Estudio bíblico de Deuteronomio 5:27-6:25

Deuteronomio 5:27-6:25

Continuamos considerando el segundo discurso de Moisés. La generación que había escuchado la lectura original de la ley en el Monte Sinaí, había muerto. En este discurso, Moisés reiteró e interpretó la ley a esta nueva generación que estaba dispuesta a entrar en la tierra prometida, a la luz de sus cuarenta años de experiencia en el desierto. Como leemos en los versículos 27 al 29, los jefes de las tribus y los ancianos dijeron a Moisés:

"Acércate tú, y oye todas las cosas que diga el Señor, nuestro Dios. Tú nos dirás todo lo que el Señor, nuestro Dios, te diga, y nosotros oiremos y obedeceremos. El Señor oyó vuestras palabras cuando me hablabais, y me dijo: He oído las palabras de este pueblo, lo que ellos te han dicho; bien está todo lo que han dicho. ¡Ojalá siempre tuvieran tal corazón, que me temieran y guardaran todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuera bien para siempre!"

El problema era que la nación había prometido obedecer la ley pero fracasó. Los israelitas estarían bajo condiciones favorables cuando vivieran en la tierra prometida. La ley había sido dada para aquella tierra y para aquella gente. Pero, no les fue posible guardar la ley, y eso nos debe servir de lección a nosotros. Así como a ellos no les fue posible guardarla, tampoco a nosotros nos es posible obedecerla.

La ley es un espejo colocado frente a nosotros y nos revelará a cada uno que somos pecadores. Las manchas se ven. El espejo físico revela que la cara está sucia, pero el espejo no va a hacer desaparecer las manchas. La ley puede revelarnos nuestro pecado, pero no puede salvarnos. Necesitamos usar el agua para lavarnos y quitarnos las manchas sucias. La ley es el espejo que le dice que hay que comenzar a lavarse, estimado oyente. Nos dice que vengamos a Cristo. Es la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, que nos lavará y que seguirá lavándonos de todo pecado. Hay una canción que expresa esta verdad elocuentemente y dice: "Hay un precioso manantial de sangre de Emmanuel, que purifica a todo aquel que se sumerge en él."

En verdad, lo importante no es si usted aprueba los Diez Mandamientos, o no, o qué piensa sobre ellos. Lo importante estimado oyente, es si los ha obedecido. Si usted es sincero, sabrá que no ha estado a la altura de esos principios. Eso significa que necesita de un Salvador. Dijo el profeta Isaías en 1:18, "Venid luego, dice el Señor, y estemos a cuenta; aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana". Cuando usted venga a Cristo, Él le perdonará y le limpiará de toda maldad. Luego usted quedará sin mancha delante de Él.

Llegamos así a

Deuteronomio 6 y 7

Tema: amar y obedecer

Estamos seguros de que se ha fijado que en el libro de Deuteronomio ha habido un énfasis especial puesto en dos palabras: amor y obediencia.

El amor de Dios está realmente expresado en la ley. El gran principio de la Ley es el amor. En consecuencia, el principio del Evangelio mismo está expresado en el Deuteronomio. El que también está expresado en Juan 3:16, que dice: De tal manera amo Dios al mundo, que ha dado a su hijo único. . .

Usted y yo expresamos nuestro amor por Dios en nuestra obediencia. El Señor Jesús lo expresó de la siguiente manera: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15). Ésa aún es hoy la prueba decisiva. Si le amamos, guardaremos Sus mandamientos. La salvación es un asunto de amor. "Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero" (1 Juan 4:19).

El Señor Jesús citó a este mandamiento como el más importante de todos: "Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas" (Deuteronomio 6:5). En este capítulo y por todo el libro, el énfasis se pone en guardar los mandamientos. Porque la obediencia es la evidencia del amor.

Podríamos preguntarnos qué hay de nuevo en cuanto al amor en el Nuevo Testamento, si el amor se halla en el Antiguo Testamento. La diferencia es que en el Nuevo Testamento, el amor de Dios ha sido expresado en la historia, por medio de la encarnación y la muerte de Cristo. "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5:8). ¡Murió por nosotros! Una cosa es expresar el amor sacando a los israelitas fuera de Egipto; y otra cosa es ¡morir por ellos! Una cosa es decir algo desde la cumbre del monte Sinaí; y otra cosa es descender y asumir nuestra humanidad débil, haciéndose semejante a los hombres; y morir sobre una cruz por nuestros pecados. Repetimos: la salvación es una relación de amor. Como dice 1 Juan 4:10, "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados".

Todavía estamos estudiando el segundo discurso de Moisés. En los capítulos 5 al 7, él presentó una repetición e interpretación de los Diez Mandamientos. Leamos ahora los versículos 1 y 2 del capítulo 6 de Deuteronomio, que inician el párrafo titulado

El gran mandamiento

"Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que el Señor, vuestro Dios, mandó que os enseñara, para que los pongáis por obra en la tierra a la que vais a pasar para tomarla en posesión, a fin de que Temas al Señor, tu Dios, guardando todos los estatutos y mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que se prolonguen tus días."

El énfasis está sobre la obediencia. En realidad, hay solamente dos clases de personas en el mundo: aquellos que aman a Dios y aquellos que no le aman. La actitud del corazón de las personas queda en evidencia por su obediencia, o por su desobediencia. Escuche usted las palabras de Deuteronomio 5:29 "¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!" Por medio del profeta Isaías 29:13, Dios dijo lo siguiente: "Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado". ¿Recuerda como el profeta Samuel reprendió al rey Saúl? "Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grasa de los carneros" (1 Samuel 15:22). Cuando el Señor Jesús le encargó Su misión a Simón Pedro, le hizo una sola pregunta: "Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?" (Juan 21:16)

Lo más maravilloso en el cielo será ver al Señor Jesús y darnos cuenta plenamente de que nos ama y se entregó por cada uno de nosotros. Pero maravilloso también será que uno amará a todos, y que todos le amarán a uno. Eso, estimado oyente, hará que el cielo sea un lugar maravilloso. Leamos ahora el versículo 3 de este capítulo 6 de Deuteronomio.

"Oye, pues, Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho el Señor, el Dios de tus padres."

Ellos habían prometido obedecer todos los mandamientos del Señor, y sin embargo fracasaron. Lo mismo nos ocurre a nosotros hoy.

Ahora, llegamos a una declaración considerada por muchos teólogos como una de las declaraciones más grandes de toda la Biblia. Leamos el versículo 4:

Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.

"El Señor" corresponde a la palabra hebrea formada por las cuatro letras YHWH o JHVH, traducida como Jehová. Dios es la traducción de Elohim, que es una palabra en plural. Como no se da un número con ella, uno puede pensar que el número es tres. En hebreo, un nombre es singular, dual o plural. Cuando es plural pero no se da número, uno puede deducir que se refiere al número tres. Por eso, ésta es una referencia a la Trinidad y podría traducirse "Oye, Israel: el Señor nuestro Elohim (la Trinidad), el Señor uno es."

Israel vivía en un mundo de idolatría. Las naciones eran politeístas; es decir, adoraban a muchos dioses. El mensaje que la nación debía transmitir al mundo, era el mensaje de la unidad de la Deidad. El Señor nuestro Elohim, Uno es. Ese es el mensaje para un mundo entregado a la idolatría.

Hoy día vivimos en un mundo caracterizado, no tanto por la idolatría y el politeísmo, sino por el ateísmo. En el mundo actual, debemos comunicar el mensaje de la Trinidad. Existen el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Estamos hablando en cuanto al mismo Señor. Él es nuestro Elohim, nuestra Trinidad. Pero Él es Uno. Continúa diciendo el versículo 5;

"Amarás al Señor, tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas."

Como dijimos antes, nuestro Señor citó éste como el principal mandamiento de todos. En Marcos 12:28-31, dice: "Acercándose uno de los escribas, que los había oído discutir, y sabía que les había respondido bien, le pregunto: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos."

¿Obedece usted este mandamiento? ¿No es verdad que todos necesitamos confesar hoy en día, que no lo ponemos en práctica? No le amamos con todo nuestro corazón y alma. Ojalá que lo pudiéramos guardar. Pero tenemos que decir como el apóstol Pablo en Filipenses 3:13,14, "Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús."

Sí, queremos decir hoy en día que le amamos. Ojalá le amáramos más, pero Él es el objeto de nuestro afecto. En verdad podemos decir que le amamos. Eso es lo que Él preguntó a Simón Pedro. "¿Me amas?" Creemos que hoy, nos hace la misma pregunta a cada uno de nosotros, y se la hace a usted también.

Para aprender a amarle debemos sentarnos a Sus pies y conocerle mejor. Como leemos en Juan 6:68, 69, debiéramos decir con Pedro, "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Él es nuestro Salvador. Él es nuestro Señor. Él es nuestro Dios.

Continuando con el incidente de Marcos 12 en que el escriba interrogó a Jesús, después que Jesús le citara las palabras "Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas" el Señor Jesús continuó respondiéndole y citó de Levítico 19:18, ". . .amarás a tu prójimo como a ti mismo", y dijo que el segundo era semejante al primero. Estimado oyente, no hay tal cosa como el amar a Dios y aborrecer a Su pueblo. ¿Recuerda usted que al principio de la historia de la iglesia Saulo estaba persiguiendo a los cristianos, y el Señor Jesús se le apareció y le preguntó: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" (Hechos 9:4) Permítanos decirle que debemos tener cuidado al decir que le amamos, cuando estamos mostrando nuestro desprecio hacia algunos creyentes.

Volvamos a nuestro capítulo 6 de Deuteronomio y leamos el versículo 6:

"Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón."

Usted recordará que, en el Salmo 119:11, David dijo: "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti". Allí es donde usted y cada uno de nosotros debiéramos tener guardada la Palabra de Dios, estimado oyente. Debiera estar en nuestros corazones. Continuemos leyendo los versículos 7 al 9:

"Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes. Las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas."

Pablo dijo lo mismo en Efesios 6:4: "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor". Dios ha dado a los padres la responsabilidad de criar s sus hijos en la disciplina y en la instrucción del Señor. Por todas las Escrituras se dice muchísimo en cuanto a la responsabilidad de los padres. Proverbios 22:6, dice: "Instruye al niño en su camino, y ni aun de viejo se apartará de él". Esto no significa instruirlo en el camino por el cual usted quiere que vaya. Significa que Dios tiene un camino para que él lo siga, y que usted debe cooperar con el propósito de Dios. Esto significa, padre, que usted debe permanecer cerca de Dios.

Estas palabras han de ser guardadas delante de ellos en todo tiempo. Usted sabe la profusión con que se anuncian hoy ciertos productos, por todos los medios y al alcance de la vista de las personas. Dios les instruyó para que Su Palabra estuviese constantemente presente y visible entre ellos. Y lo mismo quiere con respecto a nosotros hoy, ¿Por qué? Porque Él sabe que el corazón humano es propenso a olvidar Su Palabra y Su Voluntad. De esa manera desea Dios que Su Palabra sea enseñada a Su pueblo. Debe ser considerada en todas las circunstancias de la vida. Esto es muy importante.

Luego, Dios amonestó a Su pueblo diciéndoles que no debían olvidarse de Él después de que entrasen en la tierra y experimentasen Sus bendiciones. Resulta extraño pero, cuando las personas son bendecidas, tienden a olvidarse de Aquél que les ha bendecido. Continuemos leyendo el versículo 13 de este capítulo 6 de Deuteronomio.

"Al Señor, tu Dios, temerás, a él solo servirás y por su nombre jurarás."

Nuestro Señor Jesús se sirvió de este versículo cuando fue tentado por Satanás. Hallamos que mencionó esta cita en Mateo 4:10 y en Lucas 4:8. Y dice el versículo 16:

"No tentaréis al Señor, vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah."

Éste es otro versículo que nuestro Señor usó cuando resistió la tentación de Satanás. Lo citó en Mateo 4:7 y en Lucas 4:12. ¡No es extraño, pues, que Satanás aborrezca tanto el libro de Deuteronomio y lance sus ataques contra él! Continuemos leyendo los versículos 23 al 25:

"Y nos sacó de allá para traernos y darnos la tierra que prometió a nuestros padres. El Señor nos mandó que cumplamos todos estos estatutos, y que Temamos al Señor, nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días y para que nos conserve la vida, como hasta hoy. Y tendremos justicia cuando cuidemos de poner por obra todos estos mandamientos delante del Señor, nuestro Dios, como él nos ha mandado."

Dios los había sacado de la tierra de Egipto. Su propósito era traerles a la tierra prometida, que era un lugar de bendición. Y así sucede en el caso de nuestra salvación. Dios nos ha salvado de la muerte, del pecado y del juicio. Nos ha traído al cuerpo de Cristo, que es la iglesia, al lugar de bendición, a la comunión con Él mismo, y finalmente nos llevará al cielo, donde nuestra salvación será entonces completa. Recordemos que San Pablo dijo en Romanos 4:25: Él fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación. Él nos ha declarado justos. Él es nuestra justicia, para que podamos presentarnos completos ante Dios. Como le sucedió al antiguo pueblo en el Antiguo Testamento, a los que somos creyentes en Jesucristo, nos ha liberado de un lugar de esclavitud para llevarnos a un lugar de bendición. Y esa experiencia puede ser compartida por usted, estimado oyente. Todo ser humano, se encuentra tremendamente lejos de Dios, en un estado de esclavitud por causa del pecado de su naturaleza humana, y con una actitud de rebeldía natural que le lleva a la perdición definitiva. Pero Dios se encuentra accesible ya ha provisto la salvación, la liberación, por medio de Jesucristo, el que pagó nuestra deuda con Dios. Él mismo es el camino a Dios, y los brazos que se abrieron cuando fue crucificado, se encuentra hoy abierto en una actitud de invitación, para todo aquel que crea en Jesucristo como su Salvador.

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