Estudio bíblico de Lucas 1:36-80

Lucas 1:36-80

Nuestro programa anterior terminaba con la visita del ángel Gabriel a la virgen María anunciándole el nacimiento de Jesús. Continuamos hoy con el mensaje del ángel, leyendo los versículos 36 y 37:

"Y he aquí también tu parienta Elisabet, la que llamaban estéril, ha concebido hijo en su vejez y este es el sexto mes para ella, pues nada hay imposible para Dios."

Igual que a Zacarías, a María se le dio una señal. El nacimiento de Juan el Bautista también fue milagroso pero no fue un nacimiento virginal. La frase del ángel, "nada hay imposible para Dios" es muy apropiada, y expresa una verdad a la que necesitamos aferrarnos en estos días. Sin embargo, quiero enfatizar que algunos han distorsionado el significado de esta afirmación. No hay nada imposible para Dios cuando El ha determinado hacer algo, pero El no necesariamente hará lo imposible que le pidamos. Muchos utilizan este versículo como un lema para encubrir el hecho de sus propios deseos egoístas. Es cierto que no hay nada imposible para Dios, pero también lo es el que hay cosas imposibles para ti y para mí. Dios puede hacer cualquier cosa que El se haya propuesto llevar a cabo. Pero ello no quiere decir que El haga cualquier cosa que los creyentes le pidan que realice, porque algunas cosas no están incluidas en Sus planes. Pongamos esta gran frase del ángel en su debida perspectiva antes de hacer o decir todo aquello que ponga a Dios en ridículo y perjudique la causa de Jesucristo, en vez de favorecerla. Veamos la respuesta ejemplar de María leyendo el versículo 38:

"Entonces María dijo: Aquí está la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia."

María aceptó participar en el subsecuente nacimiento de su hijo, al sujetarse al plan divino. Por ello se llamó "la sierva del Señor". Este versículo revela la sumisión de María a la voluntad de Dios. A partir del nacimiento de Jesús sería como si una nube descendiese sobre su vida hasta que su hijo regresase de los muertos. Hay que destacar que la resurrección de Jesús probaría la realidad de Su nacimiento virginal. Este podría ser puesto en duda hasta entonces. No se puede negar el nacimiento virginal y, al mismo tiempo creer en la resurrección, y viceversa. El nacimiento virginal y la resurrección son 2 verdades históricas que van estrechamente vinculadas entre sí. O se mantienen las 2, o ambas se derrumban.

Leamos ahora los versículos 39 al 41, que nos relatan la ocasión en que

María visitó a Elisabet

"En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Elisabet. Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre, y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,"

Lo que estamos leyendo aquí tiene un carácter milagroso y no tendría sentido ni utilidad el tratar de ofrecer una explicación natural. Las únicas opciones son creer lo que sucedió en este pasaje Bíblico, o no. A veces uno se siente abrumado al escuchar a algunos que, tratando de aparentar un supuesto nivel intelectual, intentan presentar explicaciones a los milagros expuestos en la Biblia. Dichos milagros se aceptarán, o no, y lo que sucedió en estos versículos fue evidentemente un milagro. Elisabet y Zacarías vivían probablemente en la región montañosa situada alrededor de Jerusalén. María fue a visitarla no con una actitud de escepticismo, sino más bien de gozo, para confirmar lo que se le había anunciado. Cuando María llegó, y saludó a Elisabet, esta mujer fue llena o controlada por el Espíritu Santo, y la criatura saltó en su vientre. Los versículos siguientes nos introducen a la primera canción presentada en este Evangelio de Lucas. Ya habíamos dicho que Lucas, además de médico, también fue el poeta que nos dejó las primeras canciones de la Navidad. Esta canción brotó de los labios de Elisabet. Leamos los versículos 42 al 45:

"Y Elisabet exclamó a gran voz: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?, porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor."

Poco se nos dice en la Biblia sobre Elisabet. Cantó la primera canción del Nuevo Testamento. Fue una mujer notable, que tuvo fe cuando su marido Zacarías no la tuvo y quedó mudo a causa de su incredulidad. Pero Elisabet había creído en Dios. Y ahora, como mujer mayor que era, estaba animando a María, que era joven. Elisabet había vivido muchos años creyendo en Dios y agradándole con su vida. Y ahora, en una actitud muy humana y humilde, estaba asegurándole que habría un cumplimiento de lo que Dios le había revelado. Realmente, María necesitaba todo el estímulo que Elisabet pudiera darle. Observemos que la llamó "madre de mi Señor": En Lucas, el término "Señor" sería más importante para un lector griego, que "Cristo", que significa "Mesías", pues los no judíos no lo habían estado esperando ansiosamente. También la Septuaginta, traducción griega del Antiguo Testamento que ya hemos mencionado en la Introducción, a menudo usa la palabra "Señor" para traducir el nombre de Jehová. Continuemos con el relato, escuchando las palabras de María. Leamos los versículos 46 al 48:

"Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque ha mirado la bajeza de su sierva, pues desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones."

Ahora fue María la que entonó una canción, conocida como el Magníficat, que fue un canto de alabanza por el favor de Dios para ella y su pueblo. Y que consistía, casi en su totalidad, de alusiones y citas del Antiguo Testamento. Lo mismo era cierto de los cantos de Zacarías, expuesto más adelante en este capítulo, y de Simeón, en el capítulo 2. Esta canción nos enseña varias cosas importantes. En primer lugar, María alabó a Dios por el favor especial manifestado hacia ella, y se vio como parte del remanente piadoso que había servido al Señor. En ella María nos dijo que necesitaba un Salvador y que se alegraba en El. Realmente tenía motivos para sentirse dichosa y bienaventurada, y así la reconocemos y la recordamos. Tuvo el incomparable privilegio de ser la madre del Hijo de Dios. Era una persona maravillosa y no fue accidental que hubiese sido elegida por Dios para ser el instrumento para que Jesucristo viniese al mundo. Fue el designio de Dios así y él no comete errores. Continuemos escuchando la canción de María, leyendo los versículos 49 al 55:

"porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso. ¡Santo es su nombre, y su misericordia es de generación en generación a los que le temen! Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Quitó de los tronos a los poderosos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos envió vacíos. Socorrió a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia de la cual habló a nuestros padres para con Abraham y su descendencia para siempre."

La canción exaltó la santidad (v. 49) y misericordia (v. 50) del Señor. Hay un detalle entre otros digno de ser destacado, relacionado con la frase del versículo 51, "Hizo proezas con su brazo" En Isaías 53:1, el profeta dijo: "¿Sobre quién se ha manifestado el brazo del Señor?" Y después Isaías comenzó inmediatamente a revelar al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dios ha mostrado la fuerza de Su brazo y reveló Su poder y Su amor en la salvación que ha provisto para la humanidad.

En segundo lugar, María alabó a Dios por su favor especial manifestado a Israel (v. 51-55) también mencionó a Abraham en su canción. María era consciente de que el nacimiento de su hijo era el cumplimiento de las promesas del pacto hechas a Abraham y a su pueblo. Hay más referencia a Abraham que a otro personaje del Antiguo Testamento. De hecho, encontramos más sobre este patriarca en el plano humano, que acerca de otros personajes de la Biblia.

Leamos el cierre de este párrafo en el versículo 56:

"Se quedó María con ella como tres meses; después se volvió a su casa."

Aparentemente María se quedó allí hasta que Juan nació. La frase griega que se traduce como "su casa" indica que ella aún era virgen y no se había casado todavía con José. El relato Bíblico nos cuenta los acontecimientos de cuando

Juan nació y se le puso un nombre

El resto de este capítulo registró el nacimiento de Juan el Bautista y la canción de Zacarías. Al igual que en la sección anterior, (1:5-56), las narraciones de los nacimientos fueron arregladas por Lucas de forma paralela. El énfasis se encuentra en el nacimiento de Jesús, que se describe con mucho mayor detalle que el de Juan, que se da en un solo versículo (v. 57) Destacaremos algunos puntos especialmente. Leamos los versículos 57 al 60:

"Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo. Al oír los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia, se regocijaron con ella. Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño, y lo llamaban con el nombre de su padre, Zacarías; pero su madre dijo: ¡No! Se llamará Juan."

Esta pareja de ancianos tuvo el cuidado de seguir la ley al circuncidar al niño. En principio le pusieron al niño el nombre de su padre. Sin embargo, Elisabet puso las cosas en su debido lugar diciendo que se llamaría Juan. Continuemos leyendo los versículos 61 al 64:

"Le dijeron: ¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre. Entonces preguntaron por señas a su padre cómo lo quería llamar. Él, pidiendo una tablilla, escribió: «Juan es su nombre». Y todos se maravillaron. En ese momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y comenzó a bendecir a Dios."

En aquellos días se le ponía al nuevo hijo un nombre familiar. Cuando surgió el asunto de poner un nombre al niño, los familiares dieron por sentado que se llamaría Zacarías. Pero Elisabet corrigió esa decisión. Pero ante las objeciones, apelaron a Zacarías. Y como él no podía hablar escribió "Su nombre es Juan". Este era el nombre que había sido escogido por Dios. Los familiares se sorprendieron, admirados de lo que había sucedido.

Después de ese incidente, Zacarías pudo volver a hablar e inmediatamente comenzó a cantar alabanzas a Dios. Aunque él no había tenido mucha fe, cuando el niño naciese se alegraría por lo que Dios había hecho. Nuevamente destacaré que la falta de fe de Zacarías es una característica que muchos de nosotros tenemos y al final, reaccionamos de la misma manera. Cuando Dios oye y contesta por lo que le hayamos pedido en oración, nos alegramos. A veces pienso que la razón por la que Dios contesta la oración de creyentes débiles como nosotros, es que tengamos algún motivo para alegrarnos. Por regla general, los creyentes que tienden más a la incredulidad que a la fe, no tienen muchos motivos para sentir alegría. Los creyentes más fuertes, que tienen más fe, con una actitud espiritualmente positiva, sienten conformidad y paz ante todas las circunstancias.

Continuemos leyendo los versículos 65 al 69:

"Se llenaron de temor todos sus vecinos, y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas. Los que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién, pues, será este niño?. Y la mano del Señor estaba con él. Zacarías, su padre, fue lleno del Espíritu Santo y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David, su siervo"

Era evidente que Juan iba a ser un niño excepcional. La noticia de que era un niño fuera de lo común se divulgó rápidamente en la zona de Jerusalén. Años más tarde, cuando Juan comenzase su ministerio público de predicación, muchos que sin duda recordarían los asombrosos eventos que rodearon a su nacimiento, saldrían a verle de esa región (Mateo 3:5).

Después de que el niño naciese, Zacarías, que había estado mudo por unos 9 meses, no solo fue capaz de hablar, sino que pudo entonar una canción. Elisabet había cantado la primera canción, María cantó la segunda y ahora parecía bastante apropiado que Zacarías cantase una canción. La suya fue profética. Este salmo, conocido como "el Benedictus" está lleno de citas y alusiones al Antiguo Testamento. Es interesante que el versículo 69, donde leímos que el Mesías sería el "poderoso Salvador" en el original hebreo dice literalmente "cuerno de salvación". En el Antiguo Testamento, los cuernos de un animal simbolizaban su fuerza y poder. Aunque Zacarías no pertenecía a la línea de descendencia de David, reconoció que su hijo iba a ser el precursor de Jesucristo, tal como había sido profetizado por los profetas Malaquías e Isaías. Juan sería el que anunciase la llegada del Mesías. Y la presencia del precursor indicaba que el Mesías no se encontraba lejos. Iba a llegar pronto. Continuemos con la canción, leyendo los versículos 70 al 75:

"Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio, salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odiaron, para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto, del juramento que hizo a Abraham, nuestro padre, que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, sin temor lo serviríamos en santidad y en justicia delante de él todos nuestros días."

Dios había hecho estas promesas a Abraham. María, Elisabet y Zacarías aun creían que las promesas hechas al patriarca serían cumplidas. Hay muchos en la actualidad que han abandonado esa esperanza y, en consecuencia, no creen que Dios confirmará y hará realidad Sus promesas a Abraham. Si realmente creemos que Dios confirmará y hará realidad la promesa de Juan 3:16, de que Dios dará la vida eterna a todo aquel que crea en Jesucristo, no tenemos derecho a rebajar la realidad del cumplimiento de las promesas que Dios hizo a Abraham, y que confirmó a los demás patriarcas.

Finalmente, leamos los versículos 76 al 80, últimos versículos de esta canción de Zacarías y del primer capítulo del Evangelio de Lucas.

"Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado, porque irás delante de la presencia del Señor para preparar sus caminos, para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz. El niño crecía y se fortalecía en espíritu, y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel."

Juan sería llamado profeta del Altísimo. Y así fue que Zacarías profetizó en forma muy descriptiva el ministerio que tendría Juan (versículos 76-79). Iría delante del Señor preparando sus caminos, como habían profetizado los profetas Isaías 40 y Malaquías 3. (Juan supo que el Mesías se encontraba entre ellos.)

El versículo 80 nos explica que Juan iba adquiriendo vitalidad y fortaleza en su espíritu humano. Su vida en los lugares desiertos hasta el tiempo de su aparición pública no era normal para un joven. Pero este joven sería una persona extraordinaria, que se estaba preparando para llevar a cabo una misión especial para la causa de Dios en este mundo. Debido a esa misión, que desde su infancia conocía que habría de realizar, escogió tomar el papel del profeta Elías, viviendo en lugares desolados, pues en un breve tiempo, su ministerio de predicación lo lanzaría a una posición prominente.

Termino nuestro programa de hoy, leyendo nuevamente los versículos 78-80 de la canción profética de Zacarías. Lo leeré de otra versión que ofrece algunas variaciones en la forma de expresar el mismo significado de presentar el propósito de salvación de Dios para la humanidad.

Porque nuestro Dios, en su gran misericordia,
Nos trae de lo alto el sol de un nuevo día,
Para iluminar a los que viven
En la más profunda oscuridad,
Para dirigir nuestros pasos
Por un camino de paz.

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