Estudio bíblico de Marcos 15:1-37

Marcos 15:1-37

Nuestro estudio nos lleva hoy a la crucifixión de Cristo. Sé que todas las Escrituras han sido dadas por inspiración de Dios y son provechosas, como dice el apóstol Pablo en su segunda carta a Timoteo 3:16. Pero esta parte que describe la muerte y resurrección de Cristo, tiene para nosotros, y en la actualidad, un significado especial. Concluíamos el capítulo anterior con Jesús en manos de Sus enemigos, los suyos se habían dispersado. Uno de ellos le había traicionado y otro, había negado conocerle.

En esa noche, el pecado constituyó un problema en 2 aspectos diferentes. El pecado estaba tratando de destruirle. Y El estaba haciendo algo con respecto al pecado: iba a morir por tu pecado y el mío. Por ese motivo, supongo que puede decirse que la cruz es una de las muchas paradojas de la fe cristiana. Es, al mismo tiempo, la mayor tragedia de todos los tiempos y la más gloriosa victoria de la tierra y el cielo. Por lo tanto, no deberíamos aproximarnos a este capítulo con un sentimiento de derrota o de simpatía por Aquel que sufrió. Deberíamos transitar delicada y reverentemente a través de estas escenas, con un corazón del cual fluya la gratitud hacia Dios por proveer una salvación tan grande.

La nota trágica es ineludible en estas escenas, a causa de la cruel injusticia y el sufrimiento amargo infligidos sobre Jesús. No es de extrañar que Clovis, el bárbaro, exclamó la primera vez que escuchó la lectura del Evangelio: "Si tan solo hubiera estado yo allí con mis soldados". Pero recordemos que no es precisamente nuestra simpatía lo que Dios desea. El quiere nuestra fe, que creamos en el Señor Jesucristo. Como bien dice la carta a los Romanos 10:9,10: si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación. El quiere la fe de tu corazón y no la simpatía de tu corazón.

Ya hemos dicho anteriormente que Marcos es el Evangelio de la acción, y en este capítulo 15, el escritor expone la acción en su grado máximo. La crucifixión es el clímax y el acontecimiento supremo de esta acción. La crucifixión es el evento hacia el cual toda la creación y los propósitos de Dios se dirigían desde toda la eternidad, porque El era el Cordero destinado a ser sacrificado desde antes de la fundación del mundo. El Evangelio se tradujo entonces en acción. El apóstol Pablo podría decir años más tarde, en su primera carta a los Corintios 15:3 y 4: Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.

Es que el Evangelio consiste en lo que El hizo. No es lo que Dios está pidiéndote a ti que hagas. Es Su acción, y no tu acción o la mía. Tú y yo no estamos en posición de hacer nada que resulte aceptable para Dios. Tu justicia y mi justicia no son aceptables para obtener la salvación. Dios debe proveer, y lo hace, la justicia en Cristo. El fue entregado a la muerte por nuestras ofensas, transgresiones y pecados, y resucitado para que podamos ser declarados justos, como expresa la carta a los Romanos 4:25.

A continuación incluiré un breve bosquejo que incluye la totalidad de este capítulo, del cual leeremos solo 37 versículos:

1. Jesús conducido ante Pilato (vv. 1-6).

2. Jesus condenado, y Barrabás liberado (vv. 7-15).

3. Jesús coronado de espinas (vv. 16-23).

4. Jesús crucificado (vv. 24-41).

5. Jesús entregado a José - La nueva tumba (vv. 42-47).

Comencemos nuestra lectura con el versículo 1:

"Muy de mañana, los principales sacerdotes prepararon enseguida una reunión con los ancianos, los escribas y todo el concilio; y atando a Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilato."

El motivo de esta actitud fue que el Sanedrín podía condenar a muerte a Jesús, pero no podía llevar a cabo la ejecución. Solo Roma podía hacerlo. Por lo tanto aquel tribunal judío tuvo que apelar a uno romano para que ejecutase la sentencia de muerte que ellos habían decidido. La acusación que sus enemigos habían presentado contra Jesús en el Sanedrín, no podría mantenerse ante Pilato. Así que se reunieron muy temprano en la mañana siguiente para formular acusaciones que resultasen válidas en un tribunal romano e hiciesen legal la acción ilegal de la noche anterior.

Pilato era el gobernador romano en Jerusalén en aquel momento. Su centro de actividades estaba en Cesarea porque a él le agradaba aquel lugar, que situado en la costa marítima, gozaba de un clima muy agradable. No le gustaba Jerusalén, a donde acudía únicamente en las fechas de las fiestas, para controlar los alborotos que se produjesen. El gobierno romano no permitía disturbios, marchas de protesta o cualquier alteración del orden. Por esa razón Roma se mantuvo como un gran imperio mundial por unos mil años.

Pilato era un político. La conveniencia, antes que la justicia romana, era la fuerza motivadora de su vida. El realmente procuró poner en libertad a Jesús cuando descubrió que era inocente. Pero, al mismo tiempo, quería agradar a los jefes religiosos. Sin embargo, como puede observarse aquí, no pudo verdaderamente obtener la cooperación de Jesús, tal como lo había esperado. El pensó que si Jesús colaboraba, también podría complacer a las autoridades religiosas. Pilato era un típico ejemplo de un político libre de las ataduras nobles de la honestidad e integridad, que trataba de lograr soluciones de compromiso complaciendo a toda las partes. Cuando uno trata de actuar de esa manera, normalmente no complace a nadie.

"Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo El, le dijo: Tú lo dices."

Esta fue una forma de decir: "Es cierto. Lo soy". Continuemos leyendo desde el versículo 3 al 6:

"Y los principales sacerdotes le acusaban de muchas cosas. De nuevo Pilato le preguntó, diciendo: ¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan. Pero Jesús no respondió nada más; de modo que Pilato estaba asombrado. Ahora bien, en cada fiesta él acostumbraba soltarles un preso, el que ellos pidieran."

Pilato quedó asombrado e impactado ante un prisionero que no se defendía. Imagino que otros presos argumentaban lo más posible para defenderse, pero éste era diferente. No se defendía y Pilato quiso saber los motivos.

Cuando comparamos este relato con el de Juan encontramos que hubo mucha interacción de idas y venidas entre Pilato y las autoridades religiosas, ya que Pilato intentaba liberar a Jesús Incluso le llevó dentro para hablar privadamente con El. Luego volvió a salir y entró nuevamente con El, esperando contar con su cooperación. Pero Pilato llegó a la conclusión de que tendría que enfrentar la situación por sí mismo y tomar una decisión en cuanto a Jesucristo. Respecto a esto, es exactamente lo que cada hombre y cada mujer debiera hacer hoy frente a Jesucristo.

Pilato pensó entonces que podría librarse del problema poniendo en libertad a un preso. Y simplemente no podía creer que nadie le pidiese la libertad de Barrabás y que Jesús fuese crucificado. Creyó haber encontrado una solución para el dilema en que se encontraba. Leamos el versículo 7.

"Y uno llamado Barrabás había sido encarcelado con los sediciosos que habían cometido homicidio en la insurrección."

Aquí estaba un hombre culpable de asesinato y de haber dirigido una insurrección. En aquel momento, era el preso principal. En efecto, iba a ser crucificado junto con los otros condenados. Yo creo que Jesús fue crucificado en la cruz que había sido destinada para Barrabás. Continuemos leyendo los versículos 9 al 13:

"Entonces Pilato les contestó, diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? Porque sabía que los principales sacerdotes le habían entregado por envidia. Pero los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que le pidiera que en vez de Jesús les soltara a Barrabás. Y Pilato, tomando de nuevo la palabra, les decía: ¿Qué haré, entonces, con el que llamáis el Rey de los judíos? Ellos le respondieron a gritos: ¡Crucifícale!"

Un evento muy notable y un clamor jamás oído, estaban teniendo lugar allí. Para Pilato era evidente que las acusaciones presentadas contra Jesús eran falsas. Tenía en sus manos a un prisionero que era un criminal muy destacado. Y así hizo la comparación entre Jesús y Barrabás. Había dado por seguro que la gente no se atrevería a pedir la libertad de Barrabás y que Jesús fuese crucificado. Pero él simplemente no sabía cuan bajo podía caer la gente, ni las profundidades en las que la religión podía hundirse. Estaba tan impactado cuando la multitud pidió que soltase a Barrabás que, siendo todo un juez, preguntó consternado a esa multitud qué debería entonces hacer con Jesús. Leamos el versículo 14:

"Y Pilato les decía: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho? Y ellos gritaban aún más: ¡Crucifícale!"

La turba había sido instruida para pedir que Jesús fuese crucificado y actuaba dominada por el sentimiento de venganza de sus inductores. Observemos que cuando Pilato les preguntó sobre los motivos, gritaron lo mismo con mayor fuerza. Aquella turba no estaba en condiciones de razonar ni de emitir un buen juicio. Solo podían gritar. Dice el versículo 15:

"Pilato, queriendo complacer a la multitud, les soltó a Barrabás; y después de hacer azotar a Jesús, le entregó para que fuera crucificado"

Obviamente Pilato era un político vacilante y cedió ante los gritos de la muchedumbre, entregándoles a Jesús para que fuese crucificado. La justicia romana actuó erróneamente y un hombre inocente iba a morir. Pero reflexionemos por un momento. El estaba ocupando mi lugar, y yo no soy inocente. También estaba Jesús ocupando tu lugar. Continuemos leyendo el versículo 16:

"Entonces los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al Pretorio, y convocaron a toda la cohorte romana."

Cuando un criminal iba a ser crucificado, era entregado a estos soldados. Eran un grupo brutal y podían hacerle al prisionero lo que quisiesen. Por supuesto, humillaban a los presos, les torturaban convirtiéndoles en un juguete para sus instintos sádicos. Y eso es lo que le hicieron al Señor Jesús. Así se explica que, después de recibir tan duro castigo, tuvieran que pedir la ayuda de Simón de Cirene para ayudarle a llevar la cruz. Nuestro Señor tenía 33 años de edad, estaba aun en la fortaleza de su juventud, debía tener una buena musculatura pues había viajado mucho por la variada topografía de aquel país; había sido carpintero y además, pudo demostrar su fortaleza cuando echó a los cambistas fuera del templo. Pero acababa de sufrir un castigo despiadado y brutal que debió mermar considerablemente sus fuerzas. Leamos los versículos 17 al 19:

"Le vistieron de púrpura, y después de tejer una corona de espinas, se la pusieron; y comenzaron a vitorearle: ¡Salve, Rey de los judíos! Le golpeaban la cabeza con una caña y le escupían, y poniéndose de rodillas le hacían reverencias."

Los que le castigaban parecían dominados u obsesionados por una pasión. El tiempo imperfecto de los verbos indica que le golpeaban y escupían continuamente. Aquella actitud era más que un odio humano ordinario. Era brutal y cruel, revelando la degradación del corazón humano. ¿Somos conscientes de todo lo que El tuvo que soportar cuando ocupó nuestro lugar? Y aun le quedaba pasar por la experiencia de la cruz. Los versículos 20 y 21 añaden los siguientes detalles:

"Y después de haberse burlado de El, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le sacaron para crucificarle. Y obligaron a uno que pasaba y que venía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y Rufo, a que llevara la cruz de Jesús"

Después de una mañana de sufrimiento inhumano le hicieron comenzar su marcha hacia el lugar donde sería crucificado. Simón era de Cirene, situada en el norte de Africa y probablemente estaba asistiendo a la fiesta de la Pascua en Jerusalén. Parece que le hicieron salir de la multitud por casualidad para ayudar a llevar la cruz. Se cree que Jesús llevó la cruz hasta las puertas de la ciudad. Leamos los versículos 22 y 23:

"Le llevaron al lugar llamado Gólgota, que traducido significa: Lugar de la Calavera. Y trataron de darle vino mezclado con mirra, pero El no lo tomó."

El vino mezclado con mirra era una droga destinada a aliviar el horrible sufrimiento de la cruz a aquellos que estaban a punto de morir. Resulta interesante recordar que cuando El nació, los sabios del oriente le trajeron mirra. Cuando iba a morir, le ofrecieron mirra. La mirra nos habla de Su muerte. El versículo 24 continúa diciendo:

"Cuando le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos para decidir lo que cada uno tomaría."

Ningún escritor de los Evangelios registra los detalles de la crucifixión; solo nos presentan incidentes alrededor de la crucifixión. Es como si el Espíritu de Dios hubiera extendido un velo sobre aquella escena, para evitar que la atención se concentrase en detalles que pudiesen satisfacer meramente la curiosidad o desviar la atención del tremendo significado de este acontecimiento. El reparto de las ropas de Jesús ocurrió como un cumplimiento de la profecía del Salmo 22:18. Leamos ahora los versículos 25 y 26:

"Era la hora tercera cuando le crucificaron. Y la inscripción de la acusación contra El decía: EL REY DE LOS JUDIOS."

Aquí se nos dice que cuando le crucificaron, era la tercera hora, que equivale a las 9 de la mañana. (Aquí hay que aclarar que Marcos usa el cómputo hebreo del horario, mientras que Juan utiliza el romano). Tenemos que reunir todos los escritos de los Evangelios para obtener la totalidad de la inscripción colocada en la cruz. Juan dijo que estaba escrita en hebreo, griego y latín. Ninguno de los Evangelistas tuvo la intención de contarnos toda la historia.

La acusación por la que fue crucificado se resume en las palabras "El Rey de los Judíos". Podría parecer una declaración anómala si dijésemos que era cierto. No era cierta según el significado que ellos le daban. El no había dirigido ninguna insurrección contra Roma. Sino que se ofreció a Israel y fue rechazado. Dicen los versículos 27 y 28:

"Crucificaron con El a dos ladrones; uno a su derecha y otro a su izquierda. Y se cumplió la Escritura que dice: Y con los transgresores fue contado."

Se nos dice que Jesús fue crucificado en medio de dos ladrones. Y Marcos nos dice que eso ocurrió así para que se cumpliesen las Escrituras, y luego cita al profeta Isaías 53:12, que dice: "con los transgresores fue contado". Pasemos a los versículos 29 al 31:

"Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, ¡sálvate a ti mismo descendiendo de la cruz! De igual manera, también los principales sacerdotes junto con los escribas, burlándose de El entre ellos, decían: A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse."

Esta última frase era cierta. El no podría haber salvado a otros y, al mismo tiempo, salvarse a Sí mismo. El se entregó a Sí mismo por otros, y éste es el gran principio de la redención. Leamos los versículos 32 al 34, que continúan con las burlas de sus enemigos:

"Que este Cristo, el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. Y los que estaban crucificados con El también le insultaban. Cuando llegó la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y a la hora novena Jesús exclamó con fuerte voz: Eloi, Eloi, ¿lema sabactani?, que traducido significa, Dios mio, Dios mio, ¿por que me has abandonado?"

Aquí tenemos que observar que Marcos nos informa de la crucifixión detallando la hora. A la tercera hora el fue colgado en la cruz y a la hora sexta (que equivaldría a las 12 del mediodía) se produjo una gran oscuridad. El sol del mediodía fue cubierto por aquella oscuridad que descendió sobre la cruz. Y la oscuridad permaneció desde la hora sexta hasta la novena (o sea, las 3 de la tarde)

Tomemos nota de esto: las primeras 3 horas fueron desde las 9 de la mañana hasta las 12 del mediodía; las segundas 3 horas fueron desde las 12 del mediodía hasta las 3 de la tarde. Jesús estuvo colgado en la cruz durante 6 horas. Durante las primeras 3 horas, hubo luz física, natural; en las segundas 3 horas, hubo oscuridad física. Pero, desde otro punto de vista diremos que durante las primeras 3 horas, hubo oscuridad espiritual; y en las segundas 3 horas, hubo luz espiritual. ¿Por qué? Porque en aquellas 3 primeras horas, el ser humano hizo lo peor que podía haber hecho. Le crucificaron y le ultrajaron. Incluso los que estaban colgados junto a El en la cruz, le ultrajaron. Al menos, al principio, ambos ladrones así lo hicieron. Después los enemigos que iban pasando cerca y alrededor, le ridiculizaban meneando sus cabezas. En las 3 primeras horas, el ser humano estaba actuando, haciendo lo peor; en las segundas 3 horas, Dios estaba trabajando. Durante las 3 primeras horas El estaba sufriendo en manos de los seres humanos. En las últimas 3 horas El estaba sufriendo por el ser humano. En las primeras 3 horas, El estaba muriendo a causa del pecado; en las segundas 3 horas El estaba muriendo por el pecado del mundo. Así que en los momentos de oscuridad física, había realmente luz espiritual y Dios estaba actuando. En aquellas 3 primeras horas, el pecado estuvo haciendo todo lo que podía para destruirle; en las segundas 3 horas, El estaba entregando Su alma como una ofrenda por el pecado. En aquellas 3 últimas horas, El estaba pagando por los pecados del mundo. Y fue durante este período que El fue hecho pecado por nosotros. Fue desamparado por Dios y, sin embargo, incluso en esos momentos, Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo (2 Corintios 5:19) ¡Que tremenda paradoja tenemos aquí!

Leamos, finalmente, los versículos 35 al 37:

"Algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: Mirad, a Elías llama. Entonces uno corrió y empapó una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si Elías viene a bajarle. Y Jesús dando un fuerte grito, expiró."

La multitud entendió mal lo que El dijo. Probablemente creyeron que había llamado a Elías debido a la similitud de las palabras. Uno se pregunta si ellos no habrán sospechado, en parte, que el podría ser el Mesías. Creo que puede haber habido algo en el corazón humano que les dijese que aquel era el Mesías. Le dieron algo para calmar la sed. Esta no fue la droga que le darían más tarde. Aquí El tomó de ésta para cumplir una profecía del Salmo 69:21,Y por comida me dieron hiel, y para mi sed me dieron a beber vinagre.

Jesús no murió porque los órganos de su cuerpo se negaron a continuar funcionando, porque El no sufrió la muerte ordinaria de un crucificado, quien ya agotado y totalmente debilitado, habría sido incapaz de hablar. El entregó Su Espíritu de forma voluntaria y repentina. Y aquel fuerte grito no fue el gemido de un moribundo, sino un grito de victoria, de triunfo sobre el pecado y todas las fuerzas del mal. Estimado oyente, aquel triunfo es para todos aquellos que, por la fe, le reconozcan como Su Salvador. Al menos, es mi triunfo. ¿Es el tuyo también?

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