Estudio bíblico de Juan 6:1-21

Juan 6:1-21

Continuamos nuestro estudio en el evangelio según San Juan. Y llegamos hoy, al capítulo 6. Encontramos aquí la alimentación milagrosa de los cinco mil. Éste es el único milagro de Jesús que todos los cuatro evangelios relataron. En el evangelio según San Juan, como resultado de este milagro, nuestro Señor pronunció un discurso sobre el Pan de Vida. Este es el método que Juan empleó. Llamó a los milagros "señales", pues éstos indicaban que cumplían cierto propósito. Juan también escogió sólo ciertos milagros. Usted recordará que el autor dijo en 20:31: "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se ha escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre". Éste es un pasaje importante, porque expone la clave del Evangelio según San Juan. Bien, entremos entonces en nuestro estudio de este capítulo 6, que como dijimos incluye el cuarto milagro registrado por Juan o sea, la alimentación de los cinco mil. Leamos el primer versículo, que comienza el relato de

La alimentación de los cinco mil

"Después de esto, Jesús fue al otro lado del Mar de Galilea, el de Tiberias."

Ahora, después ¿de qué? Bueno, después de los sucesos registrados en el capítulo 5. Jesús había salido de Jerusalén, y al parecer había llegado al lado oriental del río Jordán. Cruzó el mar de Galilea y, aparentemente llegó a la región del norte. Esto ocurrió de seis meses a un año después de los eventos del capítulo 5 y, aproximadamente un año antes de Su crucifixión.

La manera en que podemos poner fecha a estos eventos, es siguiendo las fiestas que Juan mencionó. Como ya hemos dicho, Juan relacionó el Evangelio con un calendario y un mapa de la topografía de la tierra. De esa manera, Juan explicó que Jesús, el que vino de la gloria del cielo, el Verbo que fue hecho carne, el que habitó entre nosotros, caminó junto al mar de Galilea, y fue hasta Caná, a Nazaret, a Capernaúm, a Betsaida, a Jerusalén, a Decápolis, etc. Por eso leemos aquí, que Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea. Al parecer, Jesús había regresado a la tierra de Galilea porque en el capítulo 5 había estado en Jerusalén, entrando en la ciudad por la llamada puerta de las ovejas. Por tanto, hay cierto período de tiempo transcurrido hasta el capítulo 6, cuando Jesús fue al otro lado del mar de Galilea. Leamos ahora el versículo 2:

"Y lo seguía una gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos."

En verdad, esta gran multitud no creyó en Él como para recibir la salvación. No confiaba en Él. La gente tenía interés en Sus milagros y quería hacerle su Rey porque les había alimentado. Pero estimado oyente, la misión de Jesús no consistía en restaurar nuestro cuerpo físico. Porque Él quiere ser el Rey y Señor de nuestras vidas. Éste es el motivo por el cual Juan había dicho en el principio, que Jesús no tenía necesidad que nadie le informase sobre el ser humano, porque ya sabía lo que había en él. No se fiaba de la multitud en Jerusalén, ni tampoco de esta multitud que ahora se reunía alrededor de Él. Las personas acudían a Él por curiosidad, para ver los milagros que hacía. Leamos ahora el versículo 3:

"Entonces subió Jesús a un monte y se sentó allí con sus discípulos."

El lugar que se señala aquí, no es realmente lo que nosotros llamaríamos un monte. Es que en aquella tierra, mil metros es la altura máxima de los cerros, pero aún así son muy escarpados. El monte que hoy en día se muestra a los turistas, un lugar muy atractivo, por cierto, bien podría ser el monte mencionado en este versículo, donde Jesús alimentó a los cinco mil. Está situado cerca a la ciudad de Capernaúm. Pues bien, Jesús se subió a ese monte y se sentó allí con Sus discípulos. La Pascua estaba próxima. Pasemos ahora al versículo 5:

"Cuando alzó Jesús los ojos y vio que había venido a él una gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman estos?"

Felipe era muy tranquilo y nunca tenía mucho que decir y el Señor trató de hacerle hablar en esta ocasión. Usted observará que, según el versículo 8, al parecer, Felipe y Andrés estaban juntos. Andrés y Felipe evidentemente eran hombres muy activos, bastante ocupados, pero no solían hablar mucho y no oímos de ellos con frecuencia. Sin embargo, Andrés fue quien trajo a Simón Pedro al Señor, y más adelante veremos que los griegos se dirigirían a Felipe y a Andrés cuando quisieron ver a Jesús. En este pasaje, Felipe se reunió con Andrés para averiguar lo que debían hacer. Por tanto aquí, los hallamos juntos.

Ahora, ¿estaba el Señor pidiendo consejo? Debemos aclarar que Él nunca pidió consejo a nadie. ¿Por qué, entonces le hizo esta pregunta a Felipe? Leamos el versículo 6:

"Pero esto decía para probarlo, porque él sabía lo que iba a hacer."

Estaba poniendo a prueba a Felipe. De modo que Felipe contempló esa multitud formada por unos cinco mil hombres, además de las mujeres y los niños. Calculamos que deben haberse reunido allí, por lo menos, unas quince mil personas. Evidentemente, esa no era una multitud regular, especialmente en aquella tierra y en aquellos tiempos. Cuando Felipe la vio, de ninguna manera estaba pensando en un milagro. Dice el versículo 7:

"Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomara un poco."

¿Cómo es que Felipe llegó a calcular la cantidad de dinero de 200 denarios? Bueno, creemos que esa suma era todo lo que tenían en la tesorería en aquel entonces. Probablemente Judas había dado su informe de contable aquella mañana, y eso era todo lo que tenían. Felipe miró pues, a esa multitud, y luego pensó en lo que tenían en la bolsa o caja de la tesorería, y concluyó que doscientos denarios de pan, pues, no serían suficientes para que toda esa multitud comiera. Un denario equivalía, en aquella época, al salario de un día y aquellos doscientos denarios, pues, habrán tenido un valor aproximado de treinta o cuarenta dólares. Obviamente, no les era posible alimentar a quince mil personas con esa suma de dinero. Los otros evangelistas nos dicen que los discípulos trataron de aconsejar al Señor Jesús.

Le dijeron: "¿Por qué no despides a la multitud?" Pero nuestro Señor les respondió que no iba a hacerlo así, sino que pediría a la gente que se sentasen en grupos y entonces, les daría de comer. Usted puede leer este mismo incidente en el evangelio según San Lucas, capítulo 9. A estos mismos hombres que estaban en ese momento actuando como consejeros, luego les veremos desempeñando el papel de camareros, sirviendo a la multitud que, después de todo, era la función que les correspondía.

Por cierto, esto nos da la ocasión de decir que, con frecuencia, en círculos cristianos hay demasiadas personas que, como aquellos discípulos, anhelan ocupar una posición destacada o, simplemente, dar consejos a los demás. Carecen de un discernimiento espiritual adecuado y no son consciente de que son ellos, precisamente, los que debieran tomar la iniciativa en adoptar una posición de servicio, como testigos de Jesucristo, alimentando a las multitudes que tienen hambre.

En este caso, el Señor hizo que hablase Felipe, y Felipe opinó que no tenían suficiente dinero para comprar pan para toda esa multitud. Y como Felipe y Andrés estaban juntos, Andrés habló a continuación. Leamos el versículo 9:

"Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero ¿qué es esto para tantos?"

Andrés había estado caminando entre la multitud, evaluando la situación. Podemos ver allí a Andrés y a Felipe actuando juntos en este asunto. Felipe dijo que el dinero de la tesorería no era suficiente para alimentar a toda esa multitud. Andrés por su parte, dijo que todo lo que pudo encontrar fue un joven con cinco panes de cebada y dos pececillos. Ahora, recuerde usted que no se trata aquí, de las grandes barras de pan que se venden ahora en panaderías y supermercados. Eran más bien, como los panes pequeños que se usan para las hamburguesas, del tamaño adecuado para poner en su interior un pececillo. Eso era todo lo que el pobre Andrés había podido encontrar. Pero las perspectivas no eran muy esperanzadoras y dijo: "¿Qué es esto para tantos?" Ahora, leamos el versículo 10:

"Entonces Jesús dijo: Haced recostar a la gente. Había mucha hierba en aquel lugar, y se recostaron como en número de cinco mil hombres."

Ya dijimos anteriormente que habría reunidas allí unas 15.000 personas; esta cifra se obtiene al calcular una mujer y un niño por cada hombre. Ahora, el Señor Jesús alimentaría a la multitud. Y aquí hay algo que creemos es interesante destacar. Si uno tiene quince mil personas para darles de comer, esa es, verdaderamente, una gran responsabilidad. Si dispone de cinco panes y dos pececillos, más los doscientos denarios mencionados, éstos son realmente todos los recursos disponibles.

Si un comité asesor hubiera entregado un informe detallando los recursos y las responsabilidades, habría llegado a la conclusión de que no se podía hacer nada. Como usted ve, lo que les faltaba añadir a este cálculo, son lo que llamamos las matemáticas de un milagro. Les faltaba Jesús, es decir, que les faltaba todo.

Jesús les dijo, pues, que mandaran a los hombres que se sentaran. Ahora, el evangelista Marcos, enfatizó en su relato el hecho de que se sentaron por grupos. Es decir, los grupos de personas que habían venido de cierta región, se sentaron juntos. Puede que se hayan distinguido estos grupos, por sus vestidos de cierto color, que indicasen su región de precedencia. El caso es que todo lo que hizo nuestro Señor, fue hecho decentemente y con orden. Creemos que si hubiésemos estado sentados en la colina del lado opuesto a donde se encontraban estos grupos, habríamos visto desde la distancia un espectáculo maravilloso, parecido a un edredón de trozos multicolores. Continuemos leyendo ahora, los versículos 11 hasta el 13, de este capítulo 6 del evangelio según San Juan:

"Tomó Jesús aquellos panes y, después de dar gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; de igual manera hizo con los pescados, dándoles cuanto querían. Y cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido."

Un profesor universitario, de aquellos que no creen en todo lo que Dios ha dejado revelado aquí en la Biblia, trató de descartar este milagro, explicando que los discípulos previamente habían reunido estos panes y peces, y que los habían almacenado en una cueva, a fin de que el Señor Jesús retrocediese hasta ese lugar, donde los discípulos simplemente se los pasaban debajo de Su brazo, oculto bajo una túnica suelta. Esta acción habría sido algo así como un truco ingenioso. El único problema de esa explicación es que tal sisTema no habría funcionado. Necesitamos tener más fe para creer en esa supuesta explicación, que para aceptar los hechos, tal como realmente ocurrieron. En primer lugar, podríamos preguntarnos ¿dónde en aquella región encontrarían una panadería con capacidad para preparar tantos panes? Y, ¿dónde conseguirían tantos peces, en tan poco tiempo para esta ocasión? No tenemos indicio alguno de que Andrés y Pedro hubieran estado pescando. Esta "explicación" pues, es tan absurda como ridícula.

La explicación entonces, es que aquí ocurrió un milagro. Cuando usted incluye a Jesús en esto, y lo suma en la columna de los recursos disponibles, tiene más que lo suficiente. El hecho es que sobraron doce cestas de alimentos. Ahora, eso no quiere decir que eran migajas. Hay quienes creen que quizá, una persona mordía un bocadillo, y al ver otro más grande, ponía el primero a un lado, para coger el más grande. Y así los pedazos serían aquellos sobrantes que habían sido comidos parcialmente. Pero, eso no fue así. Había doce cestas de bocadillos que no habían sido tocados. Ahora, ¿sabe usted lo que eso significa? Significa que la multitud tomó todo lo que quiso comer. Y no nos olvidemos que muchas personas de aquella época sufrían hambre con frecuencia. Había muchos entre la multitud aquel día y en aquella tierra, que por primera vez en sus vidas, llenaron de veras sus estómagos. Realmente, cuando el Señor Jesús hace algo, lo hace bien. Continuemos entonces con los versículos 14 y 15:

"Entonces aquellos hombres, al ver la señal que Jesús había hecho, dijeron: Verdaderamente este es el Profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerlo rey, volvió a retirarse al monte él solo."

Vemos aquí, sin lugar a dudas, que estaban siguiendo a Jesús, porque hacía milagros. Y creemos que para poder salir de aquella multitud, Jesús hizo otro milagro. La razón por la cual se apartó de la multitud era porque querían hacerle Rey. Ahora, alguien dirá, bueno, "¿y acaso no es Rey?" Sí, es verdad que vino a este mundo como Rey. Eso es verdad. Pero esta no era el camino por el cual llegaría a ejercer su realeza.

Leamos ahora los versículos 16 hasta el 21, de este capítulo 6 del evangelio según San Juan, que relatan el episodio en que

Jesús caminó sobre el agua

"Al anochecer descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca iban cruzando el mar hacia Capernaúm. Ya había oscurecido, y Jesús todavía no había venido a ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. Cuando habían remado como unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero él les dijo: Yo soy; no temáis. Entonces ellos lo recibieron con gusto en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra a donde iban."

Los otros evangelistas nos dicen que Jesús hizo entrar a los discípulos en la barca para cruzar el mar, mientras que Él subía al monte para orar. Jesús estaba en las inmediaciones de los cerros de Golán, y éstos tienen unos mil metros de altura. Un viento de aquellos que comenzaba a soplar repentinamente, vino sobre el mar de Galilea. Esta fue una verdadera tempestad, que se desató cuando ya se habían internado unos 5 o 6 kilómetros en el mar y estaban a medio camino. Fue en medio del mar que vieron caminar a Jesús sobre el agua. Y tuvieron miedo, porque no le reconocieron.

Los críticos, así como trataron de explicar el milagro anterior, tratan de explicar este milagro, diciendo que la barca había permanecido en tierra, y que por lo tanto Jesús, en realidad, caminaba por la orilla, y que los discípulos creyeron que estaba caminando sobre el agua. Aquí debemos resaltar el hecho de que Juan había sido pescador en este mar de Galilea, lo conocía bien, e hizo mención específica de la posición en la cual se encontraban en el mar, a fin de que supiéramos que la barca con los discípulos no estaba en la orilla.

Ahora, Jesús vino hacia ellos en medio de la tempestad. Y así es como Él viene a los Suyos en la actualidad. Siempre se acerca a una persona, haciendo que Su presencia sea real en la hora de prueba y tristeza. No sabemos por qué a veces espera hasta la medianoche, hasta que las olas se agiten con más fuerza. Quizá sea porque éste es el único momento en que estamos dispuestos a escucharle. Es que cuando el temporal se abate contra nuestro pequeño bote, nuestros corazones se encuentran sensibilizados para recibir Su presencia.

Ahora, el versículo 21, concluye diciendo: "... la barca... llegó enseguida a la tierra donde iban". Éste pudo haber sido otro milagro, o quizás Juan haya querido decir que, sin demora alguna, llegaron al otro lado del mar, puesto que el agua ahora se había calmado. También es posible que éste sea el lenguaje de amor, tratando de expresar que con Jesús a bordo, el viaje hacia la otra orilla pareció corto.

Lo que queda claro es que Dios es puntual. Siempre llega a tiempo. Siempre aparece en el momento oportuno. Estimado oyente, a veces nos parece que Dios está ausente o que demora demasiado en llegar, Y, como los discípulos en aquella barca azotada por la tempestad, perdemos toda esperanza y el naufragio nos parece inminente. Pero la mirada de Jesús estaba sobre ellos. El Evangelista Marcos, al relatar este incidente, nos contó que Jesús, desde tierra, vio que remaban con dificultad porque tenían el viento en contra y entonces, se dirigió a su encuentro. Deseamos que el recuerdo de esta llegada providencial de Jesús a la barca sacudida por la fuerza de los elementos, le infunda a usted confianza y le permita sensibilizar su corazón para que, cuando Él se acerque, cuando aparezca en su vida, usted esté dispuesto a recibirle.

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