Estudio bíblico de Lucas 5:1-39

Lucas 5

Tema: Jesús llamó a Sus discípulos por segunda vez; sanó a leprosos; sanó a un paralítico; y pronunció la parábola del vestido nuevo y los odres nuevos.

Leamos los versículos 1 al 3, que relatan el incidente en que

Jesús llamó a sus discípulos por segunda vez

"Aconteció que estando Jesús junto al Lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; los pescadores habían descendido de ellas y lavaban sus redes. Entró en una de aquellas barcas, la cual era de Simón y le rogó que la apartara de tierra un poco. Luego, sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud."

El Lago de Genesaret era el Mar de Galilea. Allí los pescadores habían dejado sus barcas y estaban lavando sus redes. El Señor se subió al bote de Simón Pedro y le pidió que lo empujara un poco para alejarlo de la orilla. Fue aquel un púlpito improvisado para Jesús. Creo que esta escena real es también una ilustración figurativa y sugestiva. En un sentido, cada púlpito es una "barca de pesca", un lugar para comunicar la Palabra de Dios e intentar pescar peces. Ello no quiere decir que recogeremos peces toda vez que proclamemos la Palabra, --los discípulos, al menos, no los recogieron con esa frecuencia. Pero sí significa que aquel que se encuentra a bordo no debe olvidar que su suprema misión en la vida es pescar las almas de los seres humanos. Continúa diciendo el versículo 4:

"Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar."

Después que el Señor terminó de hablar a la gente, debió pensar que había llegado el momento de dejar de pescar hombres y de pescar más bien unos peces. Mateo y Marcos nos dijeron que la primera vez que El llamó a estos hombres se encontraba caminando junto al Mar de Galilea; en aquella ocasión vio a Simón Pedro y a su hermano Andrés arrojando una red al mar, porque eran pescadores. Y el Señor les dijo entonces: "Seguidme y os haré pescadores de hombres" (Mateo 4:19; Marcos 1:17). Estos hombres habían regresado a su ocupación como pescadores. EL Señor evidentemente realizó 3 llamados a Sus discípulos. El había conocido a la mayoría en Jerusalén, lo cual fue relatado por Juan en su primer capítulo. Cuando Juan el Bautista identificó y señaló a Jesús, algunos de los discípulos que estaban con Juan quisieron saber donde vivía Jesús. Entre aquellos que seguían a Juan estaban Felipe, Natanael, Simón Pedro y Andrés. El Señor no había llamado a estos hombres en aquella primera ocasión; simplemente les conoció. Mas tarde, el Señor pasaría por el Mar de Galilea, les vería pescar y les invitaría a seguirle. Ellos dejarían sus redes y le seguirían. Luego regresarían a su profesión habitual. Después, Lucas nos relató que el Señor les invitó una vez más, llamándoles a ser pescadores de hombres, y en esa ocasión les nombró Sus apóstoles.

Mientras el Señor había estado hablando a la multitud desde su barca, Simón Pedro había permanecido sentado en el bote escuchando. Cuando terminó de hablar le pidió que se internase mar adentro y que arrojase sus redes. Es como si le hubiese dicho: "Deja de pescar conmigo, que ahora voy yo a pescar contigo". Veamos su reacción en el versículo 5:

"Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando y nada hemos pescado; pero en tu palabra echaré la red."

La frase "pero en tu palabra echaré la red" resalta que en un principio se había resistido. Eran pescadores expertos y pensaban que lo sabían todo sobre la pesca en el Mar de Galilea, y realmente, así era. Pedro aclaró que habían estado pescando toda la noche sin haber recogido nada.

La historia cuenta que en una ocasión Wellington comunicó una orden a uno de sus generales. Este le respondió que era imposible cumplir esa orden. Entonces Wellington le dijo: "Pues vaya Ud. y cúmplala, porque yo no doy órdenes imposibles". Cuando el Señor Jesucristo te da una orden, no necesitas argumentar o discutirla con El, con un argumento similar al que utilizó Pedro: "Lo hemos intentado y no puede hacerse". El no nos da mandatos imposibles de obedecer. El versículo 6 nos presenta el resultado de aquel incidente:

"Cuando lo hicieron, recogieron tal cantidad de peces que su red se rompía."

La pesca tuvo que llevarse a cabo bajo sus instrucciones. Aquí hay muchas lecciones para nosotros. La pesca es un arte. Uno tiene que ir a donde se encuentran los peces, utilizar la carnada adecuada, ser paciente; pero la lección importante que nos está enseñando es que tenemos que pescar de acuerdo con Sus instrucciones.

En esta ocasión, la red se rompió. Más tarde, en el libro de Juan, una red llena de peces no se rompió. La red del pescador nos enseña una verdad. En aquella ocasión no había red que pudiese contener a los peces por la sencilla razón que El todavía no había muerto y resucitado de los muertos, y el Evangelio consiste precisamente en esas 2 realidades. La "red" que contuviera los peces debería ser una que estuviese basada en la muerte y resurrección de Cristo. En esta ocasión, aun no había tenido lugar la muerte ni la resurrección, y la red se rompió. Después de Su muerte y resurrección, El Señor les enseñó como pescar y entonces la red no se rompió. (Juan 21:1-11). En esa ocasión, les dijo que fuesen al predicar el Evangelio hasta los confines de la tierra.

Continuemos leyendo los versículos 7 y 8:

"Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca para que acudieran a ayudarlos. Ellos vinieron y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador."

Observemos qué enorme cantidad de peces recogieron.

Pedro confesó su fracaso; no había sido ni siquiera un buen pescador debido a su falta de fe. Cuando dijo: "Apártate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador" fue como si, en realidad le hubiera dicho: "Señor, tu me llamaste a ser un pescador de hombres y he fracasado. Y regresé a pescar peces, porque pensé que conocía mejor esa clase de pesca. Y acabo de descubrir que no es así. Apártate de mí, déjame solo. Soy un hombre pecador. Deberías encontrar a otro del cual pudieses depender y estar seguro". Sin embargo, el Señor no intentó librarse de Simón Pedro e iba a utilizarle. Y esto también se aplica nosotros. Todo lo que tenemos que hacer es reconocer que no somos muy buenos pescadores: debemos reconocer nuestros fracasos y deslealtades. Y cuando nos acerquemos a El, no nos echará del negocio de la pesca, ni nos tirará por la borda. Nos utilizará como instrumentos. ¡Esta es una verdad alentadora! Pero, continuemos leyendo los versículos 9 y 10:

"Por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No Temas; desde ahora serás pescador de hombres."

Simón Pedro fue un pescador de hombres. Recordemos qué bien lo hizo en el día de Pentecostés. La respuesta de Jesús a Pedro había sido ciertamente significativa. 3.000 personas vinieron a Cristo después del primer sermón. Es que Pedro estaba pescando de acuerdo con las instrucciones de Dios.

Pero aquí hay otra lección. ¿Sabías que hay otro pescador? ¿No sabías que Satanás es también uno de ellos? San Pablo nos lo dijo en 2 Timoteo 2:26, que dice así: Así se despertarán, y escaparán de la trampa en la que el diablo los tiene presos y sometidos a su voluntad. Satanás también tiene su anzuelo en el agua. Dios está pescando por tu alma y lo mismo está haciendo Satanás; en su anzuelo ha colocado las cosas de este mundo que él controla. También, figurativamente hablando, podemos decir que el anzuelo de Dios es una cruz. Es la cruz donde murió por ti el Hijo de Dios. Y este es el mensaje que Dios quiere comunicarte. Por cierto, ¿en el anzuelo de quién estás tú? Porque estarás en el de Dios o en el de su enemigo. O te tiene el enemigo, o te tiene Dios. No existe un tercer pescador.

Leamos ahora los versículos 12 y 13, que nos cuentan como

Jesús limpió a un leproso

"Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús entonces, extendiendo la mano, lo tocó, diciendo: Quiero, sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él."

En los versículos 12 al 15 tenemos la historia de la sanidad de un leproso. Lucas era un buen médico. Reconocía las implicaciones psicológicas de la sanidad de este leproso, lo cual no era muy comprendido en aquellos tiempos.

No se nos dice cómo aquel hombre descubrió que tenía lepra, pero pudo haber sucedido de la siguiente manera: Un día llegó de arar el campo y le dijo a su mujer: "tengo una pequeña llaga en la palma de mi mano y me molesta cuando estoy arando. ¿Podrías ponerme una cataplasma y sujetármela con una venda? La esposa le fijo la venda pero al día siguiente la llaga se encontraba peor. A los pocos días ambos se alarmaron. Su esposa le dijo: "debías ir y presentarte al sacerdote". Así lo hizo, quien le mantuvo aislado durante 14 días. Al final de su aislamiento el sacerdote le examinó y descubrió que la lepra se había extendido. Entonces le comunicó que era un leproso. El hombre, afligido, le dijo al sacerdote: "permítame ir a despedirme de mi mujer e hijos" Y aquel le respondió: "No podrá despedirse de ellos, no podrá tener jamás a su mujer ni a sus hijos en sus brazos" Y así fue que el hombre se retiró, solo. Su familia le llevaría la comida y la dejaría en cierto lugar, retirándose de allí cuando el viniese a buscarla. Desde lejos, podría contemplar a su mujer y a sus hijos que, al pasar el tiempo, crecían cada día más.

Entonces un día el Señor Jesucristo pasó por allí. El leproso le dijo: "Señor, si quieres, puedes limpiarme". El Rey de reyes respondió: "Quiero. Se limpio". Pero observemos cómo le sanó el Señor. Extendió Su mano y tocó a este hombre afectado por la lepra. Este pobre hombre no había sentido por años el toque de nadie. ¿Puedes imaginarte lo que habrá significado para él sentir sobre sí el toque de la mano de Cristo?

¿Ha tocado el Señor tu vida? Hay tantas vidas que necesitan ser tocadas. Si tú ya le perteneces, y te encuentras pescando a Sus órdenes, estoy seguro de que puedes alcanzar a alguien para el Señor. Necesitas extender tu mano y tocar alguna alma para El, quien solo tú puedes hoy tocar.

Continuemos leyendo los versículos 17 al 20, en los que

Jesús tocó a un paralítico

"Aconteció un día que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la Ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. Sucedió que unos hombres que traían en una camilla a un hombre que estaba paralítico, procuraban entrar y ponerlo delante de él. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa y por el tejado lo bajaron con la camilla y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados."

Este es el relato de la curación del paralítico de Capernaum. Algunos amigos suyos lo hicieron descender a través del tejado de una casa, para que el Señor Jesucristo pudiera verle. Mateo y Marcos relataron este incidente. Marcos registró el relato más extenso, aunque el suyo fue el Evangelio más breve. El Señor sanó a aquel hombre porque aquellos cuatro amigos condujeron al enfermo ante Su presencia, pudo escuchar aquellas palabras: Hombre, tus pecados te son perdonados. Y así llegó hasta aquel enfermo esta maravillosa declaración.

Hay muchas personas que no van a recibir el mensaje de salvación a menos que tú sostengas el extremo de su camilla y les lleves al lugar donde puedan escuchar la Palabra del Señor. Están paralizadas, inmovilizadas por el pecado y por muchas otras cosas del mundo que las retienen en su estado. Algunos están paralizados por los prejuicios, y otros por la indiferencia. Nunca van escuchar a Jesús decir la gran declaración: "Tus pecados te son personados", a menos que tú tomes en tus manos los extremos de la camilla y les lleves hasta donde se encuentra el Señor.

Todos estos incidentes revelan el hecho de que el Señor Jesucristo quiere que comuniquemos el mensaje de salvación a otros. Es por ese motivo que yo predico la Palabra de Dios. Y recuerda que ninguna persona puede llevar ella sola una camilla. Se necesitaron 4 hombres para llevar la camilla de aquel paralítico. Hoy en día se necesitan más hombres y mujeres para que, con su colaboración, la Palabra de Dios pueda llegar a aquellos que la necesitan.

Leamos ahora los versículos 27 y 28, que registran

El llamado de Mateo

"Después de estas cosas salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió."

En su Evangelio, Mateo nos proporcionó mucha información. Marcos, nos dio algunos otros detalles, y Lucas compartió con sus lectores aun más. Continuemos leyendo el versículo 29:

"Leví le hizo un gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos."

Esta cena fue preparada por Leví para intentar ganar algunas personas para el Señor Jesucristo. Leví no había sido formado en un seminario teológico. Era un recaudador de impuestos y un tunante. Cuando vino al Señor Jesús, hizo lo que pudo. Era un publicano rico, así que organizó una cena e invitó a todos sus colegas de su mismo nivel moral, para que ellos también pudieran tener un encuentro con Cristo.

Los escribas y Fariseos que allí se encontraban tuvieron dificultades para mantener sus bocas cerradas y al final, se acercaron a El. Leamos el versículo 30:

"Los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?"

Ellos manifestaron sus críticas por medio de una pregunta y el Señor Jesús tuvo una buena respuesta para ellos. El Señor siempre protege a los suyos. Leamos los versículos 31 y 32:

"Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento."

Los escribas y Fariseos preguntaron a los discípulos por qué comían con publicanos y pecadores. La respuesta del Señor fue sencilla y hermosa. El era el Gran Médico que no andaba por ahí sanando a la gente que se encontraba bien. El vino para servir a aquellos que estaban enfermos por causa del pecado. EL Evangelio es realmente para los que reconocen su necesidad. Hay algunas personas que se consideran demasiado buenas para ser salvas. No son conscientes de su necesidad. Si tú reconoces tener una necesidad, entonces el Evangelio es para ti. Cristo puede salvarte, y te salvará. Pero si te sientes autosuficiente y no reconoces tener ninguna necesidad personal, y continúas por el camino que tú mismo has elegido, éste te llevará a la destrucción. Siento tener que decirlo así. Y el Gran Médico no puede hacer nada por aquellos que creen que no están enfermos.

Continuemos leyendo el versículo 33:

"Entonces ellos le preguntaron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben?"

Los escribas y Fariseos habían observado que los discípulos de Juan ayunaban, mientras que los discípulos de Jesús no se privaban de nada. Veamos la respuesta de Jesús en los versículos 34 y 35:

"Él les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días, ayunarán."

En la actualidad nada nos impide pasarlo bien, aunque el ayuno también es beneficioso, pues reconocemos que nuestro Señor se encuentra en el cielo y nosotros estamos en un mundo que le ha rechazado. El caso es que ya sea que disfrutemos de la comida o ayunemos, nuestra tarea es hacer llegar la Palabra de Dios a la gente que necesita a Jesucristo.

Finalmente, leamos en los versículos 36 al 39, la primera parábola del Evangelio de Lucas, titulada,

La parábola del vestido nuevo y los odres nuevos

"Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo, pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar, y lo uno y lo otro se conservan. Y nadie que haya bebido del añejo querrá luego el nuevo, porque dice: El añejo es mejor."

Al ser humano normal o natural le agradan sus viejos modos y costumbres. Figurativamente hablando, le gusta su vino viejo, es decir, su antigua religión. Lo importante es reconocer que nuestro Señor trajo algo nuevo a la humanidad y esto nuevo es el Evangelio. El no vino al mundo para efectuar remiendos en los vestidos viejos. Es decir, no vino a esta tierra para colocarle remiendos a la ley. Vino para pagar el castigo del pecado muriendo en la cruz. Pero El hizo más que eso. Resucitó de los muertos para que pudiera colocar sobre nosotros Su manto de justicia. Nos dio el vino nuevo del Evangelio. Y el vino nuevo del Evangelio debe ser guardado en el odre nuevo de la gracia, y no en el viejo odre de la ley. Recordemos las palabras de San Pablo en Efesios 5:18, No os emborrachéis, pues eso lleva al desenfreno; al contrario, llenaos del Espíritu Santo. Este es el mensaje que el Señor nos comunica para hoy, que El vino a traernos algo nuevo. Vino a salvarnos por medio de la fe en El.

La totalidad de esta capítulo señala hacia una dirección, que es presentar el Evangelio glorioso del Señor Jesucristo de todas las maneras que sea posible, para que los seres humanos puedan escucharlo y tengan una oportunidad de elegir si le aceptarán, o le rechazarán.

Cada uno de nosotros debe tomar por sí mismo esa decisión.

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