Estudio bíblico de Juan 15:9-16:7

Juan 15:9-16:7

Seguimos hoy considerando el discurso de Jesús aquí en el capítulo 15 del evangelio según San Juan, y continuaremos hoy leyendo los versículos 9 hasta el 11:

"Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea completo."

El Señor quiere que seamos felices y disfrutemos de la vida. Uno de los frutos del Espíritu es experimentar alegría en la vida. Algunos erróneamente identifican la devoción y la piedad con una expresión adusta en sus rostros. Un cristiano que lleva fruto contagiará su buen humor y tendrá una actitud positiva ante la vida. Se gozará al estudiar la Biblia y al servir al Señor.

Leamos ahora el versículo 12 de este capítulo 15 de Juan:

"Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado."

Cristo estaba hablando aquí, en este discurso, a creyentes. Es triste ver la crítica y los ataques personales. El Espíritu de Dios no actúa en tal situación. Es muy posible que uno tenga mucha enseñanza bíblica, y aun sea capaz de rechazar este mandamiento de nuestro Señor. Amar como Él nos ha amado, es amar en el nivel más elevado. Sólo el Espíritu de Dios puede producir tal amor en nuestras vidas. Continuemos con los versículos 13 y 14:

"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando."

Allí está la prueba. La vida cristiana no es un asunto que queda a merced de la ventura, en que uno meramente se deja llevar por las circunstancias que se vayan presentando. ¡No! La vida cristiana es seguir Sus instrucciones, y Sus instrucciones son muy claras. Si usted estimado oyente, las sigue, llevará fruto. Él entregó Su vida por nosotros; pero ahora nos pide que le obedezcamos. Jesucristo es nuestro amigo porque murió por nosotros. Y nosotros somos Sus amigos cuando obedecemos Sus mandamientos. No nos pide que muramos. Él ya hizo eso. Nos pide obedecer Sus mandamientos. Continuemos con los versículos 15 y 16 del capítulo 15 del Evangelio de Juan:

"Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, él os lo dé."

Somos los amigos de Jesús si hacemos lo que Él nos ha mandado. Nos dijo que nos había abierto Su corazón, revelándonos lo más íntimo de su Ser. Y Dios quiere revelarse a nosotros. Recuerde usted cómo se acercó a Abraham para revelarle Su plan, porque Abraham era su amigo. Jesús nos dijo que nos había revelado las cosas de Dios. Eso es lo que hace un amigo. ¿A cuántas personas puede usted ir para desahogarse, o revelar lo más íntimo de su ser? Una de las cosas que debe caracterizar a un creyente, es que otros puedan dirigirse a él para contarle los problemas, a fin de recibir comprensión, ayuda y aliento. Es así como debemos amarnos los unos a los otros.

Ahora, observe usted las palabras, "No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros". Muchos cristianos desalentados se han encomendado al Señor diciendo: "Tú me has llamado y me has elegido, y soy tu hijo."

Este pequeño grupo que estaba escuchando estas palabras de Jesús, se iba a dispersar dentro de unas horas. El Pastor sería crucificado y las ovejas se dispersarían. En tal hora, Jesús les dijo: "No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros.

El propósito de Dios es que produzcamos fruto, no simplemente un fruto pasajero, sino fruto que permanezca. Si vivimos de acuerdo con Su voluntad, si permanecemos, entonces, al orar podemos pedir en Su nombre. Las contestaciones a nuestras oraciones constituyen un buen barómetro para determinar nuestro nivel espiritual.

Llegamos ahora a la culminación de esta sección sobre el llevar fruto, y precisamente aquí, Jesús mencionó una vez más, que debíamos amarnos unos a otros. Leamos el versículo 17:

"Esto os mando: Que os améis unos a otros."

Ahora, ésta debe ser la relación normal entre los creyentes. Hay también una relación con el mundo, y después Jesús entró en ese Tema. Leamos los versículos 18 y 19 de este capítulo 15 de San Juan:

"Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os odia."

Ahora, fíjese usted lo que pasará. Si usted es un hijo de Dios, el mundo le aborrecerá. Creemos que la popularidad de un cristiano puede ser una indicación, de cómo representa él a Cristo ante el mundo. No creemos que un verdadero cristiano pueda ser realmente popular. Habría que tener cuidado con adoptar actitudes de compromiso para tener popularidad. Ningún cristiano tiene el derecho de ser más popular que Jesús. Y el mundo no amará al verdadero hijo de Dios.

Estimado oyente, el mundo le amará si usted acepta los planteamientos de ese sisTema opuesto a Dios. Pero si usted es un hijo de Dios y vive esa realidad con todas sus consecuencias, el mundo le aborrecerá. No se trata de que el cristiano se comporte de forma extraña, ni de que adopte actitudes piadosas. Esto es difícil de asimilar, especialmente para aquellos jóvenes que anhelen ser populares. Debemos hablarles claro y decirles lo que afirmó el Señor. No van a ser populares en el sisTema mundano si son hijos de Dios.

Continuemos leyendo los versículos 20 al 22, de ese capítulo 15 de San Juan:

"Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Pero todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado."

Estimado oyente, no trate usted de ser mayor que su Señor. El siervo no debe ser más popular que el Maestro. Simplemente continúe proclamando la Palabra de Dios. Los que se oponen o acosan al mensajero tienen dos problemas: no conocen a Dios, y el otro problema es que no quieren que sus pecados sean revelados. Jesucristo hizo brillar la luz del cielo en las almas de los seres humanos. Y cuando uno enciende la luz, pues, pasan muchas cosas: las ratas, las culebras y los lagartillos odian la luz y corren para ocultarse y odiarán también al que enciende la luz. Por cierto, Jesús dijo: "Sin causa me aborrecieron" Y no había causa para aborrecer a Jesús. La causa se encontraba en los corazones pecaminosos de los hombres. Continuemos ahora con el versículo 23. Dijo Jesús:

"El que me odia a mí, también a mi Padre odia."

Este es un versículo importante. El mundo no aborrecía la idea de Dios, en el sentido de considerarle alguien indefinido en la lejanía. Era a Cristo, al que aborrecían. Jesús dijo que cuando un hombre le aborrecía, odiaba también a Dios el Padre. Es posible que usted diga que cree en Dios, y que goce de popularidad. Pero, la prueba decisiva es su relación y su actitud hacia Jesucristo. Uno no puede ser popular y creer en el Señor Jesucristo que presenta la Biblia, porque es a Él a quien realmente aborrecen. Leamos ahora los versículos 24 y 25 de este capítulo 15 del evangelio según San Juan:

"Si yo no hubiera hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto, y me han odiado a mí y a mi Padre. Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su Ley: Sin causa me odian."

Alguien ha dicho: "Dios creó al hombre a Su imagen, y ahora el hombre está creando a Dios a su propia imagen". Ése es el tipo de Dios que los seres humanos quieren hoy en día. Y el tipo de Dios que creen que está gobernando el universo. Jesús citó aquí estas palabras como cumplimiento de los Salmos 35:19 y 69:4, cuando dijo que sin causa le aborrecieron. Aborrecieron a Jesucristo porque habían creado un falso dios que no era el Dios de la Biblia. Y leamos ahora los versículos finales, versículos 26 y 27 de este capítulo 15 de Juan:

"Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio."

El Espíritu Santo dio testimonio acerca de Cristo. ¿Es Jesucristo una realidad en su vida, estimado oyente? Si lo es, tal cosa es el resultado de la acción del Espíritu Santo. Una manera de saber si el Espíritu de Dios está actuando, es ver si Cristo esta recibiendo el honor y la gloria. Si el Señor Jesús no es una realidad como usted desearía que fuese en su vida, pídale entonces al Espíritu Santo que haga una obra en su corazón. Es que necesitamos la realidad de Cristo en nuestros corazones y en nuestras vidas.

Jesús les dijo a estos hombres, que darían testimonio acerca de Él, y ciertamente lo hicieron. Es el testimonio de Juan acerca del Señor Jesucristo, lo que estamos estudiando ahora mismo. A nadie le fue posible dar tal testimonio, sino sólo a los apóstoles, porque ellos habían estado con Jesús desde el principio.

Y así llegamos al final de nuestro estudio del capítulo 15 del evangelio según San Juan. Y pasamos ahora a

Juan 16:1-7

Este capítulo concluye el discurso del aposento alto. Aprendimos en el capítulo anterior que los Suyos debían amarse unos a otros. Y esto es para nosotros un verdadero reproche; es decir, el hecho de que Jesús tenga que mandarnos que hagamos esto. Y es también un reproche porque muestra que no somos tan atractivos como nos creemos que somos. Necesitamos la ayuda sobrenatural, para poder amarnos los unos a los otros. Luego nos dijo que debíamos identificarnos con Él, y esto daría por resultado que el mundo nos aborrecería. También les dijo a ellos que si Él no hubiera venido, no habrían conocido el pecado. Leímos esto en el versículo 22 del capítulo 15. Ahora, Jesús no quiso decir que ellos no habrían tenido sus propios pecados, sino que desde que Él había venido, sus pecados personales no se podían comparar con la inmensurable culpa de rechazar al Salvador del mundo, y al Señor de la Gloria.

Permítanos decirle lo siguiente, estimado oyente. No le es posible a usted decir que nunca ha oído hablar del Salvador. No olvide que rechazar al Señor Jesucristo, es el pecado más grande de todos.

En este capítulo 16 veremos que

Durante su ausencia, Jesús enviaría el Espíritu Santo

Y aún estaba hablando sobre el odio del mundo. Leamos pues, los primeros tres versículos de este capítulo 16 de Juan:

"Estas cosas os he hablado para que no tengáis tropiezo. Os expulsarán de las sinagogas, y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí."

El Señor no quería que los apóstoles se sintieran heridos y perdiesen la fe por lo que iba a ocurrirles. Es característico de los fundadores de organizaciones, y especialmente de las religiones, el intentar presentar un glorioso futuro para sus entidades. El método del mundo es enfatizar ante las personas los maravillosos beneficios que les esperan, y hacer poco caso de las dificultades, y restar importancia a las dificultades, desventajas, privaciones y sacrificios. ¡Cuán diferente fue nuestro Señor Jesucristo!

Aunque es verdad que en el capítulo 14 nuestro Señor nos dijo que iba a prepararnos lugar y que nos llevaría consigo, también dejó muy en claro, que si le vamos a seguir aquí, ello implicaría abandonarlo todo. Jesús dijo que las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero que Él no tenía donde reclinar Su cabeza. Dijo que si íbamos a seguirle, debíamos tomar nuestra cruz, no la cruz de Él, sino nuestra propia cruz. Es que si sufrimos aquí, reinaremos allá con Él en Sus moradas. Jesucristo fue despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, acostumbrado al sufrimiento. Dijo que Sus seguidores estarían en el mundo, pero no pertenecerían al mundo, y que el mundo les aborrecería. Dejó todo eso en claro. Nunca dijo que nos sería fácil seguirle aquí en la tierra.

Demasiadas veces, los que profesan ser cristianos, en lugar de declararse a favor de Cristo, salen al mundo jactándose de que van a convertirlo. Y no lo han ganado ya por 2.000 años. En sus intentos para lograr ganarlo, siempre han tratado de popularizar la religión, haciéndola más atractiva para la gente, difuminando sus verdades básicas y sus exigencias.

Permítanos decirle estimado oyente, que si usted se declara a favor de la Palabra de Dios, tendrá enemigos y estos le atacarán. No lanzan un ataque directo contra la Biblia, sino contra los que tratan de enseñar la Biblia.

Jesús amonestó pues a Sus discípulos en cuanto a todo esto. La palabra que utilizó fue "tropezar" o "ser escandalizados". Les advirtió de anTemano para fortalecerles en su fe e informarles de lo que les esperaba. Les amó hasta el fin y por eso les dijo que estaría con ellos, y que comprendía muy bien lo que les iba a suceder.

Él sabía que llegarían momentos cuando ellos serían avergonzados por causa de Él. Sabía que Pedro por ejemplo, iba a negar aquella misma noche que le conocía. Les dijo a Sus discípulos lo que sucedería, para alentarles y asegurarles que Él les sostendría en todo. Quería que aprendieran su responsabilidad para con Dios y que su fe no se debilitase por las palabras y acciones de los hombres contra ellos.

Cuando les dijo que serían expulsados de las sinagogas, les estaba advirtiendo en cuanto a algo muy serio, porque en aquel entonces, el ser excomulgado era lo peor que le podría suceder a un judío religioso. En otras palabras, estos hombres tendrían que pagar un alto precio, al declararse a favor del Señor Jesucristo. Los judíos religiosos les expulsarían. Y estimado oyente, una vez más deseamos hablar con toda franqueza. Si usted se declara a favor de Cristo Jesús, le costará algo.

Jesús determinó una vez más la causa del odio del mundo. Y dijo que no conocían al Padre y tampoco le conocían a Él. Es por ese mismo motivo que el mundo desprecia la Palabra de Dios. Es por eso que el mundo desprecia al verdadero creyente. Luego dijo aquí en el versículo 4 del capítulo 16 de Juan:

"Pero os he dicho estas cosas para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros."

Les estaba informando sobre lo que vendría, y les estaba preparando para ello. El Señor siempre nos prepara, estimado oyente. Y a través de los años hemos aprendido que este es el método de Dios. Hemos aprendido mediante la experiencia propia y observando a otros, que el Señor nos entrena y nos prepara para lo que nos queda por delante. Leamos ahora el versículo 5 de este capítulo 16 del evangelio según San Juan:

"Pero ahora voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas?."

Es verdad que Simón Pedro, aunque impulsivamente, le había preguntado a dónde iba. Y Jesús estaba diciendo entonces que ninguno de ellos había discernido en verdad, lo que iba a ocurrir. Ninguno de ellos le había preguntado inteligentemente, ni con percepción espiritual. Ahora, el versículo 6 de este capítulo 16 de Juan, dice:

"Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón."

Estos hombres se dejaron abrumar por completo por el hecho de que Él les iba a dejar. Y estimado oyente, eso es algo que los cristianos hoy en día, necesitamos evitar. Muchos cristianos dejan que una experiencia les amargue. Experimentan alguna decepción y quedan abrumados de tristeza y hasta se alejan de Dios. Hay quienes ni aun entrarían en una Iglesia porque están muy resentidos a causa de algún incidente del pasado. Otros que han perdido a un ser querido, están constantemente de luto. Eso no debiera ser así. No debemos dejarnos abrumar por la aflicción. Y en el versículo 7, el Señor continuó diciendo:

"Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré."

¿Por qué fue mejor que el Señor Jesús se fuera? Estimado oyente, nos es posible mencionarle algunos motivos, y estamos seguros que usted puede pensar en otros. Uno de los motivos es este: Su propósito en venir al mundo fue el de morir, como Él mismo lo expresó en Marcos 10:45, cuando dijo: "Porque el hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos". Cuando esto ocurrió, entonces Él volvió al Padre porque había terminado la obra para la cual había sido enviado.

Ahora, hay otro motivo para que fuera preferible su partida. Cuando Él vino a esta tierra, se hizo hombre. Dios es Omnipresente, pero Jesús se limitó, asumiendo un cuerpo humano. Y eso quería decir que, por ejemplo, cuando Él estaba en Galilea, no le era posible estar en Betania al mismo tiempo. Recuerde que María y Marta, reconocieron esto, cuando dijeron que si hubiera estado allí con la familia, su hermano no habría muerto. En otras palabras, si el Señor Jesús estuviera hoy en el mundo en Su cuerpo humano, no le sería posible estar con usted y conmigo al mismo tiempo.

Por eso les dijo que les enviará al Espíritu. Y el Espíritu Santo está en todo lugar. Está hoy aquí mismo conmigo, tal como está con usted allí donde usted se encuentra. Jesús dijo que esta situación nos convenía. Si usted ha aceptado al Señor Jesucristo como Salvador, es un hijo de Dios. Y si no lo es, puede aceptarle ahora mismo, y entonces el Espíritu Santo, el persuasor, el dador y mantenedor de la fe, la esperanza, el gozo, la alabanza y el amor, el que santifica a los creyentes, el intercesor, el guiador, el maestro, el recordador, el sustentador, el ayudador, defensor, protector, el que produce fruto en nuestra vida y, también el consolador, este Espíritu Santo, entrará a morar en usted.

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