Estudio bíblico de Levítico

Predicación escrita y en audio de Levítico 13:1-3

Levítico 13:1-3

Tema: La ley sobre el control de la lepra.

Este Tema tiene que ver con la excesiva maldad del pecado. Dijo el Evangelista Mateo 15:19 y 20: Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, la inmoralidad sexual, robos, falsos testimonios y calumnias. Estas cosas son las que contaminan al hombre.

Llegamos así a otra sección extraña de este libro; la que trata sobre la enfermedad de la lepra. Alguien podría preguntarse si éste es realmente un asunto práctico para nuestro tiempo. Creo que la totalidad de este libro tiene un valor práctico. Estamos en la sección general del libro que habíamos titulado "La santidad en la vida diaria". Es que a Dios le preocupa la conducta de Sus hijos. Ya hemos visto esa actitud en Su preocupación por los alimentos. Ahora, en los capítulos 13, 14 y 15 comprobaremos que se ocupó de la lepra y la purificación de esas enfermedades de la piel

La lepra y dichas enfermedades de la piel son símbolos precisos de las manifestaciones del pecado en el corazón humano. Muestran la inmensa maldad del pecado y los efectos del pecado en plena actividad. El énfasis del libro del Levítico se coloca sobre el pecado.

Y así es que en el centro de un libro dedicado a la adoración a un Dios santo, se encuentra una extensa sección dedicada a la lepra, sus secuelas y enfermedades de la piel. La inmundicia y el carácter repulsivo del pecado están representados en la lepra, en la cual también están retratados con exactitud la desesperanza y el carácter mortal del pecado. El leproso que, con dificultad, recorría los caminos orientales cálidos y polvorientos gritando "Impuro, Impuro" le recordaría al israelita que él, también, era un leproso moral que necesitaba una limpieza y purificación sobrenatural.

Estimado oyente, no sé si piensas que te podrás salvar por tus obras y que no necesitas a Cristo totalmente como tu Salvador. Si tú pudieses entrar en el cielo tal como ahora te encuentras, tendrías que estar allí gritando, como el antiguo leproso "Impuro, Impuro". Ningún ángel podría acercarse a ti para tocarte. Y no podrías siquiera acercarte a la presencia de Dios.

Es que el ser humano piensa que tiene algún derecho sobre Dios, cuando en realidad, no tenemos en absoluto ningún derecho sobre El. El no nos debe nada. El podría borrar y hacer desaparecer esta pequeña tierra en la que vivimos sin hacer mella en el gigantesco universo. Pero, gracias a Dios, El nos ama. Es el único vínculo que le une a nosotros.

Dios está confrontándonos con la realidad con la que quiso confrontar a Israel. Que el pecado consiste en una maldad extrema. Esta comparación entre la lepra y el pecado es un Tema repetido con frecuencia en la Biblia. El Salmo 38:3, 4, 7 y 18 dice al respecto: Por tu enojo debido a mis pecados, todo mi cuerpo está enfermo; ¡no tengo un solo hueso sano! Mis maldades me tienen abrumado; son una carga que no puedo soportar. La espalda me arde de fiebre; ¡tengo enfermo todo el cuerpo! ¡Confesaré mis pecados, pues me llenan de inquietud! Esa es la forma en que miramos a Dios.

El profeta Isaías 1:6 también pensó en la lepra cuando describió el pecado de su pueblo. De la planta del pie a la cabeza no hay en él nada sano, sino golpes, y heridas recientes; no han sido curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Y en su capítulo 53:4 y 5 el profeta añadió: Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas El fue herido por nuestra rebeldía, atormentado por nuestras maldades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados. Algunos creen que el escritor hablaba de la lepra, refiriéndose a una enfermedad física. No es así. Isaías estaba escribiendo proféticamente del pecado que sería colocado sobre el Señor Jesucristo. ¿Podemos estar seguros de ello? Escuchemos al apóstol Pedro en su primera carta 2:24: y El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados.

Estábamos muertos en el pecado y el llevó nuestros pecados sobre Su propio cuerpo en la cruz. Por sus heridas fuimos sanados de las nuestras. Y es cierto que la enfermedad física es una manifestación del pecado, y que detrás de los gérmenes de la enfermedad se encuentra el pecado. Si no existiese el pecado, entonces no habría enfermedad y muerte.

Al acercarnos a este capítulo, debiéramos tener en cuenta 2 consideraciones.

1. La Biblia no está de acuerdo con el punto de vista generalmente aceptado de que la lepra era incurable en aquellos tiempos. La purificación es mencionada en Levítico 14:2. Hubo curaciones sobrenaturales, como en el caso de Naamán, relatado en 2 Reyes 5. Algunos expositores Bíblicos piensan que el patriarca Job sufría de la lepra. Ya que no existe ningún diagnóstico de la enfermedad de aquella época, ha habido discusiones sobre cuál habrá sido la naturaleza de esa enfermedad. En aquellos días había medicinas que se utilizaron para curarla.

Este capítulo y los siguientes no mencionaban ninguna cura para la lepra. Se daban instrucciones al sacerdote para determinar cuándo existía un caso de lepra, y se enumeraban las medidas a adoptar para evitar su contagio en el campamento. Después de la purificación, debía seguirse un ritual. Pero no se trataba de un remedio. El capítulo 14 trataba sobre la purificación ceremonial del leproso después de su curación, y no entraba en el Tema de su curación. El principal objetivo era enseñar grandes verdades espirituales en conexión con la purificación de la lepra como un símbolo del pecado.

2. Este no es un tratado científico sobre la detección, prevención y cura de la lepra. No hay ningún intento de dar un diagnóstico médico de la enfermedad. El diagnóstico era más bien práctico, ajustado al conocimiento existente en aquella época. Pero sí hay lecciones espirituales concretas para nuestro tiempo. El ritual era ceremonial, antes que curativo.

Se han producido discusiones por parte de algunos médicos cristianos sobre si la lepra, tal como nosotros la conocemos, era la enfermedad considerada por el sisTema legal de Moisés. Y se ha escrito mucho al respecto, tanto a favor como en contra. Pareciera que la descripción de estos capítulos caracteriza a la lepra tal como la conocemos, como una enfermedad repugnante que conduce a la muerte. Aunque también se incluyen la elefantiasis, enfermedades de la piel, erupciones cutáneas, cáncer, tumores y otras enfermedades. Esto está ilustrado en el capítulo 15, y ampliaremos estos aspectos al llegar a ese capítulo. Después de todo, aquí solo se describen las primeras fases de la lepra. Cuando una persona era declarada leprosa, entonces era expulsada de la sociedad.

Queda pues aclarado que este capítulo trata sobre la purificación de la lepra y no de su curación. Porque el leproso era purificado después de haber sido sanado.

A continuación, vamos a ver, sobre los capítulos 12 y 13 un breve

Bosquejo

La purificación de la lepra

1. El diagnóstico de un caso nuevo de lepra, vv. 1-8.

2. Diagnóstico de un caso viejo de lepra, vv. 9-17.

3. Diagnóstico de la lepra por úlcera o quemadura, vv. 18-28.

4. Diagnóstico de la lepra localizada en la cabeza o barba, vv. 29-44.

5. Las ropas de los leprosos, vv. 45-59.

Leamos los versículos 1 y 2, referentes al Tema de

El diagnóstico de un caso nuevo de lepra

"El Señor habló a Moisés y a Aarón, diciendo: Cuando un hombre tenga en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca lustrosa, y se convierta en infección de lepra en la piel de su cuerpo, será traído al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos, los sacerdotes."

Comparados con las técnicas modernas de diagnóstico, los métodos de Levítico parecen muy rudos. El procedimiento estaba adaptado a los conocimientos de esa época. El diagnóstico no se hacía para prescribir un tratamiento sino que era, más bien, un ritual religioso. Esto debe aclararse enfáticamente.

Los sacerdotes estaban literalmente en contacto con miles de casos, así que posiblemente sabían más de lo que hoy suponemos. Y este diagnóstico debió ser muy bueno, aunque el énfasis se colocaba en la ceremonia espiritual y no en la purificación física.

Aquí se identificaban 3 síntomas: una hinchazón, una erupción y una mancha blanca. Estos eran síntomas de lepra, pero la persona con tales síntomas no tenía que ser necesariamente un leproso. El primer paso consistía en traer al paciente que tenía los síntomas ante Aarón o uno de los sacerdotes.

De la misma manera, cualquier manifestación de pecado, mayor o menor, debería ser inmediatamente traída ante Cristo, nuestro Gran Sumo Sacerdote, que es también el Gran Médico. Porque debemos orar por todas las circunstancias, lo cual incluye cada expresión del pecado. Y ése es el mismo lugar donde también tenemos que ir cuando estemos enfermos físicamente. Debemos entonces presentar nuestro caso ante el Gran Médico, el Señor Jesús. Yo me presento ante El cuando peco y cuando estoy enfermo. Es el primer lugar donde tenemos que acudir. Esto no significa que ante una enfermedad, no vaya al médico. Pero, en primer lugar, me dirijo al Señor Jesús. Dice la carta a los Hebreos 4:16 y 7:25: Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna. Por lo cual El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de El se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. Y la primera carta del apóstol Juan 1:9 dice: Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.

Pero volvamos a nuestro capítulo 13 de Levítico y leamos el versículo 3:

"Y el sacerdote mirará la infección en la piel del cuerpo; y si el pelo en la infección se ha vuelto blanco, y la infección parece más profunda que la piel de su cuerpo, es una infección de lepra; cuando el sacerdote lo haya examinado lo declarará impuro."

No se emitía ningún juicio apresurado. El hombre o mujer era examinado cuidadosamente durante un período de tiempo. Si la lesión de la piel comenzaba a desaparecer, la persona era despedida. Si el cabello se volvía blanco, comenzaba a morir y mostraba que la infección se encontraba debajo de la piel, entonces el sacerdote declaraba a la persona impura.

El Gran Médico nos ha hecho un examen completo y ha hecho un diagnóstico. Dice la carta a los Romanos 3:13-16: Sepulcro abierto es su garganta, engañan de continuo con su lengua, veneno de serpientes hay bajo sus labios; llena está su boca de maldición y amargura; sus pies son veloces para derramar sangre; destrucción y miseria hay en sus caminos. Y Dios ha dicho que todos los seres humanos han pecado. Estamos en estado de impureza. Como haría cualquier médico, el gran Médico nos pide que abramos nuestra boca y entonces mira hacia adentro en dirección a la garganta. Luego nos pide que saquemos nuestra lengua y allí El ve que hay engaño y mentira. Es que somos leprosos espirituales. Y Dios no puede admitir leprosos en el cielo. Debe curarles antes de que lleguen allí.

Veamos algunos aspectos de la lepra como un símbolo del pecado:

1. Se manifiesta visiblemente de forma repugnante.

2. Es una enfermedad horrible. EL Dr. Kellog escribió: "de todas las enfermedades, la lepra ha sido elegida por el Espíritu Santo como el símbolo supremo del pecado, tal como Dios lo ve".

3. Comienza de manera reducida; se ve una hinchazón, una mancha blanca, y finalmente produce un impacto mortal. Lo que al principio parece pequeño, se convierte en una condición espantosa y terrible. En la mayoría de los países los leprosos se encuentran aislados de la población, en hospitales o colonias especiales. Hace más de un siglo, un misionero llamado William Thompson describió a la lepra de Palestina en su libro "La tierra y el Libro" diciendo: "Cuando me acercaba a Jerusalén me sorprendí ante la aparición repentina de una multitud de mendigos, sin ojos, sin nariz, sin cabello, sin nada . . . Extendían sus brazos sin manos y sus gargantas sin paladar emitían sonidos horribles: en una sola palabra, yo estaba espantado".

El pecado parece tener un nivel insignificante en un niño. Como la enfermedad que aparece al principio como una mancha blanca. Pero a menos que ese niño de apariencia inocente sea guiado, al crecer, hacia un conocimiento salvador de Cristo, puede comenzar a actuar dominado por su naturaleza, llegando a los extremos más tremendos y destructivos del pecado. Famosos dictadores de la historia, que cometieron las peores atrocidades, seguramente ofrecían, en su infancia, una imagen entrañable y encantadora. Todos los pecados comienzan en una escala muy reducida.

4. La lepra no solo progresa lentamente a partir de un comienzo reducido sino que evoluciona firmemente. Desde ese principio casi insignificante avanza constantemente hasta desembocar en una crisis trágica. Cito nuevamente al Dr. Thompson, que dijo lo siguiente: "Progresa en diferentes partes del cuerpo: La lepra no solo comienza a partir de una manifestación pequeña, sino que progresa con toda seguridad. Desde ese principio apenas visible, avanza con firmeza hasta desembocar en una crisis. El cabello de la cabeza y las cejas se cae; las uñas se aflojan, decaen y se pierden; las articulaciones de los dedos de las manos y de los pies se contraen y van desapareciendo lentamente; las encías desaparecen; la nariz, los ojos, la lengua y el paladar se van consumiendo lentamente; y, finalmente, la desdichada víctima se hunde en la tierra y desaparece."

Así describe Dios al pecado, como lo expresa la carta a Santiago 1:15: Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte.

La lepra es como vivir anticipadamente la experiencia de la muerte. El leproso era tratado como si hubiese muerto. Bien afirma la Biblia que la paga del pecado es muerte. La carta a los Gálatas 6:7 y 8 afirma: No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará. Porque el que siembra la semilla de sus malos deseos, de sus malos deseos recogerá una cosecha de muerte; pero el que siembra la semilla del Espíritu, del Espíritu recogerá una cosecha de vida eterna.

Tal como la lepra, el pecado destruye la totalidad del ser humano. Tanto la lepra como el pecado son corrosivos en sus efectos, operando lenta pero inexorablemente, hasta que finalmente estallan con un despliegue amenazador que concluye con la muerte. Nadie se derrumba de un día para otro. Así como la lepra no mataba en un día, como si fuese un ataque al corazón. Para el leproso esta vida era como caminar junto a la muerte. De la misma forma, el pecador para Dios está muerto, aunque humanamente esté vivo. San Pablo escribió en Efesios 2:1 y 2: Vosotros, antes, estabais muertos a causa de las maldades y pecados en que vivíais, pues seguíais el ejemplo de este mundo y hacíais la voluntad de aquel espíritu que domina en el aire y que anima a los que desobedecen a Dios. Así es que el final desesperado e ineludible de la lepra y del pecado es la muerte.

5. La lepra no produce un dolor agudo e insoportable, como otras enfermedades. Mantiene al ser humano triste e inquieto. Igualmente, el pecado produce una inquietud y tristeza que son evidentes en nuestra cultura. Las personas necesitan más que nunca antes divertirse y que las hagan reír, porque se encuentran tristes. Las multitudes se reúnen en los centros de diversión para entretenerse. Contemplemos las miradas fijas en algún punto indefinido, pero vacías. Observemos a los coches conducidos por personas inquietas y agresivas, que reflejan sus vivencias en su forma de conducir. Es ésta una generación de reacciones extremas; por una parte, insensibilidad y por otra, reacciones airadas.

Finalmente, y en cuanto a la citada insensibilidad, el pecado conduce a las personas al extremo de no tener sentimientos, tal como dijo el apóstol Pablo en Efesios 4:19, y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas. Los seres humanos caen en un estado de triste contentamiento o de resignación. Como dijera el apóstol Pablo en su primera carta a Timoteo 4:2, tienen "cauterizada la conciencia".

6. Se piensa que la lepra es hereditaria. Lo sea o no, el pecado sí es hereditario. Así, los pecadores traen al mundo más pecadores. Alguien ha afirmado lo siguiente: "Mientras que la educación asume que la naturaleza moral del hombre es capaz de mejorar, el cristianismo tradicional acepta que la naturaleza moral del hombre está corrompida o es absolutamente mala. Cuando en la educación se asume que un agente humano externo puede ser instrumental en el progreso moral del hombre, en el cristianismo tradicional se acepta que ese agente es Dios. Pero incluso así, la naturaleza moral del hombre no es mejorada, sino cambiada por una nueva naturaleza.

7. Finalmente, la lepra y el pecado separan de Dios. Parecía cruel que el leproso no solamente fuera excluido de la sociedad sino también del santuario. Debiera recordarse que Dios es santo, es el autor de la justicia y la pureza. Por lo tanto, la lepra es un símbolo apropiado del pecado, que separa de Dios. Dijo el profeta Isaías en 59:2, Pero las maldades que habéis cometido han levantado una barrera entre vosotros y Dios; vuestros pecados han hecho que él se cubra la cara y que no quiera oíros. De acuerdo con el libro del Apocalipsis 21:27, en la ciudad que descenderá del cielo, llamada la Nueva Jerusalén, el pecador no perdonado, que no haya sido purificado, quedará excluido de la presencia de Dios.

Así, hemos visto a la lepra como un símbolo perfecto del pecado. El pecado, como la lepra, también termina haciéndose visible físicamente. El antiguo sacerdote debía examinar al enfermo y declararlo leproso. Precisamente de esta manera, el Gran Médico mira a la familia humana y la declara impura. El actúa así para que acudamos a El para ser limpios. Tal como ayer, cuando caminó por esta tierra invitando a las personas a seguirle, El está dispuesto a tocar al leproso y limpiarlo.

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Comentario bíblico de 2 Timoteo