Estudio bíblico de Números 15:9-16:40

Números 15:9-16:40

Continuamos hoy, nuestro estudio en el capítulo 15 de Números. Y en nuestro programa anterior, estábamos hablando de las cosas que Dios les dijo a los israelitas que iba a hacer, y que se cumplieron al pie de la letra, 40 años más tarde. Dios les hablaba acerca de lo que haría en la tierra prometida, exactamente como si ya fuera un hecho consumado. Y dijimos que esto era así porque cuando El decía que algo iba a suceder, ya era un hecho real en Su programa. Esta generación en el desierto, se volvería a la idolatría, pero la nueva generación que ocuparía la tierra, es la que presentaría estas ofrendas y sacrificios que hablan de la persona del Señor Jesucristo. Ahora, los versículos desde el 9 en adelante, contienen los detalles de las leyes que entrarían en vigencia, cuando ellos llegasen a la tierra prometida. Y no quisiéramos entrar en todos esos detalles. Creemos que es más importante que veamos que Dios continúa llevando a cabo su plan, aún cuando los israelitas tendrían que esperar 40 años para que se cumpliera esto. Para Dios la entrada de ellos en la tierra es como un hecho ya cumplido, aunque tuviesen que pasar, todavía, 40 años en el desierto. Considerando entonces el versículo 24, vemos que se menciona algo que ya hemos visto en el libro de Levítico. Leamos los versículos 24 al 26 de este capítulo 15 de Números:

"si el pecado involuntario fue cometido ignorándolo la congregación, toda la congregación ofrecerá un becerro como holocausto de olor grato al Señor, con su ofrenda de cereales y vino, conforme a la ley, y un macho cabrío como expiación por el pecado. Luego el sacerdote hará expiación por toda la congregación de los hijos de Israel, y les será perdonado, porque se trata de un error involuntario. Ellos presentarán sus ofrendas, ofrenda que se quema al Señor, y sus expiaciones delante del Señor, por esos errores. Y será perdonado a toda la congregación de los hijos de Israel, y al extranjero que vive entre ellos, por cuanto es una falta involuntaria de todo el pueblo."

Se ha debatido mucho en cuanto a si los paganos, es decir, los que nunca han oído el evangelio, están perdidos o no. Permítanos decirle, amigo oyente, que no están perdidos porque desconozcan el evangelio; están perdidos porque son pecadores. Aquí dice, que tenían que traer una ofrenda por los pecados de ignorancia. Los seres humanos están perdidos porque son pecadores, hayan o no hayan escuchado el Evangelio. Creemos que todo ser humano debe de tener la oportunidad de escuchar el Evangelio y hacer su decisión; pero, las personas están perdidas mucho antes de que oigan el Evangelio y lo rechacen. Jesucristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Y todo hombre está perdido. Esa es su condición natural. Los perdidos no están tristes, hoy en día, acerca de este Tema, porque nunca han oído el mensaje del amor de Dios hacia ellos. Si usted ha tenido alguna vez, la oportunidad de llevar el mensaje del Evangelio a aquellos que nunca lo han oído, se habrá dado cuenta que no están ansiosos por escucharlo, y eso es algo que debemos reconocer. Leamos ahora los versículos 32 hasta el 36, de este capítulo 15 de Números, donde tenemos el Tema de

La pena de muerte por violar el sábado

"Cuando los hijos de Israel estaban en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en sábado. Los que lo hallaron recogiendo leña lo llevaron ante Moisés, Aarón y toda la congregación. Lo pusieron en la cárcel, porque no estaba determinado qué se le había de hacer. Entonces el Señor dijo a Moisés: Irremisiblemente ese hombre debe morir: apedréelo toda la congregación fuera del campamento. La congregación lo sacó fuera del campamento, y lo apedrearon hasta que murió, como el Señor había mandado a Moisés."

Este fue un incidente ocurrido durante el viaje por el desierto que, evidentemente, resulta sorprendente. Ahora, esto parece muy severo, ¿verdad? Sí, pero lo que se violaba en aquel día, era uno de los Mandamientos de Dios. Y esto pone en claro una cosa. Que la muerte era el castigo por violar cualquiera de los Diez Mandamientos. Y necesitamos ver ese hecho en ese contexto, para entender lo que verdaderamente significa el hecho de que el Señor Jesucristo mismo sufrió nuestra pena de muerte. Pasemos ahora al último pasaje de este capítulo, los versículos 37 al 41, que nos hablan sobre

Las borlas con flecos

"El Señor habló a Moisés y le dijo: Habla a los hijos de Israel y diles que se hagan unos flecos en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada fleco de los bordes un cordón de azul. Llevaréis esos flecos para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos del Señor. Así los pondréis por obra y no seguiréis los apetitos de vuestro corazón y de vuestros ojos, que han hecho que os prostituyáis. Así os acordaréis y cumpliréis todos mis mandamientos, para que seáis santos ante vuestro Dios. Yo soy el Señor, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo, el Señor, vuestro Dios."

Aquellas borlas o cordones azules, al ser el azul el color que representa al cielo, debían recordarles el hecho de que éste era el pueblo de Dios y debía tener un modo de vivir celestial, aún estando aquí en esta tierra. Hay muchos creyentes en la actualidad que, figurativamente hablando, necesitan llevar esas borlas azules para recordarles que, como hijos de Dios y ante el mundo, han de vivir para el Señor Jesucristo, lo cual tiene suma importancia. Y así, pues, amigo oyente, concluye nuestro estudio del capítulo 15 de Números. Llegamos ahora, a

Números 16:1-40

En este capítulo 16, tenemos la oposición de Coré. Aquí hemos llegado a una porción muy importante del libro de Números. Ya hemos dicho que no tenemos ningún relato detallado en cuanto a todo lo que ocurrió a los hijos de Israel durante estos años desperdiciados en el desierto. Hay sólo algunos incidentes aislados, que son relatados en la sección que comienza con este capítulo. Ahora, desde el capítulo 16 hasta el 19, tenemos el relato de cuatro incidentes, y todos están relacionados con el sacerdocio. El capítulo 16 trata de la rebelión de Coré. El capítulo 17, trata sobre la vara de Aarón que floreció. El capítulo 18, se ocupa de la confirmación del sacerdocio y el capítulo 19 se relaciona con la ofrenda de la vaca de pelo rojizo. El primer Tema del capítulo es, pues,

La rebelión contra la autoridad divinamente constituida

Este capítulo se inicia con la murmuración de los hijos de Israel. Esta es la quinta murmuración, y antes de que salgamos de este capítulo 16, nos encontraremos con la sexta murmuración. Uno puede dividir el peregrinaje de los hijos de Israel, según sus murmuraciones en el desierto. Esta es una murmuración entre el sacerdocio. El hecho es que, está encabezada por Coré, un levita muy prominente. Leamos, pues, los primeros tres versículos de este capítulo 16:

"Coré hijo de Izhar hijo de Coat hijo de Leví, con Datán y Abiram hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, descendientes de Rubén, tomaron gente y se levantaron contra Moisés con doscientos cincuenta hombres de los hijos de Israel, príncipes de la congregación, miembros del consejo, hombres de renombre. Se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Toda la congregación, todos ellos son santos y en medio de ellos está el Señor. ¿Por qué, pues, os encumbráis vosotros sobre la congregación del Señor?"

Con esto vemos claramente, que esta era una rebelión en contra de la autoridad divinamente establecida. Tengamos en cuenta que Coré era un levita de gran autoridad. Había también 250 príncipes de la asamblea, que se asociaron con él, quienes eran igualmente, hombres de autoridad. Ahora, una rebelión, si ha de tener éxito alguno, necesita el apoyo de líderes; de personas con posiciones claves. Requiere inteligencia y dinero. De modo que esta rebelión no era un asunto de poca envergadura.

De hecho, las acusaciones esgrimidas en esta rebelión no estaban ajustadas a los hechos, y carecían de todo fundamento. Porque Moisés no estaba concentrando demasiada autoridad sobre sí mismo. Si retrocedemos por un momento en la historia y miramos detenidamente los hechos, observaremos que fue Dios quien llamó a Moisés, y que desde un principio, Moisés no quería realmente dirigir a este pueblo. Aun después que Dios le preparó en el desierto, Moisés no quería ser el líder máximo de la liberación del pueblo que estaba esclavizado en Egipto. Así fue, pues, que solicitó un ayudante, y Dios le dio a Aarón. A Moisés le llaman el hombre más manso en toda la tierra. Cuando Josué quiso hacer callar a los profetas que surgieron en el pueblo, Moisés demostró que no era celoso, y había dicho que deseaba que todo el pueblo de Dios pudiera profetizar. Hemos visto que Moisés era pecador, pero no era culpable, en lo más mínimo, de atribuirse una autoridad excesiva sobre la congregación. ¿Cuál es entonces el verdadero problema aquí? El problema radica en los celos de Coré.

Este asunto de los celos es un asunto serio. Toda autoridad es dada por Dios. Ningún hombre debe adjudicarse este honor por sí mismo. Dios había asignado los puestos en el campamento y había dado a los levitas las tareas específicas que tenían que cumplir. Coré, como miembro de la familia de los coatitas, tenía su puesto y servicio determinado por Dios, y Moisés tenía el puesto que a él le correspondía. Francamente, una rebelión como ésta, tiene que ser confrontada y es necesario que lo sea con medidas extremas.

Es importante que veamos esto. Muchos de los problemas de convivencia que encontramos en la actualidad, incluso entre cristianos, tienen su origen en los celos. Por eso, la Biblia, la Palabra de Dios, nos manda vivir con toda humildad y mansedumbre, reconociendo que toda autoridad es concedida por Dios.

En su Primera carta a los Corintios, el apóstol Pablo presenta la descripción de la Iglesia como un cuerpo, y la compara con el cuerpo humano. Como el cuerpo humano tiene muchos miembros, así también la Iglesia tiene muchos miembros. Cuando Dios le salva a usted, amigo oyente, le coloca en el cuerpo de Su Iglesia, mediante la acción del Espíritu Santo. Y usted tiene que funcionar de cierta manera en el cuerpo de creyentes. Ahora, según la imagen Bíblica, todo el cuerpo no es una lengua; por eso, no todos hablan en lenguas. Ni todo el cuerpo es un ojo, ni una oreja. Cada individuo tiene un don, una capacidad determinada, y hay muchos dones espirituales.

Uno de estos dones, por ejemplo, es el don de ayudar; y realmente son centenares las maneras en que es posible ayudar, una de las cuales es colaborar con la difusión de la Palabra de Dios. Aquí mismo donde producimos este programa, "La Fuente de la Vida", nos agrada recibir la ayuda de personas que, voluntariamente, dedican una parte de su tiempo a colaborar en las diferentes tareas que este esfuerzo requiere. Son personas que quizás no podrían situarse frente a un micrófono ni enseñar de ésta u otra forma, pero cada creyente tiene, al menos, una capacidad especial recibida de Dios, que debe ejercitar y que tiene gran importancia para el funcionamiento del cuerpo que forman los cristianos. Toda otra perspectiva que no sea la establecida por la Palabra de Dios, puede convertirse en una fuente inagotable de conflictos personales. Por ello, la aceptación de la autoridad del Señor sobre ese organismo vivo que llamamos "la iglesia", por parte de todos y cada uno de sus miembros, debe evitar que las partes de ese cuerpo se sientan infravaloradas, celosas de los puestos ocupados por otras personas, o merecedoras de ocupar una posición más o menos visible en el desempeño de sus funciones. De esa manera, el ideal Bíblico prevé que todo cristiano se sienta feliz y realizado, cumpliendo la función que Dios le ha asignado, con la fortaleza e inspiración del Espíritu Santo.

Dios, pues, tratará a esta rebelión de una manera muy definida. Y comprobaremos que, realmente, el juicio de estos rebeldes es serio. Veamos, ahora, lo que hizo Dios. Leamos los versículos 4 hasta el 7 de este capítulo 16:

"Cuando oyó esto Moisés, se postró sobre su rostro. Luego habló a Coré y a todo su séquito, y les dijo: Mañana mostrará el Señor quién le pertenece y quién es santo, y hará que se acerque a él. Al que él escoja, le acercará a sí. Haced esto: tomad los incensarios de Coré y de todo su séquito, poned fuego en ellos y echad en ellos incienso delante del Señor mañana. Aquel a quien el Señor escoja, ese será el santo; esto os baste, hijos de Leví."

Habían acusado a Moisés y a Aarón de imponer su propia autoridad sobre la congregación. Ahora, Moisés les dice de parte de Dios, que son ellos los que se apropian indebidamente de autoridad sobre la congregación. Cada hombre debía tomar su incensario, y ponerle fuego, y venir al tabernáculo. Debido a que las responsabilidades de Moisés y Aarón habían sido asignadas por Dios, la murmuración se dirige realmente contra Dios. Y la maliciosa acusación contra Moisés ignora el hecho de que si ellos hubiesen seguido su liderazgo en Cades-Barnea, en este momento ya estarían establecidos en aquella tierra rica en agricultura y ganadería. El caso es que Dios haría conocer Su Voluntad en este conflicto. Adelantémonos, pues, hasta el versículo 18 y leamos hasta el versículo 21:

"Tomó cada uno su incensario, pusieron en ellos el fuego, echaron en ellos incienso y se pusieron a la puerta del Tabernáculo de reunión junto con Moisés y Aarón. Ya Coré había reunido contra ellos a toda la congregación a la puerta del Tabernáculo de reunión; entonces la gloria del Señor se apareció a toda la congregación. El Señor habló a Moisés y a Aarón, y les dijo: ¡Apartaos de esta congregación, y los consumiré en un momento!"

Vemos que apareció la gloria del Señor que había aparecido anteriormente en un momento de murmuración. Y, en esta ocasión, apareció en el momento de la rebelión. Ahora, Moisés implora a Dios que no destruya a toda la congregación. Y el Señor le dice, que la congregación debe apartarse de las tiendas de los hombres impíos. Estos eran los hombres que habían rehusado obedecer a Moisés, y querían establecer su propia práctica de adoración. Aquellos de la congregación que habían deseado asociarse con Coré, perecerían con él. Y los que se apartaran de Coré, para seguir a Moisés, serían salvados.

Es cosa terrible, amigo oyente, que un hombre o un grupo, desobedezca a Dios y a los líderes que son divinamente nombrados. Es un asunto muy grave establecer un sisTema de adoración no aprobado por Dios y dividir así a Su pueblo. Con toda seguridad, Dios confrontará este tipo de rebelión y la juzgará. Pasemos ahora, al versículo 31 y leamos hasta el versículo 33:

"Aconteció que cuando terminó de decir todas estas palabras, se abrió la tierra que estaba debajo de ellos. Abrió la tierra su boca y se los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré y a todos sus bienes. Ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al seol; los cubrió la tierra y desaparecieron de en medio de la congregación."

Infunde temor reverencial, ver la manera en que Dios les castigó. Trataron de dividir al pueblo, y por lo tanto, Dios les juzga de la misma manera en que habían pecado. Divide al pueblo para apartarlo de Coré y su grupo, y luego divide la tierra, e inmediatamente, la tierra los tragó. El Apóstol Pablo, escribiendo a los Gálatas en el capítulo 6 versículo 7 dice: "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará." Dios, amigo oyente, juzga de la misma manera en que el hombre peca. Esa ha sido siempre la verdad como, por ejemplo, en el caso del anciano Jacob. Fue verdad, en cuanto a David, y en cuanto al apóstol Pablo. Y se cumplirá en Ud. y en mí. Continuemos ahora con los versículos 34 y 35:

"Al oír sus gritos, todo Israel, los que estaban en derredor de ellos, huyeron, diciendo: ¡No sea que nos trague también la tierra!. También salió fuego de la presencia del Señor, que consumió a los doscientos cincuenta hombres que ofrecían el incienso."

Estos hombres habían sido líderes en Israel. Pensaban que debían haber tenido más prominencia en su servicio. ¡Qué amonestación para nosotros en la actualidad! ¿Recuerda usted a Dorcas, la que tenía el don de coser? Ese don o capacidad fue tan importante para la Iglesia primitiva, que Dios utilizó a Pedro para resucitarla de los muertos. Creemos que hoy en día, necesitamos menos voces que traten de hablar, y más personas que estén dispuestas a hacer las tareas más humildes que, por ser menos visibles, parecen menos importantes. Todos y cada uno de los dones o capacidades es importante. Y en cuanto a los celos y la rebelión, serán juzgados por Dios. Continuemos con los versículos 36 al 40:

"El Señor habló a Moisés y le dijo: Di a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, que tome los incensarios de en medio del incendio y derrame más allá las brasas de fuego, porque están santificados los incensarios de estos que pecaron contra sus almas. Harán de ellos planchas batidas para cubrir el altar, por cuanto ofrecieron con ellos delante del Señor y están santificados. Serán como una señal de advertencia para los hijos de Israel. El sacerdote Eleazar tomó los incensarios de bronce con que los quemados habían ofrecido, y los convirtieron en láminas para cubrir el altar, como recuerdo a los hijos de Israel de que ningún extraño que no sea de la descendencia de Aarón se acerque para ofrecer incienso delante del Señor, no sea que le ocurra como a Coré y como a su séquito, según se lo dijo el Señor por medio de Moisés."

Ahora, Dios le dice a Moisés que los incensarios de los rebeldes, deben ser moldeados y convertidos en láminas para cubrir el altar. Debían ser una señal conmemorativa para los israelitas, a fin de que ninguno ofreciera incienso delante de Dios, a menos que fuese del linaje de Aarón el sacerdote. Y llegamos ahora a la sexta murmuración, pero la dejaremos para nuestro próximo programa.

Hoy hemos visto la tendencia natural del ser humano para rebelarse contra Dios y contra todo lo que El ha establecido. Esta actitud forma parte de la naturaleza humana y se manifiesta espontáneamente de muchas maneras. Sin embargo, estimado oyente, la Palabra de Dios tiene algo que decirnos hoy a Ud, a mí y a todos los seres humanos. Porque el Juez Supremo del universo es un Dios de amor. Como bien dice el autor de Los Hechos de los Apóstoles 17:30 y 31: "Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, Jesucristo, acreditándole ante todos al haberlo levantado de los muertos".

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