Estudio bíblico de Juan

Predicación escrita y en audio de Juan 15:2-8

Juan 15:2-8

Continuamos considerando hoy el versículo 2, de este capítulo 15 del evangelio según San Juan, donde el Señor Jesucristo dijo:

"Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto."

Decíamos en nuestro programa anterior, que las dos palabras en Mí, es decir, en Cristo o unido a Cristo, significan, estar salvado. Hay grandes palabras como propiciación, reconciliación, redención, pero estas abarcan aspectos particulares de la salvación. Todo el espectro de la salvación, se halla en la frase en Cristo. Y dijimos que hay sólo dos grupos de personas: los que están en Cristo, y aquellos que no están en Cristo. Ya hemos mencionado que uno llega a estar en Cristo, al confiar en Él como Salvador personal, llegando a ser así, un hijo de Dios, por la fe.

Un creyente es renacido por el Espíritu de Dios. Y luego el Espíritu mora en el creyente. Y el Espíritu Santo hace otra cosa: también bautiza o une a cada creyente en el cuerpo de Cristo, que es la iglesia. Todo pámpano en Mí, dijo el Señor. Ahora, señalamos que este pasaje fue dirigido a creyentes. Jesús no estaba hablando en cuanto a cómo una persona se salva. La verdad es que en este pasaje, no hablaba de la salvación. Estaba hablando sobre llevar fruto. Y dijimos que ésa era la próxima frase que deseábamos señalar.

Notamos que la palabra fruto, se menciona seis veces en los primeros diez versículos de este capítulo 15. Y al continuar nuestro estudio, notaremos que hay tres niveles de producción de fruto: fruto, más fruto, y mucho fruto. Así que el Tema aquí, evidentemente, es el de llevar fruto. El Señor dijo: "todo pámpano que en mi no lleva fruto, lo quitará". Ahora, ¿de dónde lo quitará? Lo quitará del lugar o de la posibilidad de llevar fruto. Y nos referimos ahora al versículo 6, para explicar esto. En el versículo 6, el Señor dijo:

"El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden."

Ahora, notamos que podría surgir la posibilidad de que alguien pensara que le fuera posible a uno, perder la salvación. Pero recordamos que este pasaje no está hablando en cuanto a la salvación, sino en cuanto a la producción de fruto, que es el resultado de la salvación. Luego hemos considerado cuál era ese fruto. Y dijimos que no creíamos que el fruto aquí, fuera el de ganar almas, como lo creen tantas personas. Creemos que eso es más bien, un resultado del fruto, pero no es el fruto mismo. El Señor se refirió más bien, al fruto del Espíritu. El apóstol Pablo, hablando en cuanto a esto dijo en su carta a los Gálatas 5:22 y 23: "Mas el fruto del Espíritu, es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza". Éste es el fruto en la vida del creyente. En nuestro programa anterior también destacamos que el permanecer unidos a Cristo produce una oración eficaz, un fruto perpetuo y una alegría celestial, como explican los versículos 7, 8 y 11. Ahora, éstos son los frutos que se mencionan aquí, y hemos leído los que fueron mencionados por Pablo, como el fruto del Espíritu. Ahora, si una persona tiene tal fruto en su vida, estará llevando a muchos hombres a la presencia de Dios, mediante el testimonio elocuente de su misma vida. Eso, por supuesto, hace que el ganar almas, sea una consecuencia del fruto. "Todo pámpano que en mí no lleva fruto, dice el Señor, lo quitará". Él quiere que llevemos fruto en nuestras vidas. Si un pámpano no lleva fruto, ¿cómo lo quitará? Una de las maneras de quitarlo, es quitando a tal persona del lugar en que pueda llevar fruto. Conocemos a muchos que han sido apartados hoy en día, de diversos ministerios, porque ya no eran efectivos para Dios. El quitar tal pámpano, no significa que éste pierde la salvación, sino que es apartado del lugar en que puede llevar fruto.

Ahora, a veces esta separación del lugar en que uno pueda dar fruto, ocurre mediante la muerte, es decir, la muerte física. Creemos que eso es lo que Juan quiso decir en su primera epístola 5:16, cuando dijo que "hay pecado de muerte". Un cristiano puede caer en pecado y continuar en ese pecado, hasta que Dios le quite por medio de la muerte, del lugar de llevar fruto. Ananías y Safira por ejemplo, fueron quitados de esa manera de la Iglesia primitiva, una iglesia que era santa, una iglesia que llevaba fruto. Dios no les permitió quedarse en aquella iglesia.

El Señor continuó diciendo: "Y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto". La palabra usada en griego es "kathairo" que significa limpiar. Y algunos consideran que esta limpieza se logra podando la vid con un cuchillo, y creemos que esto es correcto. Pero en verdad significa limpiar, en el sentido más amplio de la palabra.

No hay duda de que el Señor poda. Entra en nuestras vidas y quita de ellas aquellas cosas que le ofenden, y ese corte a veces duele. Quita aquellas cosas que nos estorban para poder llevar fruto.

Una de las razones por la cual tantos hijos de Dios sienten dolor por este método de cortar, de limpiar, es porque se han alejado mucho de Dios; están muy lejos de la comunión y el compañerismo con Él. Cuanto más cerca estemos de Dios, estimado oyente, tanto mejor será para nosotros, y sufriremos menos dolor. "Porque el Señor al que ama, disciplina" como dice el escritor a los Hebreos 12:6. Esta disciplina no es indicio alguno de que Él esté en contra de nosotros. Él está tratando de conseguir fruto de nuestras vidas. Pero nosotros tendemos a quejarnos y alejarnos de Él. Pero si nos acercamos a Él, no sufriremos tanto dolor cuando nos discipline.

En la región de Belén, dejan que la vid crezca en la tierra, sosteniéndola con una roca. Y como las uvas se ensucian y los insectos nocivos se pegan a ellas, tienen que lavar las uvas antes de que maduren. Pues bien, el Señor llega a nuestra vida, nos sostiene y nos lava, para que podamos producir más fruto. Ahora, ¿Cómo hace esto? Leamos el versículo 3 de este capítulo 15 de San Juan. Dijo el Señor:

"Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado."

Este poder limpiador de la Palabra de Dios es maravilloso. En el ámbito material oímos hablar mucho sobre la efectividad de los productos de limpieza, pero nunca hemos encontrado que en la realidad estos detergentes sean tan milagrosos como se pretende. Ahora, en el ámbito espiritual, el verdadero milagro purificador, estimado oyente, es el poder de limpieza de la Palabra de Dios.

En su primera carta, el apóstol Pedro dice en 1:22 y 23 "Al obedecer a la verdad, mediante el Espíritu, habéis purificado vuestras almas para el amor fraternal no fingido. Amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro, pues habéis renacido, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre."

En primer lugar, fuimos renacidos mediante la Palabra de Dios, y por tanto fuimos limpiados una vez y para siempre de nuestros pecados. Luego, en nuestro caminar aquí, es decir, al vivir, nos ensuciamos, y por tanto necesitamos la Palabra de Dios para limpiarnos continuamente. Ésta es una de las razones por las cuales es necesario estudiar la Biblia para ser limpiados. El Salmo 119, versículo 9, dice: "¿Con qué limpiará el joven su camino?", y responde, "Con guardar tu palabra".

Entre los cristianos, en la actualidad, hay quienes hacen poco caso de la Palabra de Dios, y dicen que no importa la clase de vida que vivan, con tal de que crean verdades fundamentales de la fe, como la salvación, mediante la gracia de Dios. Pero estimado oyente, Dios usa Su Palabra para revelarnos, cuándo no estamos viviendo según Su voluntad. Creemos que la prueba decisiva que revela si una persona es genuina en su relación con Dios, es si está estudiando la Palabra de Dios, y si está dejando que esa Palabra influencie su vida. Dios quiere que seamos obedientes a Su Palabra.

El versículo 67 del Salmo 119, dice: "Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; pero ahora guardo tu palabra."

Y más adelante en el versículo 71, del mismo Salmo 119, dice: "Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos."

Él nos limpia por medio de la Palabra de Dios. Estimado oyente, Él usa la aflicción para traernos a la Palabra de Dios, para que usted y yo le podamos ser útiles. No creemos que usted sea limpio ante Dios, si no se acerca a la Palabra de Dios, para estudiarla. Estimado oyente, necesitamos estudiar la Palabra de Dios y aplicarla a nuestras vidas. En el versículo 4 de ese capítulo 15 del evangelio según San Juan, el Señor dijo:

"Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí."

En nuestro programa anterior y en el repaso introductorio de hoy hemos destacado dos palabras o frases claves de este pasaje. La primera era "en Cristo" y la segunda "llevar fruto". Hemos llegado ahora a la tercera palabra que deseamos que usted subraye, y esa palabra es "permaneced". Permanecer en Cristo significa mantener comunión y compañerismo constante con Él, es decir, todo el tiempo. Acabamos de hablar del poder limpiador de la Palabra de Dios. Ésa es una parte del permanecer en Cristo. Debemos ser limpiados diariamente.

Hay una anécdota del famoso predicador Charles Spurgeon, según la cual, él se detuvo un día en medio de la calle, se quitó el sombrero y se puso a orar. Uno de sus colaboradores en la iglesia vio esto y le preguntó que si en verdad estaba orando allí, en medio del tráfico y la gente. El Sr. Spurgeon dijo que sí, que había orado. Dijo que una nube se había interpuesto entre él y su Señor, y que había querido quitarla en aquel mismo momento, y que por tanto se detuvo para confesar a Dios su mal pensamiento. Estimado oyente, debiéramos tener esta sensibilidad porque necesitamos estar limpios para poder permanecer. Necesitamos confesar nuestros pecados al Señor para poder permanecer en comunión permanente con Él. Y luego, para permanecer en ese compañerismo, debemos guardar Sus mandamientos. Leamos los versículos 10 y 14 de este capítulo 15, del evangelio de Juan.

"Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando."

Escuche lo que dice Jesús: "Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando". Necesitamos examinar nuestros corazones. Estimado oyente, ¿Está haciendo usted lo que Jesús mandó que hiciera? La obediencia es esencial para poder permanecer en comunión y compañerismo con Él. En el versículo 9 de este capítulo 15 de San Juan, el Señor dijo:

"Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor."

Permanecer, como dijimos antes, significa una comunión continua. Ésa es la relación de un pámpano con la vid. Si usted ha tenido la oportunidad de ver, no solo la vid sino también un árbol de naranja o de manzanas o de cualquier otra fruta, observaremos que las ramas están unidas al árbol con toda naturalidad y no podemos imaginarlas de otra manera. Simplemente permanecen tal como fueron creadas, unidas al árbol y llevando fruto. Pues bien, muchos cristianos creen que pueden vivir separados de Dios durante toda la semana y luego se presentan en la iglesia el domingo para intentar reiniciar por algunos momentos su relación de compañerismo con Dios por medio de la alabanza, el estudio de la Biblia y la meditación. Estimado oyente, debemos estar en comunión constante con Él. Permanecer, significa mantener un compañerismo constante en todo momento. Aunque uno se concentre en su actividad profesional, y en la vida de convivencia familiar y social, es posible mantener una actitud o disposición de dependencia de Dios, sabiendo que necesitamos su protección, fortaleza e inspiración. Ahora en el versículo 5 de este capítulo 15, del evangelio según San Juan, el Señor dijo:

"Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer."

Tenemos libre albedrío y podemos romper la comunión y el compañerismo con Dios, al permitir que el pecado entre y se quede en nuestra vida, al apartarnos de la voluntad de Dios, y al escoger dejarnos influenciar por la ideología mundana que se opone a Dios. Pero, Él quiere que permanezcamos en Él para que llevemos mucho fruto. Habrá observado usted, que aquí hay una similitud con la parábola del sembrador, en la que una parte de la semilla cayó en buena tierra; algunas espigas dieron treinta granos por semilla y eso lo calificamos como fruto. Otras espigas dieron sesenta granos por semilla y eso lo consideramos como más fruto. Y aún otras dieron cien granos por semilla, lo cual calificamos como mucho fruto. Dios quiere que llevemos mucho fruto. Leamos ahora el versículo 6, de este capítulo 15 de San Juan:

"El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden."

Vamos a decirlo una vez más. Este pasaje está hablando en cuanto a llevar fruto, que es el resultado de nuestra salvación. No está hablando en cuanto a cómo somos salvados. El apóstol Pablo usó otra ilustración para este mismo Tema en su primera carta a los Corintios 3:11-14, donde dijo: "Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Si alguien edifica sobre este fundamento con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la pondrá al descubierto, pues por el fuego será revelada. La obra de cada uno, sea la que sea, el fuego la probará. Si permanece la obra de alguno que sobreedificó, él recibirá recompensa."

Esta cita habla sólo de las obras de los creyentes, del fruto en la vida de un creyente. Antes de pasar por el fuego, los materiales no se pueden distinguir. Sin embargo, el fuego revelará su verdadera naturaleza. El fuego purificará el oro, la plata y las piedras preciosas, y removerá la escoria. La madera, el heno y la hojarasca se quemarán. Este es el mismo Tema que el de nuestro versículo 6, que dice que las obras son echadas en el fuego y arden. "Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, dijo el apóstol Pablo, recibirá recompensa."

Creemos que recibiremos del Señor la recompensa por el fruto en nuestras vidas. Nosotros no producimos el fruto: Él es el que lo produce, cuando permanecemos unidos a Él.

Una rama que no esté permaneciendo en Cristo será echada fuera y se secará como los sarmientos que se recogen y se queman en el fuego. Esto ha sido ampliado por el apóstol Pablo en 1 Corintios 3:15, que dice: "Si la obra de alguno se quema, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego". Creemos que habrá personas en el cielo que estarán allí como brasas sacadas del fuego, aunque no perderán su salvación.

Creemos que una de las cosas más tristes en nuestros días, es que el cristiano ordinario cree que la vida cristiana normal, es una vida de fracasos. Cree que llevar mucho fruto está fuera de toda consideración y, resignado, está dispuesto a vivir a un nivel espiritual bastante bajo, esperando llevar simplemente, un poco de fruto. Recuerde estimado oyente, que el Señor quiere que llevemos mucho fruto. Leamos ahora los versículos 7 y 8 de este capítulo 15 del evangelio según San Juan:

"Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos."

Ésta es una maravillosa promesa para la oración. Pero observe usted la condición: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros". Esto significa ser obedientes al Señor. Eso es permanecer. En ése caso, nuestra oración será eficaz. Ahora, el propósito final del permanecer y del orar, es que Dios reciba la gloria. Esto elimina la oración que se eleva con motivos egoístas. Se trata del llevar fruto. Y Dios recibe la gloria cuando producimos ese fruto en nuestra vida, en nuestro carácter, ese fruto agradable para Dios y las personas que nos rodean.

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