Estudio bíblico de Marcos 2:23-3:35

Marcos 2:23-3:35

En la última parte de este capítulo, llegamos al Tema del día del reposo en los campos. Después, en el capítulo 3, comienza el Tema del día del reposo dentro de la sinagoga. Ya hemos visto estos 2 incidentes en los Evangelios de Mateo y en Lucas. El asunto era importante porque fue a causa de esta cuestión, que Jesús rompió sus relaciones con los dirigentes religiosos. A partir de aquel momento, éstos tramaron su muerte.

En este incidente, El afirmó ser el Señor del sábado o día del reposo. En la sinagoga, el hizo el bien en el día del reposo. Por supuesto, la pregunta que surgió fue la siguiente: ¿quebrantó El realmente el día del reposo en ambos casos? Cuando sanó aquel hombre que tenía la mano seca, ¿quebrantó la ley del día del reposo? En absoluto. El vino para cumplir la ley. Pero aquí encontramos que El estaba dando Su interpretación al respecto. Reveló que El era el Señor del día del reposo, y que lo más importante era hacer el bien. Leamos el versículo 23:

"Y aconteció que un día de reposo Jesús pasaba por los sembrados, y sus discípulos, mientras se abrían paso, comenzaron a arrancar espigas."

La semilla sembrada en aquellos campos pudo haber sido cebada o trigo. Los discípulos estaban arrancando el grano y comiéndolo, lo cual fue interpretado por los fariseos como cosechar los granos o desgranarlos durante el día del reposo. La ley permitía a la gente sacar el grano. En tal sentido, veamos lo que dice Deuteronomio 23:24 y 25:

"Cuando entres en la viña de tu prójimo, entonces podrás comer las uvas que desees hasta saciarte, pero no pondrás ninguna en tu cesto. Cuando entres en la mies de tu prójimo, entonces podrás arrancar espigas con tu mano, pero no meterás la hoz a la mies de tu prójimo."

En realidad, los discípulos estaban cumpliendo lo que la ley decía. Si hubieran utilizado una hoz, entonces habrían estado cosechando. Pero los fariseos habían aplicado su propia interpretación, considerando el hecho como una violación de la ley. Leamos los versículos 24 y 25:

"Entonces los fariseos le decían: Mira, ¿por qué hacen lo que no es lícito en el día de reposo? Y El les dijo: ¿Nunca habéis leído lo que David hizo cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y sus compañeros"

El no insistió en que no habían violado el día del reposo. De hecho, se negó a discutir el asunto con ellos. Pero les mencionó el caso de la vida de David, su rey, al citar el incidente de su vida en que, efectivamente, quebrantó la ley de Moisés y su acción fue justificada. Es que la letra de la ley no debía ser impuesta cuando ocasionaba privaciones a uno de los siervos de Dios que estaba intentando servirle. Y, por supuesto, ese fue el caso histórico de la vida de David que nuestro Señor utilizó como una ilustración, cuyos detalles continúan en los versículos 26 al 28:

"cómo entró en la casa de Dios en tiempos de Abiatar, el sumo sacerdote, y comió los panes consagrados que no es lícito a nadie comer, sino a los sacerdotes, y dio también a los que estaban con él? Y El les decía: El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo."

Este fue un gran principio en relación con el día del reposo y su significado. La ley había sido hecha para el ser humano, y no el ser humano para el día del reposo. Y también tenemos otro gran principio, en la declaración de que el Señor Jesús era el Señor del día del reposo. Ambos principios eran importantes, incluso para su consideración en la actualidad. Recordemos que no estamos bajo el antiguo sisTema de la ley de Moisés, en cuanto al sábado o día del reposo, que era parte de un pacto entre Israel como nación y Dios, como puede leerse en Exodo 31:12 al 17.

Este incidente sobre el día del reposo en el campo y el incidente sobre el mismo Tema que encontraremos al principio del capítulo 3 debieran considerarse conjuntamente. Así que, aunque en el texto Bíblico existe la pausa de un nuevo capítulo, continuaremos de forma ininterrumpida el estudio de ambos incidentes relacionados con el día del reposo. Llegamos pues a

Marcos 3:1-35

que, como acabamos de decir, continúa con la discusión sobre el día del reposo, que provocó una ruptura final entre Jesús y los jefes religiosos.

En este capítulo resulta evidente que Jesús sanó a multitudes cuyos casos individuales pudieron ser registrados separadamente, como el del hombre introducido en la casa a través del tejado. En su relato, el escritor Marcos nos impresiona, no por enfocar su microscopio sobre ciertos incidentes, sino por permitirnos mirar por el telescopio a las multitudes que Jesús sanó. Ello nos plantea preguntas sobre el número de personas que Jesús trató a nivel personal. Pero cualquier intento de calcular la cantidad, sería una mera especulación. Obviamente, Marcos pretende que creamos que el número fue muy amplio. Leamos los versículos 1 y 2:

"Otra vez entró Jesús en una sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca. Y le observaban para ver si le sanaba en el día de reposo, para poder acusarle."

Aquí surge la pregunta: ¿Fue este hombre lisiado colocado allí intencionalmente? Creo que la respuesta, con toda seguridad, es que sí. El otro incidente había tenido lugar en los campos sembrados, durante el día del reposo, en un lugar secular, no relacionado con la práctica de la religión. Sin embargo aquí, se trataba del día del reposo en la sinagoga, es decir, de un lugar sagrado. El Señor Jesús había estado sanando a multitudes de personas. Así que sus adversarios sabían que si colocaban a aquel enfermo justamente en el camino que Jesús iba a recorrer, El le sanaría al entrar en la sinagoga. En realidad, su actitud fue todo un cumplido para el Señor Jesús. Ellos sabían que El era compasivo. Pero, por supuesto, querían ser capaces de decir que había violado el día del reposo sanando a aquel hombre en el día del reposo. Así que el enfermo fue colocado allí deliberadamente, y además, sus enemigos se encontraban allí observándole y comenzando a vigilarle, por si podían encontrar una excusa, por débil que fuese, que les permitiese presentar cargos contra El. No iban a tener que esperar mucho tiempo porque, observemos lo que hizo. Leamos los versículos 3 y 4:

"Y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte aquí en medio. Entonces les dijo: ¿Es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar? Pero ellos guardaban silencio."

Jesús le hizo colocarse en un lugar destacado. Otro detalle es que ellos no respondieron a su pregunta. Habían aprendido a guardar silencio y a no responderle, porque siempre que lo habían hecho, se habían metido en problemas. El versículo 5 continúa describiendo detalladamente lo que Jesús hizo:

"Y mirándolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y su mano quedó sana."

En este caso el Señor rompió toda una serie de tradiciones impuestas por sus enemigos y se concentró en la esencia del propósito de Dios, al dar el día del reposo originalmente a Israel. Ellos no le respondieron, porque ello hubiera implicado incriminarse a sí mismos. Observemos que el Señor Jesús miró con enojo a los que le rodeaban. Fijemos bien en nuestra memoria el hecho de que Jesús puede enfadarse.

El Dr. Graham Scroggie ha observado que la palabra para "enojo", en el original griego, se encuentra en el tiempo aoristo, con una connotación de enojo momentáneo. La palabra griega para "entristecido" está en el tiempo presente, con el sentido de una tristeza continua. Así que cuando en este pasaje se nos dice que El miró a su alrededor con enojo, se refiere a que les miró con un destello de enojo, no con un resentimiento ni un rencor premeditado que llevase dentro de El. El siempre evidenció una tremenda tristeza debida a la dureza de sus corazones.

Y así fue como Jesús sanó a aquel hombre. Fue en el día del reposo, porque ese día había sido hecho para beneficio del ser humano y porque El era el Señor del día del reposo. Como dijimos anteriormente, el incidente de la última parte del capítulo 2 y éste último, precipitaron la ruptura con los líderes religiosos.

Continuemos con el relato leyendo el versículo 6:

"Pero cuando los fariseos salieron, enseguida comenzaron a tramar con los herodianos en contra de Jesús, para ver cómo podrían destruirle."

Como resultado de estos dos incidentes, aquellos verdaderos sabuesos del odio siguieron las huellas de Jesús y no se darían por vencidos hasta que fijaran sus brazos a la cruz. Este fue el comienzo de un plan y conjura para matarle.

Aquí se introduce una nueva escena. Leamos los versículos 7 y 8:

"Jesús se retiró al mar con sus discípulos; y una gran multitud de Galilea le siguió; y también de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y Sidón; una gran multitud, que al oír todo lo que Jesús hacía, vino a El."

Observemos que gente procedente de diversas zonas estaba siguiendo a Jesús. En aquel momento, nuestro Señor se retiró discretamente porque, como El mismo dijo en un pasaje de Juan 2:4, "Todavía no ha llegado mi hora" Después de un tiempo, El se enfrentaría con toda la oposición, en Jerusalén. Pero ahora, se retiraba y la multitud le seguía. Si tomas nota de los lugares aquí mencionados y los ves sobre un mapa, verás que abarcan a toda una amplia zona. De todas aquellas localidades las personas acudían a escuchar al Señor Jesucristo.

En ese momento El se enfrentaba con otro peligro. Esta vez no era debido a los dirigentes religiosos, porque éstos tenían temor a la multitud. El peligro consistía en ser oprimido y agobiado por la muchedumbre. Así que, observemos lo que hizo Jesús. Leamos los versículos 9 y 10:

"Y dijo a sus discípulos que le tuvieran lista una barca por causa de la multitud, para que no le oprimieran; porque había sanado a muchos, de manera que todos los que tenían aflicciones se le echaban encima para tocarle."

Las multitudes no solo le estorbaban sino que, en efecto, le ponían en peligro. Le presionaban por todos los costados. Y se nos dice que sanó a muchas personas. Los Evangelios nos relatan solamente unos pocos casos de sanidad, de aquellos muy numerosos milagros que El realizó. Resulta significativa también, la desesperación de aquel pueblo, lo cual nos recuerda la realidad de que la familia humana, a la que todos pertenecemos, es una familia muy necesitada. Continuemos leyendo los versículos 11 y 12:

"Y siempre que los espíritus inmundos le veían, caían delante de El y gritaban, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Y les advertía con insistencia que no revelaran su identidad."

Y ahora vemos que los espíritus impuros le reconocían. Vamos a reservar este Tema para un poco más adelante porque quiero enfatizar el Tema de la posesión demoníaca en el momento oportuno. En la actualidad estamos presenciando, una vez más, lo que es conocido como adoración satánica, que está teniendo un auge creciente en nuestro tiempo. En nuestro pasaje Bíblico podemos ver que los demonios reconocían quién era El, pero Jesús no deseaba el testimonio público de aquel mundo espiritual.

Llegamos ahora al momento de ver el propósito soberano de Dios en la elección y nombramiento de los 12 apóstoles. Leamos el versículo 13:

"Y subió al monte, llamó a los que El quiso, y ellos vinieron a El."

Esto es algo sobre lo cual debiéramos tomar debida nota. Nos gustase o no, El realizó una elección. Dijo Jesús en Juan 15:16: Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros, y os designé para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. No es irreverente decir, que, ya que El les eligió a ellos, y no ellos a El, El es responsable por ellos. Saber esto constituye un verdadero consuelo. Dios te ha salvado, ha comenzado en ti una obra buena, y va a permanecer unido a ti, y ha de cuidarte. Este es el significado y las implicaciones. En este pasaje Bíblico, cuando El les llamó, respondieron a su invitación. Leamos los versículos 14 y 15:

"Y designó a doce, para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar, y para que tuvieran autoridad de expulsar demonios."

Este fue su llamado final a los apóstoles. Fue en aquel momento, que se convirtieron realmente en apóstoles, y a partir de entonces fueron enviados como mensajeros con un ministerio concreto, separados especialmente para servir al Señor. También fueron apartados de El en el sentido que El no iría con ellos, físicamente hablando. Marcos no nos da aquí los detalles, pero en el Evangelio de Mateo 10:5-42, ha quedado registrado para nosotros el mensaje y el método que debían seguir en aquel momento concreto.

En los versículos 16 al 19 se presenta la lista con los nombres de los apóstoles. Vamos, pues, a mencionarles uno por uno.

1. Simón Pedro; él figura como primero en todas las listas de los apóstoles.

2. Santiago, hijo de Zebedeo, ocupa aquí el segundo lugar.

3. Juan, hermano de Santiago.

4. Andrés, hermano de Simón Pedro, habitualmente citado junto a su hermano.

5. Felipe.

6. Bartolomé, también llamado Natanael.

7. Mateo.

8. Tomás.

9. Santiago el menor, hijo de Alfeo.

10. Tadeo, también llamado Lebeo y Judas.

11. Simón, el cananeo.

12. Judas Iscariote.

Continuemos leyendo los versículos 20 y 21:

"Jesús llegó a una casa, y la multitud se juntó de nuevo, a tal punto que ellos ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes oyeron esto, fueron para hacerse cargo de El, porque decían: Está fuera de sí."

Marcos, el escritor, consigue impresionarnos al demostrar cuán ocupado estaba Jesús. Observemos la reacción de Sus parientes, que pensaron que su actividad incesante le impedía cuidar en forma adecuada de sus necesidades básicas. Y veamos la reacción de los escribas, en el versículo 22:

"Y los escribas que habían descendido de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebú; y: Expulsa los demonios por el príncipe de los demonios."

Belcebú era una deidad pagana a quién los judíos atribuían una supremacía entre los espíritus malos. Leamos parte de la respuesta de Jesús entre los versículos 23 al 26:

"Y llamándolos junto a sí, les hablaba en parábolas: ¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Y si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede perdurar. Y si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá permanecer. Y si Satanás se ha levantado contra sí mismo y está dividido, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin."

Lo que Jesús decía era sencillamente lo siguiente: El no podía estar expulsando demonios por el poder de los demonios, por el simple motivo que, en ese caso, una casa estaría dividida contra sí misma. Y el versículo 27 añade:

"Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes si primero no lo ata; entonces podrá saquear su casa."

Evidentemente, había que dominar al hombre fuerte antes de robar en su casa. Y esto ilustraba una verdad. El Señor Jesús no estaba haciendo esto por el poder de Satanás porque, entonces, Satanás estaría dividido y ello iría contra sí mismo. Como consecuencia de aquella situación el Señor agregó una importante declaración. Leamos los versículos 28 al 30:

"En verdad os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias con que blasfemen, pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdón, sino que es culpable de pecado eterno. Porque decían: Tiene un espíritu inmundo."

Aquel era, entonces, el pecado imperdonable, que hoy no podría ser cometido de aquella manera. En primer lugar, ellos le tenían a El, la segunda persona de la Trinidad, presente entre ellos, y le acusaban de expulsar demonios en nombre de Belcebú, cuando El lo estaba haciendo por el poder del Espíritu Santo. Así que, realmente, estaban rechazando las obras de dos Personas de la Trinidad: el testimonio del Hijo de Dios y el testimonio del Espíritu Santo. Estaban expresando una actitud de incredulidad que constituía un rechazo permanente de Cristo. Y estaban resistiendo al Espíritu Santo. Aquello era imperdonable.

Sería imposible cometer hoy el pecado imperdonable, si por ello queremos decir que uno puede cometer en la actualidad un pecado, sentir la convicción del mismo al día siguiente, acudir a Dios con una actitud de arrepentimiento, y no ser perdonado por El. Hay que recordar que Cristo murió por todo pecado, y no solo por algunos pecados. No podemos decir que El murió por todos los pecados, excepto por uno de ellos, el pecado imperdonable. Es inconcebible que alguien pueda cometer hoy un pecado que El no vaya a personar. La actitud y estado de un no creyente es imperdonable, pero no el acto mismo de pecar. Cuando alguien blasfema con su boca, eso no es lo que le condena, sino la actitud de su corazón, que es una condición permanente, a menos que deje de resistir. Ese es el pecado contra el Espíritu Santo: resistir la obra de convicción del Espíritu Santo en el corazón y en la vida.

Continuemos leyendo los versículos 31 al 35:

"Entonces llegaron su madre y sus hermanos, y quedándose afuera, le mandaron llamar. Y había una multitud sentada alrededor de El, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan. Respondiéndoles El, dijo: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y mirando en torno a los que estaban sentados en círculo, a su alrededor, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre."

Es que cualquiera que esté unido a Cristo, está en una posición más cercana que la que tenían entonces su madre y sus hermanos. Porque lo importante es estar debidamente relacionado con Dios, por medio de Jesucristo, habiendo recibido a Cristo como Salvador. Si así lo haces, tendrás el pleno derecho a ser hijo de Dios. Ese paso de fe te llevará, estimado oyente, a tener una relación con Dios, maravillosamente cercana e íntima.

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