialmente por el fuego. Tal y como nos relata el libro del Génesis, la vida vegetal fue la primera creada por Dios y será la primera en sufrir sus destrucción.

Encontramos una similitud extraordinaria entre las plagas en Egipto, narradas en el libro del Éxodo, y los juicios de las trompetas. Tanto aquellas como éstas son plagas reales, no metafóricas, ni simbólicas; son absolutamente reales y su cumplimiento será literal. En el capítulo 9, versículo 18 de Éxodo, podemos leer lo siguiente: "He aquí que mañana a estas horas yo haré llover granizo muy pesado, cual nunca hubo en Egipto, desde el día que se fundó hasta ahora". Y cuando cayó este granizo sobre la Tierra, se nos dice que destruyó la hierba del campo en el país de Egipto. Y en el versículo 25 leemos: "Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo destrozó el granizo toda la hierba del campo, y destruyó todos los árboles del país". Se nos dice que destruyó todos los árboles del país. Fue una destrucción total, del cien por cien. Ahora, en Apocalipsis se menciona una tercera parte de la Tierra. Veamos ahora lo que dice la segunda trompeta; leamos los versículos 8 y 9 de este capítulo 8 de Apocalipsis:

8 El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. 9 Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida.

Ahora se habla del mar, que ocupa la mayor parte de la superficie terrestre. El apóstol Juan no está diciendo aquí que una montaña ardiendo cayó o se precipitó al mar. Juan describe que era una masa, como si fuera una gran montaña ardiendo que se precipitó en el mar. Podría tratarse de un meteorito o un asteroide que, al penetrar en la atmósfera en estado incandescente causará un impacto tal que creará un oleaje de enormes Tsunamis que destruirá la tercera parte de las naves y barcos del mundo. Al referirse aquí Juan a que "el mar se convirtió en sangre", podría tratarse de un acontecimiento conocido como marea roja, motivado por la contaminación masiva del agua debido a la presencia de miles de millones de microorganismos muertos, causado por la colisión de la mencionada "gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar". Aunque también podría tratarse de sangre literal, como resultado directo del juicio de Dios, tal y como sucedió en una de las plagas del antiguo Egipto.

En el libro del profeta Jeremías, capítulo 51, versículo 25, leemos lo siguiente: "He aquí yo estoy contra ti, oh monte destruidor, dice Jehová, que destruiste toda la tierra; y extenderé mi mano contra ti, y te haré rodar de las peñas, y te reduciré a monte quemado". Esta masa literal cae a un mar literal y una tercera parte llega a ser sangre literal, y una tercera parte de todas las criaturas vivientes literalmente en una mar literal mueren una muerte literal. Nada puede ser más claro que todo esto. Los hombres hablan con metáforas, pero Dios no.

Por otro lado, no podemos ni imaginarnos el golpe que puede representar la pérdida de una tercera parte de los barcos, buques, navíos, petroleros, veleros, submarinos, etc., del mundo. Un golpe económico y un terrible impacto y drama social, por la pérdida de bienes pero, sobre todo, de miles de vidas humanas,

Llegamos ahora a la tercera trompeta. Leamos los versículos 10 y 11 de este capítulo 8 de Apocalipsis:

10 El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. 11 Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas.

Aquí leemos cómo otro cuerpo celeste, quizá un cometa, dado que a su paso va dejando una estela gigante, se desintegrará al aproximarse a la tierra y los escombros contribuirán a contaminar aún más la Tierra. Aquí Juan denomina a esta estrella con un extraño nombre. "Ajenjo". ¿Qué significa? El ajenjo es una sustancia amarga y venenosa que se obtiene de una raíz. Aunque normalmente no causa la muerte, produce ebriedad y enajenación. Pero los israelitas las temían por su amargura. Dice el libro de Deuteronomio (29:17) que el ajenjo era el fruto de la idolatría. Dios amenazó a los falsos profetas por medio de Jeremías de que les haría comer ajenjo y beber agua envenenada (Jeremías 9:14, 23:15). El ajenjo representa, pues, la amargura del juicio de Dios sobre los desobedientes.

En este caso, el ajenjo causará la contaminación del agua dulce y eso sólo significa una cosa: muerte y sequía. Si algo necesita el ser humano es el agua. Sin agua no es posible la vida, ni el cultivo, ni la producción industrial, ni muchas de las actividades cotidianas humanas. ¡Cuánto depende el hombre del agua de los ríos! Y aquí tenemos que el juicio de Dios caerá sobre este vital y precioso elemento llamado agua. Israel tuvo, hace ya miles de años, una experiencia similar tras huir de Egipto y cruzar el Mar Rojo; llegaron a un lugar llamado Mara y, sedientos como estaban, se encontraron con que las aguas eran amargas. Moisés, el líder del pueblo judío, oró a Dios y éste le indicó que tomara un árbol y lo arrojara en las aguas amargas para que se convirtieses en dulces.

Y vemos que ahora sucede exactamente lo contrario. Durante la Gran Tribulación, las aguas dulces se convertirán en amargas debido a la contaminación producida por un meteorito o cometa.

Leamos ahora el versículo 12 de este capítulo 8 de Apocalipsis:

12 El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche.

Con cada sonido de trompeta vemos que un terrible juicio gradual desciende sobre la Tierra. En este caso, de forma sobrenatural, Dios reducirá en una tercera parte la luminosidad de los cuerpos celestes. La pérdida de luz y calor solar producirá, inevitablemente, una reducción radical de la temperatura, produciendo cambios drásticos en la meteorología y en los ciclos biológicos y botánicos. Sin embargo, veremos que esta medida es temporal. Pero veremos hasta qué punto, la vida en la tierra, sus cosechas, la energía, etc., depende de la luz solar.

El libro del Génesis relata que fue en el cuarto día de la creación cuando estos cuerpos celestiales aparecieron. Habían sido creados antes, pero fue entonces cuando fueron iluminados; y ahora es como si esta luz fuera disminuida en una tercera parte. Dios había permitido que estas luces iluminaran, la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche. ? dice en Génesis 1:16. Estas lumbreras también eran para servir de señales para las estaciones. (Génesis 1:14). El Señor indicó que en la Gran Tribulación habría señales especiales en los cuerpos celestiales. El Señor Jesucristo mencionó este tema en el evangelio de Mateo, capítulo 24, versículo 29, donde dice: "E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas".

Y como acabamos de mencionar, las leyes de la naturaleza se verán severamente alteradas debido a esta ausencia de la luz solar. En cierta ocasión, en una ciudad industrial del noreste de los Estados Unidos hubo necesidad de clausurar muchas plantas o fábricas y varios miles de trabajadores fueron despedidos, por lo que muchos se vieron obligados a dejar la ciudad para buscar su sustento en alguna otra parte. Uno de estos trabajadores, sin perder su sentido del humor, colocó en llamativo cartel a la salida de la ciudad que decía: "El último que abandone la ciudad, por favor, apague las luces". Y siguiendo esta metáfora, vemos cómo Dios apagará literalmente las luces de la tierra. El Señor dijo claramente en el libro de Génesis, capítulo 8, versículo 22: "Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche". Pero esto parece paradójico, ¿verdad? Un estudioso de la Biblia llamado Roberto Govett escribió lo siguiente: "Aún continuará el día, aunque su brillantez se haya visto disminuida. Dios demuestra así Su poder para cuestionar el derecho del hombre con respecto a esta promesa, a este pacto, dado que no ha cumplido con los términos de ese pacto".

Leamos a continuación el versículo 13, el último versículo de este capítulo 8 de Apocalipsis, que dice así:

13 Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!

Aquí tenemos de nuevo una de las pausas de la historia que Apocalipsis usa tan eficazmente. Tres terribles ayes, están a punto de caer sobre la Tierra, cuando los tres restantes ángeles den los últimos toques de trompeta; pero de momento, hay una pausa. En esta pausa, Juan ve un águila ?no un ángel, como dicen algunas traducciones bíblicas, aunque la Reina-Valera de 1995 ya pone "águila" en una nota. Es posible que el original quiera decir "un águila solitaria". La expresión "por medio del cielo" quiere decir el cenit del cielo, donde el sol está posicionado al mediodía. Aquí tenemos una figura muy impactante y dramática, de un cielo vacío y un águila solitaria volando a través del cénit, augurando una maldición por venir. Esta figura implica que Dios usa la naturaleza para enviar mensajes a los hombres. El Señor Jesucristo dijo en Mateo, capítulo 24, versículo 28: Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas. Y eso será después de esa gran Batalla de Armagedón. Y con esta idea, queridos amigos, concluimos hoy estudio del capítulo 8 de Apocalipsis.

No deje de acompañarnos en nuestro próximo programa, en el que nos sumergiremos nuevamente en la apasionante lectura del capítulo 9 de Apocalipsis, en cuyo primer versículo el quinto ángel de la quinta trompeta, tocará su instrumento, desatando un nuevo y terrible juicio sobre el mundo. Por nuestra parte continuamos rogando a Dios que Su Palabra, que es viva y eficaz, hallen eco y respuesta en el corazón y mente de cada uno de nuestros oyentes, no por el temor al futuro anunciado en este libro profético de Apocalipsis, sino por la revelación de Jesucristo como el único Mediador capaz de reconciliarnos con Dios, por medio del Amor que demostró al ser juzgado en nuestro lugar, por nuestros pecados, en la cruz del Calvario.

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