Estudio bíblico de Números 22:41-24:25

Números 22:41-24:25

Continuando nuestro estudio en el libro de Números, llegamos hoy al capítulo 23. En este capítulo encontramos el error de Balaam, que revela un desconocimiento de la justicia de Dios. En realidad el capítulo 23 es la continuación del capítulo 22. Como dijimos en nuestro programa anterior, esta sección comprendida entre los capítulos 22 al 25 de Números, nos presenta la historia de Balaam. Y aquí en el capitulo 23, encontramos una escena impresionante. Balaam, como popularmente se dice, "se sale con la suya" y viene ahora hasta donde se encuentra el rey Balac. Balac lleva a Balaam a la cumbre de un monte para que desde allí pueda ver el campamento de Israel. El hecho es que a Balac no le satisface ninguna de las profecías de Balaam, de modo que le lleva a cuatro montes para que vea el campamento de Israel desde cuatro puntos de observación.

La historia de la primera caminata que Balac y Balaam hacen juntos, comienza con el último versículo, el versículo 41 del capítulo anterior, el capítulo 22. Así que vamos a leer desde allí hasta el versículo 6 del capítulo 23:

"Al día siguiente, Balac tomó a Balaam y lo hizo subir a Bamot-baal, y desde allí vio una parte del pueblo. Balaam dijo a Balac: Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros. Balac hizo como le dijo Balaam, y ofrecieron Balac y Balaam un becerro y un carnero en cada altar. Luego Balaam dijo a Balac: Ponte junto a tu holocausto, y yo iré; quizá el Señor salga a mi encuentro, y cualquier cosa que me muestre, te la haré saber. Y se fue a un monte descubierto. Entonces vino Dios al encuentro de Balaam, y este le dijo: Siete altares he ordenado, y en cada altar he ofrecido un becerro y un carnero. El Señor puso una palabra en la boca de Balaam y le dijo: Vuelve donde está Balac y comunícale lo que yo te he dicho. Volvió a él y lo halló junto a su holocausto, acompañado de todos los príncipes de Moab."

Las palabras "Bamot-Baal" en el versículo 41 del capítulo 22, significan que Balac llevó a Balaam a los lugares altos de Baal. Allí ofrecieron holocausto y allí el Señor puso las palabras siguientes en la boca de Balaam. Podríamos llamarlas su primera profecía. Leamos los versículos 7 hasta el 12, para ver el contenido de

La primera profecía

"Entonces Balaam pronunció esta profecía: De Aram me trajo Balac, rey de Moab, desde los montes del oriente. ¡Ven, maldíceme a Jacob; ven, execra a Israel!. ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Por qué he de execrar al que el Señor no ha execrado? Porque desde la cumbre de las peñas puedo verlo, desde los collados puedo mirarlo; es un pueblo que habita confiado y no se cuenta entre las naciones. ¿Quién contará el polvo de Jacob o el número de la cuarta parte de Israel? Que muera yo la muerte de los rectos y mi fin sea como el suyo. Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? Te he traído para que maldigas a mis enemigos, y tú has proferido bendiciones. Él respondió y dijo: ¿No debo cuidarme de decir lo que el Señor ponga en mi boca?"

Esta es en realidad la primera de las profecías extraordinarias sobre el pueblo de Israel. Pero esto no era lo que Balac quería que Balaam dijera. Y creemos que Balac no estaba satisfecho con esta profecía. De modo que llevó a Balaam a otro monte, para que mirara desde otro punto a los israelitas acampados en el valle. Leamos los versículos 13 al 17 de este capítulo 23 de Números:

"Entonces dijo Balac: Te ruego que vengas conmigo a otro lugar desde el cual los veas, si no a todos, por lo menos a una parte de ellos, y desde allí me los maldecirás.

Y lo llevó al campo de Zofim, a la cumbre de Pisga. Allí edificó siete altares, y ofreció un becerro y un carnero en cada altar. Entonces Balaam dijo a Balac: Ponte aquí, junto a tu holocausto, y yo iré a encontrar a Dios allí. El Señor salió al encuentro de Balaam, puso una palabra en su boca, y le dijo: Vuelve donde está Balac, y dile así. Volvió a él y lo halló junto a su holocausto, acompañado de los príncipes de Moab. Balac le preguntó: ¿Qué ha dicho el Señor?."

Y encontramos entonces la segunda profecía. Balac llevó a Balaam en su segundo viaje a la cumbre del monte Pisga donde ofrecieron otro holocausto. Desde allí podían ver a casi todo el pueblo de Israel en el campamento y de nuevo el Señor vino al encuentro de Balaam y puso palabra en su boca. Veamos entonces qué dice Balaam. Leamos los versículos 18 al 24, para ver el contenido de

La segunda profecía

"Entonces Balaam pronunció esta profecía: Balac, levántate y oye; escucha mis palabras, hijo de Zipor: Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. ¿Acaso dice y no hace? ¿Acaso promete y no cumple? He recibido orden de bendecir; él dio una bendición, y no podré revocarla. No ha notado iniquidad en Jacob ni ha visto perversidad en Israel. El Señor su Dios, está con él, y ellos lo aclaman como rey. Dios, que los ha sacado de Egipto, tiene fuerzas como de búfalo. Porque contra Jacob no vale agüero, ni adivinación contra Israel. Como ahora, será dicho de Jacob y de Israel: ¡Lo que ha hecho Dios! Este pueblo, como león se levanta, como león se yergue. No se echará hasta que devore la presa y beba la sangre de los muertos."

Una vez más ocurre aquí lo mismo. En lugar de maldecir a Israel, Balaam lo bendice. Con esto queda establecido, sin lugar a dudas que el propósito de Dios es bendecir a Israel. Veamos entonces en qué consistió

El error de Balaam

Vamos a ver lo que hizo Balaam. Empleó su propia razón y lógica, y llegó a la conclusión que Dios tenía que condenar a Israel. Había maldad en el campamento. El pecado era evidente. El pueblo de Israel había fracasado miserablemente. Acabamos de ver el incidente de la serpiente de bronce y cómo los israelitas confesaron que habían pecado. Por lo tanto, Balaam llega a la siguiente conclusión natural: "Dios va juzgar a Israel a causa de sus pecados."

El hombre natural, amigo oyente, siempre emplea esta misma lógica. Siempre concluye que Dios va a juzgar a Israel a causa de su pecado, y que Dios va a juzgar irremediablemente al pecador individual. Tantas veces escuchamos esta pregunta: "¿Cómo es posible que Dios llamara a David, un varón conforme a su corazón?" Amigo oyente, no hay ninguna respuesta a esta pregunta. Hay una justicia que es mucho más elevada que la justicia humana ? y es la justicia de Cristo. El apóstol Pablo escribiendo en su carta a los Romanos capítulo 8, versículos 31 al 34, dice: ¿Qué pues diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros".

Estimado oyente, Dios no juzga al pecador porque el pecador ya ha sido juzgado en Cristo Jesús cuando viene a Dios por medio de su fe en Cristo. Pero el mundo simplemente no comprende esto. Y Balaam tampoco pudo comprenderlo. El creía que Dios ciertamente condenaría a Israel. Calculó que si de todos modos Dios iba a juzgar a Israel, no sería nada malo que él se beneficiara de los regalos del rey Balac. Creía que Dios condenaría a Israel y que él, en consecuencia, recibiría una buena recompensa.

Pero Balaam no comprendió la justicia de Dios. No comprendió que el pecador que cree, así como el pueblo de Israel, no puede experimentar el juicio y la condenación de Dios. Cuando el creyente peca, experimenta la acción disciplinaria de Dios, pero no la condenación de Dios.

Vemos una vez más que Balac no está satisfecho. Lleva a Balaam a la cumbre del monte Peor para que dirija otra mirada a Israel. Y vemos que también allí en Peor presentan ofrendas. Leamos los versículos 25 hasta el 30:

"Entonces Balac dijo a Balaam: Ya que no lo maldices, tampoco lo bendigas. Balaam respondió y dijo a Balac: ¿No te he dicho que todo lo que el Señor me diga, eso tengo que hacer? Luego dijo Balac a Balaam: Te ruego que vengas, te llevaré a otro lugar. Quizás le parezca bien a Dios que desde allí me lo maldigas. Y Balac llevó a Balaam a la cumbre de Peor, que mira hacia el desierto. Entonces Balaam dijo a Balac: Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros. Balac hizo como Balaam le dijo, y ofreció un becerro y un carnero en cada altar."

Como Ud. ve amigo oyente, este rey Balac es muy insistente y desea llevar a cabo su propósito a toda costa.

Y llegamos ahora a

Números 24:1-25

En este capítulo tenemos la tercera y cuarta de las profecías de Balaam. La historia acerca de Balaam y el rey Balac continúa sin interrupción desde el capítulo anterior y tal como ya lo hemos mencionado, esta historia abarca los capítulos 22 al 25 de este libro de Números. Leamos los primeros 2 versículos de este capítulo 24 de Números, que comienzan a hablarnos de

La tercera profecía

"Cuando vio Balaam que le parecía bien al Señor que él bendijera a Israel, no fue, como la primera y la segunda vez, en busca de agüero, sino que puso su rostro hacia el desierto. Al alzar sus ojos, vio a Israel acampado por tribus, y el espíritu de Dios vino sobre él."

Aquí hay algo que nos llena de asombro. El Espíritu de Dios vino sobre este hombre y escuchemos su profecía. Leamos los versículos 3 hasta el 9:

"Entonces pronunció esta profecía: Dice Balaam hijo de Beor, dice el varón de ojos abiertos, dice el que oyó los dichos de Dios, el que vio la visión del Omnipotente; caído, pero abiertos los ojos: ¡Cuán hermosas son tus tiendas, Jacob, y tus habitaciones, Israel! Como arroyos están extendidas, como huertos junto al río, como áloes plantados por Jehová, como cedros junto a las aguas. De sus manos destilan aguas, y su descendencia tiene agua en abundancia. Su rey es más grande que Agag, y su reino es engrandecido. Dios, que lo sacó de Egipto, tiene fuerzas como de búfalo. Devora a las naciones enemigas, desmenuza sus huesos y las traspasa con sus flechas. Se agazapa y se echa como un león, como una leona. ¿Quién lo despertará? ¡Benditos sean los que te bendigan y malditos los que te maldigan!."

Había pecado en el campamento de Israel, pero Dios se había ocupado de ese asunto. Había levantado la serpiente de bronce. De modo que los pecados del pueblo de Israel ya habían sido perdonados. Dios no permitiría entonces que nadie, ni mucho menos alguien de afuera, presentara una acusación contra Su pueblo. Lo único que puede hacer entonces Balaam es bendecirlos y elogiarlos.

Y así también ocurre en la actualidad, estimado oyente, con los creyentes en Cristo. Ninguno de afuera, ni aún Satanás, puede dirigir acusación alguna contra los elegidos de Dios. El Apóstol Pablo nos dice en su carta a los Romanos capítulo 8, las siguientes palabras ya citadas anteriormente: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios?" Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?" ¿Qué vamos a decir ante esta afirmación? Estimado oyente, ¿qué podemos decir? No tenemos nada que decir; simplemente, darle gracias a Dios. Entonces, ¿quién acusará a los escogidos de Dios? Nadie. Porque Dios ya les ha declarado justos.

Por supuesto, Balac está enfadado, pero Balaam le recuerda que él no puede profetizar nada que vaya más allá del mandamiento del Señor. Leamos entonces los versículos 10 al 14 de este capítulo 24 de Números:

"Entonces se encendió la ira de Balac contra Balaam, y batiendo las manos le dijo: Para maldecir a mis enemigos te he llamado, pero tú los has bendecido ya tres veces. Ahora huye a tu lugar; yo dije que te honraría, pero el Señor te ha privado de honra. Balaam le respondió: ¿No lo declaré yo también a los mensajeros que me enviaste, diciendo: Aunque Balac me diera su casa llena de plata y oro, yo no podré traspasar el dicho del Señor para hacer cosa buena ni mala de mi arbitrio, pero lo que hable el Señor, eso diré yo? Yo me voy ahora a mi pueblo; por tanto, ven, te indicaré lo que este pueblo ha de hacer a tu pueblo en los últimos días."

Y luego Balaam pronuncia la cuarta profecía, y esta es una profecía notable, que recordamos especialmente en la época de Navidad. Continuemos pues leyendo los versículos 15 hasta el 19, que contienen

La cuarta profecía

"Entonces pronunció esta profecía: Dice Balaam hijo de Beor, dice el varón de ojos abiertos; dice el que oyó los dichos del Señor, el que sabe la ciencia del Altísimo, el que vio la visión del Omnipotente; caído, pero abiertos los ojos: Lo veo, más no ahora; lo contemplo, mas no de cerca: Saldrá estrella de Jacob, se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab y destruirá a todos los hijos de Set. Será tomada Edom, será también tomada Seir por sus enemigos, Israel realizará grandes prodigios. De Jacob saldrá el vencedor y destruirá lo que quede de la ciudad"

¿Se ha preguntado Ud. alguna vez dónde aprendieron los magos que debían buscar una estrella? ¿Cómo asociaban ellos una estrella en el cielo con un rey nacido en Israel? ¿Por qué harían un viaje tan largo?

Bueno, es que en el oriente conocían a Balaam y a su profecía, pronunciada unos 1.500 años antes. Por eso mismo vinieron hasta Jerusalén preguntando dónde había nacido el rey de los judíos. Cuando vieron una estrella extraordinaria en el oriente, recordaron aquellas palabras de Balaam: Saldrá estrella de Jacob, se levantará cetro de Israel, y se dirigieron hacia Jerusalén para adorarle, y preguntaron, según Mateo 2:2; ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo. Parece que los magos ya habían estado buscando esa estrella en aquellos tiempos, y si añadimos a estos versículos la profecía de Daniel, quien también profetizó en el oriente, y que aclara el tiempo aproximado en que la estrella aparecería, parece comprensible que se hubiesen trasladado a Jerusalén.

Un detalle digno de destacar es que Israel, el pueblo que tuvo el Antiguo Testamento, con todas las profecías de la venida de Cristo, no le estaba esperando, con la excepción de una muy pequeña minoría, a la cual pertenecían Simeón y Ana. Cuando este numeroso grupo de sabios, probablemente unos 300, más que de los 3 que señala la tradición, convergieron sobre Jerusalén, causaron un revuelo en toda la ciudad, que llegó hasta el rey Herodes. Su llegada añadió una dimensión emocionante a la historia del nacimiento de Jesús. Y resulta interesante que esa expectativa se remontase a un personaje como Balaam.

En los versículos finales del capítulo 24 puede verse que Balaam profetiza en cuanto a la destrucción de naciones que se encuentran alrededor de Israel: Amalec, los ceneos (o descendientes de Caín), Asiria y Heber. Y esto por supuesto, tampoco satisfizo al rey Balac.

Leamos ahora el versículo 25:

"Entonces se levantó Balaam y se fue de regreso a su lugar, y también Balac se fue por su camino."

Esta es una declaración bastante extraña en cuanto a Balaam. Se levantó y se fue de regreso a su lugar. Solo hay otro hombre en la Biblia de quien se dice que se fue a su propio lugar, y ese hombre era Judas (Hechos 1:25). Las Escrituras parecen guardar bastante silencio sobre el resto de la vida de Balaam. Lo único que sabemos es que, según el capítulo 31 de Números, versículo 8, a Balaam le mataron en una batalla con los reyes de Madián. Allí dice: ". . . también mataron a espada a Balaam hijo de Beor mataron a espada." Mataron, pues, a Balaam quien, como Judas, se fue a su propio lugar. En nuestro próximo programa continuaremos hablando sobre Balaam. Finalizamos hoy con una reflexión. Hemos citado los escritos de San Pablo que declaran enfáticamente que nadie condenará a aquellos a quienes Dios ha justificado. Y le recordamos, estimado oyente, las siguientes palabras de Jesucristo en el Evangelio de Juan 5:24: El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida.

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