Estudio bíblico de Génesis

Predicación escrita y en audio de Génesis 14:12-15:6

Génesis 14:12-15:6

Terminábamos nuestro programa anterior considerando el momento cuando Abraham le dio a Lot la posibilidad de elegir tierras donde establecerse. Este eligió la tierra que le pareció más bella y fértil. En contraste con Abraham, Lot careció de motivación para elegir según los propósitos de Dios y realizó una elección equivocada que le llevó a un territorio habitado por pueblos de gente perversa y corrupta. Estos pueblos fueron atacados y derrotados por lo que, al habitar Lot entre ellos, tuvo que compartir su desgracia. Dice el versículo 12:

"Y tomaron también a Lot, sobrino de Abraham, con todas sus posesiones, pues él habitaba en Sodoma, y partieron."

Es así que Lot, habitante de Sodoma fue llevado cautivo. Esta guerra referida en los versículos anteriores fue registrada en la Biblia para contarnos las acciones de Abraham en relación con su sobrino. Vamos, pues, a ver como

Abraham liberó a Lot

Leamos el versículo 13:

"Y uno de los que se escaparon vino y se lo hizo saber a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Manre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, y éstos eran aliados de Abraham."

Cuando los reyes del este abandonaron la zona de Sodoma y Gomorra llevándose a sus prisioneros, se dirigieron hacia el norte, a lo largo de la orilla occidental del Mar Muerto, que no estaba demasiado lejos de Hebrón y de Manre, donde residía Abraham. Desde aquel lugar podía contemplarse un panorama amplio, incluyendo todo movimiento de gente en dirección al Mar Muerto. Así que cuando Abraham se enteró de lo sucedido se puso inmediatamente en marcha para perseguir al enemigo que se dirigía al norte.

Aquí se nos habla de los aliados de Abraham, que eran hombres que vivían con él preparados para hacer frente a un enemigo común. Dice el versículo 14.

"Al oír Abram que su pariente había sido llevado cautivo, movilizó a sus hombres adiestrados nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y salió en su persecución hasta Dan."

Esta descripción sorprendente nos revela la extensión de las posesiones de Abraham y la cantidad de sirvientes que tenía el patriarca. En su residencia familiar podía disponer de 318 hombres armados. No sabemos cuántos más habrá tenido que no pudiesen manejar sus armas. Entre ellos habría que calcular las mujeres, los niños y las personas de edad avanzada. El elevado número de trabajadores nos indica la magnitud de aquella empresa del patriarca, dedicada a la cría de ganado vacuno y de ovejas. Fue así que el grupo armado avanzó hacia Dan, es decir, en dirección al norte. Continuamos leyendo el versículo 15:

"Y por la noche, él, con sus siervos, organizó sus fuerzas contra ellos, y los derrotó y los persiguió hasta Hoba, que está al norte de Damasco."

Abraham continuó su persecución hacia el norte, en dirección a Damasco, un trayecto bastante largo. Aparentemente Abraham dividió a sus siervos en grupos. Un primer grupo, el que les perseguía, atacó probablemente la retaguardia del enemigo. El otro grupo se desplegó alrededor de los enemigos, y cuando éstos se volvieron para atacar al primer grupo de Abraham, el segundo grupo descendió sobre el adversario. El resultado fue una victoria para Abraham, quien pudo dispersar a sus enemigos, que huyeron a través del desierto, abandonando los prisioneros y el botín que habían capturado. Continúa diciendo el versículo 16:

"Y recobró todos sus bienes, también a su pariente Lot con sus posesiones, y también a las mujeres y a la gente."

Según este relato las mujeres y otras personas habían sido tomadas como esclavas. Como decíamos al principio, algunos no veían clara la inclusión de este capítulo, pero aquí vemos que encaja perfectamente como suceso importante en la vida de Abraham. Leamos el versículo 17:

"A su regreso después de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que estaban con él, salió a su encuentro el rey de Sodoma en el valle de Save, es decir, el valle del Rey."

El rey de Sodoma salió a recibir a Abraham. Pero alguien más iba también a venir a encontrarse con el patriarca y fue bueno que así ocurriese. Porque el rey de Sodoma iba a someter a Abraham a una grave tentación. Veamos que ocurrió, leyendo los versículos 18 y 19:

"Entonces Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; él era sacerdote del Dios Altísimo. Y lo bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra;"

Aquí es normal que surjan algunas preguntas. Por ejemplo, ¿de dónde vino este hombre llamado Melquisedec? Este personaje sale desde las páginas de la Biblia trayendo pan y vino, bendice a Abraham, y después se retira. Y eso es todo. Me pregunto de dónde vino, a dónde fue y de qué se ocupaba.

Se nos presenta como rey de Salem y como sacerdote del Dios Altísimo. Pero entonces surge otra pregunta, ¿Cómo conoció al "Dios Altísimo"? En alguna parte le habrá descubierto. El Elohim es el término hebreo para el Dios Altísimo, el Creador de los cielos y la tierra; en otras palabras, el Dios viviente, el Dios de Génesis capítulo 1, el Dios de Noé, el Dios de Enoc. No se habla aquí de una divinidad local sino del único y verdadero Dios. El profesor Leupold, en su comentario sobre el Génesis dice que ésta es "estrictamente una concepción monoteística." Y el Dr. Samuel M. Zwemer, en su obra "Orígenes de la Religión "revela que el monoteísmo surgió antes que el politeísmo. Dicho de otra manera, todos los seres humanos tienen un conocimiento del Dios vivo y verdadero. Esto nos recuerda las palabras del apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, capítulo 1:21;

"Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido."

Y el apóstol Pablo continuó diciendo que los hombres continuaron en su actitud hasta llegar al extremo que comenzaron a adorar a las criaturas más que al Creador.

Sin embargo, vemos que en los tiempos de Abraham, apareció un hombre que era sumo sacerdote para el mundo de aquella época y que tenía un conocimiento del Dios vivo y verdadero. Vino a Abraham trayéndole pan y vino, ¡precisamente, los elementos de la Cena del Señor! Me pregunto en qué pensaba Melquisedec, qué intención tenía y cuánto sabía.

Melquisedec es mencionado 3 veces en las Sagradas Escrituras. Además de este pasaje del Génesis, se le cita en el Salmo 110:4, que es un salmo profético de Jesucristo, con la siguiente frase: ". . . Tu eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec". Finalmente, se le menciona varias veces en el Nuevo Testamento, concretamente en la carta a los Hebreos. Y después de haber leído dicha carta, me explico por qué en el libro del Génesis, no se dice nada sobre su origen, ni de sus padres. Y esto resulta extraño porque el Libro del Génesis es el libro de las familias, donde se relata el principio de esas familias. Cada vez que se cita a un hombre que sea importante en la línea genealógica (como lo es Melquisedec), se mencionan quienes eran sus padres. Pero la genealogía de Melquisedec no aparece. El escritor de la carta a los Hebreos, que acabamos de citar, aclara que el motivo por el que no hay una relación del padre o la madre de este personaje, ni información sobre el principio o el final de su vida se debe a que el sacerdocio de Cristo, en su origen, era un sacerdocio como el de Melquisedec. En cuanto al servicio, es decir en lo que el Señor hizo con su propio sacrificio al entrar en el Lugar Santísimo (que es hoy el cielo), el sacerdocio de Cristo sigue el orden del sacerdote Aarón. Pero en Su persona, nuestro Señor no tuvo principio ni fin, por lo que su sacerdocio sigue el orden sacerdotal de Melquisedec. Como rey, Cristo es descendiente de Abraham, y del rey David, como nos lo explica el Evangelio según Mateo. Pero en el Evangelio según Juan, capítulo 1:1,14, leemos:

"En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. . . Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre,) lleno de gracia y de verdad."

En lo que se refiere a su creación, Jesucristo no tuvo un principio ni un fin para sus días, porque Él es el Dios eterno. El vino de la gloria del cielo, la Palabra se hizo carne, y nosotros contemplamos su gloria. Por todo ello, en el sacerdote Melquisedec encontramos una maravillosa figura de Jesucristo.

En este pasaje que estamos hoy estudiando, vemos que Melquisedec trajo a Abraham pan y vino. Comprendo por qué hizo esto. Me lo explica el apóstol Pablo en su carta a los Corintios, capítulo 11:26, que dice:

"Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que El venga."

¡En este notable episodio, Melquisedec estaba anticipando la muerte de Jesucristo!

En base a esto, bendijo a Abraham con aquellas palabras: "Bendito sea Abraham del Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra". Aquel hombre era el sumo sacerdote del mundo de aquella época. El Señor Jesucristo es el Sumo Sacerdote para el mundo actual. El Señor Jesús es sacerdote de acuerdo con el orden sacerdotal de Melquisedec, tal como es presentado aquí, en este pasaje. No según el sacerdocio de Aarón, porque Aarón era sacerdote solamente para el pueblo de Israel y solo para aquel tabernáculo. Leamos el versículo 20, que cierra este encuentro:

"Y bendito sea el Dios Altísimo que entregó a tus enemigos en tu mano y le dio Abram el diezmo de todo."

Abraham ofreció sus diezmos, es decir la décima parte del botín, a Melquisedec, anticipándose a las reglas que determinó Moisés más tarde, por indicación del Señor. Esta práctica sería incluso bastante común entre pueblos de la antigüedad como los sirios, fenicios, cartaginenses y otros. De esta manera Abraham estaba reconociendo, delante del rey de Sodoma y de los habitantes de esa región, el rol sacerdotal de Melquisedec y su plena sumisión a Dios. Pasemos ahora a otro incidente, leyendo el versículo 21;

"Y el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas y toma para ti los bienes."

Esta fue una verdadera tentación. De acuerdo con el Código de Hamurabi, ley de aquel tiempo, Abraham tenía todo el derecho a disponer del botín e incluso de las personas. El rey de Sodoma era astuto y malvado. Y si Abraham hubiese aceptado su propuesta, cuando la gente hubiera visto luego sus inmensas riquezas, atribuyéndolas a Dios, aquel rey podría haber presumido de haber sido él quien había enriquecido a Abraham. Sabiendo esto, Abraham rechazó la oferta, como dicen los versículos 22 al 24:

"Y Abram dijo al rey de Sodoma: He jurado al Señor, Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra, que no tomaré ni un hilo ni una correa de zapato, ni ninguna cosa tuya, para que no digas: Yo enriquecí a Abram. Nada tomare, excepto lo que los jóvenes han comido y la parte de los hombres que fueron conmigo: Aner, Escol y Mamre. Ellos tomarán su parte."

Abraham había recibido una saludable influencia durante el encuentro y la bendición recibida por Melquisedec, que fue una buena preparación para enfrentar la presión de una tentación. Si estamos dispuestos, Dios siempre nos preparará para el momento de la prueba o tentación. El apóstol Pablo, en su primera carta a los Corintios, capítulo 10:13, dice que Dios nunca permitirá que seamos tentados más allá de lo que podamos soportar. En un plano ya espiritual, si Abraham hubiera aceptado aquel botín de guerra o recompensa que le ofrecía el rey de Sodoma, hubiese sido como reconocer su sumisión ante aquel rey, lo cual era irreconciliable con su sumisión a Dios, manifestada con la ofrenda que había previamente entregado a Melquisedec. Solo aceptó la parte correspondiente a los gastos de los hombres que habían ido con él. Y fue así como venció la tentación y dio testimonio de su fe al rey de Sodoma.

Pasemos pues al

Capítulo 15

Tema: Dios se reveló a sí mismo como escudo y recompensa; la fe de Abraham; El pacto de Dios con Abraham.

Dios se reveló a sí mismo como escudo y recompensa

Llegamos, en este capítulo a uno de los puntos culminantes de la Biblia y en él, Dios renovaría sus maravillosas promesas a Abraham y, a pesar de la edad avanzada del patriarca, le anunció el nacimiento de un hijo. En este capítulo encontraremos también la predicción de la esclavitud del pueblo de Israel en Egipto. En una primera sección, oiremos acerca de la confirmación de las promesas relativas a su descendencia, a la gran nación que brotaría de Abraham. En nuestro programa de hoy cubriremos solo hasta el versículo 6. Leamos ahora el versículo 1:

"Después de estas cosas la palabra del Señor vino a Abram en visión, diciendo: No Temas, Abram, yo soy un escudo para ti; tú recompensa será muy grande."

Esta fue la cuarta vez que Dios apareció a Abraham. Dios estaba desarrollando a este hombre para llevarle a una experiencia más plena. Dios es siempre oportuno y se presentó ante él justamente después de que Abraham había dado un gran paso de fe al salir a rescatar a Lot, y al rechazar la recompensa que le había ofrecido el rey de Sodoma. Es bello ver como Dios se preocupó de manifestarle su cuidado y protección. Es como si hubiera querido explicarle a Abraham que su protección no provendría de aquel rey de Sodoma, Dios mismo sería su protector. Y su recompensa, no sería la de aquel rey, recompensa que acababa de rechazar. Dios mismo sería su recompensa. Es increíble lo que Dios puede hacer hoy con una persona que esté sencillamente dispuesta a creer en Él, y a esperar confiadamente en El.

Además de ser un hombre de oración, Abraham era un hombre práctico desprovisto de toda hipocresía religiosa y de la falsa piedad. Por ello, y al verse ya como un hombre anciano, se dispuso a exponer delante de Dios su deseo más íntimo. Leamos los versículos 2 y 3:

"Y Abram dijo: Oh Señor Dios, ¿qué me darás, puesto que yo estoy sin hijos, y el heredero de mi casa es Eliezer de Damasco? Dijo además Abram: He aquí, no me has dado descendencia, y uno nacido en mi casa es mi heredero."

Es como si Abraham le hubiese dicho: "No quiero más riquezas, no las necesito. No tengo hijos. El deseo de mi corazón es tener un hijo. Tú me has prometido convertirme en el padre de naciones, y que mi descendencia será tan incontable como la arena de la playa. ¡Pero ni siquiera tengo un hijo!

"Pero he aquí que la palabra del Señor vino a él, diciendo: Tu heredero no será éste, sino uno que saldrá de tus entrañas, él será tu heredero."

De acuerdo con la ley de aquella época, si Abraham no tuviese un hijo, Eliezer, su mayordomo y servidor principal, que tenía un hijo, a su tiempo sería el heredero. Este diálogo entre Dios y Abraham fue realmente especial. Abraham se sintió con entera libertad para hablar con Dios, para abrir sin temor su corazón delante de Él. Y Dios estaba allí, como un viejo amigo dispuesto a escucharle y consolar a alguien que confiaba realmente en El. Es así que, tomándole de la mano y, como dice el versículo 5,

"Lo llevó fuera, y le dijo: Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas. Y le dijo: Así será tu descendencia."

Aquella debió ser una noche maravillosa. Y ésta fue una gran promesa. Dios le había dicho anteriormente que su descendencia sería tan numerosa como la arena de la playa y ahora, que sería incontable como las estrellas del cielo.

Abraham tuvo, en efecto, dos clases de descendencia. Una fue la descendencia física, la nación de Israel, a través de Isaac, su hijo y la otra, la descendencia espiritual, que es la iglesia. ¿Y cómo se convierte la iglesia en la simiente espiritual? Por la fe. Como puede verse en la carta a los Gálatas (3:19) el apóstol Pablo les dijo que ellos eran hijos de Abraham por la fe en Jesucristo y así también, los creyentes de todas las épocas. Esta no es una línea natural de descendencia, sino espiritual.

Llegamos ahora a una de las más importantes declaraciones de la Biblia: leamos el versículo 6:

"Y Abram creyó en el Señor, y El se lo reconoció por justicia."

En nuestro próximo programa continuaremos examinando las grandes consecuencias de esta afirmación. Pero hoy quisiera terminar estableciendo un punto de partida. Lo que estas palabras significan es que, sencillamente, Dios le prometió algo a Abraham, le dijo que haría algo por él y él lo creyó. Esta es la manera en que tú te puedes salvar; creyendo que Dios ha hecho algo por ti, porque te ama. El envió a Jesucristo a este mundo. Jesucristo murió por ti y resucitó. Si tu, por la fe, lo aceptas y crees, Dios te declara justo, es decir, que eres salvo. Esto mismo es lo que afirma Jesucristo, en el Evangelio según Juan, capítulo 6:40,

"Esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna."

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