Estudio bíblico de Levítico 4:1-12

Levítico 4:1-12

Tema: La ofrenda por el pecado - El pecado como una naturaleza.

Esta es la primera de las ofrendas de aroma no agradable. Las 3 ofrendas de aroma agradable exponían la persona de Cristo en Su carácter glorioso. Las 2 ofrendas de aroma no agradable presentaban la obra de Cristo en la cruz por el pecado. La ofrenda por el pecado nos hablaba del pecado como una naturaleza. La ofrenda por la culpa habla del pecado como un acto. Es que el hombre y la mujer son pecadores por naturaleza, y pecadores por lo que hacen. Actúan de esa manera porque son pecadores por naturaleza.

Hay algunas características notables de la ofrenda por el pecado que la distinguen de las otras ofrendas y que destacan su importancia.

1. Ocupa la mayor extensión en el relato Bíblico: El espacio que se le dedica equivale al doble que a las otras 4 ofrendas. El holocausto ocupa 17 versículos; la ofrenda de cereales, 16; la ofrenda de paz, 17; la ofrenda por la culpa, 19; y la ofrenda por el pecado, 35 versículos. Evidentemente el Espíritu de Dios consideró que era muy importante.

2. La ofrenda por el pecado era una ofrenda completamente nueva. Hasta este momento histórico, no se había registrado ninguna ofrenda por el pecado. No había ninguna mención al respecto en las Sagradas Escrituras. Ninguna nación pagana tenía ritos ni siquiera similares a éste.

3. Desde el momento de la entrega de la Ley, se convirtió en la ofrenda más importante y significativa. El ser humano era un pecador desde antes de la entrega de la Ley pero, en efecto, fue la Ley la que le reveló que era un pecador. La ofrenda por el pecado fue ofrecida durante todas las fiestas; Pascua, Pentecostés, Trompetas y Tabernáculos. Fue presentada en el gran Día de la Expiación (Yom Kipur) por el Sumo Sacerdote y en el Lugar Santísimo.

4. Aparece en contraste con el holocausto, aunque se realizaba en el mismo lugar. Dice Levítico 6:25: Habla a Aarón y a sus hijos y diles: "Esta es la ley de la ofrenda por el pecado: la ofrenda por el pecado será ofrecida delante del Señor en el mismo lugar donde el holocausto es ofrecido; es cosa santísima".

Donde acaba el holocausto, empezaba la ofrenda por el pecado. El holocausto nos dice quien es Cristo; la ofrenda por el pecado nos dice que hizo Cristo. En el holocausto, Cristo satisface las demandas de las elevadas y santas normas de Dios; en la ofrenda por el pecado Cristo satisface las profundas y desesperadas necesidades del ser humano. En el holocausto vemos la hermosura de Cristo; en la ofrenda por el pecado vemos el carácter odioso del pecado.

El holocausto era una ofrenda voluntaria; la ofrenda por el pecado era obligatoria. El holocausto ascendía; la ofrenda por el pecado era derramada. Una ofrenda subía y la otra descendía.

Las 2 ofrendas de aroma no agradable se encuentran en los capítulos 4 y 5. A continuación incluiré un breve bosquejo de la ofrenda por el pecado (que considera al pecado como una naturaleza), y que abarca todo el capítulo 4:

a. Los pecados de ignorancia, vv. 1, 2.

b. Los pecados del sacerdote, vv 3-12.

c. Los pecados de la congregación, vv 13-21.

d. Los pecados del jefe, vv 22-26.

e. Los pecados de la gente del pueblo, vv 27-35.

f. La ley de la ofrenda por el pecado, capítulo 6:24-30

Los pecados de ignorancia

Leamos los versículos 1 y 2:

"El Señor habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, diciendo: "Si alguien peca inadvertidamente en cualquiera de las cosas que el Señor ha mandado que no se hagan, y hace alguna de ellas"

El énfasis aquí recae sobre un pecado cometido en ignorancia. Si alguien pecaba intencional y deliberadamente, esta ofrenda resultaba inútil. En el Nuevo Testamento, dijo la carta a los Hebreos 10:28. Cualquiera que viola la ley de Moisés muere sin misericordia por el testimonio de dos o tres testigos. Esto se refiere al hecho de que no hay salvación para una persona que rechaza a Jesucristo intencionalmente. Los 2 versículos anteriores, el 26 y el 27 decían: Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados, sino cierta horrenda expectación de juicio, y la furia de un fuego que ha de consumir a los adversarios.

Los pecados de ignorancia revelan la verdad fundamental subyacente, que el ser humano es un pecador por naturaleza. Lo sepamos o no, todos somos pecadores por naturaleza. Por tal motivo, cometemos pecados. Indiferentemente de la valoración de una determinada época y de las circunstancias, el ser humano es un pecador. La actitud de Dios hacia el pecador no cambia. Hacemos las cosas que son contrarias a Dios porque al ser humano le resulta imposible hacer algo que agrade a Dios. El hombre natural no tiene esa capacidad. Es pecador por naturaleza. Y la atención del ser humano debe dirigirse hacia estos pecados. Estas acciones constituyen un pecado indiferentemente de quien las cometa.

La ofrenda por el pecado producía una convicción profunda de pecado. Esta convicción ocupa un lugar destacado en la información que tenemos sobre la raza humana. El profundo sentimiento de culpabilidad del ser humano debe ser diagnosticado, antes que pueda recetarse una medicina adecuada.

Escuchemos como lo expresaba el rey David, autor de 2 Salmos que hablaban sobre este asunto. Dice el Salmo 139:23, 24:

"Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno."

Y el Salmo 51:4.

"Contra ti, contra ti sólo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas."

Sin despreciar la ayuda científica que algunos profesionales puedan aportar para aliviar los complejos y sentimientos de culpa, diré que la Palabra de Dios contiene el remedio que el ser humano necesita en la actualidad. Si tienes ese sentimiento, ¿por qué no acudes a Dios, como el autor de estos Salmos, para que El examine esa parte de tu vida interior afectada por el mal del pecado? Nuestra propia naturaleza está herida y solo Dios puede sanarla.

Los pecados de ignorancia eran aquellas acciones que, en el momento de cometerlas, la persona ignoraba que fuesen pecados. Bien dijo el autor del Salmo 19:12,

"¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos."

¡Cuánto necesitamos confesar a Dios que somos seres controlados por el pecado! Si no tienes nada concreto que confesar, entonces simplemente confiésale lo que eres, un pecador.

Si alguien pecaba por ignorancia, irreflexión o precipitación, o por accidente, Dios había provisto el medio de liberación. Estableció las ciudades de refugio, como relata el libro de Números 35:11. Estimado oyente, Dios también tiene un refugio para ti, un remedio. Dijo el apóstol Juan en su primera carta 2:1. Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.

El apóstol Pablo explicó la razón por la que él se consideraba el principal de los pecadores y por qué había obtenido la misericordia de Dios. Había sido un blasfemo, un ofensor y perseguidor de los primeros cristianos, pero fue perdonado porque en su vida pasada había actuado en su ignorancia e incredulidad. Por ello, en su primera carta a Timoteo 1:14 y 15, dijo el siguiente: Pero la gracia de nuestro Señor fue más que abundante, con la fe y el amor que se hallan en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero.

La ofrenda por el pecado nos enseña que debemos vernos a nosotros mismos, de la misma manera en que Dios nos ve. Ello nos confronta con la conciencia y conocimiento del pecado, y con nuestra propia indignidad. Pero Dios también ha hecho una provisión para nosotros. Dijo el autor del Salmo 32:5.

"Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la culpa de mi pecado."

Esta actitud, verdaderamente, elimina los complejos y sentimientos de culpa.

La ofrenda por el pecado nos enseñó también su propia insuficiencia. En tal sentido, dijo el Salmo 40:6.

"Sacrificio y ofrenda de cereal no has deseado; has abierto mis oídos; holocausto y ofrenda por el pecado no has requerido."

Estas palabras señalaban el camino hacia la satisfacción perfecta que Dios proveería para el pecado y Su perdón. Esta idea llegaría a su culminación en el Nuevo Testamento, en la carta a los Hebreos 10:19-22: Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que El inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne, y puesto que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura. Ahora bien, tú y yo como pecadores podemos venir ante Su presencia con confianza. ¿Por qué? Porque Jesús es nuestra ofrenda por el pecado, incluso para estos pecados cometidos en ignorancia.

Los pecados cometidos en estado de ignorancia centran nuestra atención en otro aspecto de la justicia de Dios y en Su imparcialidad absoluta al ocuparse del ser humano, a quien Dios trata con equidad. Habrá grados de castigo, así como grados de recompensa. El grado de responsabilidad también está reconocido en la ofrenda por el pecado, como veremos en las diferentes clases de personas que se considerarán a continuación.

Los pecados del sacerdote

Leamos el versículo 3:

"si el que peca es el sacerdote ungido, trayendo culpa sobre el pueblo, que entonces ofrezca al Señor un novillo sin defecto como ofrenda por el pecado, por el pecado que ha cometido."

El pecado del sacerdote se consideraba en primer lugar, ya que él ocupaba un lugar de liderazgo. Si él cometía un error, afectaba al pueblo con su proceder y entonces, Su pecado se convertía en el de la gente. Tenía que traer como ofrenda un becerro, que era el animal más valioso de todos. Podemos ver que la posición del que había pecado determinaba el tipo de animal requerido para el sacrificio por el pecado. El pecado no era diferente, pero su responsabilidad sí era mayor.

Sucede lo mismo hoy. Hay 2 pasajes relevantes en la carta del apóstol Santiago. El primero en 4:17, dice: A aquel, pues, que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado. Y el segundo, en 3:1, dice: Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos un juicio más severo. Así es que el privilegio conlleva responsabilidad. Si tú ocupas una posición de liderazgo o guía sobre otros, Dios evaluará cómo has ejercido esa responsabilidad.

En el versículo 3 de nuestro capítulo de hoy, la frase "trayendo culpa sobre el pueblo" podría traducirse adecuadamente como "haciendo pecar al pueblo". Esto destacaba la responsabilidad del sacerdote. El no era más que un ser humano, que estaba sometido a las mismas tentaciones que el resto de la raza. Bien decía la carta a los Hebreos que "la ley designa como sumos sacerdotes a hombres débiles". Y es precisamente en este punto donde existe una diferencia radical entre Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, y los sacerdotes de la orden de Aarón. Dice la citada carta a los Hebreos 4:15; Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Y volviendo a nuestro capítulo 4 de Levítico, continúa diciendo el versículo 4:

"Traerá el novillo a la puerta de la tienda de reunión delante del Señor, pondrá su mano sobre la cabeza del novillo y lo degollará delante del Señor."

Este era el ritual de la ofrenda por el pecado. Es esta parte del ritual, había una similitud con el holocausto. Continuemos leyendo los versículos 5 al 7:

"Luego el sacerdote ungido tomará de la sangre del novillo y la traerá a la tienda de reunión, y el sacerdote mojará su dedo en la sangre y rociará de la sangre siete veces delante del Señor, frente al velo del santuario. El sacerdote pondrá también de esa sangre sobre los cuernos del altar del incienso aromático que está en la tienda de reunión delante del Señor, y derramará toda la sangre del novillo al pie del altar del holocausto que está a la puerta de la tienda de reunión."

El rociar con sangre 7 veces frente al velo del santuario aseguraba la relación de Dios con el ofensor. El poner algo de sangre en los cuernos del altar destinado al incienso, que era el lugar de la oración, implicaba restaurar para el ofensor el privilegio de la adoración. Nuestra aceptación por parte de Dios y nuestra adoración dirigida hacia El dependen de la sangre de Cristo. Aquí hay 2 pasajes que conviene mencionar. El primero, en la primera carta de Juan 1:9, dice: Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. Y el segundo pasaje, en la carta a los Hebreos 9:22, dice: Y según la ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón.

El resto de la sangre se derramaba al pie del altar de bronce del holocausto. Esto satisfacía la conciencia del pecador y removía el complejo de culpa. Este era el remedio para la convicción de pecado y el único remedio que podía satisfacer la mente y el corazón.

Aquí es importante entender que cuando Cristo perdona tu pecado, también te perdona a ti. Ya no hay nada más que hablar sobre ese pecado. Como tan poética como elocuentemente lo expresó el profeta Miqueas 7:19: cuando escribió que El arroja los pecados a las profundidades del mar. El autor de un Salmo dijo incluso que, así como está lejos el oriente del occidente, El alejó de nosotros nuestros pecados y rebeliones, apartándolos de tal manera como para no acordarse de ellos. Así, El solucionó el problema del pecado, lo cual nos libera de nuestros sentimientos o complejos de culpa. Tú no necesitarás jamás preguntarte si El realmente te habrá perdonado. El ha removido todas tus culpas y pecados. Cuando tú vienes a Cristo y le veas, comprobarás que El es suficiente y adecuado para tu necesidad, experimentándolo por ti mismo.

Continuemos leyendo los versículos 8 al 10:

"Y quitará toda la grasa del novillo de la ofrenda por el pecado: la grasa que cubre las entrañas, toda la grasa que está sobre las entrañas, los dos riñones con la grasa que está sobre ellos y sobre los lomos, y el lóbulo del hígado, que quitará con los riñones (de la manera que se quita del buey del sacrificio de las ofrendas de paz); y el sacerdote los quemará sobre el altar del holocausto."

En este lugar del relato, el ritual del sacrificio por el pecado sigue al correspondiente a la ofrenda de paz. El pecado había sido perdonado. La comunión y el compañerismo habían sido restaurados, así como el servicio. Se ofrecería la grasa, que sería quemada en el altar. Recordemos que la grasa representaba a lo mejor.

Para finalizar nuestra lectura de hoy, leamos los versículos 11 y 12:

"Pero la piel del novillo y toda su carne, con su cabeza, sus patas, sus entrañas y su estiércol, es decir, todo el resto del novillo, lo llevará a un lugar limpio fuera del campamento, donde se echan las cenizas, y lo quemará al fuego sobre la leña; lo quemará donde se echan las cenizas."

Aquí en este punto se produce un alejamiento radical del rito de las otras ofrendas. Los restos del novillo eran sacados fuera del campamento y quemados allí. Creemos que éste es simplemente un énfasis en la excesiva maldad del pecado. El animal era la ofrenda por el pecado - no había aquí ningún pensamiento de consagración ni de significado de la persona de Cristo. Más bien, era Cristo, el que llevaba el pecado, El que sería hecho pecado por nosotros. El significado más profundo se presenta en Hebreos 13:10-14,

Nosotros tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que sirven al tabernáculo. Porque los cuerpos de aquellos animales, cuya sangre es llevada al santuario por el sumo sacerdote como ofrenda por el pecado, son quemados fuera del campamento. Por lo cual también Jesús, para consagrar al pueblo mediante su propia sangre, sufrió la muerte fuera de la puerta de la ciudad. Así pues, salgamos con Jesús fuera del campamento, y suframos la misma deshonra que El sufrió. Porque no tenemos en este mundo una ciudad permanente, sino que buscamos la que está por venir, la ciudad eterna. Este es, pues, el significado de esa parte del animal que tenía que ser quemado fuera del campo. En nuestro próximo programa continuaremos con el Tema de los pecados de la congregación.

Reflexionemos bien en estas palabras de la Biblia. La religión nunca podrá satisfacer el corazón ni las demandas de un Dios que es Santo. Solo la muerte de Jesús en la cruz puede proveernos el perdón de nuestros pecados. Porque somos pecadores por naturaleza y no somos apropiados para residir en el cielo. Pero Dios nos amó tanto que envió a Jesucristo para hacerle pecado por nosotros, tratándole como al pecado mismo. Estimado oyente, no trates de resolver el problema de tu pecado de cualquier otra manera que no sea volviéndote a Cristo y confiando en El. El es suficiente y adecuado. El satisfará la necesidad más profunda de tu corazón y de tu alma. Solo El puede ofrecerte el perdón de tu pecado. La muerte de Cristo en la cruz llevando la carga de nuestros pecados constituye la única solución que existe ante el problema del pecado.

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