Estudio bíblico de Juan 18:29-19:16

Juan 18:29-19:16

En nuestro programa anterior iniciamos la consideración del juicio de Jesús ante Pilato. Vamos a comenzar, pues, nuestra lectura de hoy con los versículos 29 al 32 de este capítulo 18 de Juan:

"Entonces salió Pilato a donde ellos estaban, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado. Entonces les dijo Pilato: Tomadlo vosotros y juzgadlo según vuestra ley. Los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie. Dijeron esto para que se cumpliera la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir."

Pilato sospechó que había algo malo en este asunto y trató de desembarazarse del problema. Les dijo que juzgaran a Jesús ellos mismos. No podía comprender lo que estaba ocurriendo. El problema era que querían la pena de muerte y tenían que admitir que no tenían autoridad para imponerla. Es interesante que estos hombres tuvieron obligadamente que confesar esto, después de haber declarado tan arrogantemente en Juan 8:33 que "descendientes de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie."

Juan nos dijo que esto cumplió lo que Jesús había profetizado. Les había dicho a los discípulos que las autoridades religiosas judías le condenarían a muerte y que le entregarían a los no judíos (Marcos 10:33). Hacía unos meses que había predicho esto, y ahora estaba allí, habiendo sido conducido por los líderes religiosos que buscaban la sentencia de muerte ante Pilato, el representante de Roma, una nación no judía, Si los judíos hubieran detenido a Jesús y le hubieran condenado a muerte según la ley, le habrían apedreado. Lea nuevamente el Salmo 22 y observe si es que describe una muerte por lapidación o una muerte por crucifixión. Es obvio que describe una crucifixión con las manos y los pies horadados y la agonía de colgar en una cruz. Los únicos que llevaban a cabo la muerte por crucifixión eran los romanos. Jesús tuvo que ser entregado a los romanos para cumplir la profecía del Antiguo Testamento. Continuemos leyendo los versículos 33 al 35, de este capítulo 18 de Juan:

"Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo o te lo han dicho otros de mí? Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación y los principales sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?"

Pilato quedó en un principio sin saber qué decir. No podía creer que hubiera alguien que alegara ser el rey de los judíos, ni que ellos tuviesen la audacia de lanzar tal acusación. Pilato se encontró ante una situación difícil y quiso evadirse del problema. Y quiso ayudar a Jesús. Estaba dentro en la corte a solas con Jesús; los judíos esperaban fuera porque tenían escrúpulos en cuanto a contaminarse por entrar en la casa de un no judío. Pilato estaría feliz si Jesús simplemente dijera que no era un rey, y entonces Pilato se libraría de semejante situación. Porque, al fin y al cabo, ¿quién era juzgado? ¿Pilato, o Jesús? Leamos ahora el versículo 36:

"Respondió Jesús: Mi Reino no es de este mundo; si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí."

Jesús había apelado a la mente de Pilato. Le había hecho la pregunta lógica en cuanto al origen de su evidencia. Pilato se burló de aquello y dijo que eran los judíos los que habían lanzado la acusación. Entonces, Jesús apeló al corazón de este hombre. Jesús trataría con él, de hombre a hombre.

Observemos la frase "Mi reino no es de este mundo". Jesús no dijo que Su reino no estaría vigente algún día en este mundo, ya que Él reinará como Rey de reyes y Señor de señores, y "la tierra será llena del conocimiento del Señor, como las aguas cubren el mar" (Isaías 11:9). Pero Su reino no será de este mundo, es decir, que no pertenecerá a este sisTema mundial. No será una estructura de poder edificada sobre intereses políticos. No se establecerá por medios mundanos. Jesús no será elegido Rey por ninguna organización o partido. Su reino no será edificado sobre la guerra, la agitación social, el odio y el resentimiento. Pilato mismo era un político corrupto, que había comprado su puesto; era un instrumento a Roma. Odiaba a los judíos, pero tenía miedo de ofenderles, porque no quería perder su posición.

Pero Jesús no asumiría Su reino con maniobras políticas. Jesús había dicho que si Su reino fuese de este mundo, sus siervos lucharían por Él. Así que no ofrecería resistencia. Pedro había tratado de defenderle y Jesús le había mandado que envainase su espada. No estaba construyendo Su reino sobre el sisTema político vigente.

Y la iglesia tampoco podría edificar Su Reino de esa manera. La Biblia nos enseña claramente que, en esta época, Cristo está reuniendo un pueblo para Sí mismo (Hechos 15:14) Estos son la "ekklesia" o los convocados, la Iglesia. Son llamados del mundo para vivir en el mundo, pero no pertenecen al sisTema del mundo. Y llegará el tiempo cuando el Señor removerá completamente a la Iglesia del mundo. Luego, cuando Cristo venga en Su reino, ¡Él mismo lo establecerá! Leamos ahora el versículo 37, de este capítulo 18 de Juan:

"Le dijo entonces Pilato: Luego, ¿eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz."

Pilato estaba perplejo. Jesús estaba respondiendo a este hombre. Le decía que un elemento esencial de Su reino era la verdad. Escuchemos las palabras del Salmo 45:1-4, "Rebosa mi corazón palabra buena; dirijo al rey mi canto; mi lengua es pluma de escribiente muy diestro. Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se ha derramado en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre. Ciñe tu espada sobre el muslo, valiente, con tu gloria y majestad. En tu gloria sé prosperado; cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia. Tu diestra te enseñará cosas que asombran". Leamos ahora el versículo 38 de este capítulo 18 de Juan.

"Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito."

¿Era cínico Pilato? ¿Estaba simplemente perplejo? Estuvo en la presencia del Señor Jesús que era el camino, la verdad y la vida. Juan nos diría más tarde en su evangelio, que había escrito todas estas cosas para que creyésemos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Estimado oyente, ¿Ha buscado alguna vez la verdad? ¿Es Cristo la verdad para usted? ¿Ha descubierto la realidad en Él?

Pilato, pues, salió conduciendo a Jesús fuera y dijo a los judíos que no había hallado en Él ningún delito. Dicen los versículos 39 y 40:

"Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte a un preso en la Pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: ¡A éste no! ¡A Barrabás! - y Barrabás era ladrón -."

Pilato intentó desesperadamente evitar el tomar una decisión. Nunca imaginó que estas autoridades religiosas incitarían al pueblo que pidiera la libertad de Barrabás. Porque el contraste entre Jesús y Barrabás era demasiado grande. La Biblia deja en claro que Pilato estaba seguro de que Jesucristo era inocente. Veamos algunas citas al respecto:

"Porque sabía que por envidia le habían entregado." (Mateo 27:18)

"Inocente soy yo de la sangre de este justo." (Mateo 27:24)

"Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes" (Marcos.15:10)

"Les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús." (Lucas 23:20)

"Ningún delito digno de muerte he hallado en él." (Lucas 23.22)

"Yo no hallo en él ningún delito." (Juan 18:38)

"Desde entonces procuraba Pilato soltarle." (Juan 19:12)

"Pilato, ... éste había resuelto ponerle en libertad." (Hechos 3:13)

Como vemos, estos pasajes establecen con claridad que Pilato estaba seguro de que Jesús era inocente. Llegamos así a

Juan 19:1-16

Ahora, veremos un gran error judicial. Roma fue célebre por su justicia en todo el mundo. En todo escritorio oficial romano, había una pequeña figura de Jano, el dios con dos cabezas. Una cabeza miraba hacia adelante y la hacia atrás. Es de esta palabra que derivamos el nombre de Enero, el mes que mira hacia atrás, al año viejo y que mira hacia adelante, al año nuevo. Jano debía recordar al juez que mirara los dos lados o aspectos del punto en cuestión.

Roma gobernó el mundo por casi mil años. Cuando conquistaba un pueblo, Roma prometía que le daría buenas carreteras, la ley y el orden, la protección y la paz; pero la vida continuaba bajo una dictadura. Roma gobernó con mano férrea. En los tribunales romanos, el inocente recibió justicia y el culpable también: y el culpable no recibió misericordia, sino justicia. Lo interesante en todo esto es que el juicio de Jesús fue una de las farsas más grandes de la justicia de aquella época.

Leamos ahora los versículos 1 al 3 de este capítulo 19 de Juan, que comienzan el párrafo titulado

La muerte de Jesús en el Gólgota

"Así que tomó entonces Pilato a Jesús y lo azotó. Los soldados entretejieron una corona de espinas y la pusieron sobre su cabeza, y lo vistieron con un manto de púrpura, y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban bofetadas."

Si Jesús era inocente, debía haber sido puesto en libertad. Si era culpable de la acusación presentada contra Él, debía ser crucificado. Azotar a Jesús era enteramente ilegal. Pilato lo hizo porque creyó que esto aplacaría a los judíos.

Los soldados aprovecharon la ocasión para divertirse con Él antes de que fuera crucificado. Cuando dice aquí que "le daban bofetadas", significa que jugaron con Él un cruel juego romano. Porque les estaba permitido mutilarlo y hacer lo que les diera la gana. Todos los soldados le mostraban al prisionero los puños. Luego, le vendaban los ojos y todos menos uno le golpeaban tan duramente como podían. Luego le quitaban la venda y si el prisionero aun estaba consciente, tenía que adivinar qué soldado no le había golpeado; obviamente, nunca podía acertar qué soldado se había abstenido de golpearle. Y así seguían con su juego, golpeando al prisionero. Creemos que el Señor Jesús fue tan golpeado, que quedó prácticamente irreconocible. En este sentido, recordamos lo que dijo el profeta Isaías en 52:14: "Como se asombraron de ti muchos (pues de tal manera estaba desfigurada su apariencia) Continuemos leyendo los versículos 4 y 5:

"Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera para que entendáis que ningún delito hallo en él. Y salió Jesús llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!"

Creemos que si usted hubiera visto a Jesús, le habría partido el corazón. Había sido golpeado hasta poner en riesgo Su vida. Realmente Su aspecto no debió parecerse a cómo le representaron los artistas en sus cuadros.

"¡He aquí el hombre!", fue la frase de Pilato. Si usted solamente puede decir esto, como Pilato, es que no ha visto ni conocido a Jesús en absoluto. El era más que un hombre. Era el Hijo de Dios. Era el Salvador del mundo. Juan escribió estas cosas para que creamos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengamos vida en Su nombre. Leamos también el versículo 6 de este capítulo 19 de Juan:

"Cuando lo vieron los principales sacerdotes y los guardias, dieron voces diciendo: ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! Pilato les dijo: Tomadlo vosotros y crucificadlo, porque yo no hallo delito en él."

Es posible que fuera en ese momento, que Pilato pidió agua para lavarse las manos. El agua pudo lavar sus manos, pero no pudo limpiar la culpa de su corazón. Porque el credo más antiguo de la iglesia afirmó que Jesús fue crucificado bajo Poncio Pilato. Los versículos 7 al 11 añaden:

"Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley y, según nuestra ley, debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo. Entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Pero Jesús no le respondió. Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte y autoridad para soltarte? Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí si no te fuera dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene."

Vemos que Pilato aún no estaba satisfecho y le llevó dentro nuevamente para continuar interrogándole. Hubo diferencias de pecado y de juicio en la conducta de aquellos hombres. Aquellos que entregaron a Jesús a Pilato, tenían el mayor pecado, porque tenían más conocimiento del que tenía Pilato. Ahora, eso, por supuesto, no exoneró a Pilato de ninguna manera. Él era culpable. Dice el versículo 12:

"Desde entonces procuraba Pilato soltarlo, pero los judíos daban voces diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone."

De allí en adelante, Pilato procuró soltarle. No porque creyó en Él, sino porque sabía que el Señor Jesús era un hombre inocente. Jesús estaba en manos de un político corrupto, y no bajo el control de un verdadero juez romano, como Pilato debía haber sido. Los dirigentes judíos estaban dispuestos a acusar a Pilato ante Roma de permitir la subversión. Y Pilato no quería cargar con la acusación de traición, así que dejó que su posición política tuviese prioridad sobre la justicia. Dice el versículo 13:

"Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado El Enlosado, en hebreo, Gábata."

El Enlosado era el Litóstrotos. Era el lugar de la justicia romana. Julio César siempre llevaba uno móvil consigo para que, a donde quiera que fuera, el Litóstrotos fuera levantado, y allí pronunciara su juicio. Y Gábata era un lugar en Jerusalén, que creemos puede identificarse con exactitud. Queda a unos pocos metros por debajo del nivel actual de la calle Ecce Homo. Allí están unas piedras deterioradas, que podrían ser el Enlosado o Gábata. A continuación, leamos los versículos 14 y 15 de este capítulo 19 de Juan:

"Era la preparación de la Pascua y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡Aquí tenéis a vuestro Rey! Pero ellos gritaron: ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!

Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: ¡No tenemos más rey que César!"

Observemos la dignidad del Señor Jesús durante todo este proceso. Parecía como si no le estuvieran juzgando a Él. Pilato fue obligado a hacer una elección. ¿Sería Jesucristo, o César? Las autoridades religiosas fueron obligadas también a elegir. ¿Elegirían a Jesucristo o al César? Así que hicieron su terrible elección, exclamando "¡No tenemos más rey que César!" El día vendrá cuando tendrán que realizar otra elección, entre Jesucristo o el anticristo. Estimado oyente, escuche: cada ser humano tiene que hacer su elección frente a Jesucristo. Jesús dijo (en Mateo 12:30): "El que no está conmigo, está contra mí". En el momento en que usted hace una decisión contra Cristo, hace su decisión a favor de todo lo que el César representa en la actualidad, es decir, a favor de la idolatría que reclame todo poder que se oponga a Dios. Leamos ahora el versículo 16:

"Así que entonces lo entregó a ellos para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús y se lo llevaron."

Hablamos tanto acerca de la muerte y la resurrección de Jesucristo, que llega a ser cosa trillada para el creyente ordinario. La crucifixión de Jesucristo fue uno de los momentos más viles e infames en toda la historia. Sin embargo, significó nuestra redención. Podemos detenernos, y mirarla desde varios puntos de vista.

Desde el punto de vista de Dios, la cruz fue una propiciación. En el Antiguo testamento, en el propiciatorio o tapa del arca, Dios extendía Su misericordia sobre el pueblo. La cruz fue el lugar donde fue hecha la completa satisfacción, a fin de que un Dios santo y justo pudiera mostrarse propicio o favorable a los pecadores, para salvarles. El trono de Dios, el lugar de juicio, se transformó en el lugar de misericordia, donde usted y cada uno de nosotros hallamos misericordia, en lugar del juicio que merecemos. Jesucristo llevó nuestra culpa y la justicia de Dios quedó satisfecha.

Desde el punto de vista del Señor Jesús, fue un sacrificio. Él fue el Salvador, y se convirtió Él mismo en una ofrenda por el pecado. Como algunas ofrendas del Antiguo Testamento, fue una ofrenda de aroma agradable para Dios. También fue para Él un acto de obediencia. San Pablo dijo en Filipenses 2:8 que Jesús se hizo obediente hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz.

Desde el punto de vista suyo y mío, como creyentes en Cristo Jesús, fue una sustitución. Él ocupó mi lugar y el suyo, estimado oyente. Él fue el que no tenía pecado sufriendo en lugar del pecador, por el injusto. Como dijo el apóstol Pedro en su primera carta 2:24, Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia.

Desde el punto de vista de Satanás, fue un triunfo, y también una derrota. Fue un triunfo para Satanás herir el talón de la simiente de la mujer, es decir a Cristo, como había sido predicho en Génesis 3:14. Y una derrota, porque esa profecía se cumplirá con un golpe fatal en la cabeza de la serpiente. Como dijo Hebreos 2:14, porque Jesús con su muerte derrotaría al que tenía el imperio de la muerte.

Y desde el punto de vista del mundo, la cruz no fue más que un asesinato brutal e injusto, el de Jesús de Nazareth, como ser humano.

Y dejamos esta escena en que le llevaron para crucificarle. Como dijo el Salmo 94:21, se juntaron contra la vida del justo y condenaron la sangre inocente. Pero, ya que hemos contemplado la muerte de Jesucristo en la cruz desde varios puntos de vista, sólo nos resta decir, al concluir, que falta un punto de vista por considerar. Y se trata del suyo, estimado oyente. ¿Qué representa aquel sacrificio para usted?

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