Estudio bíblico de Apocalipsis 19:1

Apocalipsis 19

Versículo 1

Muy estimado amigo, amiga oyente: hemos llegado hoy, en nuestro interesante maratón, -que hemos comenzado hace varios años a través del "libro de los libros", la Biblia,- al capítulo 19 de Apocalipsis; es un capítulo clave dentro de este singular libro. Juan, el apóstol, evangelista y autor del mismo, continúa narrando todo lo que él vio y oyó, tanto en el Cielo al que fue llevado en sus dramáticas visiones, como en la Tierra, donde presenció la cadena de acontecimientos que aquí ocurrirán en "los últimos días" de nuestro planeta. Recordemos que Juan nos relató el orden cronológico de eventos por acontecer en un futuro cuya fecha no le ha sido revelada. Dios, por amor, le reveló al apóstol Juan el futuro de la Humanidad, y de nuestro "hábitat", la Tierra; Dios quiere enviar a los creyentes un mensaje de aliento en la justicia divina, y a aquellos que le rechazan o ignoran, una seria advertencia e invitación al arrepentimiento.

Hemos llegado a un capítulo muy relevante que narra, nada menos, que la Segunda Venida de Jesucristo al mundo. Dada la especial relevancia de este impactante y trascendental evento, que ocurrirá y será visto por todos los habitantes de nuestro planeta, para su adecuada comprensión, hoy centraremos nuestra atención al contexto y antecedentes de este capítulo. Si nos acompaña por unos minutos, juntos, vamos a disfrutar, una vez más, de la lectura de la Palabra de Dios.

El tema del capítulo 19 de Apocalipsis, se hace eco de las alabanzas en el Cielo motivadas por las denominadas "Bodas del Cordero y el regreso de Cristo" a la Tierra para juzgar y gobernar, ya como rey, a las naciones durante Su reino de los mil años. Pero antes de embarcarnos de lleno en la lectura en este capítulo, echemos un rápido vistazo hacia atrás para recapitular los hechos que nos han llevado hasta este punto.

Juan escribió este libro después de haber vivido esas visiones del futuro, y por lo tanto lo hace en tiempo pasado, pero como todo el contenido es una profecía de hechos todavía no acontecidos, los relataremos en tiempo futuro. El Anticristo se ha hecho con poder absoluto mundial como dictador. Su lema: paz y seguridad. En la primera parte de la Tribulación, ese período de siete años divididos en dos partes, su política estará marcada por cambios radicales que, en primera instancia, beneficiarán a la Humanidad. Como consecuencia, una aparente paz se extenderá rápidamente por todo el mundo. Su poder llegará a extenderse hasta el punto de llegar a dominar políticamente a los demás gobiernos nacionales, así como otros ámbitos colaterales, tales como la religión. Para aquel entonces, la verdadera iglesia, denominada en las Sagradas Escrituras como la esposa de Cristo, ya habrá sido trasladada sobrenaturalmente de la Tierra al Cielo, antes del mismo comienzo de la Tribulación. En medio de aterradores sucesos, provocados por la ira y el juicio de Dios sobre la Tierra, Israel volverá a convertirse en el testigo de Dios en la historia, representada por una multitud de 144.000 judíos, embajadores de Su Palabra, especialmente sellados por Dios para ser protegidos mientras dan testimonio de Él. Adicionalmente a éstos, encontraremos otra gran multitud, de gentiles, también sellados con la marca protectora de Dios.

En algún momento cerca de la mitad del período de Tribulación de siete años, un rey del norte se levantará contra Israel y será juzgado por Dios de la misma manera que sucedió en el pasado con los malvados ciudadanos de las poblaciones de Sodoma y Gomorra, ambas destruidas por Él, tal y como se relata en el capítulo 38 del libro del profeta Ezequiel.

Este suceso abrirá las exclusas de un canal de inmensa aflicción para la población del mundo, para el ser humano, el cual seguirá, a pesar de las evidencias sobrenaturales, renegando y blasfemando contra Dios. En este punto de la Historia, el Anticristo comenzará a actuar sin engaño ni disimulo, sin máscara alguna para disimular su verdadera identidad demoníaca. La Humanidad dominada bajo el control de Satanás, comenzará así la última milla en el camino de su inexorable autodestrucción. El mundo, tal y como hoy lo conocemos, comenzará a desintegrarse, a semejanza de un fruto maduro, listo para la cosecha de la ira de Dios. El denominado hombre de pecado, el Anticristo, el dictador mundial, romperá su pacto con la nación de Israel. El Medio Oriente será durante este periodo, el centro neurálgico de los principales sucesos mundiales. Al comienzo de la Tribulación el dictador, el Anticristo apoyará a una seudo-iglesia, que será la unidad de todas las religiones, credos y sectas, con su sede, posiblemente, en la ciudad sobre las siete colinas, Roma. Esta iglesia adquirirá tal poder que el Anticristo la destruirá totalmente, para autoproclamarse como única divinidad, objeto de culto y adoración sobre la Tierra, semejante a los emperadores romanos. Por tanto, los reyes de la Tierra se mostrarán serviles y sumisos ante él.

Cuando el Anticristo llegue al poder mundial, reconstruirá el antiguo Imperio Romano, unirá a diez naciones que le darán el poder y la fuerza para dominar el resto del mundo. También reedificará la ciudad de Babilonia, como capital de su imperio mundial. Recordemos cómo la antigua Babilonia, sobre el río Éufrates, llegó a ser el centro económico y político del mundo antiguo.

Los juicios de Dios se sucederán de manera rápida e inexorable sobre un mundo blasfemo que ha rechazado a Dios, no una, sino numerosísimas veces. De un solo golpe, una cuarta parte de la población del mundo será eliminada. Posteriormente, una tercera parte del mundo será destruido. La naturaleza se verá enormemente afectada; la vegetación, los árboles, todo se secará, gran parte de la fauna marina dejará de existir; también se secarán los ríos, y el comercio marítimo será muy mermado. El mundo, tal y como lo conocemos, será completamente destruido. El sol, la luna y las estrellas también serán tocados. Y sobre la tierra, un desastre tras otro acontecerá; pero el corazón del hombre, seguirá sin arrepentirse; lejos de ello, levantará su puño contra el cielo, -dice Apocalipsis-, y blasfemará contra Dios.

Después de estos acontecimientos, el relato bíblico nos traslada a un escenario bélico en la tierra de Israel. Millones de hombres serán movilizados para intervenir en una contienda militar que no es una simple batalla sino la guerra de Armagedón. Hasta tal punto llegará la masacre que la Biblia utiliza una expresión que no deja lugar a dudas: la sangre de los soldados llegará hasta los frenos de los caballos. Recordemos que antes de que todo esto suceda, los verdaderos hijos de Dios, los que han creído y aceptado al Hijo de Dios, a Jesucristo como su único Salvador y Señor, que forman Su iglesia, serán sacada de la Tierra para estar con Él en el Cielo, aunque, posteriormente, regresarán con Él a la Tierra.

Nosotros, como cristianos, realmente no tenemos esa actitud "de esperar" los hechos narrados a partir del capítulo 4 hasta el capítulo 18 de Apocalipsis. El Apocalipsis es un libro profético escrito hace casi 2.000 años, pero cuyo cumplimiento se sitúa en el futuro. Nuestra expectativa se basa en la esperanza de encontrarnos cara a cara con nuestro Dios y Salvador, Jesucristo. Ni siquiera sabemos el día, o el año aproximado en el que Él regresará; pero sin duda, lo hará. Puede que sea pronto; puede que sea hoy mismo, incluso antes de concluir este programa. Pero también podría ser dentro de cien años o, incluso, cientos de años; nadie puede predecirlo con certeza. Cualquier persona que pretenda fijar una posible fecha para Su regreso yerra, dado que la Biblia afirma que ni siquiera el Hijo de Dios, Jesucristo, conoce dicha fecha, sino sólo el Padre. El Dr. Bill Anderson, un conocido estudioso de la Biblia, solía decir: "Dios está preparando el escenario. Parece que viene pronto".

Ahora bien, una vez dicho todo esto, llegamos al capítulo 19 de Apocalipsis donde leeremos acerca de las Bodas del Cordero y el regreso de Jesucristo para ejercer su juicio sobre los hombres y sobre las naciones. En este capítulo nos encontramos, en primer lugar, cuatro "aleluyas", tal y como apreciaremos en los primeros 6 versículos. Posteriormente leeremos sobre la Esposa del Cordero y la cena de las Bodas del Cordero, en los versículos 7 al 10. En tercer lugar, asistiremos al regreso de Jesucristo como Rey de reyes y Señor de señores, en los versículos 11 al 16. A partir de aquí se desencadenará la batalla, la guerra de Armagedón, en los versículos 17 y 18. A continuación, veremos el castigo del Anticristo y de su Falso Profeta en los versículos 19 al 21.

Como puede ver, estimado amigo y amiga, el capítulo 19 de Apocalipsis recoge numerosos acontecimientos, además de suponer un drástico cambio en el tono narrativo del propio libro. La destrucción de la ciudad de Babilonia, capital del reino del Anticristo, el Dictador, la Bestia, señalará el fin de la Gran Tribulación. Después de todos los dramáticos y terribles acontecimientos que hemos vivido de la mano del profeta y apóstol Juan, ahora podemos, al fin, vislumbrar un rayo de esperanza. Los terribles días del juicio han finalizado. Y asistiremos al evento más esperado de la historia, al menos por los cristianos, tras la muerte y resurrección de Jesucristo: Su Segunda Venida a la Tierra para establecer Su Reino. Es por ello que los estudiosos de la Biblia denominan a este capítulo el puente entre la Gran Tribulación y el Milenio, el reino milenario que el Señor Jesucristo establecerá en la Tierra.

Ahora bien, retrocediendo al comienzo del capítulo, observaremos con mayor detalle dos hechos de gran significado: Las Bodas del Cordero y el regreso de Jesucristo a la tierra. Un evento sigue al otro.

El capítulo 19 de Apocalipsis, comienza con un sonoro multitudinario aleluya. La traducción de esta palabra hebrea aparece cuatro veces en el Nuevo Testamento y todas en este capítulo. Esta exclamación significa "Alabado sea el Señor" y ocurre con frecuencia en el Antiguo Testamento. Cuando leamos el capítulo completo, observaremos que hay cinco razones por las que ellos alaban a Dios: 1º) Ha librado a su pueblo de sus enemigos (v.1); 2º) porque ha administrado justicia (v.2); 3º) porque ha aplastado de forma permanente la rebelión humana (v.3); 4º) se ha mostrado soberano (v.6) y 5º) porque ha mantenido la comunión con Su pueblo (v.7). Leamos pues el versículo primero de este capítulo 19 de Apocalipsis, que dice así:

1 Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro;

Juan comienza utilizando la expresión: "Después de esto"; procedente del griego "meta-tauta". ¿A qué se está refiriendo exactamente? Se trata, sin duda, a una referencia al tiempo cronológico transcurrido tras la destrucción de Babilonia al final de la Gran Tribulación, justo antes de que sea establecido de denominado Reino Milenario de Cristo en la Tierra, en el capítulo 20.

Juan también añade: "Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo". Posiblemente Juan se está refiriendo a ángeles, porque los Santos se suman a ellos más adelante (v.5). El motivo parece claro: el regreso inminente del Señor Jesucristo a la Tierra es la causa de semejante profusión de alabanza.

Podemos observar aquí cómo los "aleluyas" han sido reservados hasta la victoria final, y resulta interesante constatar cómo esta palabra, "aleluya" es habitualmente utilizada en el libro de los Salmos, como por ejemplo en el Salmo 146 y también en el Salmo 150. El Salmo 150 es un hermoso cántico de alabanza que bien pudiera haber sido entonado por tal multitud en el cielo. La Gran Tribulación ya ha pasado. ¡Cristo viene! La iglesia será unida a Cristo a semejanza de una unión matrimonial. El Salmo 104, versículo 35, dice: "Sean consumidos de la tierra los pecadores, y los impíos dejen de ser." ¿Qué es lo que quiere decir eso? Y continua: "Bendice, alma mía, a Jehová. Aleluya." Aleluya porque Dios viene a juzgar y los impíos serán quitados de la tierra. Aleluya como una expresión de alabanza de regocijo ante el comienzo de la última etapa de la "historia de la salvación".

El apóstol Pablo, en su epístola a los Romanos, capítulo 8, versículos 18 al 23, ya habló a este respecto: "Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo".

Muy estimado amigo, y amiga que nos escucha: el reloj de la historia avanza inexorablemente hacia el cumplimiento perfecto del plan de Dios para la Humanidad. Se acerca el día en el que la Tierra será liberada de la esclavitud del pecado y la Creación dejará de gemir por el mal trato recibido por parte del hombre.

El autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee relataba que en su juventud encargó la construcción de una casa con escaleras para subir a las diferentes plantas. Con el devenir de los años, el sencillo ejercicio de subir y bajar aquellas hermosas escaleras se tornó, paulatinamente en una pequeña tortura. Las antaño hermosas escaleras se tornaron en un horroroso instrumento de tortura en el que cada escalón era capaz de arrancarle un doloroso gemido. Su esposa le decía que no era necesario gemir a cada paso, pero él le solía responder que el gemido era algo santo y bíblico: "Nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos", dice la Escritura. Anécdotas aparte, estimado oyente, algún día ya no habrá más gemidos, sino sólo "Aleluyas". De esto nos habla toda la Biblia, y especialmente este pasaje. Algún día ya no habrá más problemas, ni sufrimientos, dolores, ni problemas de salud, ni guerras entre los hombres, ni entre éstos y Dios.

Lo cierto, estimado amigo, es que Dios merece ser alabado porque de Él proviene nuestra salvación; Él merece ser alabado por Su inmensa gloria y Su infinito poder. Cada uno de estos tres atributos debería despertar en nuestros corazones un intenso sentimiento de alabanza, no por obligación, sino por gratitud y amor hacia Él. Su Gloria, debería despertar nuestra reverencia. Y Su inmenso poder, siempre ejercido con amor, y justicia, debería despertar en nosotros confianza y descanso. Estos tres elementos; la gratitud, la reverencia y la confianza, son los ingredientes de la verdadera alabanza.

En este pasaje, Dios es alabado porque ha ejercido su Justo y Verdadero juicio. El juicio es la consecuencia inevitable del pecado. El famoso científico T.S. Kepler solía afirmar lo siguiente: "No se puede quebrantar la ley moral más fácilmente que la ley de la gravedad". Dios es el único perfecto en Sus juicios por tres razones: 1ª, porque sólo Él puede ver los pensamientos y deseos íntimos de una persona. 2ª, porque Él es el único que tiene esa pureza capaz de juzgar sin prejuicios. Y 3ª, porque sólo Él posee la sabiduría para encontrar el juicio correcto y que tiene el poder para aplicarlo.

La iglesia falsa, la seudo-iglesia, aquella que pretenderá aglutinar a todas las religiones, pero sin proclamar a Jesucristo, el Hijo de Dios en quien hay perdón y salvación eterna; quien por Su obediencia y amor vino a este mundo para saldar la deuda de los pecados y transgresiones del ser humano muriendo en una cruz, y quien resucitó al tercer día para interceder, como abogado defensor, ante el Dios Padre, hasta su regreso a la Tierra; esa iglesia falsa, llamada también "la gran ramera", será juzgada por Dios, porque habrá corrompido al mundo. Dicen, que el peor de los pecados, es el de enseñar a pecar a otros. Y aquí encontramos otra razón para regocijarse: El juicio justo de Dios es la garantía fiel de que Dios nunca abandona a los Suyos de manera indefinida.

Juan, el apóstol, tiene siempre un doble propósito: el primero, relatarnos las cosas que habrán de suceder cuando Jesucristo regrese de nuevo, con el ánimo de alentarnos a "estar preparados y vivir cada día con la pasión y con la excelencia de como si fuera el último". El segundo; desafiarnos a alcanzar mayores cotas espirituales, a seguir sumergiéndonos en las profundidades de la Palabra para disfrutar lo que está por debajo de la superficie, y que antes nos quedaba oculto a los ojos. Juan, el último autor de la Biblia, nos recuerda que hay "vida después de la vida", y que está a nuestro alcance decidirnos, mientras tengamos tiempo.

Los ángeles que alaban a Dios a gran voz nos enseñan aun otra cosa que no deberíamos olvidar: a llevar una vida de alabanza, por el sencillo motivo de que deseamos honrarle sobre todas las cosas, porque Le amamos de todo corazón, hasta tal punto, de que deseamos obedecerle en todo, cueste lo que cueste.

El verdadero sentido de la alabanza y adoración va mucho más allá de cualquier expresión musical, lingüística o cultural. Es una actitud, un código universal que solamente comprenden quienes han hecho de sus propias vidas una manifestación constante de alabanza y adoración a Dios. No necesitamos ir a una iglesia para alabar a Dios, porque podemos hacerlo mientras trabajamos, mientras cocinamos, hacemos deporte, conducimos, mientras esperamos en la cola para pagar la compra. Y, además, no sólo podemos alabar a Dios con palabras o pensamientos, sino también con nuestros actos; podemos alabar a Dios mientras estamos haciendo algo "como si fuera para Él". Si usted trabaja de manera excelente y realiza cada una de sus tareas con la mayor excelencia, "como si fuera para Dios", está alabando a Dios. Y aunque usted no fuera valorado por su jefe en su trabajo, si trabaja como para Dios, eso es adoración: es dedicarle a Él todo lo que usted hace, todo lo que usted dice, todo lo que usted piensa. La alabanza, querido amigo y amiga, son más que palabras: es un estilo de vida.

Estimados oyentes, hasta aquí nuestro estudio de hoy. No se pierda nuestro siguiente programa, donde seremos testigos, de la mano del apóstol y evangelista Juan, de la Segunda Venida de Cristo. ¡Que Dios bendiga Su Palabra y a usted, estimado amigo, amiga oyente!

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