Estudio bíblico de Marcos

Predicación escrita y en audio de Marcos 8:1-38

Marcos 8

Este capítulo 8 tiene, aproximadamente, la misma extensión que el anterior. Continúa desarrollando el gran Tema del Evangelio de Marcos, con su énfasis sobre la acción, como puede verse por las siguientes actividades: Jesús alimentó a 4.000 personas en las costas de Decápolis; los Fariseos pidieron una señal en Dalmanuta; los amigos de un ciego le pidieron que tocase sus ojos en Betsaida; Pedro expresó su confesión de fe en Cesarea de Filipos. En fin, lo que Jesús hizo era importante para los romanos, y lo es para nosotros en la actualidad. ¿Puede el Señor Jesús salvar hasta lo sumo, hasta el grado supremo? ¿Puede el llevar a cabo su misión? El es el Siervo del Señor, y nosotros hemos comprobado que puede hacerlo.

En este capítulo encontramos que el Señor se desplazó activamente por varios lugares y, en aquella época, no había precisamente buenos caminos o vías de comunicación. Aquella tierra no es geográficamente extensa, pero caminando a la velocidad normal, sus dimensiones parecen bastante mayores. Y los viajes de Jesús tenían lugar de esa manera.

Algunos consideran que el milagro de la alimentación de los 4.000, que inicia el capítulo, es una duplicación de la alimentación de los 5.000 y, en consecuencia, lo pasan por alto. Esto a llevado a otros a decir que la alimentación de los 4.000 es el milagro olvidado de Jesús.

Cuando un crítico lee este incidente, sigue su norma habitual de librar a la Biblia de todo elemento sobrenatural. Su explicación de este milagro es que fue incluido después de la alimentación de los 5.000 para reforzar la afirmación de los apóstoles de que Jesús era un hacedor de milagros. Evidentemente, si esa explicación fuese cierta, el segundo milagro habría sido mayor que el primero. Cuando el ser humano crea alguna teoría, suele exagerar. Y por cierto, comparando el segundo milagro con el primero, la tendencia de las cifras se caracteriza por la moderación.

Los 2 milagros de alimentar a las multitudes son notablemente similares en varias de sus características. Los alimentados son miles de personas, una vez 5.000 y la otra, 4.000. Pero hay diferencias que se pueden resumir en 7 puntos:

1. En el primer caso, la multitud había estado con el Señor 1 día. En el segundo, habían estado 3.

2. En la primera ocasión se les dijo a los discípulos que fuesen y viesen que provisiones había disponibles, mientras que en la segunda, ellos ya tenían esa información antes de que se les preguntase al respecto.

3. Cuando los 5.000 fueron alimentados, había 5 panes y 2 peces, mientras que para los 4.000 había 7 panes y unos pocos peces.

4. En la primera vez, que ocurrió cerca de la Pascua, a la multitud se le dijo que se recostasen por grupos sobre la hierba verde, mientras que la segunda vez, ya más avanzado aquel año, cuando la hierba verde del cercano oriente estaría quemada por el sol oriental, a la gente se le dijo que se recostase en el suelo (literalmente, sobre la tierra).

5. En el primer caso, el relato nos cuenta que el Señor "tomó los cinco panes . . . y los bendijo", mientras que en el segundo, vemos que dio gracias primero por los 7 panes, y después bendijo los peces.

6. Después de la alimentación de los 5.000, sobraron 12 cestas de fragmentos, mientras que después de la alimentación de los 4.000, sobraron 7 cestas.

7. Evidentemente, el número de personas alimentadas fue diferente en cada ocasión.

Parece que el marcado contraste entre ambos eventos se encuentra en el momento en que Jesús alimentó a las multitudes. La alimentación de los 5.000, tuvo lugar al final del primer día. Jesús les había estado enseñando pero, de acuerdo con el Evangelio de Juan, a continuación de la alimentación de los 5.000, Jesús pronunció su discurso sobre el Pan de Vida. Ese importante discurso fue algo así como un discurso de sobremesa. En la alimentación de los 4.000, la multitud había estado con Jesús por 3 días, escuchando su enseñanza. Y la comida física siguió a la enseñanza. En otras palabras, la multitud no había venido a reunirse para comer sino para escuchar las enseñanzas de Jesús.

Al comenzar a leer, observemos que la frase "en aquellos días" sitúa a este incidente durante los días de la visita de Jesús a Decápolis. Evidentemente la multitud había seguido a Jesús a un lugar desierto que era apropiado para enseñar, pero no fácilmente asequible para conseguir provisiones. Y tomemos nota de que se habla de una "gran multitud". Leamos los versículos 1 al 6:

"En aquellos días, cuando de nuevo había una gran multitud que no tenía qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Tengo compasión de la multitud porque hace ya tres días que están conmigo y no tienen qué comer; y si los despido sin comer a sus casas, desfallecerán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos. Sus discípulos le respondieron: ¿Dónde podrá alguien encontrar lo suficiente para saciar de pan a éstos aquí en el desierto? Y El les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos respondieron: Siete. Entonces mandó a la multitud que se recostara en el suelo; y tomando los siete panes, después de dar gracias, los partió y los iba dando a sus discípulos para que los pusieran delante de la gente; y ellos los sirvieron a la multitud."

Hay aquí un detalle interesante. Y es que parece que los discípulos se hubiesen olvidado de cuando Jesús alimentó a los 5.000. En mi opinión, muchos de nosotros hemos tenido la misma clase de experiencia. Dios ha actuado en su gracia y misericordia haciendo algo bueno a nuestro favor y nos olvidamos de ello cuando surge otra situación semejante. Y al enfrentar esta situación de emergencia, todo nos parece nuevo otra vez.

Los discípulos, al saber las provisiones que tenían, habían hecho un inventario de la multitud. Quizás esperaban que Jesús repitiese el milagro de los 5.000, en el supuesto caso que lo recordasen. En esta ocasión había más panes para una multitud menor. Pero aun se podía decir. "¿Qué es esto entre tantos?" ¿Y quién tenía los panes esta vez? No lo sabemos. Algún desconocido, quizás, que algún día recibirá su recompensa.

Como ya dijimos anteriormente, en esta oportunidad las personas se sentaron en el suelo desnudo de aquel lugar desierto, mientras que en la alimentación de los 5.000 se les había dicho que se sentasen en la hierba. ¿Y cuántos peces había? Unos pocos, pero el número no era importante y Jesús no los contó. Seguramente observaremos que cuando Dios está implicado en algo, siempre hay un excedente. Ya sea que alimentase 5.000 o 4.000. El nunca da de comer algo frugal sino una cena completa. Incidentalmente, si añadimos una mujer y un niño por cada uno de los hombres allí presentes, probablemente nos acercaríamos al número real de gente que comió, aproximadamente, 12.000 personas. Leamos el versículo 10:

"Y subiendo enseguida a la barca con sus discípulos, fue a la región de Dalmanuta"

La ubicación de Dalmanuta no ha podido ser averiguada con exactitud. Aparentemente estaba situada en la costa del Mar de Galilea y ellos tenían que cruzar el mar para llegar allí, lo cual nos indica que llegaron al lado occidental. Así que viajaron en la barca hacia aquel lugar que, evidentemente, estaba en la costa del noroeste. Pero los sabuesos del odio estaban una vez más tras las huellas de Jesús. Leamos los versículos 11 al 15:

"Entonces salieron los fariseos y comenzaron a discutir con El, buscando de El una señal del cielo para ponerle a prueba. Suspirando profundamente en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? En verdad os digo que no se le dará señal a esta generación. Y dejándolos, se embarcó otra vez y se fue al otro lado. Y se habían olvidado de tomar panes; y no tenían consigo en la barca sino sólo un pan. Y El les encargaba diciendo: ¡Tened cuidado! Guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes."

En la Biblia, la levadura representa al error o a la mala enseñanza; nunca ilustra al Evangelio. No estoy de acuerdo con el punto de vista que la levadura represente al Evangelio, en la parábola de la mujer que escondió levadura en 3 medidas de harina, relatada en Mateo 13:33. El Evangelio simboliza la comida y la levadura que representa a la enseñanza falsa fue escondida en aquella comida. La levadura forma parte del proceso para que algún alimento, como por ejemplo el pan, tenga mejor sabor. Muchas veces y en la actualidad, así como se hace con el pan, se trata de mejorar el sabor del Evangelio para que éste sea más aceptado y aceptable, mezclándolo con la levadura de una falsa enseñanza. Por ello, en este pasaje, la levadura representa el principio del mal y el Señor estaba pronunciando ante sus discípulos una advertencia contra la enseñanza errónea de los Fariseos y del rey Herodes. Y Jesús añadió lo siguiente, como vemos en el versículo 18:

"Teniendo ojos, ¿no veis? Y teniendo oidos, ¿no ois? ¿No recordáis?"

Uno a veces se sorprende ante personas que escuchan la Palabra de Dios, o que leen la Biblia y no captan las verdades espirituales, incluso en casos de personas que han leído o estudiado la Biblia por muchos años. Son como aquellos apóstoles que, teniendo ojos y oídos, tenían una visión y una comprensión deficiente de la revelación de Dios. Continuemos leyendo los versículos 19 al 21:

"cuando partí los cinco panes entre los cinco mil? ¿Cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Y ellos le dijeron: Doce. Y cuando partí los siete panes entre los cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos le dijeron: Siete. Y les dijo: ¿Aún no entendéis?"

La Palabra de Dios es el Pan de Vida, porque esa Palabra revela a Jesucristo. Tenemos que alimentarnos de la Biblia y debemos tener cuidado ante la enseñanza falsa. Creo que esto está lo suficientemente claro a la luz de estas enseñanzas de Jesús. Leamos ahora el versículo 22:

"Llegaron a Betsaida, y le trajeron un ciego y le rogaron que lo tocara."

Este es otro de los milagros notables de nuestro Señor. El accedió a su pedido tocando sus ojos. Pero tomemos nota de que condujo al ciego fuera de la aldea. ¿Había llegado a ser Betsaida, donde había realizado muchos milagros, como Nazaret, donde no pudo hacer ya más milagros? Seguramente no hay ningún valor medicinal en la saliva, pero el Señor la usó para aumentar la fe de este hombre. Leamos los versículos 23 al 26, y aprendamos la lección espiritual que aquí se encuentra.

"Tomando de la mano al ciego, lo sacó fuera de la aldea; y después de escupir en sus ojos y de poner las manos sobre él, le preguntó: ¿Ves algo? Y levantando la vista, dijo: Veo a los hombres, pero los veo como árboles que caminan. Entonces Jesús puso otra vez las manos sobre sus ojos, y él miró fijamente y fue restaurado; y lo veía todo con claridad. Y lo envió a su casa diciendo: Ni aun en la aldea entres."

Este lugar, Betsaida, según Mateo 11:21, ya había recibido un mensaje de juicio. Hay algo en este mensaje, digno de una atenta observación. ¿Por qué utilizó el Señor este método? ¿No podía haber abierto los ojos del ciego como lo había hecho en otras ocasiones? Por supuesto que sí. Podría haberlo hecho así. Podría haber logrado que este hombre viese con claridad desde un principio. Pero es que había una lección para aquel hombre, así como la hay para nosotros.

Hubo 3 fases en aquel caso:

1. Ceguera. En un principio, todos estamos ciegos espiritualmente. Como el ciego que Jesús sanó, podríamos decir: "Era ciego, pero ahora veo". Pero observemos que solo recobró la vista parcialmente, y solo Marcos nos relata este detalle.

2. Vista parcial. ¿No es ésta nuestra condición actual? Como dice la primera carta a los Corintios 13:12, "Ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara" Algunos creen tener una gran percepción espiritual. En mi caso, creo que veo veladamente, como a través de aquellos antiguos espejos de Corinto, porque hay muchas cosas que aun no entiendo. Pero hay que asumir que esas son las limitaciones de esta vida. Cuando lleguemos a la presencia de Dios, conoceremos todo del mismo modo en que El nos conoce.

3. Vista perfecta. Alcanzaremos la visión total cuando lleguemos a Su presencia. Tengamos en cuenta que cuando el Señor hubo terminado, había sanado al ciego completa y perfectamente.

Hay aquí algo más que en esta ocasión no hay tiempo para desarrollar plenamente. ¿Has observado los diferentes métodos que El usó para abrir los ojos de los ciegos? En Betsaida ya hemos visto que tocó los ojos del ciego, lo cual debe haber sido toda una experiencia para aquel hombre. Cuando Jesús sanó al ciego Bartimeo, no le tocó en absoluto sino, simplemente, le habló desde cierta distancia y la fe sola abrió sus ojos. Pero al ciego de nacimiento, según el Evangelio de Juan 9, le dijo que fuese a lavarse al estanque de Siloé, lo cual fue un método totalmente diferente.

Leamos ahora el versículo 27.

"Salió Jesús con sus discípulos a las aldeas de Cesarea de Filipo; y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?"

El asunto importante en aquella ocasión era la pregunta "¿Quién es Jesús?" El quería saber la opinión que las personas tenían de El. Esta pregunta nos desafía con la realidad de que lo verdaderamente importante es estar unido a El y disfrutar de una correcta relación con Jesucristo.

Si miramos en un mapa, comprobaremos que había 3 Cesareas. Cesarea de Filipos estaba situada al norte del Mar de Galilea. El Señor Jesús estaba en la zona norte, en una situación geográfica desde la cual iba a emprender su viaje directamente hacia Jerusalén y la cruz.

Veamos las respuestas de la gente a la pregunta de Jesús. Leamos los versículos 28 y 29:

"Y le respondieron, diciendo: Unos, Juan el Bautista; y otros Elías; pero otros, uno de los profetas. El les preguntó de nuevo: Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo."

Está claro que había mucha confusión con respecto a Su persona. Todas la opiniones eran elevadas, pero insuficientes, considerando quién era El. Para los discípulos, fue como su examen final después de la primera fase del ministerio de Jesús. Se encontraban ya a unos 6 meses de la cruz.

Esto era lo mejor que Simón Pedro jamás había dicho. En esta ocasión habló en nombre del grupo. Este Evangelio de Marcos registró solo una parte de su confesión. "Cristo" no es un nombre. Jesús era Su nombre. Cristo era solo un título. En el idioma hebreo, correspondía a Mesías, que significa el Ungido. Este título contiene todo el rico significado del Antiguo Testamento, del que es una parte, pero una parte con plenitud. Pueden compararse, por ejemplo, los siguiente pasajes: Miqueas 5:2, Isaías 7:14, Salmo 2:2, Salmo 45:6,7 y Malaquías 3:1. Estos son solo unas pocas citas, entre muchas otras, del Antiguo testamento. Porque el mensaje resonaba desde los tiempos más antiguos de la historia Bíblica: es que Jesucristo había venido para revelar a Dios. Y además les dijo, como vemos en el versículo 30:

"Y El les advirtió severamente que no hablaran de El a nadie."

¿Y porqué esta extraña advertencia? Porque ellos debían esperar hasta que la historia del Evangelio estuviese completa. Veamos el siguiente versículo, el 31:

"Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer muchas cosas, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y después de tres días resucitar."

Jesús no reveló Su Persona aparte de Su obra de redención. Porque la salvación depende de quién es El y de lo que El hizo.

La fase final de la preparación de los discípulos comenzaba en aquel momento. Fue en Cesarea de Filipos donde les reveló Su cruz por primera vez. Veamos la primera reacción en el versículo 32:

"Y les decía estas palabras claramente. Y Pedro le llevó aparte y comenzó a reprenderlo."

Incluso en aquel momento, ellos no estaban preparados para recibir esa revelación. Esto fue lo peor que Simón Pedro jamás había dicho. Y la reacción de Jesús fue tan inmediata como severa. Dice el versículo 33:

"Mas El volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro y le dijo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!, porque no tienes en mente las cosas de Dios, sino las de los hombres."

Vemos que Jesús atribuyó las palabras de Pedro a Satanás. Porque Satanás negaba el valor de la muerte de Cristo.

Leamos el párrafo final de este capítulo; desde el versículo 34 hasta el 38:

"Y llamando a la multitud y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? Pues ¿qué dará un hombre a cambio de su alma? Porque cualquiera que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles."

Insisto en aclarar que el Señor no reveló Su Persona separadamente de Su obra de redención. Recordemos que, después de que Pedro confesase quien era El y ellos verdaderamente le conocieron, les había declarado inmediatamente, como decía el versículo 31 de este capítulo: el Hijo del Hombre debía padecer muchas cosas, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y después de tres días resucitar. Y entonces pronunció las palabras que acabamos de leer, en las que El no estaba poniendo una condición para la salvación, sino que estaba exponiendo la posición de testimonio de aquellos que serían salvos. De eso estaba Jesús hablando, y terminó con una advertencia dirigida a quienes se avergonzasen de El.

¿Qué clase de cristiano eres tu en la actualidad? ¿Eres alguien que le reconoce, y que le sirve, y que procura darle gloria y honor aquí en la tierra? Este es un asunto muy importante, y tu tienes la respuesta.

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Comentario bíblico de Marcos