Estudio bíblico de Marcos

Predicación escrita y en audio de Marcos 10:1-52

Marcos 10

El primer versículo de este capítulo nos dice que Jesús se levantó y salió de allí para dirigirse hacia las costas de Judea, por la zona más alejada del Jordán. Observaremos que en este evangelio se produce un cierto movimiento. De hecho, la geografía reflejada en Marcos es bastante interesante. En el 9:30 se nos dijo que salieron e iban pasando por Galilea; y El no quería que nadie lo supiese. Era Su última salida de aquella región y no quería que trascendiese públicamente. Ahora llegaba a la costa de Judea por zonas lejanas al Jordán, o sea por el lado oriental. Era la región llamada Decápolis, por las diez ciudades que allí se encontraban. Las personas venían a El y El las enseñaba. Estaba en aquel momento realizando su ascensión final en dirección a Jerusalén. Sus enemigos, a quienes hemos calificado como sabuesos del odio, estaban tras sus huellas. Leamos los versículos 1 y 2:

"Levantándose de allí, Jesús se fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y se reunieron de nuevo las multitudes junto a El, y una vez más, como acostumbraba, les enseñaba. Y se le acercaron algunos fariseos, y para ponerle a prueba, le preguntaban si era lícito a un hombre divorciarse de su mujer."

Tenemos que entender que no le hicieron esta pregunta porque buscaban una respuesta, sino para hacerle caer en una trampa. Ellos tenían su propio punto de vista sobre el matrimonio y el divorcio, así que le plantearon la siguiente pregunta capciosa: "¿le está permitido a un marido separarse de su mujer?" Era una pregunta inteligente, a la vez que un asunto verdaderamente candente en aquellos tiempos, porque el rey Herodes se había separado de su mujer y se había casado con la mujer de su hermano Felipe. Juan el Bautista había sido degollado por haber criticado aquella situación familiar. Así que si Jesús respondía que no a aquella pregunta, no solamente estaba contradiciendo a Moisés sino que también se colocaba en conflicto con Herodes. La muerte de Jesús no iba a estar determinada por este problema, y esto es importante que lo veamos. Por otra parte, si El respondía que sí a la pregunta, ellos podrían haberle acusado de ser ambiguo en Su enseñanza. Así que observemos el método que El utilizó, que había sido siempre el mismo y además, bueno y efectivo. Respondió con una pregunta. Leamos los versículos 3 y 4:

"Y respondiendo El, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? Y ellos dijeron: Moisés permitió al hombre escribir carta de divorcio y repudiarla."

El sabía que ellos responderían de esa manera porque en el Antiguo Testamento, en el libro de Deuteronomio 24:1 y 2, la ley de Moisés establecía lo siguiente:

"Cuando alguno toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es agradable porque ha encontrado algo reprochable en ella, y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, y ella sale de su casa y llega a ser mujer de otro hombre;"

Como acabamos de leer, Moisés permitió el divorcio. Ahora bien, en realidad, no había sido ésa la intención de Moisés, ni la de Dios, que un hombre y una mujer obtuviesen el divorcio por causa de un motivo insignificante. De hecho, y con el tiempo los líderes religiosos interpretaron aquella disposición de la ley de manera que si una esposa quemase la comida, ello constituía un motivo para el divorcio.

El Señor centró la controversia en lo que era fundamental, y es importante que tomemos nota de ello. Convirtió una discusión sobre el divorcio en una discusión sobre el matrimonio. Y hoy en día, éste es el área sobre el cual debiéramos reflexionar.

Así que lo importante es que el Señor comenzó a discutir con ellos el Tema del matrimonio. Observemos como lo trató. Expuso el motivo por el cual Dios había permitido el divorcio bajo la ley de Moisés. Fue a causa del pecado. Leamos los versículos 5 al 9:

"Pero Jesús les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y hembra. Por esta razón el hombre dejara a su padre y a su madre, y los dos serán una sola carne; por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe."

Lo que Jesús estaba diciendo les remontaba hacia el pasado, al ideal de Dios en la creación, antes de que el pecado entrase en el mundo. En aquel tiempo, el divorcio no estaba incluido en Su plan. El tenía algo mejor para el ser humano. Podría decirse, igualmente, que el crimen no estaba en Su programa, pero los criminales serían perdonados. El divorcio es un pecado, pero los divorciados pueden ser perdonados. Y yo creo que bajo ciertas circunstancias y desde el punto de vista de las Sagradas Escrituras, las personas divorciadas pueden volverse a casar. Yo no se por qué motivo estamos dispuestos a perdonar a un criminal, pero con frecuencia nos negamos a perdonar a un divorciado. Casi actuamos como si estas personas hubieran cometido el pecado imperdonable. Personas que han sido salvas, es decir, convertidas a Cristo después de obtener el divorcio, no tendrían que soportar ese estigma en mayor medida que cualquier otro pecador que haya sido salvado. Todos somos pecadores salvados por la gracia de Dios. En estos casos, sencillamente se da la circunstancia de que el divorcio ha sido su pecado.

Lo que Jesús estaba diciendo en esta sección es que el matrimonio es un vínculo mayor que el de un padre y un hijo. Un hijo puede ser repudiado, y el matrimonio puede ser roto por la infidelidad. Jesús estaba mostrando aquí que el matrimonio era algo concebido por Dios. Dios unió a una pareja. Esta fue la intención original del Creador. Cualquier violación a esto que Dios ha establecido, es pecado, es decir que contradice Su Voluntad; pero podemos estar seguros de que no es el pecado imperdonable.

El problema básico del matrimonio consiste en haberse casado con la persona equivocada. Hay personas que es están casando que no debieran casarse. Este es el problema. El pecado ya existía en primer lugar, cuando se casaron. Me dirijo ahora a ti, mi amigo cristiano; el matrimonio es algo que Dios quiere disponer y arreglar para ti, de acuerdo con Su Voluntad, siempre y cuando tu se lo permitas. Leamos los versículos 10 al 12:

"Y ya en la casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre esto. Y El les dijo: Cualquiera que se divorcie de su mujer y se case con otra, comete adulterio contra ella; y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio."

Esta es la declaración más fuerte sobre el divorcio registrada en la Biblia. ¿Y cómo ha de interpretarse? Todos los pasajes Bíblicos sobre el divorcio debieran ser reunidos y considerados conjuntamente, antes de llegar a una conclusión adecuada. El pasaje paralelo de Mateo indica la fornicación como una de las bases para el divorcio. ¿Por qué Marcos omitió esto? Marcos estaba escribiendo a los Romanos, que no conocían la ley de Moisés, mientras que Mateo estaba escribiendo para Israel, que tenía y conocía la ley de Moisés sobre el divorcio. Así que el Tema debiera considerarse a la luz de este enfoque diferente.

La carta a los Romanos 7:2 no se aplica al problema del divorcio. Dice lo siguiente: Pues la mujer casada está ligada por la ley a su marido mientras él vive; pero si su marido muere, queda libre de la ley en cuanto al marido. En este pasaje el apóstol Pablo utilizaba una ley bien establecida, de que una esposa estaba ligada a un esposo vivo hasta que la muerte la liberase, como una ilustración de la relación del creyente con el principio de la ley. El sisTema legal de Moisés se ocupó de la mujer o el marido infiel. Ambos serían apedreados hasta la muerte, de acuerdo con Deuteronomio 22:22 al 24.

De acuerdo con el sisTema Mosaico, un marido o una esposa culpable de adulterio, podía ser considerado como muerto por el otro cónyuge. Las Escrituras sí reconocen una base para el divorcio: la infidelidad. La parte inocente quedaba libre para casarse. Es lo que podría deducirse de las palabras de Jesús.

Los episodios de la discusión del divorcio y de la bendición a los niños son tratados juntos tanto en Mateo como en Marcos. Pareciera que el Espíritu de Dios estuviese tratando de decirnos algo aquí. El niño es el fruto inocente del matrimonio, y el divorcio se convierte en algo doblemente malo porque los niños pequeños sufren como consecuencia del divorcio. Resulta sorprendente comprobar en la actualidad el número de jóvenes de hogares destruidos, que se involucran en problemas. Y esta circunstancia no es de ningún modo accidental. Es una consecuencia de las familias que se han roto.

Continuemos leyendo los versículos13 al 16:

"Y le traían niños para que los tocara; y los discípulos los reprendieron. Pero cuando Jesús vio esto, se indignó y les dijo: Dejad que los niños vengan a mí; no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el reino de Dios. En verdad os digo: el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en sus brazos, los bendecía, poniendo las manos sobre ellos."

Los niños no iban a tener que esperar a ser adultos para venir a El. A veces preferimos esperar a que un niño crezca para que, quizás entonces, adopte una decisión por Cristo. Nuestro Señor dijo que El deseaba que los adultos se convirtiesen en niños. Hoy oímos mucho acerca de crecimiento y desarrollo. Y ello está muy bien, especialmente después de que te hayas convertido en un hijo de Dios. Pero, de hecho, la mayor parte estamos yendo en la dirección equivocada. Tenemos que dejar nuestra habilidad, sofisticación y nuestros grandes conocimientos de los cuales nos enorgullecemos en la actualidad, y volver a la simplicidad de la infancia, para ejercitar una sencilla fe y confiar en el Señor Jesucristo.

Nuestro Señor tomó a los niños en Sus brazos, puso Sus manos sobre ellos y les bendijo: El nunca tomo a nadie en Sus brazos de esa manera. Pero lo hizo con los niños porque eran aquellos que El iba a recibir. Cuando ellos mueren en la infancia, antes de alcanzar la edad de responsabilidad, van a estar con Jesús.

Continuemos leyendo los versículos 17 y 18:

"Cuando salía para seguir su camino, vino uno corriendo, y arrodillándose delante de El, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios."

En esta época de grosero materialismo, este incidente del joven rico y la enseñanza de nuestro Señor sobre las riquezas tiene ciertamente una gran aplicación. Mateo nos dijo que era joven y la pregunta que formuló era normal para un hombre que viviese bajo la Ley. Estaba bajo el sisTema Mosaico y preguntaba que debía hacer para heredar la vida eterna.

Jesús intentó que aquel joven reflexionase. ¿Por qué le había llamado a Jesús bueno? Solamente hay Uno que es bueno, y es Dios. Si él estaba calificando a Jesús como bueno, entonces Jesús era Dios. Ahora observemos que Jesús le estaba citando al joven los mandamientos de la segunda sección de los Diez Mandamientos. Leamos los versículos 19 y 20:

"Tú sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no hurtes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre. Y él le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud."

La primera sección de los mandamientos tenía que ver con la relación del ser humano con Dios. La segunda sección trataba los asuntos referentes a las relaciones de los seres humanos entre sí. Nuestro Señor no le habló de la relación del hombre con Dios sino de su relación con los demás. El joven había podido hacer frente al nivel requerido en la segunda sección y dijo que los había obedecido todos. Veamos la reacción de Jesús, en los versículos 21 y 22.

"Jesús, mirándolo, lo amó y le dijo: Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Pero él, afligido por estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos bienes."

Jesús le dijo que le faltaba una cosa. ¿Y cuál era? Se trataba de su relación con Dios. El impedimento que le estaba estorbando eran sus riquezas. El le había llamado a Jesús bueno, y si hubiese seguido a Jesús habría descubierto que Jesús era bueno porque El era Dios. Jesús le pidió que se separase de sus riquezas y le siguiese. Pero, ¿a dónde le conduciría esta decisión? Bueno, en ese momento el Señor Jesús se encaminaba hacia la cruz para morir por los pecados de este hombre. Si hubiese seguido a Jesús, habría recibido la redención. Pero aquel joven se afligió al oír esto y se fue triste, porque era muy rico.

Hay aquí un gran mensaje. EL apóstol Pablo, en su primera carta a Timoteo 6:10 dijo que el amor al dinero era la raíz de todos los males, y estaba simplemente repitiendo lo que el Señor había dicho en este discurso. El dinero puede comprar todo, excepto lo más valioso, que es la vida eterna. Este discurso reveló la imposibilidad de un joven rico para acceder al cielo por medio de sus riquezas. Es imposible para nadie entrar al cielo por sus propios medios. Escuchemos a Jesús en los versículos 23 al 25:

"Jesús, mirando en derredor, dijo a sus discípulos: ¡Qué difícil será para los que tienen riquezas entrar en el reino de Dios! Y los discípulos se asombraron de sus palabras. Pero Jesús respondiendo de nuevo, les dijo: Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios."

La comparación humorística empleaba un memorable proverbio judío usado para describir lo que era imposible; que el animal más grande que había en Palestina en aquel tiempo pasase por el ojo de una aguja de costura, o sea, por la abertura más pequeña. Pero para Dios todas las cosas son posibles. Así lo confirmaban los versículos 26 y 27, que dicen:

"Ellos se asombraron aún más, diciendo entre sí: ¿Y quién podrá salvarse? Mirándolos Jesús, dijo: Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque todas las cosas son posibles para Dios."

Lo que el ser humano no puede hacer, solo puede lograrlo el Señor Jesús. A veces nosotros mismos compartimos la tan extendida idea de que el dinero puede conseguirlo todo. Alguien escribió las siguientes líneas sobre el dinero, sobre las cuales haríamos bien en reflexionar:

El dinero podrá comprar una cama, pero no podrá comprar descanso.

El dinero podrá comprar alimentos, pero no podrá comprar el apetito.

El dinero podrá comprar medicinas, pero no podrá comprar la salud.

El dinero podrá comprar una casa, pero no podrá comprar un hogar.

El dinero podrá comprar un diamante, pero no podrá comprar el amor.

El dinero podrá comprar un asiento en la iglesia, pero no podrá comprar la salvación.

Jesús invitó a aquel joven a librarse de aquello que se interponía entre él y Dios. Si él hubiese seguido al Señor Jesús, habría aprendido que la razón por la que Jesús era bueno, era porque El era Dios.

Continuemos leyendo sobre otro significativo episodio en los versículos 28 al 30:

"Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Jesús dijo: En verdad os digo: No hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna."

En vez de reprender a Pedro, Jesús prometió una recompensa a aquellos que se sacrificasen por El. Dice el versículo 31:

"Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros."

Y este era el principio que regularía la entrega de las recompensas. Ahora, continuemos leyendo los versículos 32 al 34:

"E iban por el camino subiendo a Jerusalén, y Jesús iba delante de ellos; y estaban perplejos, y los que le seguían tenían miedo. Y tomando aparte de nuevo a los doce, comenzó a decirles lo que le iba a suceder: He aquí, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles. Y se burlarán de El y le escupirán, le azotarán y le matarán, y tres días después resucitará."

Es que El se estaba desplazando hacia Jerusalén. Sabía y les estaba diciendo que se dirigía allí para morir. Observemos que, una vez más, al hacer referencia a Su muerte, siempre mencionaba Su resurrección.

Pasemos ahora a otro curioso incidente, leyendo los versículos 35 al 38:

"Y se le acercaron Jacobo y Juan, los dos hijos de Zebedeo, diciéndole: Maestro, queremos que hagas por nosotros lo que te pidamos. Y El les dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que soy bautizado?"

Recordemos que este relato está registrado en Mateo. La madre había venido a Jesús pidiéndole ese privilegio para sus hijos. Así que cuando Jesús les preguntó si podían ser bautizados con el mismo bautismo que él tendría que sufrir, le respondieron que sí. Dicen los versículos 39 y 40:

"Y ellos le dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: La copa que yo bebo, beberéis; y seréis bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado. Pero el que os sentéis a mi derecha o a mi izquierda, no es mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado."

Sabemos que Jacobo llegaría a ser un mártir. Y Juan sería exiliado en la Isla de Patmos. Aunque no se cree que fuera martirizado, es posible que haya sido ejecutado.

Nuestro Señor no les dijo que no había un lugar a Su mano derecha o a su izquierda. Dijo que tales lugares no se daban arbitrariamente a quienes El quisiera otorgarlos. Pero aquellos que los recibiesen, estaban preparándose para ello. Estimado oyente, la entrada al cielo es un regalo. Pero tu lugar en el cielo, requiere tu trabajo y dedicación. La salvación es gratuita, pero podemos trabajar para recibir una recompensa. Si has de recibirla de El, no la obtendrás alternando el ocio con el descanso. Requerirá esfuerzo por tu parte. Veamos la reacción en el versículo 41:

"Al oír esto, los diez comenzaron a indignarse contra Jacobo y Juan."

Se enfadaron porque ellos deseaban las posiciones más honorables. Por eso el Señor les tuvo que enseñar otro principio. Porque el método que este mundo usa, no es el método de Dios. Leamos los versículos 42 al 44:

"Y llamándolos junto a sí, Jesús les dijo: Sabéis que los que son reconocidos como gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que sus grandes ejercen autoridad sobre ellos. Pero entre vosotros no es así, sino que cualquiera de vosotros que desee llegar a ser grande será vuestro servidor, y cualquiera de vosotros que desee ser el primero será siervo de todos."

El método de Dios consiste en tomar a aquellos que son humildes, y se hacen a sí mismos pequeños sirviendo a los demás, y entonces El les coloca como líderes. El que es importante, debe ser el siervo de todos. Después, Jesús expuso la clave de este Evangelio. Dice el versículo 45:

"Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos."

El siguiente episodio aparece en Mateo y otra vez en Lucas. Algunos han manifestado que no pueden reconciliar los relatos de estos Evangelios. En realidad, Mateo menciona a 2 ciegos, pero Marcos concentra su atención en Bartimeo, porque éste fue el que habló. Leamos el último pasaje de este capítulo: los versículos 46 al 52:

"Entonces llegaron a Jericó. Y cuando salía de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, un mendigo ciego llamado Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino. Y cuando oyó que era Jesús el Nazareno, comenzó gritar y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Y muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Y Jesús se detuvo y dijo: Llamadle. Y llamaron al ciego, diciéndole: ¡Anímate! Levántate, que te llama. Y arrojando su manto, se levantó de un salto y fue a Jesús. Y dirigiéndose a él, Jesús le dijo: ¿Qué deseas que haga por ti? Y el ciego le respondió: Raboní, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha sanado. Y al instante recobró la vista, y le seguía por el camino."

Debió resultar emocionante ver a Bartimeo seguir a Jesús, ahora con sus ojos abiertos. Dentro de unos pocos días le vería morir en la cruz. ¿Hay alguien que se considere ciego, con respecto a las verdades y realidades espirituales? Pídele a Dios que abra tus ojos, para que por la fe puedas ver a Jesús morir por ti. Al mirarle, podrás ver realmente, y recibir la vida eterna.

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