Estudio bíblico de Deuteronomio 4:24-5:21

Deuteronomio 4:24-5:21

Continuamos considerando hoy los resultados de la obediencia y la desobediencia en la nación de Israel, aquí en este capítulo 4 de Deuteronomio. Y comenzaremos leyendo los versículos 24 al 27:

"Porque el Señor, tu Dios, es fuego consumidor, Dios celoso. Cuando hayáis engendrado hijos y nietos, y hayáis envejecido en la tierra, si os corrompéis y hacéis alguna escultura o imagen de cualquier cosa, y hacéis lo malo ante los ojos del Señor, vuestro Dios, para enojarlo, yo pongo hoy por testigos al cielo y a la tierra que pronto desapareceréis totalmente de la tierra que vais a tomar en posesión al pasar el Jordán. No estaréis en ella largos días sin que seáis destruidos. El Señor os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis sólo unos pocos entre las naciones a las cuales os llevará el Señor."

Aquella nación es, aún en la actualidad, un testimonio al mundo, aunque un testimonio de su desobediencia. Hoy en día, están dispersados por todo el mundo. ¿Por qué? Porque hicieron lo que Dios les prohibió que hicieran. Pero alguien dirá que están de vuelta en la tierra, y que ahora son una nación. Sí, pero tienen graves problemas ¿no es cierto? Cuando Dios les traiga nuevamente a la tierra, como Él ha predicho, no tendrán las dificultades que tienen hoy. La nación de Israel está aún bajo el juicio de Dios, porque ha vuelto la espalda a Dios. Y el juicio vendrá sobre cualquier nación que rechace a Dios. Leamos ahora los versículos 30 y 31 de este capítulo 4 de Deuteronomio:

"Cuando estés en angustia y te alcancen todas estas cosas, si en los últimos días te vuelves al Señor, tu Dios, y oyes su voz, porque Dios misericordioso es el Señor, tu Dios: No te dejará ni te destruirá ni se olvidará del pacto que juró a tus padres."

Ésta fue la primera mención de la gran tribulación que vendrá al final. La frase "en los postreros días" es un término técnico en el Antiguo Testamento y se refiere al período de la gran tribulación. Ahora, Dios puso una condición: "En aquellos postreros días" es decir, en la gran tribulación, si se vuelven a Dios y son obedientes a Su voz, Él cumplirá el pacto que hizo con sus antepasados y no les abandonará ni destruirá. Dice el versículo 31:

"porque Dios misericordioso es el Señor, tu Dios: No te dejará ni te destruirá ni se olvidará del pacto que juró a tus padres."

Ahora, observemos esto: ¿Acaso hace Dios esto porque es cruel? No. Dios es misericordioso y por ese motivo los israelitas no han sido consumidos.

Es por esa misma razón que usted y yo estimado oyente, no hemos sido consumidos. Si usted es salvo, no es por haber sido bondadoso y amable. Es por la misericordia de Dios que usted es salvo. Él es misericordioso con nosotros, así como lo ha sido con Israel.

Moisés continuó mostrándoles la evidencia de la gran misericordia de Dios para con ellos. Continuemos leyendo los versículos 33 y 34:

"¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios hablando de en medio del fuego, como tú la has oído, sin perecer? ¿O ha intentado Dios venir a tomar para sí una nación de en medio de otra nación, con pruebas, con señales, con milagros y con guerra, y mano poderosa y brazo extendido, y hechos aterradores, como todo lo que hizo con vosotros el Señor, vuestro Dios, en Egipto ante tus ojos?"

Dios hizo todas estas cosas ante la mirada de sus padres. Ahora, Dios no quería que ellos se olvidaran de ello. Dios había sido muy bondadoso para con ellos y quiso que lo recordaran. Pasemos ahora al versículo 37:

"Por cuanto él amó a tus padres, escogió a su descendencia después de ellos y te sacó de Egipto con su presencia y con su gran poder"

Dios lo hizo porque les amaba. Ésa era la explicación. No había nada bueno en ellos. En cambio, había mucha bondad en Dios.

Dios nos ama en la actualidad. Pero no nos salva por amor. Nos salva por gracia. Él no podía simplemente abrir la puerta de atrás del cielo, para dejarnos entrar sigilosamente. No podía ser justo y a la vez actuar de esa manera. Tenía que realizarse un sacrificio por nuestros pecados. El amor de Dios envió a Cristo a morir por nosotros, y Cristo nos amó lo suficiente como para morir, a fin de que usted y yo, estimado oyente, tuviéramos el perdón. "Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, -hizo eso- para que todo aquel - no importa quien sea - todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Ahora, los versículos 44 y 45, presentan la

Conclusión

Y resume bien el contenido de este capítulo 4. Dicen:

"Esta, pues, es la ley que Moisés puso delante de los hijos de Israel. Estos son los testimonios, los estatutos y los decretos que dictó Moisés a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto"

Y así concluimos nuestro estudio del capítulo 4 de Deuteronomio. Llegamos así a

Deuteronomio 5:1-21

Tema: la repetición de los Diez Mandamientos.

Éste fue el segundo discurso de Moisés. Consistió en una reiteración de la ley y el énfasis continuó siendo el amor y la obediencia. En los capítulos 5 al 7 hallaremos una repetición y una interpretación de los Diez Mandamientos. La generación que había oído la ley en el principio, allá en el monte Sinaí, ya había muerto. Esta nueva generación, los israelitas que iban a entrar en la tierra, necesitaban que se les repitiera la ley, y también que fuese interpretada para ellos. Moisés pues, la interpretó a la luz de los 40 años de experiencia en el desierto.

Algunos dirán que ésta fue una duplicación del capítulo 20 de Éxodo. Bueno, fue casi una duplicación. Esto muestra que los Diez Mandamientos fueron lo suficientemente importantes como para repetirlos. Son leyes morales fundamentales. Comencemos pues leyendo el primer versículo de este capítulo 5 de Deuteronomio, que da comienzo al párrafo titulado

La repetición de los diez mandamientos

Aquí tiene usted los cuatro pasos importantes que debemos tener en cuenta en relación con la Palabra de Dios. El primero es oírla. El segundo es aprenderla, conocer lo que Dios está diciendo. El tercero es guardarla. Eso significa tenerla grabada en el corazón. Recordemos cómo David habló de esta realidad. Dijo en el Salmo 119:11: "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti". El cuarto paso es ejecutarla. No sólo debe estar en la cabeza y en el corazón, sino que también la Palabra de Dios debe llegar allí donde están los pies y las manos, transformándose en acción.

Permítanos decirle estimado oyente, que hay muchos que dicen que viven según los Diez Mandamientos y que éstos constituyen su religión. Es importante examinar a tales personas para descubrir lo que creen. Descubrirá usted que lo que realmente quieren decir es que están de acuerdo con ellos. Los han oído y creen que son buenos, pero ciertamente no los obedecen.

En realidad la ley es como una cuerda de plomada, que determina la verticalidad de una pared torcida. Es como un espejo colocado en frente del corazón. Es como el faro de un automóvil que ilumina el camino en las tinieblas y que revela las curvas que hay más adelante.

Dios expresó con toda claridad que Él no salva a los hombres por el hecho de guardar un código moral. No hay nada malo en un código moral. Pero sí hay algo radicalmente malo en nosotros. El apóstol Pablo declaró esto en su carta a los Gálatas 2.16, dijo: "sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado". Nadie es justificado por la ley. ¿Por qué no? Porque nadie puede hacer las obras de la ley.

Entonces, ¿para que sirve la ley? Preguntó el apóstol Pablo, en la misma carta a los Gálatas 3:19. Y respondió: "Fue dada después, para poner de manifiesto la desobediencia de los hombres, hasta que viniera aquella descendencia a quien se le había hecho la promesa. La ley fue proclamada por medio de ángeles, y Moisés actuó de intermediario. Es lógico preguntar cuál es el propósito de la ley. La respuesta es que fue añadida a causa de las transgresiones, hasta el tiempo en que viniera la simiente. Es decir, fue temporal hasta que viniera la simiente, que era Cristo. Y el apóstol Pablo añadió en los versículos 24 y 25 de la misma carta a los Gálatas, y también en el capítulo 3: "la ley, como el esclavo que vigila a los niños, nos acompañó hasta la venida de Cristo, para que por la fe alcanzásemos la justicia. Pero ahora que ha llegado la fe ya no estamos a cargo de aquel esclavo que era la ley. La ley pues, sirvió de ayo, como aquel esclavo que guiaba al niño por la mano, para traernos a la cruz, así como dicho esclavo llevaba al niño a la escuela. La ley pues nos trae a la cruz y dice: "Tú eres pecador y necesitas un Salvador". El propósito de la ley es, pues, revelarnos nuestra necesidad de un Salvador. La ley es buena, estimado oyente; no hay duda alguna al respecto. La ley revela la mente de Dios. Revela cuan lejos estamos usted y yo de la gloria de Dios. La ley revela que ". . .todos pecaron, y están lejos de la presencia gloriosa de Dios". Deje pues usted que esta ley le traiga a Cristo. Volviendo ahora al capítulo 5 de Deuteronomio que estamos estudiando, leamos los versículos 2 y 3:

"El Señor, nuestro Dios, hizo un pacto con nosotros en Horeb. No con nuestros padres hizo el Señor este pacto, sino con nosotros, todos los que estamos aquí hoy vivos."

Dios no dio la ley a los patriarcas. No la dio a los israelitas cuando estaban allá en Egipto. La ley no les fue dada hasta que estuvieron en el desierto, en Horeb, en el Monte Sinaí. La ley fue dada a la nación de Israel. Continuemos con los versículos 4 hasta el 7:

"Cara a cara habló el Señor con vosotros en el monte, de en medio del fuego. Yo estaba entonces entre el Señor y vosotros para comunicaros la palabra del Señor, porque vosotros tuvisteis temor del fuego y no subisteis al monte. Él dijo: Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí."

Es que cuando los israelitas vivían en Egipto, estaban rodeados de idolatría. Ahora bien, el primer pecado del hombre no fue el de convertirse en ateo. Su pecado fue el de convertirse en politeísta, es decir, que consistió en adorar a muchos dioses. Por ejemplo, en la torre de Babel construyeron un "zigurat", es decir, una torre. En la cúspide de la torre ofrecían sacrificios, aparentemente dedicados al sol. Parece que el sol y los planetas estaban entre los primeros objetos que los seres humanos adoraron cuando se alejaron de Dios. Después del diluvio, indudablemente no adoraron al trueno ni al relámpago porque les temían. Pero adoraron al sol, es decir, dedicaron su culto a las criaturas antes que al Creador. Por ello, fue pues al politeísta que Dios dijo: "No tendrás dioses ajenos delante de mí". No fue sino hasta el tiempo de David cuando se introdujo el ateísmo. Antes de esa época, los seres humanos estaban demasiado cerca del origen de la revelación como para ser ateos. La revelación de Dios estaba aún en su memoria y nadie negaba la existencia de Dios. En sus tiempos, David dijo en el Salmo 14:1: "Dice el necio en su corazón: No hay Dios". La palabra "necio" significa falto de razón. Un hombre que dice que no hay Dios es pues falto de razón, o no es sincero. Este primer mandamiento ni siquiera mencionó la incredulidad ante la existencia de Dios. El mandamiento dijo que no debían adorar a muchos dioses. Continuemos leyendo los versículos 8 al 10 de este capítulo 5 de Deuteronomio:

"No harás para ti escultura ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las servirás, porque yo soy el Señor, tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos."

Hay solamente dos tipos de personas en el mundo: los que aborrecen a Dios y los que le aman. Ahora, entró en detalles en cuanto al prohibir hacer imágenes de cualquier cosa que pudiera ser adorada. Más tarde Dios dijo: "Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas". El Señor Jesús dijo que éste era el gran mandamiento. En contraste con esta opción, está la gran cantidad de personas que aborrecen a Dios incluso en la actualidad.

Muchos dicen hoy que de ninguna manera adoran a algún ídolo. Pero el apóstol Pablo nos dijo en su carta a los Efesios 5:5, que la avaricia es idolatría. Cualquier cosa a la cual uno se entrega completamente, cualquier cosa que se interponga entre nosotros y Dios, se constituye en nuestro ídolo. Dirá usted que no tiene ningún ídolo. Pero cualquier persona o cosa que ocupe el primer lugar en su corazón, interponiéndose entre Dios y usted, se convierte en su ídolo. Leamos ahora el versículo 11:

"No tomarás el nombre del Señor, tu Dios, en vano, porque el Señor no considerará inocente al que tome su nombre en vano."

Recordemos que cuando el apóstol Pablo nos enseñó que todo el género humano es pecador, escribió lo siguiente en su carta a los Romanos 3:14: "Su boca está llena de maldición y de amargura". Todo lo que uno tiene que hacer es caminar por la calle hoy en día, o encontrarse en cualquier lugar público, y entonces escuchará cómo se expresan las personas mal habladas. Dios aborrece esa forma de hablar, y aborrece esos pensamientos sucios del corazón que, de esa manera, salen al exterior. Dios dice que Él no considerará inocente al que haga un mal uso de Su nombre.

Los tres primeros mandamientos eran negativos. Pero ahora llegamos a un mandamiento positivo. Leamos los versículos 12 hasta el 15 de este capítulo 5 de Deuteronomio:

"Guardarás el sábado para santificarlo, como el Señor, tu Dios, te ha mandado. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para el Señor, tu Dios. Ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que tu siervo y tu sierva puedan descansar como tú. Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que el Señor, tu Dios, te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido, por lo cual el Señor, tu Dios, te ha mandado que guardes el sábado."

Lo más interesante aquí es que todos los mandamientos se repiten en el Nuevo Testamento, con la excepción del mandamiento en cuanto al día de reposo. Ese mandamiento no fue dado a la Iglesia. La Iglesia siempre se ha reunido en el primer día de la semana, el día en que Cristo resucitó de los muertos. El día de reposo tiene una relación peculiar con la nación de Israel. En el libro de Éxodo, 31:13, Dios dijo: "Tú hablarás a los hijos de Israel, y les dirás: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es una señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy el Señor que os santifico, que os he escogido". Este día fue dado pues, como una señal especial a Israel.

Es interesante observar que en Éxodo capítulo 20, se les mandó a los israelitas que guardasen el día de reposo, porque en seis días Dios había creado los cielos y la tierra. Aquí en el Deuteronomio el día del reposo demostró la relación peculiar entre Dios y los israelitas. Y ¿por qué el israelita tenía que guardar el día del reposo? Porque había sido un esclavo en Egipto y Dios le había liberado con Su gran poder.

Estos mandamientos han tratado sobre los deberes para con Dios. Llegamos ahora a la sección que establece el deber para con el prójimo. Leamos el versículo 16:

"Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor, tu Dios, te ha mandado, para que sean prolongados tus días y para que te vaya bien sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da."

Creemos que este mandamiento tiene relación con el deber para con Dios y el hombre. El padre y la madre representan a Dios ante el niño, en los años de su desarrollo físico. El niño respeta al padre y a la madre, y así es como debe ser. Proverbios 5:18 nos dice: "Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no abandones la enseñanza de tu madre". Es que el padre y la madre ostentan la representación de Dios, cuando el niño es pequeño.

Ahora, al entrar en la tierra que Dios le había prometido, este pueblo debía honrar a sus padres y a sus madres. Estimado oyente, una nación que no cumpla este mandamiento, no será bendecida. Y esto mismo es un gran problema en la actualidad. Aunque nos damos cuenta perfectamente que no todos los padres y las madres son dignos de este respeto. Dios tiene algo que decirles a ellos también. El apóstol Pablo escribiendo en su carta a los Efesios 6:4 dijo: "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor". Ambos mandamientos debieran considerarse conjuntamente. Leamos ahora el versículo 17 de este capítulo 5 de Deuteronomio:

"No matarás."

La palabra para "matar" aquí es una palabra muy técnica y es "ratsach" y significa "asesinar". Esto es personal. Esta palabra contiene la idea de asesinato o muerte con premeditación, la idea de enojo, y de agravio personal. Esto no tiene nada que ver con la guerra. Leeremos más adelante que Dios les mandó a los israelitas que destruyesen a su enemigo en la tierra prometida. Este mandamiento no se aplica a un soldado bajo las órdenes recibidas durante una guerra. Continuemos ahora en este capítulo 5 de Deuteronomio y leamos el versículo 18:

"No cometerás adulterio."

Vivimos en una época en que a los seres humanos les agrada presumir de libertad sexual. Todo matiz a cualquier limitación a esta pretendida libertad, se considera una postura intolerante. Esto es evidente en la publicidad y en los medios de difusión. El mandamiento de Dios, estimado oyente, todavía es válido para el día de hoy. Este tipo de pecados degradan a la dignidad humana, a la convivencia social y a la institución familiar. Podríamos decir que constituyen otra forma de esclavitud. Leamos ahora el versículo 19:

"No hurtarás."

Es verdad que hay muchos que pueden decir que nunca han robado arrebatando cosas ajenas. Sin embargo, puede haber el deseo de robar en el corazón, y puede haber otras maneras menos evidentes de robar, incluso por omisión, ante el incumplimiento de ciertas leyes. Nuestro Señor enseñó que los pensamientos mismos del corazón son pecaminosos. El odio en el corazón hace que uno sea culpable de homicidio. Así como la lujuria en el corazón hace que uno sea culpable de adulterio. Continuemos con los versículos 20 y 21:

"No dirás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo."

El mandamiento contra la codicia enseña que es pecado simplemente desear con exceso alguna cosa que pertenece a otra persona.

Estas prohibiciones están basadas en un conocimiento perfecto de nuestra naturaleza humana. Y ésta sólo puede ser transformada por Dios, cuando una persona, reconociendo su condición, y que no puede alcanzar por sí misma la salvación, se deja alcanzar por la gracia de Dios revelada en Jesucristo. Estimado oyente, ¿ha experimentado usted esa regeneración?

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