Estudio bíblico de Levítico

Predicación escrita y en audio de Levítico 27:1-34

Levítico 27

Tema: La dedicación y devoción en cuanto a las promesas.

Al comenzar a leer este capítulo uno se pregunta por qué se encuentra aquí. Parece un apéndice o adición final al libro de Levítico.

Creo que hubo un propósito definido al colocar este capítulo en último lugar. Con gran percepción espiritual, un estudioso de este libro observó que todo lo que ha precedido a este capítulo era obligatorio, mientras que lo expuesto aquí es voluntario. De hecho, el capítulo constituye un final apropiado para un libro que trata el Tema de la adoración.

De forma muy parecida, el capítulo 21 de Juan sigue al clímax del capítulo 20. En el capítulo 20, el Señor resucitado mismo se reveló a Sus discípulos y les envió al mundo. Pero, El aun tenía un mensaje para Simón Pedro en el capítulo 21: "Si me amas, apacienta mis ovejas". Esta era una tarea voluntaria, basada en el amor. Ese es el método de Dios.

Una característica notable de las promesas era su carácter voluntario. Seguían a los mandamientos, ceremonias, y ritos. Eran la respuesta de un corazón agradecido. Sin embargo, es importante destacar que una vez que se había hecho una promesa a Dios, ésta debía ser cumplida.

La reacción natural de una persona salvada es mostrar su disponibilidad preguntando qué puede hacer por el Señor, ya que El ha hecho tanto por ella. En la Biblia encontramos con frecuencia esta expresión. Por ejemplo, en el Salmo 116:12, ¿Cómo podré pagar al Señor todo el bien que me ha hecho? Y San Pablo, escribiendo para los creyentes de su tiempo, dijo en Romanos 12:1,2, Por tanto, hermanos míos, os ruego por la misericordia de Dios que os presentéis a vosotros mismos como ofrenda viva, consagrada y agradable a Dios. Este es el verdadero culto que debéis ofrecer.  No viváis conforme a los criterios del tiempo presente; por el contrario, cambiad vuestra manera de pensar, para que así cambie vuestra manera de vivir y lleguéis a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto. Este no era un mandato, pues vemos que dijo "Os ruego". En su carta a Tito 2:11, escribió: Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente. Y el profeta Miqueas 6:8, evidentemente tenía este capítulo que hoy consideramos en sus pensamientos, cuando escribió lo siguiente: El te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti, sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?

Todo creyente normal desea hacer algo para Dios, prometiéndole algo. El mayor problema es encontrar algo digno de prometer a Dios. ¿Qué puede ofrecerle a Dios un pecador perdonado?

Una vez que se prometía algo, se convertía en obligatorio. Dice Proverbios 20:25, Es peligroso que el hombre prometa algo a Dios y que después reconsidere su promesa. Y Eclesiastés 5:4-6, Cuando hagas una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, porque a él no le agradan los necios. Cumple lo que prometes,  pues vale más no prometer, que prometer y no cumplir. No permitas que tus labios te hagan pecar, ni luego digas ante el enviado de Dios que lo hiciste por error. ¿Por qué hacer que Dios se enoje por lo que dices y destruya lo que has hecho? Por lo tanto, en medio de tantas pesadillas y de tantas palabras y cosas sin sentido, tú debes mostrar reverencia a Dios.

Había votos para prometer algo y otros de renuncia. Estaba el voto de Nazareo, descrito detalladamente en Números 6. El voto más notable fue el de Jefté, citado en Jueces 11:30, 31, que dice: Y Jefté le hizo esta promesa al Señor: "Si me das la victoria sobre los amonitas,  yo te ofreceré en holocausto a quien primero salga de mi casa a recibirme cuando yo regrese de la batalla." Sabemos que Dios prohibió estrictamente los sacrificios humanos. Este texto original también puede traducirse . . .cuando yo vuelva en paz de los hijos de Amón, será del Señor, o lo ofreceré como holocausto. Recordemos que fue la hija de Jefté la que salió corriendo a recibirle. El no sacrificó a su hija pero la ofreció al Señor. Esto se aclaró en Jueces 11:39, 40, que dice: Después de ese tiempo volvió a donde estaba su padre, y él cumplió la promesa que había hecho al Señor. La hija de Jefté murió sin haber tenido relaciones sexuales con ningún hombre. Por eso es costumbre entre los israelitas que todos los años las jóvenes vayan a llorar a la hija de Jefté durante cuatro días. Para una mujer hebrea, esto era terrible. Ella fue dedicada totalmente al Señor por su padre. Pero no la ofreció en sacrificio, matándola. Había hecho una promesa muy dura pero, al menos, la cumplió. Si una promesa no se cumplía, la persona tenía que presentar una ofrenda por la culpa y una ofrenda por el pecado (Levítico 5:4-6).

Creo que si prometes algo a Dios, El te considerará responsable de que lo cumplas. Muchos cristianos hoy no están cumpliendo lo que prometen. Si no tienes intención de cumplir una promesa hecha o si tomas a la ligera tus relaciones con Dios, sería mejor que no hagas promesas apresuradas. Recuerda que Dios no te está pidiendo que hagas una promesa, pues esto es algo voluntario. Pero si así lo haces, asegúrate de cumplirlo. Dice el Deuteronomio 23:21-23, Cuando hagáis una promesa al Señor vuestro Dios, no tardéis en cumplirla, pues tened por seguro que el Señor vuestro Dios os pedirá cuentas de ello, y seréis culpables de pecado.  Si no hacéis ninguna promesa, no cometeréis ningún pecado;  pero si de una manera voluntaria hacéis una promesa al Señor vuestro Dios, entonces deberéis cumplirla.

A continuación, veremos de este capítulo 27, un breve

Bosquejo

1. Conmutación de promesas sobre personas, vv. 1-8.

2. Conmutación de promesas sobre animales, vv. 9-13.

3. Conmutación de promesas sobre casas, vv. 14, 15.

4. Conmutación de promesas sobre la tierra, vv. 16-25.

5. Tres cosas que son del Señor, aparte de una promesa, vv. 26-34.

Leamos los versículos 1 y 2, que tratan sobre la

Conmutación de promesas sobre personas

"El Señor habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando un hombre haga una promesa difícil de cumplir, él será evaluado según tu valoración de personas pertenecientes al Señor."

Esta promesa debía referirse a algo particularmente valioso para el individuo. Recordemos que David nunca habría ofrecido a Dios algo que le hubieran regalado. Ese fue el caso en 2 Samuel 24:24, cuando ante el ofrecimiento de un regalo respondió: Te lo agradezco, pero he de pagarte el precio de todo lo que te compre, pues no presentaré al Señor mi Dios holocaustos que no me hayan costado nada.

Continuemos leyendo los versículos 3 y 4:

"Si tu valoración es de varón de veinte hasta sesenta años, entonces tu valoración será de cincuenta monedas de plata, según el valor oficial del santuario. O si es de una mujer, tu valoración será de treinta monedas."

Cuando una persona se dedicaba a Dios por medio de una promesa, no significaba que debía servir en la tienda de reunión, que era el servicio peculiar de los Levitas. Podría pagarse un precio de rescate a la persona que le relevaría de ese servicio. Eso era llamado el precio de la conmutación de una persona.

Un hombre entre los 20 y 60 años de edad tenía un valor mayor por la cantidad de trabajo que podía realizar. El valor del trabajo parecía ser la norma de valoración. Un hombre en la flor de la vida podía efectuar el servicio más efectivo. Por la frase "tu valoración" quería expresarse el valor vigente entre la gente.

El valor laboral de una mujer sería más bajo, pero lo importante era que una mujer podía ser consagrada a Dios. Esto aclara que la hija de Jefté no fue ofrecida como un sacrificio humano, sino que permaneció sin casarse porque fue prometida a Dios.

En 1 Samuel vemos que Ana trajo a su hijo pequeño al templo como una ofrenda de gratitud a Dios, como cumplimiento de su promesa. Había pedido a Dios un hijo y como El se lo concedió, ella se lo dedicó al Señor,

¿Te has presentado alguna vez ante Dios? Si no lo has hecho, piénsalo seriamente.

Leamos a continuación los versículos 5 al 8:

"Si es una persona de cinco hasta veinte años, entonces tu valoración será de veinte monedas para un varón y de diez monedas para una mujer. Pero si son de un mes hasta cinco años, entonces tu valoración será de cinco monedas de plata para el varón, y para la mujer tu valoración será de tres monedas de plata. Y si son de sesenta años o más, si es varón, tu valoración será de quince monedas, y para la mujer, de diez monedas. Pero si es más pobre que tu valoración, entonces será llevado delante del sacerdote, y éste lo valorará; según los recursos del que hizo la promesa, el sacerdote lo valorará."

Podemos ver que la escala de valoración estaba determinada por la edad y no por la posición social, las riquezas o el prestigio. Estaba basada en la capacidad de trabajo. Observemos la forma en que Dios hizo previsiones para que los más necesitados pudiesen participar en este servicio voluntario. Un precio justo y equitativo sería fijado por el sacerdote de acuerdo con su capacidad de pago. Tal como veremos en el Nuevo Testamento, la humilde ofrenda de una viuda tiene más valor en el cielo que los regalos más valiosos de las personas más adineradas.

Hay otra característica notable sobre las promesas de personas. En los asuntos humanos, ordinariamente un hombre paga por el servicio de otro. En la ley de las promesas, el orden se invertía y una persona pagaba por servir a Dios. Es que servir a Dios constituye un privilegio.

Leamos los versículos 9 y 10, que tratan sobre la

Conmutación de promesas sobre animales

"Y si es un animal de los que se pueden presentar como ofrenda al Señor, cualquiera de los tales que uno dé al Señor, será sagrado. No lo reemplazará ni lo cambiará, el bueno por el malo, o el malo por el bueno; pero si cambia un animal por otro animal, entonces ambos, el animal y su sustituto serán sagrados."

Dios prohibía una sustitución. Si una persona había prometido algo para Dios debía seguir adelante con su propósito.

(En el libro del profeta Malaquías 1:8, 13 y 14, encontramos la misma idea. Dice así: Vosotros me ofendéis cuando pensáis que mi altar puede ser despreciado  y que no hay nada malo en ofrecerme animales ciegos, cojos o enfermos." ¡Id, pues, y llevádselos a vuestros gobernantes! ¡Ved si ellos os aceptan con gusto el regalo!  Decís: ¡Ya estamos cansados de todo esto!?, y me despreciáis. Y todavía suponéis que voy a alegrarme cuando venís a ofrecerme un animal robado o una res coja o enferma.  ¡Maldito sea el tramposo que me promete un animal sano de su rebaño y luego me sacrifica uno que tiene defecto! Yo soy el gran Rey, y soy temido entre las naciones. Esto dice el Señor todopoderoso.)

(Recordemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles el caso de Ananías y Safira, que dijeron que darían al Señor el dinero obtenido de la venta de una propiedad, pero no lo cumplieron. No tenían obligación de haberle dado la totalidad de esa suma a Dios. Pedro les dijo que mientras era de ellos, podrían haber hecho lo que hubiesen querido con ese dinero, porque era una ofrenda voluntaria. Pero después, trataron de retener algo para ellos y mintieron al entregar a la iglesia solo una parte del total.)

Continuemos leyendo los versículos 11 al 13:

"Sin embargo, si es algún animal impuro de la clase que no se puede presentar como ofrenda al Señor, entonces pondrá el animal delante del sacerdote; y el sacerdote lo valorará como bueno o como malo; como tú, el sacerdote, lo valores, así será. Pero si alguna vez él lo quiere recuperar al animal, él añadirá la quinta parte a tu valoración."

Un animal impuro podía ser comprometido por una promesa, pero no podría ser ofrecido en sacrificio. El sacerdote valoraría al animal, el hombre pagaría el precio del rescate y añadiría una quinta parte como una especie de multa por haber ofrecido un animal impuro.

Leamos los versículos 14 y 15, que nos hablan de la

Conmutación de promesas sobre casas

"Si un hombre consagra su casa como cosa sagrada al Señor, el sacerdote la valorará como buena o como mala; como el sacerdote la valúe, así será. Pero si el que la consagra quisiera redimir o rescatar su casa, añadirá a tu valoración la quinta parte del valor de ella; y así volverá a ser suya."

La casa de un hombre era su más sagrada posesión material. Podía comprometerla para el Señor y continuar viviendo en su casa, comenzando a pagar una renta a Dios, que sería el propietario. Si no continuaba pagando su alquiler, tenía que añadir una quinta parte más del valor en que había sido calculada la casa, para poder recuperarla. Una vez más, esta parte añadida era una especie de multa en reconocimiento del derecho de Dios como propietario.

Leamos a continuación los versículos 16 al 24, que hablan sobre la

Conmutación de promesas sobre la tierra

"También, si un hombre consagra al Señor parte de las tierras de su propiedad, entonces tu valoración será en proporción a la semilla que se necesite para ella: a razón de cincuenta monedas de plata por cada doscientos veinte litros de cebada. Si consagra su campo durante el año de jubileo, conforme a tu valoración quedará. Pero si consagra su campo después del jubileo, entonces el sacerdote le calculará el precio en proporción a los años que quedan hasta el año de jubileo, y será rebajado de tu valoración. Y si el que lo consagra quiere recuperar el campo, le añadirá una quinta parte al precio de tu valoración para que pase a su posesión. Pero si no quiere recuperar el campo, y se vende el campo a otro, ya no podrá recuperarlo; y cuando quede libre en el jubileo, el campo será consagrado al Señor, como campo dedicado; será para el sacerdote como posesión suya. Y si consagra al Señor un campo que ha comprado, que no es parte del campo de su propiedad, entonces el sacerdote le calculará la cantidad de tu valoración hasta el año de jubileo; y en ese día dará tu valoración como cosa consagrada al Señor. En el año de jubileo el campo volverá a aquél de quien lo compró, a quien pertenece la propiedad real de la tierra."

Este debe haber sido un sisTema bastante complicado. La tierra podía ser dedicada a Dios aunque ya perteneciese a Dios. La tierra era valorada en base a su productividad y en relación al Año del Jubileo, momento en que toda tierra retornaba a su propietario original. (Se tomaba en cuenta si un hombre había dedicado la tierra al Señor un poco antes del Año del Jubileo, como un gesto de generosidad. De hecho, podría haber sido un hombre muy egoísta. Nadie podía dedicar a Dios un campo prestado. Porque Dios conoce el corazón humano)

Leamos los versículos 26 y 27, que nos hablan sobre

Tres cosas que son del Señor, aparte de una promesa

"Sin embargo, el primogénito o primera cría de los animales, que por su primogenitura pertenece al Señor, nadie puede consagrarlo; ya sea buey u oveja, es del Señor. Pero si está entre los animales impuros, entonces lo rescatará conforme a tu valuación, y añadirá sobre ella una quinta parte; pero si no es rescatado, será vendido conforme a tu valuación."

El primogénito o primera cría, tanto del hombre como de los animales, era reclamado por el Señor y no podía ser consagrado o dedicado a El por una promesa. Dios insistió en que Sus derechos fuesen reconocidos. Continuemos leyendo los versículos 28 y 29:

"Sin embargo, cualquier cosa dedicada que alguno separe para el Señor de lo que posee, sea hombre o animal, o campos de su propiedad, no se venderá ni se recuperará. Toda cosa dedicada es santísima al Señor. Ninguna persona que haya sido dedicada para la destrucción será recuperada; ciertamente se le dará muerte."

La segunda clasificación de cosas que no podían ser dedicadas por una promesa afectaba a las que ya había sido comprometida para Dios por una promesa. En Josué 6 y 7 podemos ver que la ciudad de Jericó había sido dedicada a Dios para su destrucción. Debido a que Acán tomó para sí de aquello que Dios les había ordenado destruir, él mismo fue destruido.

Leamos los versículos 30 al 33:

"Así pues, la décima parte de los productos de la tierra, tanto de las semilla de la tierra como de los frutos de los árboles, es del Señor; es cosa consagrada al Señor. Y si un hombre quiere recuperar algo de esa décima parte, le añadirá a lo que vale, la quinta parte. Uno de cada diez animales del ganado o del rebaño, o sea, de todo lo que pasa debajo del cayado, será cosa consagrada al Señor como décima parte. No debe considerar si es bueno o malo, tampoco lo cambiará; si lo cambia, tanto el animal como su sustituto serán sagrados. No podrán ser recuperados."

La tercera clase de cosas que ya pertenecían a Dios y no podían ser comprometidas por una promesa se refería a la décima parte.

Leamos, finalmente, el versículo 34:

"Estos son los mandamientos que el Señor ordenó a Moisés para los hijos de Israel en el monte Sinaí."

Este versículo concluye el libro de Levítico y resume su contenido. También revela que el capítulo 27 no es un apéndice sino una parte de la revelación de Dios para el ser humano de la época de la Ley.

Hemos visto que el Éxodo concluía con la construcción de la tienda de reunión. El Levítico prosigue con las reglas y mandamientos sobre la adoración en dicha tienda. Por ello, este libro puede definirse como el gran libro de la adoración. Su contenido incluye sacrificios, ritos y ceremonias, purificaciones, convocaciones, fiestas, días santos y advertencias. Todo este ceremonial litúrgico fue dado a los israelitas para enseñarles grandes verdades espirituales. Pero aquellas verdades señalaban a la persona y obra redentora de Cristo y se aplican hoy al desarrollo espiritual de nosotros los creyentes, para que podamos vivir una vida que agrade a Dios.

El creyente puede estar hoy agradecido por la gracia y misericordia de Dios. Dice la carta de San Pablo a Tito 2:11-14, Dios nos ha mostrado su gracia, que trae la salvación a toda la humanidad. Esa gracia de Dios nos enseña a dejar la maldad y los deseos mundanos y a llevar en este mundo una vida de moderación, rectitud y devoción a Dios, mientras esperamos el feliz cumplimiento de aquello que se nos ha prometido, el regreso glorioso de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Él se entregó a la muerte por nosotros, para salvarnos de toda maldad y limpiarnos totalmente, para que seamos suyos, deseosos de hacer el bien.

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