Estudio bíblico de Lucas

Predicación escrita y en audio de Lucas 4:14-43

Lucas 4:14-43

Finalizábamos nuestro programa anterior considerando los diversos aspectos de la prueba a la que Cristo fue sometido ante Satanás en el desierto. Reanudamos hoy el relato de Lucas con un párrafo titulado

Jesús regresa a Galilea y Nazareth y fue rechazado en la ciudad de su infancia

(El ministerio de Jesús se dio principalmente en Galilea, aunque por Juan 1-4 se sabe que realizó un trabajo inicial en Judea y Jerusalén antes de ir a Galilea. Los dos propósitos de sus actividades fueron autenticar la persona de Jesús y llamar a los discípulos que le habrían de seguir. A partir del capítulo 9:51, le veremos iniciar su viaje a Jerusalén.)

Estos incidentes dan comienzo a las actividades de Jesús; los 17 versículos de este párrafo sirven a Lucas de resumen de lo que ocurrió a lo largo de todo el ministerio de Jesús. El Señor reveló que El era el Mesías (v. 21); los judíos que lo oyeron demostraron que eran indignos de las bendiciones de Dios (vv. 28 y 29) y se reveló que el Evangelio iría también a los Gentiles (vv. 24-27).

Comencemos pues nuestra lectura con el versículo 14:

"Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor."

Después de la tentación, el Señor regresó lleno del poder del Espíritu Santo. La tentación logrará en un individuo una de 2 cosas: le fortalecerá o le debilitará. Es evidente que un período de sufrimiento o prueba aplacará a una persona, haciéndola más agradable, o amargará su carácter. O ablandará a un individuo, o lo insensibilizará. Una antigua ilustración concluía que el mismo sol derrite la cera y endurece el barro. En ese caso, es el carácter o condición del elemento, y no el sol, el que produce uno u otro resultado. Dios no te va a endurecer, o insensibilizar, así como no endureció el corazón del Faraón de Egipto, quien ya tenía un corazón insensible. Dios simplemente lo hizo evidente y público. Nuestro Señor se identificó con la humanidad y la Biblia confirmó esa realidad. La carta a los Hebreos dice en 2:17, Por eso tenía que ser hecho igual en todo a sus hermanos, para llegar a ser delante de Dios un sumo sacerdote fiel y compasivo, y para obtener el perdón de los pecados de los hombres por medio del sacrificio. El Señor Jesucristo se hizo hombre y de esta manera, después de Su prueba, necesitó el poder del Espíritu Santo. Y si el Señor necesitó el fortalecimiento del Espíritu Santo después de Su prueba, ¡cuánto más lo necesitamos nosotros!

Continuemos leyendo el versículo 15:

"Enseñaba en las sinagogas de ellos y era alabado por todos."

Jesús fue inicialmente un maestro popular, así que cuando volvió a su pueblo de origen, era natural que enseñara en las sinagogas. La gente le elogiaba y felicitaba. Parece que era posible alabarle y aún así, rechazarle. La misma multitud que un tiempo después, dándole la bienvenida a la ciudad de Jerusalén cantaría "Hosana, bendito el que viene en el nombre del Señor" y que querría coronarle como rey, al día siguiente se uniría a la turba para pedir su muerte en la cruz. A veces he imaginado un cuadro de la crucifixión con una cruz vacía en un primer plano, y en un segundo plano, un asno que está comiendo ramas de palmera marchitas. Y así sucedió. Un día fue el Señor alabado, y al siguiente, sería crucificado.

Ahora llegamos a uno de los más hermosos incidentes registrados en la Palabra de Dios. Fue una historia refulgente, que irradió luz. Fue como un aroma fragante, con un significado profundo. Es agradable contemplarla y Lucas nos la relató de la siguiente manera. Leamos los versículos 16 al 21:

"Vino a Nazaret, donde se había criado; y el sábado entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Se le dio el libro del profeta Isaías y, habiendo abierto el libro, halló el lugar donde está escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor. Enrollando el libro, lo dio al ministro y se sentó. Los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros."

Este incidente fue registrado únicamente por Lucas y fue tan extraordinario que no podemos pasarlo por alto. Se nos ha dicho que después de la tentación, el Señor regresó a la ciudad donde se había criado. Generalmente la ciudad se siente orgullosa cuando uno de sus habitantes alcanza la fama. Y como era su costumbre en el sábado o día del reposo, fue a la sinagoga de Nazareth.

La sinagoga era una de las más importantes instituciones religiosas de los judíos en la época de Jesús. Debe haber comenzado a existir en los tiempos del exilio, cuando los israelitas se encontraban en Babilonia, lejos de su tierra nativa, del templo y del altar. Sin duda se sentían atraídos por la experiencia de reunirse, junto con aquellos que eran practicantes fieles de su religión, que reverenciaban a Dios, para escuchar la Palabra de Dios y participar de alguna clase de adoración. En el libro del profeta Ezequiel 14:1 y 20:1, se reunieron alrededor del profeta para consultar al Señor, y es posible que tal reunión se haya celebrado en un lugar como la sinagoga.

Después del exilio, la sinagoga continuó. Al principio servía al propósito de exponer la ley de Moisés. Posteriormente se añadió un período de oraciones y de predicación. Sin embargo, la finalidad principal de la sinagoga era impartir la enseñanza de la ley a todo tipo de personas. En el tiempo del Señor había sinagogas en los pueblos y ciudades más grandes.

De aquellos llamados años silenciosos de la vida de Cristo en la tierra, creo que podemos conocer las ocupaciones de Jesús en un día de la semana, aunque no sepamos mucho de los otros 6 días de cada semana en los que, como era carpintero debió trabajar en el taller. Al menos sabemos que cada séptimo día acudía a la sinagoga, el lugar señalado para la meditación y adoración.

Era costumbre que un hombre se pusiera en pie mientras leías las Sagradas Escrituras, para después sentarse, mientras explicaba la porción que había leído. Y así fue como le vemos en la sinagoga, donde le alcanzaron el Libro, del cual comenzó a leer. Se trataba del libro del profeta Isaías. En aquellos días el texto Bíblico no estaba dividido en capítulos y versículos, pero si lo hubiese estado, habría leído en Isaías 61:1 y 2, citado en el pasaje que acabamos de leer. El detalle importante que debemos observar es que al llegar a la frase "y predicar el año agradable del Señor", interrumpió su lectura y no continuó leyendo la frase que sí está incluida en el libro de Isaías y que añade la frase "y el día de la venganza del Dios nuestro". Así que cerró el Libro y se lo devolvió al que oficiaba la ceremonia. Lo sorprendente entonces fue que no interrumpiese la lectura al final de una oración, sino antes de terminarla. Según nuestras traducciones, hay una coma donde dejó de leer, pero en el texto que El utilizó no había una coma. La frase que no leyó fue pues "y el día de la venganza del Dios nuestro". A continuación miró a la concurrencia y dijo: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Lo que Jesús dijo expresó claramente que ofrecía el año favorable del Señor (es decir, el tiempo del reino) a través de sí mismo (v. 21)

Aquí tenemos un pasaje de la Biblia que se iba a cumplir justamente hasta la coma, y el resto de la frase, es decir, la que Jesús no leyó, no se cumpliría hasta que El viniese por segunda vez. Porque el día de la venganza no había llegado aún. ¿Y cuál sería ese día de la venganza? Será el momento del cual Dios dijo, en el Salmo 2:8, Pídeme, y te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra. ¿Y cómo iba el Señor a obtener como una herencia las naciones? La respuesta estaba en este mismo Salmo 2:9, que dice; Los quebrantarás con vara de hierro, como vasija de alfarero los desmenuzarás. Esa es la forma en que el Señor accederá al poder. Será en el día de la venganza. Será en el llamado gran Día del Señor, que tendrá lugar cuando Cristo venga por segunda vez. El vino por primera vez para predicar el Evangelio a las personas, para que éstas pudieran salvarse. Vino ungido por el Espíritu Santo para proclamar el glorioso mensaje de la salvación. Estamos aun viviendo en ese maravillosa época, la época del Evangelio. Y cuando El venga por segunda vez, será el día de juicio y venganza sobre Sus enemigos. Dice el versículo 22:

"Todos daban buen testimonio de él y estaban admirados de las palabras de gracia que salían de su boca. Decían: ¿No es este el hijo de José?"

La gente al mirarle le recordaba como el hijo de José, un carpintero. Y ese detalle pareció echarlo todo a perder. ¿Cómo podía ser el Mesías? Inmediatamente comenzaron a cuestionarse la autoridad con qué decía estas cosas. ¿Cómo podía el hijo de José, el muchacho que vieron crecer en el pueblo, ser el Mesías? Lucas estaba resaltando enfáticamente el hecho de que El asumió nuestra frágil humanidad. Continuemos leyendo los versículos 23 al 27:

"Él les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo. De tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra. Y añadió: De cierto os digo que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra. Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio."

El Señor estaba ilustrando sus palabras de una manera admirable. Citó a 2 Gentiles, o no judíos que habían vivido fuera de la tierra de Israel -la viuda de Sarepta y Naamán de Siria- en cuyas vidas Dios, por medio de Sus profetas, había trabajado milagrosamente. El estaba tratando de mostrarles que ellos, Su propio pueblo, estaban inclinados a perder una gran bendición por no aceptar quién era El. Ellos serían como muchas viudas y leprosos de Israel que permanecían en la incredulidad, y no fueron sanados durante los tiempos de Eliseo. Observemos la reacción de los que le escuchaban en la sinagoga. Leamos los versículos 28 al 30:

"Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira. Levantándose, lo echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarlo; pero él pasó por en medio de ellos y se fue."

Que Jesús mencionara a los gentiles, es decir a los pueblos no judíos, como receptores de la bendición divina, provocó una reacción muy airada. La gente del pueblo donde estaba el hogar de Jesús le rechazó. El terreno de la región alrededor de Nazareth es accidentado y desigual y sus habitantes, le condujeron a la cumbre, y trataron de arrojarle desde allí. Ante tal situación, se produjo la evasión milagrosa que nos describió Lucas.

Leamos ahora el versículo 31, que inicia un nuevo párrafo titulado

Jesús trasladó su centro de operaciones a Capernaum y continuó su ministerio

"Descendió Jesús a Capernaum, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba"

A partir de este versículo y por el resto de este capítulo tenemos un día de actividad con el Señor Jesús. A muchos de nosotros nos hubiera gustado pasar un día con El cuando se encontraba en esta tierra. Lucas, con su relato, hizo posible esa experiencia.

Tanto Mateo como Marcos registraron el hecho de que el Señor Jesús trasladó su centro de actividades de la ciudad de su infancia, Nazareth, a Capernaum en el Mar de Galilea. Tomó esta decisión porque la gente de su propia ciudad no había querido recibirle. Llegaría un día en el cual El le diría a los habitantes de Capernaum, lo siguiente según Lucas 10:15, Y tu Capernaum, ¿crees que serás levantada hasta el cielo? ¡Hasta lo más hondo del abismo serás arrojada! Al estar allí el centro del ministerio de Jesús, aquellas personas habían tenido una gran oportunidad y la habían perdido. Es que la proximidad de la luz de la revelación, crea responsabilidad en los individuos que la contemplan. Dice el versículo 32:

"y se admiraban de su doctrina, porque su palabra tenía autoridad."

Cuando el Señor enseñó en la sinagoga el sábado, no había hablado como un escriba o un Fariseo, sino como alguien que tenía verdadera autoridad.

Continuemos con el relato leyendo los versículos 33 al 37:

"Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio impuro, el cual exclamó a gran voz, diciendo: ¡Déjanos! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios. Jesús lo reprendió, diciendo: ¡Cállate y sal de él! Entonces el demonio, derribándolo en medio de ellos, salió de él sin hacerle daño alguno. Todos estaban maravillados, y se decían unos a otros: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y poder manda a los espíritus impuros, y salen? Y su fama se difundía por todos los lugares de la región."

Se ha sugerido que, puesto que Lucas estaba escribiendo a gente que tenía un origen o trasfondo griego, deseaba aclarar el hecho de que ese demonio era malo, impuro o inmundo, pues los griegos pensaban que había demonios buenos y malos. Estamos viviendo en una época en que el demonismo ha incrementado su presencia nuevamente y la adoración a Satanás es una realidad. Los demonios estaban actuando en los días del Señor e igualmente están operando en la actualidad. En el episodio leído, el Señor expulsó el demonio de un individuo. Incluso cuando está de por medio la consumición de drogas, resulta difícil explicar algunas de las acciones y crímenes espantosos cometidos, aparte del poder y control de Satanás.

Continuemos leyendo los versículos 38 y 39:

"Entonces Jesús se levantó, salió de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Simón tenía una gran fiebre; y le rogaron por ella. E inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó, y levantándose ella al instante, les servía."

Parece que después de salir de la sinagoga el Señor se dirigió hacia la casa de Simón Pedro, probablemente para la comida del mediodía. Mientras se encontraba allí, sanó a la madre de la mujer de Pedro. Es que la suegra de éste tenía mucha fiebre. La gravedad de una enfermedad generalmente se indicaba diciendo si el paciente tenía poca o mucha fiebre. Evidentemente, en este caso se trataba de una enfermedad grave. Utilizando la terminología médica de Lucas, el Señor reprendió la fiebre, de la misma manera que trató el problema del pecado e, inmediatamente ella se levantó. Cuando el Señor Jesucristo sanaba a alguien, la sanidad no aparecía gradualmente sino que ocurría inmediatamente. Eran casos sorprendentes. En cada uno de estos casos, la causa del mal fue eliminada y la persona no tuvo efectos secundarios. En el caso del demonio, éste había salido sin lastimar al hombre (v. 35) y en el caso de la suegra de Pedro, pudo comenzar a servirles inmediatamente.

Leamos ahora los versículos finales de este capítulo, desde el versículo 40 al 44:

"Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Pero él los reprendía y no los dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo. Cuando ya era de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo buscaba y, llegando a donde estaba, lo detenían para que no se fuera de ellos. Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto he sido enviado."

El día de actividad de Jesús había comenzado en la mañana, enseñando en la sinagoga. La noticia acerca de la autoridad de Jesús sobre las enfermedades se difundió rápidamente. Ahora ya era muy avanzada la tarde, casi de noche, cuando el día del reposo estaba finalizando. Habría sido contrario a la ley cargar a los enfermos antes de entonces. El Señor se dirigió al encuentro de la multitud que se había reunido y fue pasando de uno a otro de los enfermos, tocándoles y sanándoles. Al relatar este incidente, el Evangelista Mateo 8:17, citó al profeta Isaías. Esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el profeta Isaías: "Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades". El Señor realmente estaba sanando de una manera extraordinaria. Bien dijo además el profeta Isaías en 53:4, "él estaba cargando con nuestros sufrimientos, estaba soportando nuestros propios dolores. Nosotros pensamos que Dios lo había herido, que le había castigado y humillado". El Señor llevó las enfermedades y dolencias de la gente comprensivamente, con compasión, a pesar del hecho de que la nación de Israel de aquel tiempo le consideró herido y afligido por Dios. Nosotros le consideramos de la misma manera. Por lo que sabemos, El no sanó a aquella gente en base a la fe de ellos, pero la gran compasión de Su corazón le impulsó a actuar para el bien de aquellas personas. Y aunque tenía esta compasión, su ministerio de sanidad le permitía autenticar lo que decía en su mensaje. Porque el énfasis principal del ministerio de Jesús estaba en la predicación.

Como cristianos, a nosotros se nos dice que debemos tener también un corazón compasivo. Dijo San Pablo en Gálatas 6:2, "Ayudaos mutuamente a soportar las cargas y de esa manera cumpliréis la ley de Cristo."

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