Estudio bíblico de Levítico 19:1-37

Levítico 19

Tema: Los pecados sociales (Aplicación de los mandamientos a las situaciones de la vida).

Nos encontramos en la sección del libro en la que los Diez Mandamientos se exponen a la luz de la vida social de la nación. No puedo imaginar nada más práctico que esta sección específica. La Ley de Dios existe para comunicarnos esta gran declaración divina registrada en Levítico 19:2: "Yo, el Señor vuestro Dios, soy santo". Esto era fundamental y básico para todas las facetas de la vida de Israel. Explicaba todo lo que Dios mandaba y requería. Y este principio debía saturar todas las circunstancias de su rutina diaria. La santidad y pureza en la vida diaria con todas las implicaciones y consecuencias, era la máxima meta en la vida práctica del pueblo de Dios. Por cierto, en nuestra época, es necesario enfatizar esta verdad. Y esto no es simplemente teoría. Dios quiso que formase parte de nuestras propias vidas.

La Ley no puede producir la santidad que ella misma requiere. Exigía pero no proporcionaba los medios para llevarla a la práctica. Revelaba la justicia que la caracterizaba, pero el alto nivel que demandaba no podía ser alcanzado por el esfuerzo humano. Dice la carta de San Pablo a los Romanos 3:19 y 20, Sabemos que todo lo que dice el libro de la ley, lo dice a quienes están sometidos a ella, para que todos callen y el mundo entero caiga bajo el juicio de Dios; porque nadie podrá decir que ha cumplido la ley y que Dios debe reconocerlo como justo, ya que la ley solamente sirve para hacernos saber que somos pecadores.

Es realmente maravilloso que Dios nos haya dado Su Espíritu Santo para que habite en nosotros. Porque nos provee la dinámica necesaria para la vida cristiana.

La razón presentada en este capítulo, expresada en la frase "Yo soy el Señor vuestro Dios" ocurre 16 veces en este capítulo. Dios traza la línea entre lo bueno y lo malo. Solo El marca la clara distinción entre lo santo e puro, y entre lo impío e impuro. No es necesario añadir ninguna otra razón.

A continuación, presentamos de este capítulo 19, un breve

Bosquejo

Los pecados sociales: aplicación de los mandamientos.

1. Las relaciones del ser humano con Dios, vv. 1-8.

2. Las relaciones del ser humano con los pobres, vv. 9-10.

3. Las relaciones del ser humano con su prójimo, vv. 11-18.

4. Las relaciones del ser humano en diferentes situaciones de la vida, vv. 19-37.

Leamos, en los versículos 1 y 2:

Las relaciones del ser humano con Dios

"Entonces habló el Señor a Moisés, diciendo: Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y diles: Seréis santos porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo. Cada uno de vosotros ha de reverenciar a su madre y a su padre. Y guardaréis mis días de reposo; yo soy el Señor vuestro Dios."

Dios le dio estas instrucciones a Moisés, el legislador, y éstas amplían una parte de los Diez Mandamientos. Dios exige una conducta pura en base a que El es santo. Es conveniente tomar nota de que Dios aun ordena que se siga esa conducta en la actualidad. Decía San Pablo en 1 Corintios 10:31: Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquiera otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. En 2 Corintios 5:17, dijo: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas. Y San Pedro, en su primera carta 1:13 al 16, dijo: Por eso, estad preparados y usad de vuestro buen juicio. Poned toda vuestra esperanza en lo que Dios, en su bondad, va a daros cuando Jesucristo aparezca. Como hijos obedientes, no viváis conforme a los deseos que teníais antes de conocer a Dios. Al contrario, vivid de una manera completamente santa, porque Dios, que os llamó, es santo; pues la Escritura dice: "Sed santos, porque yo soy santo"

La diferencia principal entre la conducta requerida por la Ley y la de la época de la gracia, en la que vivimos, es que ahora, la dinámica es provista al creyente por la persona del Espíritu Santo. Así, estamos unidos al Cristo que vive y los asuntos de la vieja vida han quedado atrás. Espiritualmente hablando, ya no estamos vinculados a Adán, ni a un sisTema legal. Estamos unidos a Cristo y tenemos que procurar agradarle. Es que bajo la Ley, los israelitas trataron de obedecer los mandamientos por sus propios esfuerzos. Tenían que aprender que la naturaleza humana normal siempre flaquea o falla. En contraste con aquella época, ahora tenemos el Espíritu de Dios en nosotros. Dijo San Pablo en Romanos 8:3 y 4: Porque Dios ha hecho lo que la ley de Moisés no pudo hacer, pues no era capaz de hacerlo debido a la debilidad humana: Dios envió a su propio Hijo en condición débil como la del hombre pecador y como sacrificio por el pecado, para de esta manera condenar al pecado en esa misma condición débil. Lo hizo para que nosotros podamos cumplir con las justas exigencias de la ley, pues ya no vivimos según las inclinaciones de la naturaleza débil sino según el Espíritu. Y el mismo escritor en Gálatas 5:22 y 23, dijo lo siguiente: En cambio, lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley. La ley nunca pudo obtener estos resultados. Es que el Hijo de Dios quiere elevarnos a un nivel superior.

Al enfatizar ciertos mandamientos que ellos tenían que guardar, Dios enfatizaría aquellas áreas específicas en las que ellos eran débiles. La historia de Israel nos mostrará que Dios comprendió sus puntos débiles. Se les instruyó sobre el Sábado o día del reposo, en evitar la idolatría y en presentar las ofrendas adecuadas a Dios. Estas eran las áreas en las que posteriormente fallarían. Dios les estaba pidiendo que fuesen puros en su vida diaria.

Leamos el versículo 3:

"Cada uno de vosotros ha de reverenciar a su madre y a su padre. Y guardaréis mis días de reposo; yo soy el Señor vuestro Dios."

Uno podría extrañarse de que Dios comenzase con el mandamiento de honrar al padre y a la madre. Pero no resulta tan raro si consideramos que, para el niño, el padre ocupa el lugar de Dios, y que el niño aprende a obedecer a Dios obedeciendo primero a sus padres. Cuando uno quiere llegar a los detalles básicos de la vida, debe comenzar con el hogar.

Y luego añade: "Y guardaréis mis días de reposo" Dios requería una séptima parte del tiempo del ser humano y una décima parte de sus posesiones.

Estos dos mandamientos mencionados en primer lugar abarcaban las 2 divisiones principales de los Diez Mandamientos. Había un deber hacia el ser humano y un deber hacia Dios. El Señor Jesucristo resumió todos los mandamientos en el amar a Dios y al ser humano. Dijo que éste mandamiento era el resumen total de la Ley (Mateo 22:36-40).

La ley del día del sábado o día del reposo no se apoyaba en una base moral sino que era un mandato arbitrario dado a Israel. Este pueblo, en apostasía y decadencia, pecó en este punto. Se negaron a cumplir los días de reposo. El libro del profeta Amós 8:5, dice: Vosotros que decís: ¿Cuándo pasará la fiesta de la luna nueva, para que podamos vender el trigo? ¿Cuándo pasará el sábado, para que vendamos el grano a precios altos y usando medidas con trampa y pesas falsas? Esta esa la acusación de Dios contra la nación.

Continuemos leyendo el versículo 4:

"No os volváis a los ídolos, ni hagáis para vosotros dioses de metal fundido; yo soy el Señor vuestro Dios."

Esta disposición abarcaba los 2 primeros mandamientos. La idea aquí era que ni siquiera se echase una mirada a la idolatría. La adoración pagana apelaba a la vista con su pompa y ceremonia. Y todavía lo hace (miremos al boato y falta de sentido de los rituales de algunas religiones actuales.) Los israelitas no debían mirar a los ídolos ni fabricarlos. Dios ridiculizaba a los ídolos recalcando que no eran nada, ni nada podían lograr.

Leamos ahora los versículos 5-8:

"Cuando ofrezcáis sacrificio de ofrendas de paz al Señor, ofrecedlo de tal manera que El los acepte. Será comido el mismo día que lo ofrezcáis y al día siguiente; pero lo que queda hasta el tercer día será quemado en el fuego. Y si se come algo de él en el tercer día, será considerado despreciable; y Dios no lo aceptará. Y todo el que lo coma cargará con su maldad, porque ha profanado lo santo del Señor; y esa persona será eliminada de entre su pueblo."

Aquí no se añade nada nuevo. Sin embargo, habría que resaltar nuevamente que la ofrenda de paz debía presentarse voluntariamente. Aunque fuese una ofrenda voluntaria, el que la ofrecía no quedaba liberado de seguir escrupulosamente las normas prescriptas. Cualquier desviación del orden establecido, penalizaba al hombre como un ejemplo para el pueblo. Esta era una ley positiva, no una ley moral. Debido a ello, había más peligro de fallos. El hecho de que un cristiano haga para el servicio a Dios una labor voluntaria, no quiere decir que no deba llevarla a cabo cuidadosa y responsablemente, esforzándose al máximo para realizarla lo mejor posible. Recordemos que a Dios no le agradaban las ofrendas voluntarias, a menos que fuesen hechas de la manera que a El había establecido.

Continuemos leyendo los versículos 9 y 10, que hablan sobre

Las relaciones del ser humano con los pobres

"Cuando llegue el tiempo de la cosecha, no segarás hasta los últimos rincones de tu campo, ni espigarás el sobrante de tu mies. Tampoco rebuscarás todas las uvas de tu viñedo, ni recogerás el fruto caído de tu viña; lo dejarás para el pobre y para el forastero. Yo soy el Señor tu Dios."

Esta era la maravillosa provisión de Dios para los necesitados. Dios no quiso que ellos tuviesen que depender de la caridad. A los pobres se les atendía dándoles una oportunidad para trabajar. Era un equilibrio adecuado entre un capitalismo insensible y un socialismo sin Dios. Todo lo que un propietario no cosechase durante su primer recorrido por una finca, debía ser dejado para los pobres. El antiguo método de cosechar a mano, dejaba aproximadamente entre un 10 y un 20% del grano en el campo. La misma ley se aplicaba a las viñas. Esa era, pues, la forma en que Dios cuidó a los necesitados de Su pueblo. Su método de hacer frente al problema de la pobreza hizo que, tanto los ricos como los pobres, reconociesen la buena provisión de Dios.

Leamos ahora los versículos 11 y 12, que tratan sobre

Las relaciones del ser humano con su prójimo

"No hurtaréis, ni engañaréis, ni os mentiréis unos a otros. Y no juraréis en falso por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios; yo soy el Señor."

Este pasaje reitera el octavo y el noveno mandamientos, expuestos en Éxodo 20:15 y 16: No hurtarás. No darás falso testimonio contra tu prójimo. Aquí se incluye el robar, defraudar, mentir y el perjurio. De acuerdo con la definición de Dios, tratar a alguien con falsedad es una forma de robarle.

El tercer mandamiento está incluido en el versículo 12. El nombre de Dios es santo. En los negocios, el hombre que pertenece a Dios debe demostrar la santidad y pureza del nombre de Dios por medio de sus procedimientos honestos y veraces. El versículo 13 añade:

"No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. El salario de un jornalero no ha de quedar contigo toda la noche hasta la mañana."

Esto tiene que ver con una justa retribución al trabajador. Escuchemos lo que dijo el apóstol Santiago 5:1 y 2: ¡Oíd esto, vosotros los ricos! ¡Llorad y gritad por las desgracias que vais a sufrir! Vuestras riquezas están podridas; vuestras ropas, comidas por la polilla. Y en el versículo 6 de este mismo pasaje añade: Habéis condenado y matado a los inocentes sin que ellos opusieran resistencia.

Leamos el versículo 14, que dice:

"No maldecirás al sordo, ni pondrás tropiezo delante del ciego, sino que tendrás temor de tu Dios; yo soy el Señor."

Dios aquí puso un énfasis doble en Su nombre, en consideración al ciego y al sordo, revelando Su preocupación por los seres más débiles e indefensos, y expresando Su censura de la dureza del corazón humano. Dice el versículo 15:

"No harás injusticia en el juicio; no favorecerás al pobre ni complacerás al rico, sino que con justicia juzgarás a tu prójimo."

Aquí hay una palabra para el juez sentado en un tribunal, que tiene que entender que él ha de juzgar como Dios juzga, imparcialmente. Este es el principio actual de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

Shakespeare escribió en su obra Enrique VIII: "El cielo está aun por encima de todos: allí se sienta un juez que ningún rey puede corromper" Y Sócrates dijo: "Hay 4 cosas que son propias de un juez: escuchar cortésmente, responder sabiamente, considerar sobriamente y decidir imparcialmente"

Continuemos leyendo los versículos 16 al 18:

"No andarás de calumniador entre tu pueblo; no harás nada contra la vida de tu prójimo; yo soy el Señor. No odiarás a tu compatriota en tu corazón; podrás ciertamente reprender a tu prójimo, pero no incurrirás en pecado a causa de él. No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo; yo soy el Señor."

Los chismes constituyen una calumnia. Y sería mejor permanecer en silencio, si el decir la verdad ha de destruir al prójimo. Alguien ha dicho que no puedes creer todo lo que oyes, pero sí puedes repetirlo. El apóstol Santiago trató extensamente en su carta el Tema de la lengua, resaltando la extrema peligrosidad de ese pequeño miembro de nuestro cuerpo.

En cuanto al odio, no era colocado en el mismo nivel que el asesinato, pero estaba prohibido. Nuestro Señor los vinculó cuando en Mateo 5:21 y 22 dijo que el que odiaba, sería condenado como un criminal.

La respuesta a estas prohibiciones, con su carácter negativo, se expresa finalmente con el siguiente mandato positivo: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" El apóstol San Pablo, en Gálatas 6:1, resumió todas estas posibilidades para el cristiano, con las siguientes palabras: Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas puesto a prueba.

Leamos ahora el versículo 19, que comienza a tratar

Las relaciones humanas en diferentes situaciones de la vida

"Mis estatutos guardaréis. No cruces tú ganado con animales de diferente especie; no sembrarás tu campo con dos clases de semilla, ni te pondrás un vestido con mezcla de dos clases de material."

Podemos imaginarnos lo que sucede al lavar esas ropas. Dios estaba enseñando grandes verdades espirituales, a través de símbolos y ceremonias. No debían tener animales ni plantas híbridos. Con eso les estaba enseñando que no podían mezclarse la verdad y el error. Lo mismo fue enseñado por el Señor en la parábola del trigo y la cizaña, en Mateo 13. El apóstol San Pablo dijo, en 1 Corintios 10:21, No podéis beber la copa del Señor y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. Y el Señor Jesucristo dijo, en Lucas 16:13, No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Volvamos a nuestro capítulo 19 de Levítico. Versículos 20 al 22:

"Si un hombre se acuesta con una mujer que sea sierva adquirida para otro hombre, pero que aun no haya sido comprada ni se le haya dado su libertad, habrá castigo; sin embargo no se les dará muerte, porque ella no era libre. Y él traerá al Señor su ofrenda por la culpa a la entrada de la tienda de reunión; traerá un carnero como ofrenda por la culpa. Y el sacerdote pedirá perdón por él con el carnero de la ofrenda por la culpa, delante del Señor, por el pecado que ha cometido; y el pecado que ha cometido le será perdonado."

Esto tiene que ver con el séptimo mandamiento y protege a la esclava. Aquí surge la pregunta: ¿Estaba Dios apoyando a la esclavitud? No. Dios estaba reconociendo la situación pecaminosa causada por los endurecidos corazones humanos, tal como hizo frente al caso de divorcio, como vimos en Mateo 19:8. La situación del pasaje leído, fue considerada como un pecado del ser humano, porque él tuvo que presentar una ofrenda por la culpa. Y la mujer no presentaría ninguna ofrenda.

Continuemos nuestra lectura leyendo desde el versículo 23 hasta el 25:

"Cuando entréis en la tierra y plantéis toda clase de árboles frutales, tendréis por prohibido su fruto. Por tres años os será prohibido; no se comerá. Pero en el cuarto año todo su fruto os será santo, una ofrenda de alabanza al Señor. Mas en el quinto año comeréis de su fruto, para que os aumente su rendimiento; yo soy el Señor vuestro Dios."

Esta ley podría resultarnos extraña a aquellos que no seamos expertos en la dendrografía, que estudia los árboles. Sin embargo, se nos dijo que los árboles frutales jóvenes crecerían más rápidamente, produciendo mejor fruto, si se cortasen los brotes durante los primeros años. El Señor lo sabía. La lección espiritual era que los primeros frutos pertenecían a Dios. Como dice la carta del apóstol Santiago 1:17, enseñaba que Todo lo bueno y perfecto que se nos da, precede de arriba, de Dios, que creó los astros del cielo. Dios es siempre el mismo: en él no hay cambios ni sombras.

Continuemos leyendo los versículos 26 al 28:

"No comeréis cosa alguna con su sangre, ni practicaréis la adivinación ni la predicción del futuro. No cortaréis en forma circular los extremos de vuestra cabellera, ni dañaréis los bordes de vuestra barba. No haréis heridas en vuestro cuerpo por causa de un muerto, ni os haréis tatuajes; yo soy el Señor."

Había 6 mandamientos que condenaban las prácticas y supersticiones de los paganos. No debían comer carne que tuviese su sangre. Ni recortar su cabello dejando solo mechones del mismo. No debían actuar como los paganos cuando moría un ser querido. Dice el versículo 29:

"No degradarás a tu hija haciendo que se prostituya, para que la tierra no se entregue a la prostitución ni se llene de corrupción."

Esta es la condena de una práctica pagana que prevalece aun hoy para obtener beneficios económicos. El versículo 30 dice:

"Mis días de reposo guardaréis y tendréis mi santuario en reverencia; yo soy el Señor."

El día del reposo era una señal de la relación entre Dios y los israelitas, y debía cumplirse estrictamente. El asunto se trata detalladamente en Éxodo 31:13-17. El versículo 31 dice:

"No os volváis a los médium ni a los espiritistas, ni los busquéis para ser contaminados por ellos. Yo soy el Señor vuestro Dios."

Esta fue una entre muchas advertencias contra el espiritismo. El carácter sobrenatural y satánico de esta práctica es reconocido y rechazado por la Biblia. Leamos ahora el versículo 32:

"Delante de las canas te pondrás en pie; honrarás al anciano, y a tu Dios temerás; yo soy el Señor."

El respecto a las personas mayores es también una enseñanza repetida en las Sagradas Escrituras. Leamos ahora los versículos 33 y 34:

"Cuando un extranjero resida con vosotros en vuestra tierra, no lo maltrataréis. El extranjero que resida con vosotros os será como uno nacido entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto; yo soy el Señor vuestro Dios."

Vemos que el extranjero era el prójimo, que debía ser amado. Leamos los versículos 35 y 36:

"No haréis injusticia en los juicios, ni en las medidas de peso ni de capacidad. Tendréis balanzas, pesas y medidas exactas. Yo soy el Señor vuestro Dios que os saqué de la tierra de Egipto."

Las transacciones económicas tenían que ser honestas. Los hijos de Dios deben ser diferentes a otros porque representan a Dios incluso en sus tratos comerciales. Finalmente, leamos el versículo 37:

"Así pues, pondréis en práctica todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y los cumpliréis; yo soy el Señor."

Dios es el Señor. Esa era y es una razón suficiente para obedecer todo lo que El ha ordenado. El lo ha dispuesto así para nuestro bien.

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