Estudio bíblico de Éxodo 39-40

Exodo 39 y 40

En nuestro programa anterior resumimos diversos aspectos del altar del holocausto, de la pila de agua, del atrio o patio exterior, las entradas al tabernáculo y la situación del israelita, con los pasos que tenía que seguir para ser aceptado en la presencia de Dios. Comparamos aquella situación con la del individuo de nuestra época, ante su problemática personal de solucionar el problema del pecado que le separa de Dios, y la actitud que Dios requiere para aceptarle como hijo en Su presencia.

Llegamos así al

Exodo 39

Tema: el vestuario de los servicios religiosos y las vestiduras santas; el efod; el pectoral; las túnicas y capas, etc.; todo el vestuario fue examinado y aprobado por Moisés.

La primera sección de este capítulo trata sobre

Las vestiduras santas del sumo sacerdote

Aarón era el sumo sacerdote y todas las vestiduras que llevaba ilustraban la persona y la obra de Cristo. Ya hemos hablado anteriormente del modelo para esas vestiduras. Comencemos nuestra lectura de hoy con los versículos 1 y 2:

"Además, de la tela azul, púrpura y escarlata hicieron vestiduras finamente tejidas para ministrar en el lugar santo, y también hicieron las vestiduras sagradas para Aarón, tal como el Señor había mandado a Moisés. También hizo el efod de oro, de tela azul, púrpura y escarlata y de lino fino torcido."

Las vestiduras eran calificadas como "santas" porque habían sido apartadas para el servicio a Dios. El versículo 5 continúa con la descripción de la ropa del sumo sacerdote:

"Y el cinto hábilmente tejido que estaba sobre él, era del mismo material, de la misma hechura: de oro, de tela azul, púrpura y escarlata y de lino fino torcido, tal como el Señor había mandado a Moisés."

Se dice del cinto, que había sido "hábilmente tejido", es decir, que había sido tejido de una forma excepcional. El sumo sacerdote utilizaba 8 prendas de vestir. Cuatro de ellas eran similares a las usadas por todos los sacerdotes. Y los otras cuatro eran peculiares y le distinguían de los demás sacerdotes; eran vestiduras hermosas apropiadas para la gloria y belleza de la presencia de Dios. El sumo sacerdote era una figura de nuestro gran Sumo Sacerdote, el Señor Jesucristo, en toda su extraordinaria gracia y gloria. Cada elemento de sus vestiduras tenía un carácter simbólico.

En el gran día de la expiación, cuando Aarón llevaba la sangre al Lugar Santísimo, se quitaba todas sus vestiduras que reflejaban aquella belleza y gloria, y se vestía únicamente con las ropas sencillas de lino que utilizaban los demás sacerdotes. Es así que se presentaba en aquel lugar sencillamente, sin adornos, pero puro.

El lino blanco utilizado por los sacerdotes nos habla de justicia. En su libro, el profeta Isaías 52:11, escribió lo siguiente, exhortando a sus contemporáneos a abandonar una ciudad caracterizada por la idolatría, apartaos, apartaos, salid de allí, nada inmundo toquéis; salid de en medio de ella, purificaos, vosotros que lleváis las vasijas del Señor."

Dios aun habla de esta manera. Yo no creo que El utilice a un creyente que esté pecando, permitiendo en su vida cosas que desagradan a Dios, que se apartan de su carácter y voluntad, no importando los talentos y capacidades que esa persona pueda tener. Es como si tal creyente no estuviese haciendo nada para Dios porque El no acepta esas obras, que son como la madera, heno y paja que, en aquella imagen en la que el apóstol Pablo, en su primera carta a los Corintios 3:12, comparaba con el oro, plata y piedras preciosas de las obras de auténtico valor para el Señor. Debemos revestirnos con la justicia de Cristo y entonces, vivir una vida que la respalde. Esta es, pues, una lección que nos enseñan aquellas vestiduras sencillas y elementales de los sacerdotes.

Resulta interesante observar que cuando Aarón entraba en el Lugar Santísimo para ofrecer el sacrificio por los pecados del pueblo, se despojaba de sus hermosas vestiduras de gloria. Cuando el Señor Jesús vino a esta tierra, dejó de lado Su deidad, pero no sus vestiduras de belleza y gloria. El se quitó sus prerrogativas como Dios y de la manifestación visible de la gloria celestial, descendiendo a la tierra como un ser humano. Y nació como un niño, aunque la gente estaba esperando a un rey. Después, se ofreció a Sí mismo como un sacrificio por el pecado y murió por la humanidad.

Decir que Dios murió en la cruz no sería realmente correcto. Me pregunto qué se entiende o qué significa cuando hablamos de aquella "muerte" en la cruz. Cuando Jesucristo murió en la cruz, fue separado de Dios, y esto es cierto. En la Trinidad hubo como una escisión, se abrió como una brecha, cuando, como dice el apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios 5:19 y 21, Dios trató a Jesús, quien no conoció pecado, como al pecado mismo. Pero, incluso en ese momento, Dios estaba en Cristo reconciliando, poniendo en paz al mundo consigo mismo. Este es, por supuesto, un misterio en el que no podemos penetrar. Y después de haber leído varias obras teológicas, compruebo que otros tampoco han sido capaces de desentrañar este misterio.

Aquellas hermosas y gloriosas vestiduras eran realmente atractivas. El sumo sacerdote estaba ricamente ataviado y lleno de colorido. Tenía puesto el efod, que tenía 2 piedras de cornalina, una en cada hombro, con 6 de los nombres de las tribus de Israel en cada una de ellas. Este detalle nos habla de la fuerza y capacidad de nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas. Cuando una de Sus ovejas se pierde, nuestro gran Salvador sale a buscarla, la encuentra, la coloca sobre Sus hombros y la trae de vuelta. Debemos dar gracias a Dios por tener un Pastor dispuesto a llevarnos sobre Sus hombros y traernos con seguridad de regreso al redil. El puede salvar completamente a todos aquellos que vengan hacia Dios a través de El, como dice la carta a los Hebreos 7:25: Por lo cual El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de El se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.

El sumo sacerdote también llevaba puesto un pectoral, que era algo parecido a un chaleco y que tenía 12 piedras preciosas, montadas en engaste de filigrana de oro. Era una prenda de gran belleza. Posiblemente tenía una especie de bolsillo donde se guardaban el Urim y el Tumim. No sabemos como funcionaban el Urim y el Tummin tenían algo que ver con las predicciones y el determinar cual era la voluntad de Dios. Las piedras preciosas del pectoral nos hablan del hecho de que Cristo nos lleva hoy en Su corazón, porque El nos ama. Como elocuentemente se declara en el Evangelio de Juan 3:16, Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Aquellas piedras preciosas, montadas sobre oro, nos describen Su gran amor hacia nosotros.

Sobre el borde de la capa del efod estaban, como un adorno más, las campanillas de oro puro y las granadas. De esta manera, cuando el sumo sacerdote estaba de servicio, aquellas campanillas hacían oír su sonido en el momento en que se dirigía hacia el Lugar Santo. La granada simboliza la vida fructífera del creyente y las campanillas nos hablan del testimonio público de esa vida. Cuando el sacerdote se encontraba en el Lugar Santo, los israelitas podían decir: "Bueno, él está allí, en el lugar de la adoración, sirviendo a nuestro favor. Sabemos con certeza que se encuentra allí porque podemos oír el sonido de las campanillas". Esto es, precisamente, lo que la adoración debería significar para nosotros. Nuestro Sumo Sacerdote está representándonos a nosotros en la presencia de Dios. Esta realidad tendría que atraernos hacia la persona de Cristo.

En una ocasión, un creyente estaba escuchando a un predicador que exponía la Palabra de Dios y, cuando el sermón terminó, se le acercó y le dijo: "Bien, hoy hizo Ud. sonar la campana" El sermón había sido como cualquier otro, pero el oyente era una persona a la que le encantaba estudiar la Biblia y entonces, al escuchar la proclamación de la Palabra de Dios, sentía que se encontraba en la presencia de Dios.

Escuchar, pues, el sonido de las campanillas debió ser una experiencia maravillosa. Considerando en conjunto las vestimentas de los sacerdotes y, en especial, las del sumo sacerdote, vemos que nos ofrecen una imagen majestuosa. Y en la placa de oro puro o diadema, que llevaría sobre la parte delantera de su turbante para que estuviese siempre sobre su frente y que lo consagraba como sacerdote grabaron, a manera de sello, las palabras "SANTIDAD AL SEÑOR", queriendo decir, en realidad, "consagrado al Señor". Esta referencia a la santidad tiene que ver con la vida interior, pero lo importante es que significa que el sumo sacerdote estaba totalmente consagrado al servicio del Señor. Como dijimos al principio, la palabra "santo" implica a cualquier cosa que esté separada, apartada, para ser utilizada por Dios.

Tenemos que reconocer que todos aquellos que proclaman o enseñan la Palabra de Dios, en un sentido figurado, es como si llevaran sobre su frente, en el lugar más visible de su cuerpo, aquellas palabras grabadas. El gran significado espiritual de aquel lema, llevado a la práctica en la vida de servicio y obras de los creyentes, hará que todo lo que hagan para Dios sea efectivo y fructífero.

Llegamos así a

Exodo 40

Tema: el tabernáculo fue levantado y ungido; Aarón y sus hijos fueron santificados; la nube de la gloria del Señor llenó el tabernáculo.

En este capítulo encontramos al tabernáculo ya instalado. Teniendo en cuenta que ya hemos comentado los detalles significativos de cada elemento del mobiliario del tabernáculo y de las vestiduras de los sacerdotes, (desde el punto de vista de su aplicación espiritual para nosotros como creyentes en la actualidad), solamente quisiera tratar un asunto, entre los mencionados en este capítulo. Cuando Moisés erigió el tabernáculo en el desierto, en el campamento del pueblo de Israel, sucedió algo asombroso.

Pasando por alto la lectura de los detalles ya comentados en programas anteriores, vamos a leer únicamente los versículos 34 al 38, que nos describen cómo

El tabernáculo fue levantado y lleno de la gloria del Señor

"Entonces la nube cubrió la tienda de reunión y la gloria del Señor llenó el tabernáculo. Y Moisés no podía entrar en la tienda de reunión porque la nube estaba sobre ella y la gloria del Señor llenaba el tabernáculo. Y en todas sus jornadas cuando la nube se alzaba de sobre el tabernáculo, los hijos de Israel se ponían en marcha; pero si la nube no se alzaba, ellos no se ponían en marcha hasta el día en que se alzaba. Porque la nube del Señor estaba de día sobre el tabernáculo, y de noche había fuego allí a la vista de toda la casa de Israel en todas sus jornadas."

Cuando el apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, intentó identificar a los israelitas, enumeró varios elementos que les distinguían de los otros pueblos de la tierra. Uno de ellos era que la nube gloriosa de la presencia de Dios estuvo con ellos, como dijo en dicha carta en 9:4. Los israelitas eran el único pueblo que alguna vez tuvo esa manifestación de Dios, de la presencia visible de Dios. Esa presencia les condujo guiándoles a través de aquel enorme y desolado desierto. La nube se elevaba por encima del santuario, en la mañana, si ellos fuesen a viajar en ese día. Si no se elevaba, durante ese día los israelitas permanecían en el campamento y ni siquiera se desplazaban a ninguna parte. Nunca intentaron ponerse en movimiento ni actuar impulsados por su propia sabiduría u opinión. No tuvieron que efectuar votaciones para decidir, por mayoría, si debían o no continuar su viaje. En cuanto a Moisés, el tampoco tuvo que tomar esas decisiones. Era Dios, por medio de Su presencia en la nube, quien les indicaba lo que tenían que hacer, o dejar de hacer.

Con cierta frecuencia decimos en las iglesias que Cristo es la Cabeza de la iglesia. Como reflexión crítica y constructiva, tú y yo debiéramos preguntarnos: ¿es Cristo realmente la cabeza de tu iglesia y de la mía? Así como los antiguos israelitas en el desierto, que seguían a la nube gloriosa de la presencia de Dios, ¿estamos nosotros siguiendo la guía e indicaciones de Dios, no ya manifestada en una nube sino en la presencia del Espíritu Santo que vino al mundo cuando Cristo partió, llegando a nuestra vida desde el momento en que creímos en El como nuestro Salvador y Señor? En la actualidad, el Espíritu Santo ocupa el lugar de aquella nube en el desierto, guiándonos y conduciéndonos. Desgraciadamente, Su presencia e influencia es, con frecuencia, olvidada. Parece que cuando necesitamos ayuda, nuestra tendencia natural es siempre refugiarnos en recursos humanos, en recursos ajenos a Dios. La iglesia, las comunidades cristianas de nuestro tiempo necesitan líderes y colaboradores llenos, controlados por el Espíritu de Dios. Así como dirigentes y colaboradores que presten suma atención a la Palabra de Dios y que estén dispuestos a seguir la voluntad de Dios en sus decisiones, actividades públicas y decisiones personales. Por ello, aunque hoy no veamos una nube gloriosa como manifestación visible de la presencia de Dios sobre la iglesia, está presente el Espíritu Santo de Dios, que desea ser el guía que nos conduce en el camino de la vida.

Habíamos comenzado el estudio de este libro diciendo, en nuestra introducción, que el Éxodo, que significa "salida", fue el segundo libro escrito por Moisés, autor del Pentateuco que, como seguramente recuerdas, recibía ese nombre por incluir a los primeros cinco libros de la Biblia, que son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. En cuando al contenido, diremos que continuaba con el relato iniciado en el libro del Génesis, aunque con un lapso de unos 3 siglos y medio. Moisés fue el personaje sobresaliente en este relato. A modo de repaso, diremos que la preparación de Moisés para liderar al pueblo israelita oprimido en Egipto, abarcó 2 períodos de los 3, de 40 años cada uno, en que se dividió su vida. La primera parte de su formación había tenido lugar en Egipto, en la corte del Faraón; allí había obtenido conocimientos en toda la sabiduría humana acumulada en aquella época. La segunda parte de su preparación transcurrió en el desierto, hasta que recibió el llamado de Dios para regresar a Egipto; allí, lejos de todo contacto humano, con la excepción de su familia, debió adquirir la disciplina física y espiritual que requeriría la gran empresa de liberar al pueblo esclavo; recibir la revelación de Dios en la ley, aplicarla a las necesidades de aquel pueblo, y después conducirlo, en una larga marcha de 40 años a través del desierto, hasta las fronteras de la tierra prometida.

Hemos dedicado bastante tiempo al Tema del tabernáculo o tienda de reunión, que Dios le ordenó a Moisés construir. Y que fue como un santuario transportable durante aquel viaje por el desierto. De manera especial, hemos examinado los materiales de la construcción de aquella gran tienda, así como la institución del sacerdocio a partir de Aarón, primer sumo sacerdote. En los materiales para la tienda, el plano, los elementos del mobiliario, y en las vestiduras de los sacerdotes, hemos podido ver en cada calidad, color y diseño, así como en las funciones de los sacerdotes y la forma en que los israelitas debían solucionar el problema del pecado, símbolos e imágenes que nos anticiparon la persona de Cristo, señalando claramente su carácter y su sacrificio expiatorio realizado en aquel otro altar del futuro, que sería la cruz. También cabe destacar que el tabernáculo incluía igualmente numerosos detalles aplicables a nuestra vida como cristianos, viviendo en una época muy diferente desde todo punto de vista. En este sentido hemos recibido instrucciones sobre como mantener una vida pura que agrade a Dios. Porque el único elemento que no ha cambiado desde aquellos tiempos, es la presencia del pecado en el mundo, caracterizado por la rebelión contra Dios y la idolatría.

Y como el Tema preponderante del libro era narrar los acontecimientos históricos de la historia de la redención, creo que ha quedado debidamente demostrado que el libro del Éxodo es una obra de palpitante actualidad, tanto para aquellas personas que, aunque interesadas en el estudio de la Biblia no tienen la certeza de tener una relación personal con Dios a través de Jesucristo, como para aquellos que profesan ser cristianos, creyentes.

Así terminamos, pues, nuestro estudio de este libro, que comenzó describiendo la triste y sombría situación de los esclavos hebreos trabajando como esclavos en los campos de fabricación de ladrillos, y que concluye ahora con la manifestación gloriosa de la presencia del Señor en el tabernáculo. Fue su presencia, su compañía la que les liberó, alimentó, fortaleció y guió en la marcha por el desierto. Y Dios quiere liberarte a ti de la oscuridad de la esclavitud del pecado, para traerte a la gloria de Su presencia y colocarte en el mismo centro de Su voluntad, donde El pueda guiarte y conducirte.

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