Estudio bíblico de Levítico 11:4-47

Levítico 11:4-47

Continuando con el primer punto del bosquejo del capítulo 11, titulado "Los animales puros e impuros" (sobre la tierra), iniciado en nuestro programa anterior, vamos a comenzar nuestra lectura con los versículos 4 al 8:

"Sin embargo, de los rumiantes o que tienen pezuña dividida, no comeréis éstos: el camello, porque aunque es rumiante no tiene pezuña dividida; será impuro para vosotros; el damán, porque aunque es rumiante, no tiene pezuña dividida; será impuro para vosotros; el conejo, porque aunque es rumiante, no tiene pezuña dividida; será impuro para vosotros; y el cerdo, porque aunque tiene pezuña dividida, formando así un casco hendido, no rumia; será impuro para vosotros. No comeréis de su carne ni tocaréis sus cadáveres; serán impuros para vosotros."

Esta es una lista amplia de animales considerados impuros. Evidentemente, debía haber algunas dudas sobre estos animales. Solo los animales vegetarianos rumian. Esta disposición dejaba fuera a los animales carnívoros.

Dios advirtió en contra de comer el camello, considerado impuro. La reacción lógica aquí sería preguntarse: ¿y quién querría comerse uno? Esto quizás añada un cierto toque de humor a las palabras de nuestro Señor cuando acusó a los Fariseos de colar el mosquito y tragarse el camello. El damán era parecido a un conejo y vivía en lugares rocosos. Me resulta interesante que actualmente haya quienes enfatizan que no debiera comerse carne de cerdo, pero nunca les he oído decir que uno no debería comer conejo. Los cerdos tienen la pezuña dividida pero no rumian, aunque parezcan estar comiendo constantemente. También es interesante observar que la carne de cerdo es aun difícil de digerir. Los cerdos son animales impuros, lo cual es evidente en su forma de comer.

A los israelitas se les prohibió estar en contacto con los cadáveres de los animales impuros. Las aplicaciones espirituales de esta disposición son inevitables. Continuemos leyendo los versículos 9 al 12, que comentan las reglas para

Las criaturas puras e impuras en el agua

"De todos los animales que hay en las aguas, podréis comer éstos: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas, en los mares o en los ríos, podréis comer. Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en los mares y en los ríos, entre todo lo que se mueve en las aguas y entre todas las criaturas vivientes que están en el agua, los consideraréis despreciables; los consideraréis animales despreciables, no comeréis de su carne y despreciaréis también sus cadáveres. Todo lo que en las aguas no tenga aletas ni escamas, lo consideraréis despreciable."

Aquí se traza una línea clara, tal como entre los otros animales. El pescado, para ser considerado puro, tenía que caracterizarse por 2 señales visibles: las aletas y las escamas. Esta regla se aplicaba al pescado de agua dulce y al de agua salada. Los seres acuáticos que se arrastrasen estaban prohibidos, lo cual eliminaba a un gran sector de criaturas acuáticas. No se mencionaron ejemplos, probablemente porque la división era muy clara.

Para el suministro de pescado los israelitas dependían de la pesca en el Mar Mediterráneo, el Mar de Galilea y el río Jordán. El pescado ocupaba un lugar importante en la dieta de la nación. Una de las puertas de Jerusalén era llamada la "Puerta del pescado", por la cual entraba el pescado del Mediterráneo y resulta interesante recordar que éste había sido un problema en los tiempos de Nehemías, porque los pescadores introducían el pescado en la ciudad en el día del reposo. (Nehemías 13: 16-22).

El papel importante de la pesca en el ministerio terrenal del Señor Jesucristo es bien conocido para el estudiante del Nuevo Testamento. Los primeros discípulos del Señor fueron pescadores. Cuando Jesús les llamó les dijo que se convertirían en pescadores de hombres.

En Mateo 13:47-50, Jesús contó una parábola explicando que el reino de los cielos era como una red que había recogido pescado bueno y malo. ¿Y cual era el método para distinguir el pescado bueno del malo? No se trataba del tamaño del pescado. El factor determinante era la ley expuesta en el Levítico. Un pescado que tuviera aletas que lo impulsaran y escamas que lo cubriesen era considerado puro o bueno. ¿Y cómo se compara esto con el juicio de los malos separados de entre los que han sido justificados? Bien, el creyente es aquella persona impulsada por el Espíritu Santo y que ha sido revestida por la justicia de Cristo. Estas son las señales de identificación. Estas son las aletas y las escamas.

Continuemos leyendo los versículos 13 al 19, que tratan sobre

Las criaturas voladoras puras e impuras

"Además, éstas despreciaréis de entre las aves, no se comerán, son animales despreciables: el águila, el buitre y el buitre negro, el milano y toda clase de halcones; toda clase de cuervos; el avestruz, la lechuza, la gaviota y toda clase de gavilanes; el búho, el cormorán, el búho real, la cisne, el pelícano, el buitre común, la cigüeña, toda clase de garzas; la abubilla y el murciélago."

En las aves no había marcas visibles como en los peces y animales. Pero parecían tener en común que se alimentaban de forma impura. En su mayoría se alimentaban de cadáveres de animales, de peces y de otras aves.

Aquí se presenta una lista de aves impuras de Palestina. Este es otro hecho que prueba que el sisTema legal de Moisés fue propuesto para el pueblo israelita y particularmente, para la tierra de Palestina. Algunas de estas aves pueden parecernos extrañas. Están clasificadas en la familia de las águilas, halcones, buitres, cuervos, búhos, cormoranes, cisnes y pelícanos. Ni siquiera suenan como apetitosos. Se consideraban impuros por sus hábitos de alimentación. Recordemos que muchas personas comen algunas de estas aves en la actualidad. No sé si yo lo haría, pero las comamos o no, da lo mismo. La carne con que nos alimentemos no nos recomendará ante Dios. El caso es que estas reglas enseñaban a los israelitas a hacer una distinción que les llevaría a tomar decisiones en cuanto lo que era puro o impuro.

La lección para nosotros hoy es que tenemos tomar decisiones acerca de nuestra conducta y a la fe que profesamos. Debemos adoptar la decisión de aceptar o no a Cristo, si estudiamos la Palabra de Dios o no, y sobre si vivimos de una forma que agrade a Dios o no. Esta sería pues la lección que se aplica a nuestra situación actual.

Esta sección arroja alguna luz sobre la experiencia del profeta Elías. El fue alimentado por cuervos, o sea, por aves impuras. Aunque él no comió aquellos cuervos, éstos le alimentaron. Aquella fue una experiencia humillante para este siervo de Dios, que obedecía a Dios en todos los detalles.

Leamos los versículos 20 al 23, que se refieren a

Las criaturas puras e impuras que se arrastran

"Todo insecto alado que ande sobre cuatro patas lo consideraréis despreciable. Sin embargo, éstos podéis comer de entre todos los insectos alados que andan sobre cuatro patas: los que tienen, además de sus patas, piernas con coyunturas para saltar con ellas sobre la tierra. De ellos podéis comer éstos: toca clase de langostas, langostas destructoras, grillos y saltamontes. Pero todos los demás insectos alados que tengan cuatro patas los consideraréis despreciables."

Estimados oyentes, por lo que a mí se refiere, puedes dejar esta lista fuera de mi menú. Sin embargo, debemos tomar nota de que algunos de éstos eran puros. Estas eran, aparentemente, 4 especies de langostas. La langosta propiamente dicha era la especie normal. El langostón o langosta destructora tenía una protuberancia. Otra especie era una langosta con una cola y una protuberancia. Y el saltamontes era una langosta con una cola, pero sin protuberancia. Así que a los israelitas se les permitía comer de estas 4 especies. Aunque no les apetecieran a muchas personas, no había ningún motivo religioso o ceremonial para considerarlos impuros. Recordemos que Juan el Bautista, profeta y precursor de Jesús tuvo una dieta bien Bíblica cuando encontrándose en el desierto se alimentó de langostas y miel silvestre.

Leamos ahora los versículos 24 al 28, que tratan el Tema de

El contacto con los cadáveres de animales impuros

"Por estos animales, pues, seréis impuros; todo el que toque sus cadáveres quedará impuro hasta el atardecer, y todo el que levante parte de sus cadáveres lavará sus vestidos y quedará impuro hasta el atardecer. En cuanto a todo animal de pezuña dividida, pero que no forma pezuña partida, o que no rumian, serán impuros para vosotros; todo el que los toque quedará impuro. Y de entre los animales que andan sobre cuatro patas, los que andan sobre sus garras son impuros para vosotros; todo el que toque sus cadáveres quedará impuro hasta el atardecer, y el que levante sus cadáveres lavará sus ropas y quedará impuro hasta el atardecer; os son impuros."

A los israelitas no solo se les prohibió comer animales impuros, sino también tocar los cadáveres de los animales impuros. El principio destacado aquí era la contaminación por contacto. Este fue un gran principio vital que fue reiterado en los días del retorno de Israel después de su cautiverio. Al respecto dice el libro del profeta Hageo 2:11-13. Así dice el Señor de los ejércitos: "Pide ahora instrucción a los sacerdotes: Si alguno lleva carne consagrada en la capa de su vestidura, y toca con el borde de su capa pan, alimento cocido, vino, aceite o cualquier otro alimento, ¿quedará éste consagrado? Y los sacerdotes respondieron, y dijeron: No. Y dijo Hageo: Si alguno, inmundo por el contacto con un cadáver, toca cualquiera de estas cosas, ¿quedará impura? Respondieron los sacerdotes, y dijeron: Quedará impura.

Aquí se expone un principio importante. La pureza o la santidad no se transfieren por contacto. Por el contrario, la suciedad, la impureza, el pecado y la impiedad se transmiten por contacto. En otras palabras, es imposible obtener santidad de lo que es impío. Pero lo impuro puede afectar a lo que es puro. Un hombre injusto no puede producir obras justas que sean aceptables para Dios. Uno no puede obtener justicia de la injusticia.

Este principio opera como una ley en todos los ámbitos de la vida y en cada capa de la sociedad. Un recipiente de agua sucia no es purificado añadiéndole cierta cantidad de agua limpia. Por otra parte, una gota de agua sucia contaminará a un recipiente de agua limpia. Un niño con una enfermedad contagiosa nunca se sanará por el contacto con un niño sano, pero el niño sano bien podría contraer la enfermedad contagiosa por el contacto con un niño enfermo. Un cristiano no puede implicarse con ciertas prácticas mundanas y jugar con el pecado sin contaminarse. ¿Cómo podemos pensar que un cristiano puede probar, por ejemplo, las drogas sin involucrarse poco a poco en ellas? Algunos pretenden alcanzar a los que están sin Dios, perdidos, identificándose de esa manera con ellos. El resultado es que resultan contaminados, terminando en practicar los mismos pecados, destruyendo su cuerpo, que es un templo de Dios. El Nuevo Testamento se expresa claramente sobre esto. Dice el apóstol Judas, en su carta, v. 23: a otros, salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su mala vida. Mezclarse e involucrarse con las prácticas destructivas del pecado constituye un grave error. Debemos cuidarnos de tal contaminación.

Al israelita se le recordó este principio, que él tendría presente cuando transitase por el camino y viese a un perro o a un oso muerto. Se le prohibía que transportase el cadáver o cualquier parte de él. Así, no podría llevarse ningún hueso o la piel para utilizarlos. Y en el caso de que tocase sin darse cuenta un cadáver de animal impuro, tenía que lavar sus ropas y permanecer impuro y apartado hasta el final del día.

En este asunto hay grandes lecciones espirituales. El cristiano es santificado por la redención lograda por Cristo, y se encuentra revestido de Su manto de justicia. Pero caminamos por un mundo en el que podemos resultar contaminados. Aun tenemos nuestra vieja naturaleza humana, con sus pasiones y deseos incontrolados. Hasta que el momento de la muerte física, no seremos completamente santificados y removidos fuera de la esfera de influencia del pecado. Continuemos leyendo los versículos 29 al 31:

"Y de entre los animales que se mueven sobre la tierra, éstos serán impuros para vosotros: el topo, el ratón y el lagarto según sus especies; el erizo, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija de arena y el camaleón. Estos serán impuros para vosotros de entre todos los animales que existen; todo el que los toque cuando estén muertos quedará impuro hasta el atardecer."

Estos son animales que viven sobre el suelo o debajo de la tierra. Deben haber sido bastante comunes pero los israelitas tenían que evitarlos. El cadáver de un topo podía contaminarles tanto como el cadáver de un elefante. De esa manera se les recordaba constantemente que vivían en un mundo de criaturas caídas por causa del pecado, y que los pecados pequeños le resultaban a Dios tan odiosos como los grandes pecados. Conocemos aquel dicho Bíblico de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Para Dios la paja y la viga son semejantes. Los "pecados pequeños" son igualmente pecados y deben ser evitados.

Continuemos leyendo los versículos 32 al 36:

"También quedará impura cualquier cosa sobre la cual caiga muerto uno de ellos, incluso cualquier artículo de madera, ropa, piel, saco, o cualquier utensilio de trabajo; será puesto en el agua y quedará impuro hasta el atardecer; entonces quedará limpio. Respecto a cualquier vasija de barro en la cual caiga uno de ellos, lo que está en la vasija quedará impuro y quebraréis la vasija. Todo alimento que se come, sobre el cual caiga de esta agua, estará impuro, y todo líquido que se beba en tales vasijas estará impuro. Todo aquello sobre lo cual caiga parte de sus cadáveres quedará impuro; el horno o fogón será derribado; son impuros y seguirán siendo impuros para vosotros. Sin embargo, una fuente o cisterna donde se recoge agua será limpia, pero quien toque sus cadáveres quedará impuro."

Ahora entramos en la cocina de aquella época. Debe haber sido una experiencia bastante común que entrase allí un roedor, cayese en una vasija y muriese. La vasija de barro debía ser quebrada y el agua o grano que allí se conservase, debía ser tirado. Y la vasija de bronce debía ser fregada hasta que quedase limpia. Es que Dios le enseñó a Su pueblo la importancia de la limpieza en la preparación de la comida. Y les estaba enseñando también una lección de santidad y pureza. Toda vasija era santa para Dios y debía permanecer limpia. En el sisTema legal de Moisés, la limpieza era considerada junto con la santidad. Y este principio se aplicaba incluso a los detalles más pequeños de las situaciones domésticas. Dios quiso preservar a Su pueblo de la contaminación.

Si un cadáver hubiera caído en una fuente o un lago, teniendo en cuenta la gran cantidad y la frescura del agua, ésta no resultaría contaminada.

¿No resulta maravilloso que el Señor Jesucristo sea la fuente del agua de vida? El no resultó contaminado por el contacto con el pecador o con los enfermos, con el leproso o con la mujer que tenía una hemorragia de sangre. El Evangelio de Juan 4:14, registró las siguientes palabras de Jesús: el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna. Y el mismo Evangelio, en 7:37 y 38, también dijo Jesús. Y en el último día, el gran día de la fiesta, Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz, diciendo: Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: "De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva."

Volvamos a nuestro capítulo 11 de Levítico y leamos los versículos 37 y 38:

"Y si parte de sus cadáveres cae sobre cualquier semilla que se ha de sembrar, quedará limpia. Pero si se pone agua en la semilla, y una parte de sus cadáveres cae en ella, será impura para vosotros."

Saliendo de la cocina nos dirigimos hacia el campo y al lugar de la producción de alimentos. La semilla seca que iba a ser sembrada no podía ser contaminada por el contacto con el cadáver de un ser impuro. Sin embargo, si la semilla era humedecida, el agua habría penetrado a través de su cáscara y resultaría impura.

Es por tal motivo que el hijo de Dios necesita en la actualidad un caparazón protectora o una armadura. Se nos dice en la carta a los Efesios 6:11: Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo.

Leamos ahora los versículos 39 y 40, que instruían sobre

El contacto con los cadáveres de animales puros

"Si muere uno de los animales que tenéis para comer, el que toque su cadáver quedará inmundo hasta el atardecer. Y el que coma parte de su cadáver lavará sus vestidos y quedará inmundo hasta el atardecer; y el que levante el cadáver lavará sus vestidos y quedará inmundo hasta el atardecer."

Cualquier animal puro que hubiese muerto por sí mismo o por enfermedad, era impuro. En el libro del profeta Malaquías 1:8, Dios prohibió el sacrificio de cualquier animal que estuviese cojo o enfermo. Figurativamente hablando, Dios tampoco aceptará de nosotros algo que sea de segunda clase o desechable. Leamos ahora los versículos 41 al 43, sobre

La contaminación de las criaturas que se arrastran

"Todo animal que se arrastra sobre la tierra es despreciable; no se comerá. Todo lo que anda sobre su vientre, todo lo que camina sobre cuatro patas, todo lo que tiene muchos pies, con respecto a todo lo que se arrastra sobre la tierra, no los comeréis pues son animales despreciables. No os hagáis despreciables vosotros mismos, por causa de ningún animal que se arrastra; y no os contaminéis con ellos para que no seáis impuros."

Y Dios expresó las razones de esta regla. Leamos los versículos 44 y 45:

"Porque yo soy el Señor vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo. No os contaminéis, pues, con ningún animal que se arrastra sobre la tierra. Porque yo soy el Señor, que os he hecho subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios; seréis, pues, santos porque yo soy santo."

Las criaturas que se arrastraban eran impuras como representantes de la caída del ser humano, cuando la serpiente fue maldita y convertida en un ser que se arrastraba sobre su vientre. Y dicen los versículos 46 y 47, sobre

La clasificación de lo puro e impuro hecha por un Dios santo

"Esta es la ley acerca de los animales, de las aves, de todo ser viviente que se mueve en las aguas y de todo animal que se arrastra sobre la tierra, para hacer distinción entre lo impuro y lo limpio, entre el animal que se puede comer y el animal que no se puede comer."

Fue Dios el que ha hecho una clara distinción entre lo puro y lo impuro. La santidad o pureza en los detalles pequeños es importante. Esta es la verdadera prueba para la persona que pertenece a Dios. Esta es como la prueba del ácido, la prueba decisiva en la vida de cualquier miembro del pueblo de Dios, reflejada en las palabras de Dios mismo, cuando dijo: Porque yo soy el Señor vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo.

Estimado oyente, tú tendrás que tomar la decisión sobre si vas vivir agradando a Dios en un mundo contaminado. Esta es, pues la lección para nosotros del capítulo de la pureza y la impureza.

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