Estudio bíblico de Apocalipsis 11:13-12:2

Apocalipsis 11 - 12

Versículos 11:13 - 12:2

Continuamos hoy, amigos oyentes, nuestro recorrido por este interesantísimo libro llamado Apocalipsis. Un libro sin igual, lleno de hechos sorprendentes acerca de un tema que durante siglos ha intrigado al hombre: ¿Cómo será el final de los tiempos? ¿Existirá realmente un "final de los tiempos" o se trata más bien de una fábula religiosa más, propia de mentes supersticiosas, insensatas y poco instruidas? ¿Pueden el hombre y la mujer modernos creer y pensar en un "más allá", en una "vida después de la vida"? Los cristianos creemos que la Biblia es la verdad, y que contiene el plan de Dios para el hombre, el ser humano. La Biblia dice que hubo un comienzo y habrá un final. Que el hombre se reveló contra Dios desde el comienzo mismo de la Historia, y decidió vivir la vida por su lado, un plan muy alejado del mundo perfecto que Dios había creado. Pero gracias al sacrificio de Jesús en la Cruz, hoy tenemos libre acceso al perdón de nuestros pecados y a la vida eterna. Por eso solemos decir desde aquí que la Biblia es la fuente de vida, vida abundante para usted y su familia. Y ahora estamos dedicando estos programas a hablar del fin, del fin del mundo, para conocerlo, aprender a vivir sabiamente y a valorar las oportunidades que nos ofrece la vida para demostrar al mundo el amor de Dios por el hombre.

Reiniciemos nuestro estudio en el versículo 13 del capítulo 11. Para que nos situemos, estamos en la pausa o intermedio que se produce entre la sexta y la séptima trompeta, y en un intervalo entre el segundo ay y el tercer hay, del que leeremos en breve. Recordemos que el segundo ay está relacionado con la sexta trompeta. Leímos en nuestro programa anterior la sobrenatural resurrección de los Dos Testigos, después de los tres días y medio que sus cuerpos estarán expuestos en las calles de Jerusalén. Después de su ascensión al Cielo, delante de todos los atónitos testigos, se producirá un devastador terremoto, que aparentemente sólo afectará a la ciudad de Jerusalén, al igual que sucedió en el mismo momento que Jesús murió, en esta ocasión habrán siete mil víctimas mortales. Recordemos también que a estas alturas de estos terribles acontecimientos ya ha fallecido el equivalente a la mitad de la población mundial. Releamos el versículo 13 que ya avanzamos en nuestro programa anterior, el cual dice así:

13 En aquella hora hubo un gran terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y por el terremoto murieron en número de siete mil hombres; y los demás se aterrorizaron, y dieron gloria al Dios del cielo.

Dios marcará la ascensión de sus profetas con un terremoto devastador. La destrucción y la pérdida de vidas afectarán a los líderes de las fuerzas del Anticristo. La expresión: "y los demás se aterrorizaron", se refiere a los judíos que sigan con vida y que aún falten por acudir a la fe en Cristo. Esta experiencia genuina de salvación entre los judíos supervivientes, a diferencia de aquellos que blasfemaban y se negaban a glorificar a Dios, constituirá un cumplimiento clave de la profecía de Zacarías (12:10 y 13:1) así como del Apóstol Pablo (Ro.11:25, 26). Leamos ahora el versículo 14 que dice así:

14 El segundo ay pasó; he aquí, el tercer ay viene pronto

Aquí concluye el segundo ay y el interludio entre la sexta y la séptima trompeta. El arrepentimiento final de Israel conducirá a la inauguración del Reino milenario, pero antes deberán suceder los fulminantes juicios finales. Sin embargo, lo que hace difícil estos pasajes, los que hoy estudiaremos, es que parecen indicar que las cosas han acabado en una victoria definitiva, cuando aún nos queda la mitad del libro. La explicación, como ya mencionábamos en nuestro anterior programa, es que este texto bíblico es una especie de compendio de todo lo que sigue, y que básicamente podríamos resumir en los siguientes sucesos: Tendrá lugar una victoria en la que los reinos de este mundo llegan a ser los reinos del Señor y de Su Ungido, lo cual es realmente una cita del Salmo 2:2 y es otra manera de decir que ha comenzado el reinado mesiánico. En vista de esta victoria, los veinticuatro ancianos, es decir, la Iglesia Universal, romperá en acciones de gracias. Esta victoria dará comienzo al tiempo en el que Dios asumirá Su autoridad suprema (versículo 17), introduciendo el reinado de los mil años, un periodo de absoluta paz y prosperidad. Al final del Milenio, se producirá un ataque final de todos los poderes hostiles (versículo 18), que serán finalmente derrotados, y entonces recién tendrá lugar el Juicio Final. En el versículo 19 regresaremos al presente. Habrá una visión del Templo celestial abierto, y del Arca del Pacto. La séptima trompeta nos presentará las siete personalidades o los siete personajes que nos encontramos en los capítulos 12 y 13. El tercer ay comenzará cuando Satanás, uno de estos personajes, sea arrojado a la Tierra, tal y como se menciona en el capítulo 12, versículo 12 de este libro de Apocalipsis.

En el versículo 15 asistiremos al toque de la séptima trompeta, que marcará el final de la Gran Tribulación, y la apertura del Templo en el cielo. Leamos ahora los versículos 15 al 18:

15 El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. 16 Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, 17 diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. 18 Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

El séptimo toque de trompeta tiene un gran significado y es especialmente relevante para la correcta comprensión del resto del libro. El programa de Dios nos lleva cronológicamente al comienzo de la Eternidad, que dará principio exactamente en el capítulo 21 de Apocalipsis. La séptima trompeta incluirá los "siete juicios finales de las copas" que se detallarán en el capítulo 16, así como todos los sucesos que conducen al establecimiento del Reino milenario (cap. 20); y la coronación de Jesús como Rey Soberano (cap. 19). La lista siguiente nos ayudará a centrar estos eventos en nuestras mentes:

1.- Al toque de la séptima trompeta se nos dice que hubo grandes voces en el cielo. Como usted recordará, cuando se abrió el séptimo sello, hubo un gran silencio en el cielo. Aquí tenemos un contraste, porque al tocarse la séptima trompeta se revelará definitivamente el programa de Dios y todas las criaturas creadas por Dios podrán ver el final, manifestando un gran júbilo al anticipar la inminente derrota del mal.

2.- Los reinos del mundo (el cosmos) han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. Aunque en este pasaje se utiliza la expresión "reinos del mundo" la verdad es que, el vocablo original dice literalmente "reino" ? en singular. Esto sucede porque a pesar de las numerosas diferencias políticas y culturales, la Biblia considera al mundo entero en sentido espiritual, como un solo reino que ha estado bajo el dominio de un solo tirano, Satanás (Juan 12:31, 14:30, 16:11, 2 Co. 15:24). La mayoría de los gobernantes humanos han seguido el ejemplo de Satanás y han sido hostiles a Cristo (Sal 2:2, HH. 4:26). La prolongada rebelión del reino del mundo terminará con el regreso victorioso del Señor Jesucristo para derrotar a Sus enemigos y establecer Su Reino mesiánico (Ib. 2:2, 3). Esto demuestra el hecho de que los reinos de este mundo en el presente están bajo Satanás; todos están unidos bajo su dominio. Algunas personas creen, erróneamente, que Satanás controla cierta parte de este mundo y que el Señor controla otra parte. Pero en realidad, la Biblia afirma que todos los reinos de este mundo pertenecen a Satanás.

Mucho se jacta el hombre de haber creado una moderna sociedad civilizada de paz y prosperidad, de justicia e igualdad, de oportunidades y libertad; pero nada de ello es cierto, ¿verdad, estimados oyentes? Nuestro mundo sufre los efectos de una pésima gestión de los recursos naturales, del egoísmo de las naciones, de la maldad de algunos gobernantes, de la indiferencia de muchos políticos y de la ambición desmesurada por el materialismo. Es una civilización condenada a la autodestrucción que se está dirigiendo hacia juicio de Dios. Este mundo llegará a ser de Cristo algún día, tal y como podemos leer aquí: "De nuestro Señor y de Su Cristo". Todo este reino será de Él algún día, y no será por voluntad humana, ni por ningún poder terrenal que mediante edulcorados discursos de hermandad y amor entre los seres humanos, persuada a nadie. Este mundo será entregado a Él, al Señor, y Él reinará, tal y como se menciona en el Salmo 2, versículos 2 y 3: "Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra Su Ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas". Esta fue la situación que caracterizará a la Iglesia cristiana primitiva, o primera, tal y como podemos leer el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 24, versículos 23 al 26. En el Salmo 2, versículo 9 dice: "Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás".

3.- 16 Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, sobre sus rostros, y adoraron a Dios, 17 diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. Esta imagen implica a la Iglesia al completo, en un acto común de adoración y celebración por la Segunda Venida de Cristo a la Tierra. Esta será la respuesta a nuestras oraciones de: "Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra".

4.- 18 Y se airaron las naciones También hemos leído que las naciones se mostraban airadas. Esto nos revela el hecho de que la rebelión obstinada del hombre continuará aún hasta el mismo fin, hasta momento del Juicio Final. Desde el pecado de Adán y Eva, al comienzo de la existencia del hombre sobre la Tierra, el corazón obstinado del hombre siempre ha estado en abierta rebelión contra Dios. Y esta vieja naturaleza, esta naturaleza carnal que usted y yo tenemos, es desobediente con Dios. Estimado oyente, aunque le suene extraño, por mucho que lo intente, usted jamás podrá obedecer a Dios. No importa lo que usted haga. A esto se refería el Apóstol Pablo en su carta a los romanos, capítulo 8, versículo 7 cuando escribió: "Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden". Nadie puede controlar lo que denominamos "la vieja naturaleza". Sólo en Cristo Jesús, es decir, sólo mediante las fuerzas que da Jesús, podremos vivir sabiamente y sin pecado. Porque la obediencia es anti natural en nosotros.

5.- y tu ira ha venido... Las naciones se mostraban airadas porque habían creído solamente en la supuesta bondad perdonadora de dios, de un dios que no juzga, porque el hombre se está transformando en un ser más bueno y más tolerante, comprensivo y libre, cuando la realidad de la Humanidad, del ser humano, demuestra todo lo contrario

6.- "Y el tiempo de juzgar a los muertos". Esto nos lleva al Gran Trono Blanco, que veremos más adelante, en el capítulo 20 de Apocalipsis. El derramamiento final de la ira de Dios incluye el juicio de los muertos (M. 25:31-46; Jn. 5:25-29).

7.- "Y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes". La Iglesia ya habrá entrado a Su presencia. Los creyentes ya habrán recibido su recompensa. Ya vimos las coronas sobre las cabezas de los ancianos. Aquí se refiere a los santos del Antiguo Testamento, a los santos de la Tribulación que han sido incluidos en la primera resurrección, pero en un momento diferente, y estos ahora van a recibir su recompensa al iniciarse el Reino.

8.- y de destruir a los que destruyen la tierra. El juicio tiene dos partes: Primero Dios recompensa a los Santos del Antiguo Testamento (Dt. 12:1-3; cp. 22:12; 1 Co. 3:8; 4:5), también recompensa a la Iglesia "arrebatada", que ha sido llevada al cielo antes del comienzo de la Tribulación (1 Co. 15:51,52; 1 Tes. 4:13-18), así como también a los Santos de la Tribulación (20:4). En segundo lugar, Dios condena a los incrédulos y los envía para siempre al lago de fuego (20:15). Dios destruirá a los que destruyen la tierra. Y esto es al hombre y a Satanás. El hombre es tan destructor como lo es Satanás. Se nos ha advertido en las Escrituras: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar" (1 P. 5:8). Continuemos con el versículo 19 de este capítulo 11 de Apocalipsis:

19 Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.

Este pasaje nos confirma una vez más que habrá un templo en el cielo. Este santuario, el templo de Dios en el Cielo, estará abierto ("fue abierto en el cielo") dando lugar a permanente adoración y acceso a Dios. El lugar Santísimo celestial donde Dios mora en gloria ya había sido identificado capítulos atrás (4 y 5) como Su trono. El Apóstol Juan ya había visto el trono (4:5). El altar (6:9, 8:3-5) y aquí, el lugar santísimo. Aparece también otra mención: "Y el arca de su pacto se veía en el templo". Esto nos recuerda que Dios es un Dios de pactos; a diferencia del hombre, Dios siempre cumple. El arca del pacto se mantenía en el Templo y en el Tabernáculo del Antiguo Testamento, simbolizando la presencia de Dios así como Su expiación y Su pacto con Su pueblo. El Arca de la alianza terrenal sólo fue una representación del Arca celestial (He. 9:23; 10:20). Allí Dios suministró misericordia y expiación por el pecado, así como el lugar Santísimo terrenal fue abierto tan pronto se pagó el precio del pecado (Mt. 27:51; He. 10:19, 20), el lugar Santísimo en el cielo también es abierto en cumplimiento del Nuevo Pacto de la salvación de Dios y de Su propósito redentor en medio del juicio divino.

"Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo". Esta frase nos habla de los juicios que acontecerán.

Y con esto se introduce el capítulo 12. ¿Qué veremos de aquí en adelante? Asistiremos al conflicto final entre Israel y Satanás después que éste haya sido arrojado del cielo. Y como último acto de esta tremenda representación del fin, asistiremos a la puesta en escena de siete personajes, siete protagonistas que desempeñarán un papel dominante en la Gran Tribulación: Una mujer, un dragón escarlata; un hijo varón, el arcángel Miguel; el remanente de Israel y las dos bestias. Estas son los siete personajes sobre los que pivotará la historia y que analizaremos aquí. Tras ello, seremos, una vez más, espectadores del derramamiento de las siete copas de la ira así como de la destrucción final de la Babilonia comercial y la Babilonia religiosa.

Ahora bien, los siete misteriosos personajes anteriormente mencionados no son imágenes metafóricas o simbólicas: son personas reales, naturales o sobrenaturales, físicas o espirituales, gobernantes o naciones, y la identificación que hagamos de cada uno de ellos será muy reveladora para la adecuada comprensión del libro de Apocalipsis. Leamos ahora los versículos 1 y 2 de este capítulo 12 de Apocalipsis, que dicen lo así:

1 Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. 2 Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.

Juan nos relata la primera de siete señales de la segunda mitad de Apocalipsis. Y la pregunta aquí es: ¿Quién es esta mujer? Para algunos comentaristas, especialmente aquellos que siguen la posición católico-romana, se trata de una representación de la virgen María. Otros, en cambio, interpretan que la mujer es la iglesia cristiana de todas los siglos. Ha habido incluso algunas mujeres que han fundado sectas asegurando ser la encarnación de la mujer aquí mencionada, como el caso de Joanna Southcott, quien insistió en ser la mujer de Apocalipsis capítulo 12, afirmando que en octubre de 1.814 tendría un hijo varón, cosa que aunque nunca sucedió, lo cual no impidió que unas 200.000 personas la siguieran como discípulos. Y aunque no podemos ser dogmáticos a la hora de interpretar algunos pasajes de Apocalipsis, sucede que debemos prestar cuidadosa atención a los detalles que aparecen en este pasaje, como son el sol, la luna y las estrellas, señales que en la Biblia siempre han estado íntimamente ligadas al pueblo de Israel, como sucedió en el sueño que tuvo el personaje bíblico José, hijo de Jacob. La historia la encontramos en Génesis, capítulo 37, versículos 9 y 10: "Soñó aún otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?"

Es nuestra opinión que no nos encontramos ante una mujer en sentido literal, sino de una alusión simbólica al pueblo de Israel, que también se representó en el Antiguo Testamento como prometida y esposa de Dios. (Is. 54:5, 6; Jer. 3:6-8). En Apocalipsis aparecen otras tres mujeres simbólicas: Jezabel, quien representa al paganismo (2:20), la mujer vestida de púrpura y escarlata (17:3-6) que simboliza la iglesia apóstata, y la esposa del cordero (19:7), que es el símbolo de la Iglesia verdadera. El contexto deja claro que esta mujer no representa a la iglesia. El hecho de que esté "vestida de sol" alude a la gloria, a la dignidad y a la posición exaltada de Israel, el Pueblo de la Promesa, que será salvo y recibirá de Dios un reino. La imagen de la luna bajo los pies es una posible descripción de la relación del pacto que Dios mantuvo con Israel, ya que las nuevas lunas se asociaban con la adoración (1 Cr. 23:31, 2 Cr. 2:4; 8:13; Esd. 3:5, Sal. 81:3). Las doce estrellas podrían representar las doce tribus de Israel.

Queridos amigos y amigas, nos gustaría despedirnos de usted con la siguiente idea: Sólo hay dos maneras de pasar por la vida: con sabiduría o sin ella. La sabiduría no sólo es necesaria para interpretar las Sagradas Escrituras sino también para poder vivir seguro y en paz. Los que caminan con sabiduría pueden estar seguros de que tendrán una vida de contentamiento y paz: una vida rebosante de confianza en el amor y la presencia de Dios en cada día de su vida. Los que caminan sin sabiduría, en cambio, pueden estar seguros de que tendrán una vida llena de conflictos, decepciones y descontento. Y si caminar con sabiduría nos reporta tales beneficios, ¿por qué no somos más los que nos apropiamos de dichos beneficios? ¿Qué estamos pasando por alto?

Ante tantas opciones e ideas diferentes sobre lo que es una vida abundante, plena y gratificante, ¿cómo podemos actuar con sabiduría en nuestras relaciones, a la hora de tomar decisiones y al establecer nuestras prioridades?

Estimado amigo y amiga; en la Biblia, la Palabra de Dios, usted encontrará todo lo que necesita para alcanzar una vida plena, por medio de una relación personal con Jesucristo. Esperamos que estos programas le estén ayudando a comprender mejor las Escrituras, no para aumentar su conocimiento, sino para mejorar su vida. Ya lo dijo una vez un famoso predicador de las Escrituras: "La Biblia no nos ha sido dada por Dios para saber más, sino para vivir mejor, para vivir sabiamente". Porque admitámoslo: todos tenemos áreas que necesitan desarrollarse: nuestro carácter, nuestra paciencia, nuestra disciplina, nuestras prioridades, nuestra relación de pareja, nuestro comportamiento como maridos, como padres, como esposas, como madres, y un largo etcétera. Y la Biblia puede proveerle de los recursos, las fuerzas y la orientación necesaria para ello. Le animamos desde aquí a que la lea cada día, que la medite, que la ponga a prueba, que la incorpore a su vida diaria y cotidiana; usted puede existir sin la Biblia, pero no puede vivir plenamente sin ella.

Hasta nuestro próximo encuentro, ¡que Dios le bendiga abundantemente!

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